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Funcinema

MAR DEL PLATA 2022: Mini-Críticas de Funcinema

Un clásico de cada Festival de Mar del Plata: las mini-críticas del staff. Un repaso veloz por la programación con recomendaciones para ver o para no acercarse (75 películas reseñadas).


A woman escapes de Burak Cevik, Blake Williams y Sofia Bohdanowicz / 5 puntos


La directora vuelve con su alter ego Audrey Benac, interpretado por Deragh Campbell, quien va a vivir a París al departamento de su amiga Juliane que murió. Todo comienza en marzo de 2020, al inicio de la pandemia. Otro de los realizadores le enviará una cámara 3D para que comience a filmar cosas, y esta idea también se la propondrán a un tercer colega y amigo que vive en Turquía, Cevik. Ahí comienza un cruce de materiales filmados y grabados entre los tres que sirve en algunos casos de catarsis, en otros de experimentaciones para adaptarse a los tiempos pandémicos. Burak envía imágenes de un hombre hablándole a un perro que parece tener miedo y el hombre intenta convencerlo para que entable una amistad con él. Las del canadiense Blake están más vinculadas a un artista que descubrió leyendo sobre la historia de la televisión canadiense, y un trabajo de búsqueda con el Google Maps. Y la del personaje Audrey/Sofia es la fascinación por filmar en 3D su departamento y grabar sonidos en algunos lugares de París. Lo más interesante fueron las imágenes más simples enviadas por Burak que logran empatizar fácilmente, los otros dos se vinculan más con lo experimental y es un terreno que poco atractivo. La utilización del 3D como recurso es arbitraria, tampoco genera las sensaciones que la realizadora quiere mostrar en su etapa de aislamiento. Esta especie de cruce de estados de ánimo en pandemia termina siendo abúlico y sin interés. Gabriel Piquet


Afterwater de Dane Komljen / 4 puntos


La película está dividida entre partes. La primera es un grupo de jóvenes que se van de campamento, todo parece estar vinculado con la actualidad, en un determinado momento se les unirá otro joven. Este segmento esta filmado en digital. La segunda parte sucede en otra época, también es un trío, un sacerdote o alguien que se viste como tal, una mujer y otro hombre. La última historia está filmada en video, también son tres personajes, a veces parecería que se le suman más. Las tres historias tienen un vínculo con el agua y la naturaleza. Son performances de video arte, la última historia tiene una coreográfica en la que se interactúa con un árbol en el medio del bosque y logró que gran parte del público se retirara antes de que termine. Hay textos que hablan sobre el agua mientras personajes con rostros bucólicos ponen sus mejores inexpresiones al servicio de la pantalla. Si el espectador no se engancha con la puesta en escena, todo puede resultar soporífero. Gabriel Piquet


Alcarrás, de Clara Simón / 7 puntos


Los mundos antagónicos de última película de Simón quedan en evidencia en la hermosa secuencia de apertura. El juego de la niña protagonista y sus primos en un auto abandonado inmediatamente se interrumpe por la llegada de una máquina que lo remolca. Es el principio del ocaso, el de la estadía de una familia que ha cultivado las tierras durante ochenta años, pero que deben entregarlas porque los códigos de las nuevas generaciones ya no tienen que ver con las palabras sino con los papeles y otros intereses. Sin embargo, lejos de centrarse en una trama que se concentre exclusivamente en el litigio, las intenciones dan cuenta de los vínculos y las reacciones ante el cambio inevitable, y allí están los dos universos atravesados por el juego: los niños actúan como adultos con sabia inocencia y los adultos lo hacen como niños con torpeza. Más allá, los abuelos con sus historias y toda su humanidad. Lo mejor que hace Simón con el cine es capturar la vida y trabajar con un núcleo de actuaciones no profesionales de modo comunitario, para extraer de sus miradas, sus gestos y sus cuerpos una potencia fotogénica que solo la lente de una cámara que sabe mirar puede llevar a la idea de un mundo que, pese a las adversidades, todavía es capaz de iluminarse en pantalla. Guillermo Colantonio


Algo incorrecto de Susana Neri / 6 puntos


Rodado íntegramente en Mar del Plata, el primer film de Neri, especialista en cortos dentro de la temática abuso infantil y violencia de género, cuenta la historia verídica de las denuncias de una las tantas víctimas -directas e indirectas- del ex juez Edmundo O’Neill, abusador serial de niñas. Victimas menores de edad y amigas de sus hijas quienes a lo largo de sus vidas alzaron sus voces acusando a este personaje. Más de veinte mujeres en total atestiguaron en su contra. Personaje siniestro que, sin embargo, gozó de impunidad ante la Justicia hasta su muerte en el 2016 por codearse con los altos poderes regionales y nacionales tanto en época de Dictadura como en la mismísima democracia. Algo incorrecto debe su nombre a la frase que sostuvo este individuo que expresaba haber hecho un acto inmoral pero no haber sentido culpa alguna por ello. Con participaciones de una precisa Eleonora Wexler como la psiquiatra que busca rehacer su vida y la figura antagonista del siempre brillante Cesar Bordón, como este padre de doble cara, entre lo más destacado a nivel actoral si comparamos con el resto del elenco medianamente convincente, y un poco dubitativo. Y si bien empatizamos con el relato de una de sus protagonistas, una comprometida Maru Cesanelli, hermana de una de las víctimas, que encarna a una trabajadora social que regresa a la ciudad buscando justicia, observamos algunos golpes bajos e innecesarios en el guion. A favor, la verosimilitud y lo emotivo de sus escenas encuentra momentos cumbres como el movimiento femenino en la lucha de los derechos legítimos en pleno Congreso de la mujer -allá por el 2005- que erizan la piel con su marea humana verde; los testimonios de jóvenes abusadas dentro del catalogado síndrome parental y/o la belleza que guarda la fotografía del paseo marítimo característico de la ciudad en contraste con el horror de una protagonista que descubre la verdad. En contra, esto se va pinchando con algunas sobreactuaciones desacertadas para demostrar pertenencias a clases sociales o utilización de elementos narrativos que rayan lo melodramático. Por ejemplo, el mar utilizado como elemento de conflicto es una idea lograda pero no la musicalización instrumental que aggiorna el contexto. Y esto se debe a que no amalgama en el mismo cuadro y le quita toda seriedad alcanzada. Algo que desafortunadamente se repite en la escena de los pasos del ex juez cuando sube sigilosamente las escaleras rumbo a la habitación de su nieta. El claro ejemplo que menos es más para una historia escalofriante, de sumo interés y llena de emotividad tristemente desaprovechada. Rosana López


Amigas en un camino de campo de Santiago Loza / 5 puntos


Acompañadas por la omnipresencia de su difunta amiga, Sandra y Tere emprenden un viaje por el bello paisaje serrano de Villa Ventana en busca de un meteorito que se ha vislumbrado recientemente en la zona. Durante la travesía, las dos amigas recuerdan con deleite épocas en las que la “Santísima Trinidad” (como se hacían llamar) estaba completa, También emergen una serie de reprimendas y secretos que en cierta medida hacen trastabillar su confianza, pero a fin de cuentas ¿qué amistad no presenta este tipo de vaivenes? Donde sin lugar a duda los vaivenes importan, y mucho, es en la narrativa fílmica, y en este terreno Amigas en un camino de campo los presenta a mansalva. Tratándose de una película de conflicto interno es probable que a uno se le venga a la cabeza la figura de Éric Rohmer, uno de los máximos exponentes de este tipo de cine. De hecho, el film de Loza posee algunos puntos en común con El rayo verde (una de las más grandes obras del francés), como el estadio de soledad de la protagonista o el modo de introducir el elemento fantástico, pero paradójicamente fracasa en la representación de la amistad -terreno donde busca emplazar su estructura- ya que carece de todo tipo de fuerza y emoción genuina, y alcanza, por momentos, niveles de una solemnidad apabullante. Martín Philippi


And now for something completely different de Ian MacNaughton / 8 puntos


En la década de 1970 el mundo ya era un lugar bastante estúpido, por más que algunos piensen lo contrario. Los Monty Python se habían dado cuenta de eso a través de la tele y el salto al cine les permitió seguir explotando su mirada burlona sobre la sociedad británica de esa época. Particularmente me gustan más los Monty Python aplicados al formato sketch que cuando se pusieron a contar historias, por lo tanto esta selección de algunos de sus mejores sketches resulta una fiesta de punta a punta. Una de las grandes habilidades de Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin era descubrir que un chiste no se agotaba en el remate, sino que si uno estiraba y buscaba un poco más allá, si prolongaba el sinsentido y el absurdo, podía encontrar otra situación cómica, tal vez mucho más luminosa. Y es lo que hacen aquí con un timing perfecto, jugando constantemente con la autoconsciencia y el metalenguaje. Como decíamos, el mundo era un lugar estúpido por entonces y si los Monty Python siguen funcionando es en parte porque si bien las reglas que rigen a la sociedad han cambiado, la imbecilidad se mantiene en un establishment que busca señalar cómo pensar y cómo comportarse correctamente. Hoy son otros los que señalan con el dedo, pero por suerte siempre habrá gente dispuesta a cagarse de risa como los Monty Python. Mex Faliero


Anhell69 de Theo Montoya / 7 puntos


La historia de un grupo de amigos gays que sobreviven en la Medellín del Siglo XXI. La sinopsis solo es para poner en un mínimo contexto esta película valiente. El director quiere filmar una historia de fantasmas clase B y logra un relato muy interesante. Los fantasmas deambulan por una Medellín dictatorial y los jóvenes comienzan a tener sexo con ellos, esta práctica se denomina la spectrofilia. El Ggobierno envía cazadores para matar a los jóvenes que lo practican. Este relato está ficcionalizado y muestra a unos seres de ojos rojos que conviven entre los humanos y participan de sus fiestas en busca de sexo. Es en la parte documental donde el relato cobra una fuerza desgarradora, el director entrevistó a su grupo de amigos, muchos de los cuales son personajes borders de Medellín, una minoría que intentan tapar, pero que se hace sentir a su manera en una ciudad convulsionada que mantiene un clima violento que viene de la época de Escobar Gaviria. Son seres que en su mayoría sufren y repiten una constante, la falta del padre en su entorno familiar. Todos hablan de vivir el ahora y que el futuro como idea no existe para ellos. Hay una historia de amor entre uno de los entrevistados, Camilo Najar y el realizador, que es el que inspiró el título de la película y fue el disparador para hacerla. En las entrevistas se les pregunta sobre la muerte y muchos hablan de ella sin miedo, algunos inclusive sin saber lo cerca que están de conocerla. Una película que puede ser vista como el emblema de la generación del no futuro. Gabriel Piquet


As bestas, de Rodrigo Sorogoyen / 6 puntos


La película de Sorogoyen contiene todos los elementos de la escuela contemporánea de la sordidez. Presa del cálculo formal, transmite una potencia y una tensión que no deja indiferente, posee momentos de fuerza visual, saturada de colores fríos, y una problemática que si bien explota el thriller también sirve para abonar tesis sociológicas. Estamos en una aldea perdida de Galicia, un microcosmos en el que se enfrentan dos modos de vida. Una pareja francesa se instala en búsqueda de un horizonte, un plan de evasión del mundo capitalista para generar sus propios recursos con su huerta. La negativa a firmar un convenio que permita a una empresa a explotar el territorio, genera en sus vecinos (lugareños desde hace setenta años) la ira y el acoso permanente. Por momentos, la incomodidad se percibe en carne propia y recuerda a algunos clásicos norteamericanos de los setenta con temática similar, en los que un núcleo familiar se ve alterado por la pesadilla de los otros. El estado de violencia que se genera parece encontrar sus razones en una visión naturalista: el medio es el que determina el comportamiento bárbaro de los humanos y no hay escapatoria, sobre todo si fuera de campo se huelen los embates del mercado, llegando incluso a las zonas más inhóspitas. En el fondo, y para evitar un maniqueísmo burdo, todos tienen sus razones. Unos pretenden salvarse temporalmente desde el punto de vista económico porque nunca han tenido nada; los otros eligen una tierra para encontrar un modo de vida diferente. No obstante, la trampa está en una escena inicial que predispone a asociar a los aldeanos como las bestias del título y una secuencia final que le guiña el ojo a los imperativos de la época. Guillermo Colantonio


Barrio modelo de Mara Pescio / 7 puntos


La tía de la directora, llamada Silvia, era traductora, y a fines de la década del 60 visitó Rusia. Quedó impactada por las edificaciones de los barrios obreros. A su regreso a la Argentina, dejó a su familia y se mudó a un departamento del complejo que construyó la cooperativa El Hogar Obrero en Villa del Parque. Su idea, finalizar una novela titulada Barrio modelo. Años más tarde viajaría a Europa, en donde paulatinamente se le iría perdiendo el rastro. Pescio, cincuenta años después, va a vaciar el departamento que será vendido y encuentra unos cuadernos y cassettes con la obra inconclusa de Silvia. Mediante un trabajo de investigación increíble, irá tratando de entender varias cuestiones. Entrevistará algunos de los vecinos que siguen vivos en el edificio y formaron parte de esos personajes del bosquejo de la novela. Les hará leer los propios fragmentos de lo que su tía escribió, generando grandes momentos como el de la familia rusa. Todo el material fílmico y fotográfico (que no es mucho) en donde se muestra la creación del edificio y lo que fue la cooperativa está ensamblado de forma tan interesante, que en muchos momentos parece como si la vida de su tía fuese un invento. Como en toda familia, hay problemas, según lo que cuenta la realizadora, sus primos y padres no quisieron aparecer en la película. Silvia parecía la oveja negra de la familia por perseguir ideales, eso marcó a fuego la relación con sus parientes cercanos. Lo que queda al final son más preguntas que respuestas, eso hace que el documental se vuelva más interesante. Antes del final, la realizadora descubre un texto en primera persona de su tía, que cuenta cómo una noche vio a través de una ventana gente que creía reconocer, esa gente era su familia, entre ellos estaba su hija que festejaba su cumpleaños. Nunca se acercó a la fiesta y se volvió caminando por donde vino. Ese momento es tan conmovedor, que a uno le dan ganas de que Silvia termine su libro, se abrace a su hija y que conozca a su sobrina que le hizo el mejor homenaje. Gabriel Piquet


Bowling saturne de Patricia Mazuy / 7 puntos


El padre de un policía muere, su hijo recibe el bowling que le pertenecía. Su medio hermano, que trabaja como seguridad en un boliche y está siempre al borde de terminar en la calle, acepta quedarse como encargado. Arnaud es el menor de los hermanos, el hijo bastardo del hombre muerto. Su relación con el grupo de cazadores amigos de su padre, que visitan el bowling, es mala. Guillaume, el medio hermano policía, tiene una relación tensa con Arnaud, lo controla constantemente. Bowling saturne es un policial duro, con una escena de violencia muy cruda. Por un lado está la relación de los hermanos, por el otro la investigación de unas muertes violentas a un grupo de mujeres. Están los cazadores que representan ese pensamiento y actitud obsoleta, que están en contaste conflicto con Arnaud y tendrán sus diferencias con el interés amoroso de Guillaume, una activista que defiende a los animales. Hay una escena que queda dando vueltas en la cabeza: luego de un violento crimen, el asesino (vean la película para saber quién es) maneja su camioneta y la cámara se acerca a su rostro, hay ahí un desahogo que pasa de la angustia por la culpa de lo que ha hecho hasta la ira, con una música que se incrementa generando una tensión enorme. La película es oscura, violenta, seca en sus formas, como el viejo policial que se hacía hace unas décadas. Gabriel Piquet


Cambio cambio de Lautaro García Candela / 7 puntos


El de los arbolitos, supongo, es un mundo muy argentino, intuyo que incluso muy de las grandes ciudades. El mayor acierto de García Candela es descubrir que ahí había una historia: Una que tiene relación con diversas variantes del cine nacional, por un lado los jóvenes sin rumbo del Nuevo Cine Argentino y, por el otro, el policial urbano, callejero, del que Nueve reinas surge como principal y más inmediato referente. La fusión no podía ser mejor: El director pone en pantalla a un joven que reparte volantes en la calle Florida y que se empieza a meter, para mejorar su situación económica y porque una relación sentimental lo invita a buscar ese progreso, en el mundo de la venta callejera de divisas. Lo que arranca como una historia sentimental y juvenil, troca en una suerte de película de estafas, con el protagonista, su pareja y dos amigos convencidos de que pueden hacer una gran ganancia aprovechando un dato sobre los vaivenes del dólar. Claro que esta historia de arribistas profesionales y autodidactas tiene de fondo un país, que habilita estas historias con sus inclemencias económicas constantes, en un ruido de fondo construido con las voces de periodistas y programas de tele y radio que alimentan la constante ansiedad por hacer la diferencia. García Candela narra esto con gran habilidad, su retrato de la calle tiene ese vértigo de lo urgente, e incluso lo inverosímil se licua por la velocidad que adquieren las imágenes. Cambio cambio se sostiene por sus personajes queribles, sus actuaciones convencidas y el contexto de un país que por momentos parece una ficción. Mex Faliero


Coma de Bertrand Bonello / 6 puntos


Un producto más de esa especie de subgénero que provocó la pandemia. A favor, hay que decir que Bonello no elige la típica estructura del encierro para dar lugar a planteos existenciales o para invitarnos a la nada misma con pretensiones reflexivas. En contra, que se trata de un proyecto difuso cuyo límite es la vaguedad misma de la propuesta, el límite de aceptación de quien se encuentra frente a la pantalla. Una secuencia con imágenes que se niegan a encontrar un referente permite escuchar en off una carta que el director le escribe a su hija. En la misma se siente la desesperación del presente por la situación de confinamiento, pero al mismo tiempo se abre un intersticio lumínico depositado en las nuevas generaciones. A partir de allí, la película se arma fragmentariamente y alterna imágenes de encierro con situaciones ficcionalizadas, donde no falta inclusive el humor. Y en ese combo de arbitrariedades, se incluyen testimonios de índole académica que conviven con las directrices de una influencer llamada Patricia Coma. La solemnidad del academicismo se conjuga con la aparente ligereza de una virtualidad tendiente a descomprimir, pero al mismo tiempo acentúan un estado de ánimo constante que fluctúa entre el pánico y bordea el terror, sobre todo cuando Bonello anticipa otro tipo de confinamiento provocado por el calentamiento global o el avance desproporcionado de la lógica del mercado tecnológico. No sé si alcanza para sostener un ejercicio de aproximadamente una hora y media, pero tiene sus momentos. Guillermo Colantonio


El amor vendrá como un incendio forestal de Laura Spiner / 6 puntos


El tema central de la película son las cartas, objeto en desuso, que cobran un valor nostálgico que se vincula con el amor, no solo en la literatura sino también en el cine. Todos los personajes son jóvenes relacionados con el mundo del arte, escritores, músicos, sonidistas de cine. En ese universo es en el que se mueve el film. Hay una voz en off que muchas veces repite los textos de las cartas, recurso que no siempre funciona. Hay un registro en las actuaciones al que le sucede lo mismo, algunos actores quedan naturales y otros están más forzados: la escena en la que un personaje hace un cuestionario de preguntas a otro, es uno de esos momentos. De todos modos hay un buen trabajo con el sonido, el uso de la música está presente e incluso cuando se utiliza música tomada de una película (El eclipse de Antonioni) el clima generado refuerza un hermoso plano de una luna que parece cubierta de sangre. El tratamiento del humor fluctúa, hay situaciones graciosas, como aquella de la joven que va a entregar un texto que tiene en la palma de su mano y, como llovió, se le borró y tiene que reescribirlo. Pero alguna otra que no tiene timing, como la escena en el correo con un personaje asiático. La película puede relacionarse con el universo de los primeros films de Matías Piñeyro y si nos vamos más atrás, con algunas películas de Eric Rohmer. Hay una base de buenas intenciones, se nota que la realizadora sabe de lo que habla, textos y poesía, pero también hay algo de exceso en todo lo que quiere contar. La utilización de diferentes formatos (documental, detrás de escena y texturas vintage) no desentona y logra algunos de los mejores momentos, como la escena en la que un amante de la filatelia cuenta historias de estampillas y sellos: funciona la puesta en escena pero le agrega vitalidad por el interés del narrador. La reducción del tiempo de la película en algunos pasajes la hubiera ayudado a ser más compacta. Gabriel Piquet


El menú de Mark Mylod / 7 puntos


La película parte de un guion próximo a esos en los que el giro narrativo es el núcleo sobre el que se sostiene el relato y trabaja a partir la conciencia que tiene el espectador de su inminencia. Al estilo del cine de Shayamalan, el juego con el horizonte de expectativa del público es el componente en el que la obra deposita su efectividad. Películas de shock que, por serlo, pretenden generar una fuerte reacción, no pasar desapercibidas, y, si tienen éxito, son muchas veces sobrevaloradas o infravaloradas. A priori, habría que resaltar que la película de Mylod no lleva esta propuesta arriesgada al extremo porque no carga sobre el giro todo el peso narrativo de la historia, sino que construye al menos dos personajes interesantes cuyas interacciones sostienen grandes porciones del largometraje. Esto hace que El menú no se limite a un ejercicio intelectual cansino y pedante. Y es que hay otro costado del largometraje que tiene que ver con una propuesta de tesis, de estudio psicológico y sociológico, que se vale de la sátira del mundo de la “alta cocina” (y, por extensión, de la alta sociedad) para llevar adelante una crítica no muy innovadora acerca de algunas cuestiones harto conocidas para cualquiera que viva en el 2022. El menú resulta una película satisfactoria porque, si bien no tiene algo original para decir, tampoco se enamora del mensaje al punto de descuidar el lenguaje. Franco Denápole


El método Tangalanga de Mateo Bendesky / 6 puntos


La de Bendesky es una película infrecuente, una biografía que es en verdad una reversión apócrifa de la historia oficial de su personaje. El Jorge que interpreta Martín Piroyansky tiene todos los elementos de Julio Victorio de Rissio, el verdadero Tangalanga, pero a la vez no es. Y no es porque entienden perfectamente el juego con el mito y la leyenda, a la cual no conviene revelar del todo. Esto, claro, suena a relato de superhéroes y El método Tangalanga lo es: La historia de un personaje discreto que por obra y gracia de las casualidades adquiere un poder, en este caso hacer bromas telefónicas, y se convierte en una criatura cercana a lo fantástico. Aunque lejos de salvar el mundo, Tangalanga tiene el poder de hacer reír a su amigo enfermo… y a muchísima gente una vez que se vuelve popular. En definitiva El método Tangalanga es sobre la risa, sobre hacer reír como hecho terapéutico, pero sin caer en las banalidades de un Patch Adams. Es una comedia hecha y derecha que juega con los códigos del cine clásico argentino y con un humor directo, sin excesos intelectuales. Mex Faliero


El prodigio de Sebastián Lelio / 6 puntos


En la era de las películas pensadas y concebidas para plataformas, El prodigio cumple con las reglas de manual: una estética conservadora que no ofende a nadie, una puesta en escena que se destaca por su virtuosismo técnico y un armado narrativo simple y claro. Pero como detrás hay un supuesto autor de nombre reconocido, debe existir una pequeña señal para que la despersonalización no sea absoluta. De allí la arbitrariedad de un prólogo y un epílogo ambientados en un estudio cinematográfico que nos conducen hacia la historia y nos despiden con una sentencia (pobre) y solemne. En el medio, el relato sobre una enfermera en 1862 que acude a una pequeña comunidad irlandesa para investigar el caso de una joven que no ha ingerido alimentos en los últimos cuatro meses y mantiene su aspecto igual. La gente acude al lugar para conocer el milagro. A partir de ese momento, la puja entre la ciencia y la religión será el nudo a desatar. El formato que elige Lelio es el del thriller psicológico y por ello mantendrá una atmósfera de represión y de misterio, pero que nunca alcanza la suficiente intensidad como para despejar de los parámetros de la corrección. En otros tiempos, los franceses la hubieran mandado a la hoguera del qualité. Guillermo Colantonio


El visitante de Martín Boulocq / 7 puntos


La película del boliviano Boulocq relata la vida post cárcel de Humberto y sus intentos por consolidar un nuevo vínculo afectivo con su hija (Aleida), a quien desafortunadamente poco tiene para ofrecer. En este sentido, su misión se dificulta aún más, dado que la tenencia de la joven (debido al encarcelamiento de su padre y el fallecimiento de su madre) la tienen sus abuelos, una pareja de pastores millonarios que bastante poco benignos se muestran frente a su oscuro pasado. Boulocq tiene claro que su propósito es mostrar, no juzgar, por lo que a lo largo de toda la película confecciona una serie juegos de opuestos (que dentro de cada uno los personajes habitan) de los cuales se sirve para exponer el doble discurso -si se quiere- no solo de las clases sociales dominantes, sino también de ciertas agrupaciones religiosas y de quienes frente a sus pies se rinden. Mediante este dispositivo, el autor establece una toma de distancia respecto de cierto cine progresista que suele valerse de este tipo de temáticas con la única intención de posicionarse moralmente por encima de lo retratado. Martín Philippi


ERRANTE, la conquista del hogar de Adriana Lestido / 6 puntos


Lestido es un nombre esencialmente asociado a la fotografía y las imágenes que se concatenan en su documental dan fe de ello. Lejos del blanco y negro que caracteriza a su obra fotográfica en el retrato social, aquí hay una conexión de encuadres fijos donde domina el movimiento interno de cuadro. Este aparente estatismo denota el dominio en la composición de imagen de la directora y hace del film una expedición con un marcado tono de melancolía a través de las estaciones. El sonido cumple un papel fundamental al ser un registro directo con la ocasional incidencia de música, resaltando la búsqueda sensorial y atmosférica del documental. Los desolados paisajes de la tundra en torno al polo Artico ofrecen un marco de contemplación que ciertamente se torna emocionante en algunos pasajes pero pierde cuando se torna redundante. Cristian Ariel Mangini


Fiebre de Elisa Eliash / 6 puntos


La historia es la de Nino, un niño que tendrá que descansar una noche porque tiene mucha fiebre. Su madre le contará la historia de un chico que vivía en el mismo edifico que ellos cuando ella era niña, un joven pintor algo extraño. Ese joven, un día desaparece y la madre le cuenta a Nino que quedó atrapado en una de sus pinturas. Supuestamente al decir una palabra y mirar la imagen, se transportan al interior de lo que ven. La madre de Nino desaparece y el niño irá tras ellas ingresando en el cuadro. Como si fuera una película de salto en el tiempo, Nino va entrando en diferentes lugares, que lo hacen interactuar con varias técnicas de animación. Esa primera parte es la más interesante de la película, luego cuando llega a la isla junto a su amiga y se hacen amigos de los tres niños aborígenes, pierde algo de vértigo y se dispersa un poco. Es un interesante trabajo por la cantidad de elementos que utiliza para que Nino vaya pasando por diferentes situaciones, entre ellas, una historia en blanco y negro que es un homenaje al cine clásico italiano. Gabriel Piquet


Filme particular de Janaina Nagata / 8 puntos


El registro 16 mm se vuelve un baúl oscuro y misterioso en este extraño y sorpresivo documental de Nagata. Esencialmente un film de archivo centrado en la investigación y el exhaustivo trabajo de edición, el puntapié es el registro de unas vacaciones familiares en Sudáfrica. Las imágenes se suceden entre safaris en la sabana africana, animales salvajes, algún registro de los pueblos originarios del lugar y charlas amenas en una piscina. La música, un aporte original del documental que escapa al registro original, nos advierte (a veces de una forma invasiva) que algo se oculta detrás de esas imágenes. El espectador acompaña a la curiosidad ficcionalizada de la directora, que nos lleva de las narices a prestar atención a los detalles de los pocos más de 20 minutos del registro. Una punta lleva a la otra y nos sumerge en la convulsionada Sudáfrica de la década del ‘60, cuando la corrupción y la violencia iban de la mano de un racismo azuzado por las medidas del Apartheid impulsadas por Hendrik Verwoerd. Cada detalle resignifica el registro original y va abriendo cada vez más preguntas, algunas con respuesta y otras que permanecen siendo un enigma pero no dejan de ejercer un extraño magnetismo. Cristian Ariel Mangini


Funny bones de Peter Chelsom / 7 puntos


Esta película de Chelsom de 1995 habla del mundo del espectáculo, pero fundamentalmente de la comedia, de ese universo de gente con la capacidad para hacer reír… o no, y de ahí el dilema. Y reflexiona, claro, sobre cómo se trabaja un chiste y qué es la originalidad en un mundo donde parece estar todo inventado. La ambición de Funny bones no está solo en la forma en que cruza géneros (hay algo de policial) y tonos humorísticos, sino también en la elección de Jerry Lewis para interpretar al padre del traumatizado protagonista, a cargo de Oliver Platta. Lewis es mucho más que un cameo en la película, es una presencia que a esa altura ya resultaba legendaria y que explotaba una vertiente más amarga, aquella que Scorsese había edificado en El rey de la comedia. Aquí hay un hijo que quiere seguir la tradición del padre, pero ante un fracaso rotundo viaja a Inglaterra para encontrar algo de la chispa perdida y, tal vez, para conocer más detalles los orígenes de su padre. Hay múltiples sorpresas y una presencia disruptiva como la de Lee Evans, capaz de los chistes más deformes del mundo. El resultado es una comedia excéntrica, barroca e incómoda, pero que tiene la virtud de hacer que el humor funcione como elemento que ilumina las revelaciones de los personajes. La última secuencia ambientada en un circo es impresionante, y no apta para gente que sufre de vértigo como quien firma estas líneas. Lamentablemente la carrera posterior de Chelsom no alcanzaría nunca este nivel de dislate. Mex Faliero


Geographies of solitude de Jacquelyn Mills / 7 puntos


Si uno tiene la curiosidad de utilizar Google Maps para buscar Sable Island lo que verá es una pequeña línea perdida en el norte del océano Atlántico, cercana a las gélidas tierras canadienses de Nueva Escocia. En esos parajes desolados hay sin embargo vida a pesar de que el título haga referencia a un sitio desolado, haciendo más referencia a la solitariedad de nuestra protagonista, la naturalista y ambientalista Zoe Lucas. Es un viaje introspectivo pero también un documento que concientiza sobre la conservación del medio ambiente y el daño que puede realizar el ser humano en sitios aparentemente vírgenes y apartados. Entre búsquedas experimentales con el registro del material fílmico, cierto sentido del humor y un tono contemplativo que acompaña el paisaje, al film le cuesta encontrar un cierre entre el anecdotario pero cuando lo encuentra tiene su cuota justa de emotividad. Cristian Ariel Mangini


Godard Cinema de Cyril Leuthy / 7 puntos


Dar cuenta de tamaña figura como Jean Luc Godard es una empresa que no cualquiera puede afrontar. Sin ir más lejos, recientemente, a raíz de su desaparición física, la sumatoria de obituarios y de semblanzas no alcanzó para clausurar la fuerza y el movimiento constante de su obra. Por ello, el principal mérito de este documental radica en la síntesis lograda de una vida consagrada al cine, con movimientos, tensiones y un pensamiento que nunca cesó más allá del aislamiento en las últimas décadas. Muy buenos testimonios, materiales de archivo poco vistos y fragmentos fílmicos son parte del armado estructural. En este sentido, no deja de impactar cada etapa en la producción del eterno director, sin relegar la decisiva importancia de las actrices que lo rodearon y de los directores de fotografía como Raoul Coutard. Las casi dos horas vuelan a la manera del montaje godardiano, como una ráfaga de imágenes poderosas y contundentes. Pero hay algo más importante: es una linda medida para pensar cuestiones que atañen a varias películas que vemos en festivales como este. ¿Quién rompe, quién decide correrse de los lugares comunes o de satisfacer los temas impuestos por la agenda global? Frente a una idea de homogeneidad convenida, Jean Luc hubiera estado en la vereda de enfrente. No tengo dudas. Guillermo Colantonio


Hace mucho que no duermo de Agustín Godoy / 7 puntos


Esta película es hiperquinética, es absurda, muy divertida y tiene una de las mejores presentaciones de personaje del cine argentino en los últimos años. Tiene un McGuffin que está representado por una bolsa de correos que es pasada de mano en mano por diferentes personas, hasta caer por error en manos del protagonista. Pero esto es solo el comienzo: de ahí en más la historia solo detendrá su velocidad para los momentos en que los protagonistas hablen, para luego volver arrancar. Funciona como screwball comedy, tiene algo de humor slapstick, como la escena en la que el protagonista borracho se quiere escapar con la bolsa y al eludir a dos de sus perseguidores se pega contra una pared. También funciona como película de aventuras y persecuciones, sus protagonistas podrían estar en un ranking junto a Tom Cruise como las personas que más corren en el cine. Hay un timing con el montaje que hace cosas increíbles, como las persecuciones por escaleras de edificios públicos, que son acompañados de zoom dignos del cine de los 70, o la escena en un taller que es musicalizada con el tema de Phil Collins que tiene una emblemática batería. Tiene muchos personajes y logra identificación sin que se pierda el interés en ellos. Si bien la última parte se puede volver reiterativa, el hecho de utilizar lugares emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires para que los personajes aparezcan como si saltaran en el espacio de un lugar a otro, se le puede perdonar por lo lúdica que fue durante todo su metraje. El realizador dijo que se divirtieron mucho durante el rodaje y querían lograr que el público también sintiera lo mismo. Creo que su objetivo se cumplió. Gabriel Piquet


Hallelujah: Leonard Cohen, a journey, a song de Dayna Goldfine y Dan Geller / 8 puntos


En 1984, luego de un proceso de escritura que llevó siete años, Leonard Cohen le regala al mundo un himno: Hallelujah. La canción apareció en el álbum Various positions y Columbia no quiso distribuirlo en EE.UU. La nefasta imprudencia no impidió que se conociera: Dylan la difundió en sus recitales, John Cale la versionó maravillosamente al piano, Jeff Buckley la martirizó y toda una generación se pegó al coro de un tema que se han apropiado desde bandas sonoras como Shrek hasta cualquier reality show que dé vueltas por el mundo. Todo esto y mucho más cuenta este entretenido y emocionante documental sobre el gran trovador, el hombre de traje, el escritor y el compositor canadiense, uno de los más importantes de la historia de la música. Y por supuesto, el motor es el derrotero de la canción, con múltiples testimonios. Hallelujah es tantas cosas que resulta muy difícil dar cuenta de su complejidad, por ello, las diferentes voces argumentarán que trata sobre los motivos para componer, sobre el poder de la palabra y de la Palabra, sobre el deseo sexual, sobre las diferencias sexuales, pero fundamentalmente acerca de trascender lo dual y buscar la reconciliación. Además, una de las aristas más jugosas de la película es la labor rigurosa por seguir las versiones, con partes y finales diferentes. La conclusión es que estamos ante la perfecta simbiosis entre un texto sagrado y la música pop. Una delicia y un eterno obsequio de Leonard Cohen. Guillermo Colantonio


Hasta los huesos de Luca Guadagnino / 7 puntos


El motivo de dos jóvenes escapando por las carreteras de EE.UU. es recurrente en la cinematografía americana y ha atravesado diversos contextos y moldes genéricos, desde los motoqueros de Easy Rider para marcar el fin de una era de amor y paz, pasando por los Días de gloria y Badlands de Malick y su visión de los setenta, hasta los excesos de Lula y Sailor en Corazón salvaje de Lynch, una revisión paródica del cine clásico. Guadagnino ubica su historia en la década del ochenta e inunda sus imágenes con colores que traducen cierta melancolía. Se despacha la cuestión política con algunos televisores donde se cuelan malas noticias. Es el contexto de una América donde los jóvenes repiten esquemas de consumo, deambulan como zombies por los pasillos escolares o buscan algún horizonte donde encajar en medio de familias disfuncionales. Pero en ese marco social, introduce la variante de canibalismo. Es decir, hay una especie que, por motivos que no se explican, siente el deseo de comer humanos. Se reconocen y se huelen entre ellos, a tal punto que, en vez de enfrentarse, se buscan solidariamente. En este mapa, la pareja protagónica iniciará un viaje con diversas paradas donde alternarán los problemas que se les presentan y los propios recuerdos de pasados traumáticos. Si bien hay pasajes donde se producen lagunas narrativas o recurrencias propias de esta clase de relatos, lo mejor del director siguen siendo esas atmósferas de alegría momentánea donde se conjugan elementos fetichistas propios de la década con lapsos de felicidad en los vínculos que mantienen los personajes, además de ese tinte crepuscular propio de quienes están condenados a vivir el amor a cuenta gotas. También hay buenos resquicios para el terror, sobre todo en la patética figura de un tipo con trencitas llamado Sully, magistralmente interpretado por Mark Rylance. Un oscuro melodrama donde cabe la famosa frase que sirvió de título en una de las películas del maestro Fassbinder, solo quiero que amen, pasada por la licuadora de Eat me alive de Judas Priest, una referencia no tan antojadiza si se tiene en cuenta el guiño a Lick it up de Kiss en una escena memorable. Guillermo Colantonio


Herbaria de Leandro Listorti / 7 puntos


Preservar nuestro patrimonio alcanza distintos significados en este documental de Listorti que conecta al naturalismo y la botánica con el cine,  sin que esto resulte forzado por el apellido en cuestión. Ese apellido es Hicken y se extiende primero a la preservación y estudio del reino vegetal (Cristóbal María Hicken) para, en otra generación, dedicarse a la minuciosa preservación del patrimonio fílmico (Pablo C. Ducros Hicken). El film propone un paralelismo entre las dos tareas con acierto, sumergiéndonos en un mundo donde la conservación de especies y material fílmico es frágil y el riesgo de perder un elemento implica una tragedia. Esto hace que Herbaria alcance cierto tono elegíaco por la pérdida tanto de especies como de material fílmico, a pesar del esfuerzo titánico de investigadores y aficionados. La propuesta de Listorti establece un puente entre mundos distantes desde la curiosidad por descubrir ese mundo con material de archivo, testimonios y un aproximamiento experimental desde el sonido. El montaje da a este museo de imágenes en movimiento, desarrollando un gran trabajo investigativo. Cristian Ariel Mangini


How to blow up a pipeline de Daniel Goldhaber / 7 puntos


Hay dos películas en el film de Goldhaber. Una se expresa por medio de la acción y el montaje, la otra por medio de los discursos que son sumamente actuales. El centro del relato, un grupo de desconocidos que se unen a partir de su activismo ambiental que los llevará a poner dos bombas en el oleoducto de una petrolera. Terrorismo o justicia, es el debate que la película intenta trasladar del otro lado de la pantalla, aunque el final pareciera ser bastante conclusivo de su opinión. Entre esas dos películas, prefiero quedarme con la que se expresa a través de las herramientas del cine: Goldhaber demuestra tener el pulso suficiente para explotar los tiempos del relato, y explotar en este contexto es algo decididamente clave. Si uno se aleja de la pose adolescente de sus protagonistas contrariados, How to blow up a pipeline es un thriller que funciona notablemente (más allá de algún giro que juega con el suspenso de forma manipulada), hecho de los mismos tensos materiales con los que la gran Kathryn Bigelow construía The hurt locker. La diferencia entre ambos, claro, es que Bigelow sabía cómo traficar el mensaje a través de la acción, mientras que Goldhaber precisa a veces parar la pelota para que sus personajes se justifiquen. How to blow up a pipeline se parece un poco al cine preocupado de la actriz Brit Marling, especialmente a The east de Zal Batmanglij, pero con una factura mucho más profesional y un mejor manejo de los artilugios del cine de género. Mex Faliero


Huesera de Michelle Garza Cervera / 7 puntos


Una joven queda embarazada, y mientras espera el nacimiento de su hija comenzará a ser acechada por una entidad. Sin dudas que el fuerte de Huesera está en la mirada femenina que la película tiene sobre temas como tener un hijo, el valor que se le da en una sociedad patriarcal y machista como la mexicana, o el deseo sexual durante el embarazo. La directora  nos va mostrando cómo cambia no solo el cuerpo, sino la psiquis del personaje de Valeria. Toda esa primera parte de la película está muy bien e inclusive consigue momentos de tensión muy logrados. Hay escenas desde lo estrictamente sexual que ponen en evidencia la idea de miedo y protección masculina: la pareja de Valeria no quiere tener sexo por miedo a que el bebé se rompa o le suceda algo, no le interesa lo que desea la mujer. Pero cuando el personaje de Valeria tenga sexo con Octavia, una amate de la juventud, los cuerpos se tocarán sin miedo. Es interesante la duda que Valeria trasmite con respecto a esa idea preconcebida de que todas las mujeres necesitan ser madres para ser completas, eso queda en evidencia en la escena con sus sobrinos. Hay una secuencia visualmente potente, con un trabajo de puesta en escena increíble: Valeria está en un recital de una banda hardcore/punk, todos parecen estar extasiados por el show y ella comienza a ver cómo gente del público va quebrando sus huesos, todo esto con una luz de flash titilante que recarga la escena hasta volverla insoportable, corte directo y estamos en el quirófano con la protagonista sufriendo en el parto. Nace su hija y los doctores se van con la bebé, Valeria queda tirada en el quirófano, la abandonan, es un recipiente vacío que ya entregó todo lo que tenía adentro, solo se le acercará una enfermera que le mostrará la aguja que utilizará para suturarla. La segunda parte de la película, en la que Valeria tiene que sacarse de encima a la entidad para proteger a su hija, tiene otra gran secuencia cerca del final, es una especie de sueño luego de un ritual de brujería. Pero ya la película no tiene la fuerza de su primera mitad. Gabriel Piquet


I love my dad de James Morosini / 8 puntos


Tras el intento de suicidio de su unigénito, Chuck, un hombre que tal y como advierte el flashback inicial acostumbra a “actuar por izquierda”, busca redimirse por los años de ausencia. Pero ante la negativa de la contraparte, que incluye bloqueos en redes sociales y varias ignoradas telefónicas (¿qué mejor manera de representar el desdén en la actualidad que mediante este tipo de acciones?), Chuck decide crear un perfil femenino -falso, desde luego– en un símil Facebook para mantenerse al tanto del día a día de su hijo. Lo que sin lugar a duda este no contempla es el factor hormonal, que conduce a Franklin (el joven en cuestión) a enamorarse de su avatar y eventualmente pretender iniciar una relación online. A partir de este punto se desprende un hilarante y muy bien logrado juego de dobles entre el padre y la “novia” del muchacho en el que el constante intento de redención del primero, sumado a su temor por la tentativa de suicidio -aún latente- entran en constante conflicto, obligándolo a llevar este falso noviazgo virtual hasta las últimas consecuencias. Martín Philippi


Imperio de luz, de Sam Mendes / 5 puntos


A Mendes las películas se las suele hacer el director de fotografía: Imperio de luz es otra demostración de las capacidades del enorme Roger Deakins para iluminar la escena y, desde ahí, sostener una idea que es visual y física. Ese tono melancólico es el que aprovecha bien, por un rato, el director de Belleza americana, centrándose en una mujer con problemas para sociabilizar que trabaja en un cine en la Inglaterra de comienzos de la década de 1980; personaje al que Olivia Colman le aporta toda su intensidad y que la película toma como punto disruptivo de un universo mayormente placentero. Por un rato, Imperio de luz se concentra en un grupo laboral y un espacio físico, ese cine, que funciona como gran locación. Pero como Mendes casi nunca se queda contento con demostrar que puede contar bien un cuentito, comienza a sumarle capas a su película, que se abre en subtramas y representaciones hasta confundir el punto de vista: con el ingreso al staff del cine de un muchacho negro que padece discriminación (Micheal Ward), el film perderá el norte y no se sabrá cuál película de todas las que tiene ahí dentro está dispuesto el director a contar, aunque siempre se nota movilizado por tachar múltiples casilleros en la agenda actual. De ahí que la película avance hacia múltiples finales, que se suceden estirando el relato y perdiendo en el camino la oportunidad de cerrar con ese supuesto leitmotiv que es el cine. Elemento que Mendes utiliza como homenaje superficial, pero que nunca termina de hacer sistema con los conflictos de los protagonistas. Hay un personaje -y una actuación- fascinante, que es el proyectorista interpretado por Toby Jones, pero se pierde en la maraña de voluntarismo de Mendes. Huele a espíritu oscarizable. Mex Faliero


Juana Banana de Matías Szulanski / 7 puntos


Con el barrio de Villa Crespo como epicentro, Szulanski esboza un fragmento de lo que aparenta ser la intensa cotidianidad de Juana: vaivenes a castings de mala muerte, fallidos intentos de escritura en prosa, relaciones sostenidas a base de engaños y un excesivo consumo de marihuana. Pertinentemente, el director apuesta por la cámara en mano y planos más bien cortos para narrar el agobio en el cual está inmerso la protagonista, pero no deja de lado el elemento cómico que suele atravesar a sus películas, por lo que muchos de los planos resultantes de dicha conjunción funcionan a modo de gag (son particularmente chistosos los momentos de ella comiendo desaforadamente mientras conversa con otros personajes). En una de sus tantas búsquedas existenciales, Juana se topa con el libro El hombre más solo de la tierra, el cual le permite a la película no solo trazar constantes paralelos con su propia vida, sino también conducirla hacia un inminente final, en donde esta cuestión cómico-dramática alcanza su punto cúlmine. Martín Philippi


La danza de Los Mirlos de Alvaro Luque / 7 puntos


La cumbia amazónica del Perú se distinguió totalmente de la música colombiana de los 50’s y 60’s por el tipo de instrumentos de melodía psicodélica construidos -en una primera instancia- y utilizados, la idiosincrasia cultural y todos los géneros rítmicos que rondaban por la región de Moyobamba en 1968. Ciudad que vio nacer a la máxima agrupación de cumbia llamada Los Mirlos. Luque cuenta con nostalgia a través del vivo testimonio de Jorge Rodríguez Grandez, frontman y uno de los dos líderes de la banda, el fenómeno que surgió y trascendió a la región para seguir tan vigente en el género y, así hoy en día, mezclándose por ejemplo con el estilo villero argentino del referente Pablito Lescano hasta pasando por las bandejas de un DJ o inspirando a una banda punk rock de chicas inglesas. Los Mirlos aparecen como respuesta al sentimiento festivo de una clase trabajadora empobrecida cuya alegría transformada en melodías y bailes, supieron ganar espacios con el pasar del tiempo entre las esferas más altas de la sociedad y así, instaurarse como realidad continental. Esta obra nos ofrece un documento histórico, ágil y didáctico presentado a través de un collage colorido y divertido que alude a la corriente hippie del momento como a la cuestión selvática y natural tan identitaria de esta formación. Y tal vez, en esa cosa panfletaria de mostrar vivos colores nostálgicos en contraste con el vacío de esas postales en la actualidad, es que aparezca cierto desorden narrativo. O pocos detalles claves que atravesó la banda ya sea por roces entre sus integrantes o falta de testimonios vivos que enriquezcan la cuestión. Por fortuna, las voces del periodista musical Alfredo Villar y el músico francés Olivier Conan sirven para contextualizar de manera más enriquecedora y a modo de brújula este fenómeno masivo. De todos modos, no resultaría caprichoso que este desorden identifique de alguna manera los años frenéticos de popularidad y creatividad de una banda en constante ascenso que nunca supo poner stop a un legado culturalmente arrollador. Rosana López


La memoria que habitamos de Diego Ercolano / 6 puntos


Silvia Filler fue asesinada a los 18 años, el 6 de diciembre de 1971, mientras participaba de una asamblea en la Universidad de Mar del Plata. Para los historiadores, fue el primero de una larga serie de crímenes cometidos en la ciudad a raíz de la violencia institucional de aquella década. Con el paso del tiempo, su nombre se ha convertido en ícono de lucha y militancia universitaria. El documental de Ercolano retoma aquellos hechos desde el recuerdo (de sus hermanas, de quienes participaron de la asamblea), pero con una idea principal: Pensar qué es la memoria, ¿una reivindicación del pasado o una forma de construcción del presente y hacia el futuro? Para ello se vale de algunos recursos que exceden a lo meramente periodístico que un documental de este estilo habilitaría, como es la intervención de aquella aula a como estaba en el momento de la asamblea. Y, sobre eso, poner a un grupo de estudiantes con una edad cercana a la de Filler a actuar e interpretar aquel hecho. Lo que surge es un evento singular, la demostración empírica de que la memoria reverbera y triunfa, que hay algo en los recuerdos que no se terminan de extinguir. Ponerlos en escena los vuelve tangibles. Y esa fisicidad no es otra que la que el cine utiliza para construir su verdad. Ercolano, además, tiene un pudor que se agradece, y eso queda en evidencia en la escena en la que las hermanas de Filler van al cementerio y las acompaña a la distancia, aceptando que hay cuestiones que permanecen al plano de la intimidad. Mex Faliero


La uruguaya de Ana García Blaya / 6 puntos


Basada en la novela homónima de Pedro Mairal, la película de García Blaya está planteada como una comedia amable y bien narrada sobre un escritor de cuarenta años, en crisis con su edad y con su cuerpo, entre otras cosas. El tipo está en pareja, pero tiene una coartada para encontrarse en Montevideo con una chica más joven. Cruza el charco con la excusa del mercado cambiario y en esas idas y venidas mantiene una relación cuyo signo más importante es que se dilata la posibilidad del sexo. Hay cierta frescura en el modo en que se desarrolla la trama y las actuaciones fluyen con naturalidad a través de diálogos amenos y situaciones donde prima el humor. La primera observación atañe a la política de adaptación cinematográfica. Lejos de ofrecer una fidelidad al texto literario, la película da cuenta de un cambio de perspectiva importante: son las mujeres las que llevan los hilos del relato amén de que sea un hombre el protagonista. En este sentido, se desnuda progresivamente (aunque de modo un tanto subrayado) un comportamiento machista que linda con lo patético y que, como era de esperar, tendrá su castigo. Allí reside uno de los problemas: todo aquello que brilla desde el punto de vista musical y visual se resiente con la imperiosa necesidad de bajar línea, incluso con maneras de hablar que ya son parte de estereotipos dada su recurrencia. Otro cantar es la manera de recorrer Montevideo. Allí se encuentran los mejores momentos porque parecen más hijos de la libertad y de la espontaneidad que del imperativo discursivo. Guillermo Colantonio


Las fiestas de Ignacio Rogers / 6 puntos


De La ciénaga para acá son varios los directores argentinos que han pretendido construir un retrato de clase, enmarcando a un grupo familiar en un contexto donde la naturaleza y el estatismo invitan a la reflexión y el replanteo de vínculos. Sin tanto vuelto formal como aquel film de Lucrecia Martel, Las fiestas se inscribe en esa vertiente, al reunir en una casa de campo a una madre con sus tres hijos que vienen de la ciudad, cada uno con su crisis personal relacionada con lo sentimental, lo vocacional, lo laboral. La película de Rogers funciona como comedia en sordina, que expone las internas de una familia y de tres hijos que parecen tener varios reproches para con su progenitora. Hay gritos, discusiones, pero todo adquiere por momentos el tono del absurdo, de hijos que aunque se ven adultos tienen reacciones que los hacen ver como chicos. Un poco eso mismo le sucede a la película, que por momentos pretende cierta profundidad en la construcción de sus personajes pero se termina quedando en la superficie, demasiado acomodada en la solidez que aporta su cuarteto de protagonistas (Cecilia Roth, Dolores Fonzi, Daniel Hendler, Ezequiel Díaz) como para que el espectador sienta que va por un viaje emocional que en verdad no lleva demasiado lejos. Mex Faliero


Le petit Nicholas – Qu’est-ce qu’on attend pour être heureux? de Amandine Fredon y Benjamin Massoubre / 8 puntos


Jacques Sempé y René Goscinny crearon Le petit Nicholas, uno de los personajes de historieta más populares de Francia, que es como una suerte de continuador de Charlie Brown como lo fue nuestra Mafalda: Una mirada sobre el mundo y sus problemas a través de los ojos de un grupo de chicos. La película lo que hace, por un lado, es darle movimiento a esas viñetas por medio de la animación (bellísima, con tonos pasteles y acuarela) y homenajear alguna de las grandes tiras del personaje, pero a la vez recorrer la historia de sus creadores, que se integran e interactúan con los personajes a través de unas transiciones virtuosas. El film tiene una mirada entre sardónica e ingenua sobre la familia, sus rituales y las problemáticas de la clase trabajadora. Pero a partir de la interacción con Sempé y Goscinny, se vuelve una reflexión sobre el acto de crear (desde dónde creamos y cuánto hay de nosotros en eso que inventamos), sobre la amistad aún en la ausencia y fundamentalmente sobre el humor no como salvación, sino como una forma de enfrentar el mundo. “Solo hay que saber mirar” dice Goscinny en una parte de la película y eso es algo que Fredon y Massoubre saben hacer: miran con cariño y mucha inteligencia para hacer de algo muy complejo una historia de una sensibilidad y coherencia que se agradece. Mex Faliero


Legiones de Fabián Forte / 6 puntos


Ya desde el arranque, con una voz en off que discute la veracidad de lo que está contando, la película se plantea como un ejercicio autoconsciente, lo que le permite sortear un poco los problemas que tiene. La historia transcurre en dos tiempos: los años 80 en la selva misionera, donde Antonio intenta proteger a su hija de los demonios que la acechan, y el presente, con el protagonista ya anciano, internado en una institución de salud mental. Uno de los grandes inconvenientes que suele tener el cine de terror nacional está ligado a las actuaciones, que casi siempre (y más en el caso de los secundarios) parecen estar en un tono disonante, que atenta contra el verosímil. Acá la suerte es otra: el acierto de poner a un intérprete sólido como Germán de Silva en la piel de Antonio abre la posibilidad para que el director juegue con distintos registros, que van del horror pleno a la comedia, y que por lo general funcionen. De hecho, lo más destacable termina siendo esas situaciones de humor dentro de la institución, donde un grupo de pacientes está adaptando al teatro las experiencias de vida de Antonio. Ahí es donde Legiones explota su veta más auténtica, vinculada a la parodia y a los límites del género en el que se inscribe. Cuando quiere decantarse por una resolución más cercana a lo fantástico, y busca generar emociones a partir del vínculo paterno filial, la película se entorpece. Eso sí: en el camino deja un par de poseídos que nada tienen que envidiarle a los más conocidos, de Linda Blair para acá. Marcos Ojea


Legítima defensa de Andrea Braga / 5 puntos


Eduardo es un fiscal que tiene una hija con la que mantiene una relación conflictiva, ya que su sinceridad lo aleja de ella. Intentará mediante una carta explicarle lo que siente. Emprenderá un viaje a su antiguo pueblo del que no tiene buenos recuerdos. Allí intentará ayudar a su amigo, el comisario del lugar, a resolver una serie de extrañas muertes. La película es un policial tradicional con elementos de investigación que vinculan los asesinatos con un dueño de una cerealera, contrabando de drogas, una organización que junta firma para la eliminación de los agrotóxicos y la gente del pueblo que parece querer tapar todo. El problema son los diálogos impostados de algunos de los personajes y las escenas de suspenso que no manejan un buen timing para crear climas. Los actores hacen lo que pueden, a veces quedan expuestos a las limitaciones del guion. Es una película con buenas intenciones que se carga de convencionalismos del género policial y no logra salir de la media de este tipo de films. Gabriel Piquet


Living de Oliver Hermanus / 6 puntos


He aquí una versión elegante e inglesa hasta los huesos de una de las obras maestras de Akira Kurosawa, Vivir (1952).  De Tokio nos trasladamos a Londres y paseamos por lugares emblemáticos, al mismo tiempo que respiramos la formalidad y la cortesía exacerbadas. A principios de los años cincuenta, la rutina laboral de un grupo de hombres que trabajan en Obras Públicas es el punto de partida para que surja la enigmática y enjuta figura de Mr. Williams, un hombre en edad de jubilación, que viste de impecable traje y al que todos respetan en demasía. Cuando se entere de que porta una enfermedad incurable, su apretada vida de rituales y de contenciones se modificará. La temática podría dar lugar a un campo minado de lugares comunes, pero Hermanus privilegia un tono amable y mantiene una atmósfera similar al ritual de tomar un té con amigos, sin reclamos ni gritos, y si hay emociones, se ocupa de que sean dosificadas sin perder distinción. Mucho tiene que ver la voluntad por no romper nunca ese cerco estético prolijamente construido, lo cual lleva a pensar que, más allá de la historia de vida y de aquellos momentos donde el personaje podría lucirse dada su situación dramática, todo queda relegado a igualar esas vidas inmersas en la repetición. Hermanus parece más preocupado por mantener su pulso expresivo que para otorgarle matices a sus criaturas. Allí, donde el cálculo inofensivo domina, se relega humanidad, más allá de algunos momentos de ligereza y humor entre el hombre mayor y una joven compañera de trabajo, testigo de su enfermedad, simpática y fotogénica. Es el encanto de la discreción. Guillermo Colantonio


Lockdown diaries de Jeff Zorrilla / 7 puntos


Desde marzo de 2020 el realizador filmó su vida, o mejor dicho fragmentos de todo lo que vivió durante la pandemia. Todo esto, hecho en 16mm y algunas escenas en Súper 8, es desprolijo, muchas veces las imágenes están esta fuera de foco, pero como el mismo realizador comentó, parece que esa es su marca registrada, el escupir todo lo que siente y mostrarlo en pantalla. Zorrilla es norteamericano y hace unos años vino a vivir a la Argentina. Su mirada sobre muchas de las cosas o situaciones que vive en la pandemia son muy divertidas,  su amistad con una realizadora de Súper 8 japonesa, y el aprender junto a su mujer Naty ese idioma. El ser contratado por una serbia para filmar un eclipse y que el resultado no sea del todo positivo. Todo esto lo irá contando con una fluidez increíble, su voz le dará identidad a todo el film. Hay dos puntos clave en la película, uno tiene que ver con el paso del tiempo durante la pandemia, que lo lleva a él y a su mujer a querer tener un hijo, hecho que viene de la mano de tomar responsabilidades para él, que siempre fue bastante desorganizado con su vida. El otro es la relación que tiene con su padre, conflictiva, que lo hicieron en algún momento tomar la decisión de irse de su país. Esto genera una hermosa reflexión en la que habla de cómo sería la relación con su hijo y el entender cómo fue ese vínculo con su padre para no repetir los errores en su relación. Gabriel Piquet


Lobo e cao de Cláudia Varejao / 6 puntos


Una isla en el medio el océano Atlántico llamada Sao Miguel. Todo lo idílico que puede ser el paisaje no se corresponde necesariamente con la idiosincrasia del lugar y con siglos de tradición donde la religión y el mandato patriarcal determinan conductas y asigna tareas según las concepciones sobre lo masculino y lo femenino. Cómo romper ese cerrojo a través de nuevas generaciones que pretenden un mundo más libre y abierto a las propias elecciones es uno de los ejes centrales de la película. Ana y Luis son los jóvenes que catalizan esta necesidad de comprensión y de aceptación, y quienes ponen en crisis un universo consagrado al trabajo (la pesca) y las procesiones católicas. Dos son los mundos, entonces, que colisionan. El de los adultos atados a las convenciones y el de los jóvenes que, con espíritu festivo, consolidarán sus rituales mientras los demás duermen o miran para otro lado. Asumir las identidades sexuales sin prejuicios, bailar, festejar, son formas de resistencia que, a pesar de las dificultades, buscan ser al menos el comienzo de un cambio de mentalidad en la isla. Se nota el pulso documental de la realizadora y un trabajo con la comunidad que no resulta forzado. Pero esa misma impronta documental resiente, acaso, la fluidez narrativa de una ficción que no parece terminar de armarse más allá de algunas escenas notables, sobre todo cuando se produce la llegada de canadienses al lugar, lo que potencia los deseos y las fantasías, además de la vitalidad. Varejao postula una necesidad: desatar los nudos familiares y ancestrales para un mundo más justo y libre. Guillermo Colantonio


Los de abajo de Alejandro Quiroga / 6 puntos


Desde hace años que el cine sudamericano intenta aplicar a su realidad la caligrafía del western: Quiroga hace lo propio en este drama boliviano sobre un hombre derrotado que exige el desvío de un río para que sus tierras puedan volver a tener agua. Gregorio tiene un hijo, una esposa muerta y un interés romántico. Pero su obsesión es recuperar el agua, signo vital que sirve, además, como botín de guerra que marca las diferencias entre los personajes. En definitiva no se sabe si a Gregorio le duele aquello o el rechazo y desinterés del resto de la comunidad, que no hace lugar a sus reclamos. Desde su título, Los de abajo propone una lectura política, que puede ser un poco obvia pero que en todo caso se corresponde con cierta lectura genérica que recorre a la película solapadamente: Es un film como tantos, sobre el territorio, los poderosos y los expulsados. Hay un villano, interpretado por César Bordón, que puede ser un lugar común pero que está construido de manera sugerente y sin caer en excesivos trazos gruesos. El recorrido de Gregorio tiene, por tanto, un destino que parece marcado desde el comienzo. No obstante, Quiroga tiene una mano sutil, que nunca se excede en formalismos inútiles y que cuenta con firmeza la historia de una derrota que, por otra parte, es bastante habitual en esta parte del planeta Tierra. Mex Faliero


Los espíritus de la isla de Martin McDonagh / 7 puntos


McDonagh es un tipo inteligente. Demasiado inteligente. Del tipo de inteligencia que, en exceso, puede ponerlo a uno varios centímetros por encima de los demás. De hecho la mayoría de sus películas padecen de esa soberbia intelectual que las hace demasiado cancheras. Pero en Los espíritus de la isla parece haber encontrado el tono adecuado y los intérpretes, Colin Farrell y Brendan Gleeson (ya habían trabajado los tres en Perdidos en Brujas), están perfectos. Ambientada en las primeras décadas del siglo pasado en un pueblito de Irlanda, el punto de partida es sumamente absurdo: Uno de los personajes, en busca de silencio y una experiencia existencial, le deja de hablar al otro, que era su mejor amigo. Así, de golpe, sin mediar explicación. En primera instancia, la película avanza como una comedia extraña, de atmósfera enrarecida, que juega con los tópicos del cine de época, y con dos personajes que se atacan verbalmente y se van tanteando como en un juego del gato y el ratón. Claro que la cosa escala y se pone espesa, de una negrura realmente trágica. Pero lo inusitado, lo realmente significativo de la película, es que McDonagh se hace una pregunta atípica para un autor de un estilo que bordea la misantropía: ¿Qué significa ser una buena persona? ¿Cómo uno mantiene la bondad como forma de vida cuando el mundo parece indicarnos todo lo contrario? Es sobre el final cuando aparece lo esperable, la analogía política y el exceso de simbolismos, pero también es cierto para entonces la película ya nos había convencido con su apuesta por el dadaísmo, las excentricidades y los diálogos perfectos e hilarantes. Mex Faliero


Luminum de Maximiliano Schonfeld / 5 puntos


¿Estamos solos en el universo? Quién sabe, lo cierto es que existen sectores que pueden dar fe de extraterrestres supervisando nuestra vida en la tierra por algún motivo. Los OVNI’s han tenido un lugar privilegiado en el cine pero el film de Schonfeld va en otra dirección: la idea es registrar cómo una madre y su hija pasan en Victoria (Entre Ríos) incontables días buscando en el cielo la presencia de objetos extraños que delaten vida extraterrestre. Con base en el Museo del OVNI situado en la misma ciudad, el relato va del documental testimonial tradicional al mockumentary ficcionalizado sin perder el cariño por los personajes que pueblan su pantalla. Este es sin duda el aspecto más sólido de la propuesta, pero el relato se pierde entre largas escenas de archivo reales buscando objetos en el cielo y una ficcionalización aislada que parece una oportunidad desperdiciada. Esto da lugar a un film fragmentado que parte de una base sólida pero no parece convencido de la dirección a seguir. Cristian Ariel Mangini


Lynch/Oz de Alexandre O. Phillippe / 7 puntos


Todo está patas arriba en este documental sobre las influencias de El mago de Oz en la obra de David Lynch. Una vez que atravesamos las cortinas, ingresamos en una lógica demencial de citas y de referencias que, lejos del rigor académico, obedecen a las lecturas, las impresiones y las locas arbitrariedades de quienes hablan en off, entre ellos, el gran John Waters. Dividida en capítulos cuyos ejes son temáticos, se tiende a analogías y explicaciones que suenan convincentes más allá del sesgo, muchas veces, fabulador. No deja de ser estimulante ver escenas de películas y series de Lynch en una continuidad que justifica su enorme autoría y la coherencia de un universo estético tan singular. Entonces, atravesando escenas del clásico hollywoodense derivamos en cantidad de imágenes montadas a un ritmo que no da respiro, pero que tiene el encanto de una sabrosa sopa cinéfila. Es decir, llega un momento donde ya ni se pregunta uno por la solidez de las argumentaciones y se entrega a esa marea de alusiones y anécdotas. El entramado de signos, en todo caso, construye una posible certeza: ya no hay una historia del cine, lo que existen son las historias del cine. Y qué mejor que la pasión de espectadores para contarlas. Guillermo Colantonio


Maelstrom, 2001 de Juan Pollio / 7 puntos


La película reconstruye con una investigación minuciosa los hechos ocurridos el 19 y 20 de diciembre de 2001. Desde la declaración del estado de sitio por parte del presidente Fernando de la Rúa que provocó las manifestaciones espontáneas y la posterior represión de la Policía. El documental muestra cómo el físico Rodolfo Guillermo Pregliasco es llamado por el grupo de abogados querellantes de la causa para que los ayude a reconstruir los hechos. El trabajo es increíble, recolectando imágenes de los canales de tv que trasmitían en vivo, fotografías tomadas por la prensa gráfica y las imágenes del Canal 4 (el canal de la policía). Todo esto acompañado del juicio que se le realizó a los acusados de armar el operativo de represión que se cobró cinco víctimas y varias personas heridas. Hay momentos claves como una imagen en la que para descubrir si un policía que disparó balas de plomo se encontraba en un lugar a la hora de los hechos, Pregliasco utiliza un reloj solar, guiándose por la sombra de una baranda del subte. Hay un acierto del director de no mostrar imágenes en las que se lleva a uno de los muertos, solo se escuchan las voces de lo que va pasando. Cuando comienzan los primeros gases y balas el día 19, hay un audio de un policía NN que es crudo y realista: “Quién fue el boludo que disparó, no ven que se están cagando de hambre y ustedes le tiran gases”. El documental muestra a los familiares de las victimas hablando de cómo eran y por qué fueron esos días a la plaza, algunos no estaban vinculados con la política, estaban ahí por las reacciones que tenía la policía con la gente y porque estaban cansados de la situación económica del país. La parte en la que se busca a los policías que dispararon, muestra las contradicciones con respecto a si llevaban armas de balas de plomo o las de antidisturbios, demostrando que dispararon con las armas que utilizan cuando están de servicio y no con las que correspondían para esa ocasión. Un buen trabajo de investigación realizado por la productora que representa al Conicet, que se mete con un tema muy sensible de la historia reciente de la Argentina. Gabriel Piquet


Mamani in El Alto de Heinz Emigholz / 5 puntos


Podemos definir a este documental en unas pocas palabras: es un recorrido de la trayectoria y proyectos de Freddy Mamani en El Alto, Bolivia. Esto suena escueto pero es en verdad lo que ocupa 95 minutos y la forma de aproximarse a este material es la clave para comprenderlo. El documental no nos ofrece pistas de quién es Mamani, pero con un breve paseo por Wikipedia la película es mucho más enriquecedora, aproximándonos a este puente entre la cultura aimara y la arquitectura modernista. El film recorre a las obras de Mamani (en su mayoría edificios de eventos) ofreciéndonos planos que ponen el detalle sobe la complejidad arquitectónica de los proyectos, al tiempo que el sonido nos da un marco del entorno al que pertenecen esos cimientos. Las voces humanas, ruidos urbanos del tráfico y ladridos de animales dan presencia y movimiento entre el estatismo clínico del registro de Emigholz: sus encuadres son prácticamente una tesis de arquitectura, con algunos que desnudan el paisaje urbano donde vemos estos edificios que luego se subrayan en el detalle de los salones, los muros, los ostentosos frentes. El problema radica en la frialdad de catálogo que envuelve el documental y nunca le da el vuelo para que el registro de Emigholz vaya más allá del nicho al que apunta. Cristian Ariel Mangini


Mandibules, de Quentin Dupleix / 7 puntos


Un par de tipos de gendarmería dicen en un fragmento de la película que el mundo está desquiciado. En esa frase se resume la propuesta de Dupleix, pero se trata de un desquicio productivo, ameno entre tanta sordidez festivalera. Con una estética y un desarrollo que recuerda a películas bizarras de bajo presupuesto de décadas anteriores, los patrones que dan forma a la historia son de índole surrealista, abiertos al azar y a la arbitrariedad como principio constructivo. Dos rufianes simpáticos y amigables son contratados para trasladar un maletín de un punto a otro. Sin embargo, el hallazgo de un moscardón de enormes proporciones altera los planes cuando creen poder domesticarlo para robar un banco. Todo el derrotero es un cúmulo de placeres visuales y fetichistas donde no prima ninguna exigencia explicativa y sí ciertos personajes desopilantes. Probablemente, muchos verán en esta hermosa locura una especie de Tonto y retonto a la europea, pero no debería ser menor la posibilidad de entregarse a la aventura en la que por mucho tiempo recordaremos a una tal Dominique y a una extraordinaria Adèle Exarchopoulos gritando, acusada de comerse un perrito. Guillermo Colantonio


Manuela de Clara Cullen / 5 puntos


La protagonista se llama Manuela, una inmigrante que viaja a EE.UU. en busca de trabajo. Solo conseguirá de ser niñera en una casa de clase alta en donde una mujer le pedirá que cuide a su hija. La película tiene algunos problemas de guion, eso hace que no pueda sostener el interés por lo que muestra. Manuela tiene una visa de turismo, eso le dice a su jefa, nunca se sabe bien por qué está ahí; dice que es por algo relacionado con su madre o su abuela, no queda claro. Cuando le preguntan de dónde es, dice “de Argentina”, del norte de Argentina, después se presenta como boliviana, después es uruguaya. Tendríamos que interpretar que es mitómana y que esconde algo, pero no se sabe qué. Hay momentos que parecen absurdos, pero no buscados, como la escena en que tiene una fantasía erótica con un jardinero que solo vio un par de veces. También tiene un supuesto vínculo con lo religioso: mira un programa de TV evangélico junto a dos mujeres a las que les alquila una pieza y después va a una iglesia. Pero esto ni siquiera nos conecta con su supuesto universo de fe, ya que después no interactúa más con lo religioso. Por otra parte, el personaje de la norteamericana que la contrata para que sea la niñera de su hija, es un cliché de la clase alta. La vigila todo el tiempo a través de una cámara, le pide que no le ponga remeras con princesas a su hija. Se va de viaje de negocios, dejando a la niña sola, situación que sirve para que el vínculo entre la niñera y la chica se fortalezca. Sin dudas que lo mejor es la niña interpretada por Alma Farago, la hija de la realizadora del film, que en un divertido spanglish es lo más espontáneo de la película. Gabriel Piquet


Mato seco em chamas de Joana Pimenta y Adeirley Queiros / 6 puntos


El personaje principal Chitara extrae petróleo de unas tuberías que pasan por un terreno que compró en la favela Sol Nascente. Ese petróleo robado le servirá a ella y un grupo de mujeres (su hermanastra Lea incluida) para armar un negocio que le permitirá vivir junto a unos motoqueros que le ayudarán en la distribución a cambio de un porcentaje de las ganancias. La película se divide entre la ficción y el documental, muchas de las protagonistas no son actrices profesionales, eso le da un realismo que ayuda a que la película se mueva entro los dos estilos cinematográficos sin notarse el cambio de registro. Lo más interesante se ve en las escenas en las que los protagonistas extraen el petróleo, cómo conviven con la polarización política de Brasil, gran escena en la que una de las mujeres reparte panfletos en la calle y la oposición representada por el partido de Bolsonaro pasa con camiones y camionetas, con todo un aparato armado, y le sacan gente. La fuerza de la religión evangélica en los barrios pobres permite un momento de humor irónico, cuando se escucha un texto del apocalipsis mientras afuera de la iglesia llueve y el agua que cae por la calle, al borde de inundar todo el barrio. La película toma mucho del cine de género, el terreno en donde extraen petróleo está vigilado por las mujeres desde unos miradores que recuerdan a los que tenían en la improvisada fortaleza de Mad Max 2: El guerrero del camino. La película respira constantemente la tensión que se vive en esos barrios entre el poder policial/estatal y los marginados de las favelas. Hay mucho de western clásico, personajes que anhelan algo que les prometieron pero no llega, otros que tendrán que usar la violencia para vencer a la representación del poder. El único problema es su duración, sus dos horas y media podrían haber sido reducidas y la película seguro que funcionaría de la misma forma. Gabriel Piquet


Náufrago de Martín Farina y Willy Villalobos / 7 puntos


Un ex militante recorre entre un hibrido de sueños y elementos biográficos lo que fue su vida política, su detención, liberación y estadía en el exilio. La enorme virtud del documental es que en toda la primera parte desconcierta, las imágenes tienen elementos que parecen hablar de un viaje en barco, el caminar en una casa inundada, sacar arena que tapan las ventanas y puertas, todo esto acompañado de la voz cancina de Willy Villalobos que cuenta sus sueños. Estos relatos son hipnóticos, le sacan lo denso del tema (la pérdida de compañeros en la prisión) para entrar en este universo surrealista. Todo de alguna manera remite al naufragio, al estar en un lugar que no es el propio, estar solo, a querer volver al lugar de donde se partió. En la última parte del film, el registro cambia, es una charla en la mesa de la casa que antes veíamos, sentados hay tres amigos. Hablan de lo que esos jóvenes vivieron en la época de militancia y las decisiones que tuvieron que tomar, por ejemplo el caso de Adolfo Bergerot, que con 22 años luego de ser enviado fuera del país intentó una contraofensiva con un grupo de compañeros de militancia, quienes  fueron atrapados por los militares. La decisión más difícil fue la de escaparse de Argentina para no terminar muerto y dejar la agrupación a la que pertenecía. Villalobos dice que volvería a la cárcel, que no le pregunten por qué. Ese fue el lugar donde más libre se sintió, porque fue el lugar donde estaba protegido por sus compañeros. Gabriel Piquet


No bears de Jafar Panahi / 8 puntos


La vida de Panahi, encerrado en su propio país desde hace años y privado absurdamente de la libertad, es un laberinto kafkiano que no le ha impedido filmar y distribuir clandestinamente sus películas. Como si de la magnífica ironía de Dios se tratase, a juzgar por uno de los poemas más conocidos de Borges, el realizador iraní ha encontrado aún en esta circunstancia un precario sistema de producción para que su condición de artista no cese. Y lo ha hecho con ingenio y valentía, acentuando incluso los espejos entre realidad y ficción, esa marca característica de una cinematografía que supimos conocer tardíamente. El comienzo de No bears es parte del engaño: una pareja prepara sus pasaportes para salir del país. Cuando estamos sumergidos en la ilusión, se escucha corte. Se trata de un rodaje pautado y manejado remotamente por el propio Panahi con una computadora desde un pueblo fronterizo con Turquía, el lugar donde se encuentran sus actores. Por supuesto, esto es solo la punta del iceberg. A medida que avance la trama, la dimensión dramática de una historia que intenta armarse pese a las dificultades se alterna con los inconvenientes que padece Panahi con los lugareños a raíz de una supuesta foto que tomó y que es crucial para resolver el litigio entre dos familias. Situaciones absurdas y un tono que incluye al humor como posibilidad de resistencia funcionan a la manera de un escudo frente al carácter ridículo de tradiciones que se niegan a cambiar, rituales propios de órdenes autoritarios e historias folklóricas que buscan el control político. De modo tal, que la película construye un arco que va desde la incomodidad hasta la impotencia, expresada magistralmente al final con un gesto que bien puede extrapolarse al presente del director. Guillermo Colantonio


Notas para una película de Ignacio Agüero / 8 puntos


Considerado uno de los máximos referentes del cine chileno, Agüero trae una obra estupendamente contada en formato collage porque incluye un falso documental, con archivos históricos, a la vez de ser una denuncia política con ensayo ficcional. Un producto fresco e ingenioso por donde se lo mire en formato y estructura. Rodado casi en su totalidad con una sublime fotografía en blanco y negro que resalta la belleza de los pueblos sureños, se cuenta la vida del joven ingeniero belga Verniory en 1889, llegado a Chile y encargado de proyectar la construcción de las vías del tren entre las ciudades de Victoria y Temuco. Todo ello con el trasfondo de plan gubernamental llamado “Pacificación de La Araucanía” cuyo título irónico solo demostró el genocidio y casi extinción del pueblo ancestral mapuche sobre aquellas tierras. Una problemática que en la actualidad continua vigente y comparte con Argentina. Es entonces que su director aprovecha para mechar los archivos históricos que refuerzan este concepto de progresismo a fuerza de sangre y dolor. Así lo notifica uno de los testimonios de uno de los líderes de los pueblos originarios -cuarta generación- quien relata el sufrimiento de aquella época y la imposición soportada de normas y tradiciones por sobre su cultura autóctona como también el reflejo del reclamo actual. Un testimonio rico y sincero pero un tanto extenso que comienza a desprenderse por sí solo -tranquilamente podría ser parte de un cortometraje u otro film de la temática-, y a aislarse de todo el trayecto que dio origen a ese collage ficcional del que hablábamos antes. Por tanto, se desprende de esa narración donde se jugaba entre las voces en off de su director -físicamente presente- junto a ese protagonista refinado como caballero europeo dentro de esos roles actorales y fuera de ellos, pero plasmados siempre ante la lente. Así mostrando el pasado y presente brutal, la repetición de escenas a cargo de Agüero -que sirven muchas veces para distender ante tanta aflicción-, el cambio constante de vestuario para denotar saltos temporales caprichosos y certeros, el director parece enamorarse y adueñarse del guion y montaje donde la responsabilidad absoluta cae en sus espaldas. Rosana López


O trio em mi bemol de Rita Azevedo Gomes / 6 puntos


Una obra inédita de Eric Rohmer es la razón de la existencia de la decorosa y exquisita película de Azevedo Gomes, sostenida principalmente a base de planos fijos y diálogos que construyen progresivamente tensiones creíbles gracias al desempeño actoral. Dada la matriz teatral del proyecto, asistimos a locaciones acotadas y a un ejercicio dramático que, si bien no carece de elegancia, está teñido de peso intelectual en demasía y encuentra su forma cerrada en pocos recursos. Evidentemente, es otra hija de la circunstancia de pandemia. Pierre Léon y Rita Durão juegan, interpretan a una pareja que ya no lo es, se interpelan con amabilidad, apenas algún intercambio ríspido se asoma, pero en general el tono es ameno. El tema es que, paralelamente, vemos que esto es parte de un ensayo para una obra que nunca termina de armarse dada la inseguridad de su director, un tipo excéntrico y taciturno. El marco es una casa de playa y desde la primera secuencia se advierte que el desarrollo será la reformulación de la pequeña historia: Paul le reprocha a su ex mujer la relación que tiene con Tito, su novio actual, el personaje fuera de campo, cuya afición por el rock es incompatible con su pasión con Mozart. Cada conversación pretende evocar al fantasma de Rohmer, con planteos filosóficos tamizados por una ligereza cotidiana. La otra referencia, que ya aparece sugerida desde el título, es Mozart. En este sentido, uno de los aciertos de la directora portuguesa es sostener un ritmo acorde a una modesta sinfonía. Con pocos cortes, las escenas fluyen con naturalidad, y mucho tiene que ver el gran trabajo de León y Durão. La propuesta goza de libertad, sin embargo, no puede disimular su academicismo o, más bien, una especie de estatismo y recurrencia que encuentra sus picos dramáticos en contadas ocasiones. Guillermo Colantonio


Pacifiction de Albert Serra / 6 puntos


Si vieron algo de la filmografía de Serra saben a qué atenerse: cierto sentido de la mordacidad y la ironía siempre latente, una narración errática que plantea su núcleo en los primeros minutos y luego se va ramificando hasta cerrar bruscamente y una serie de giros que a menudo se sostienen en la hipertextualidad con otros relatos. A la hora de ver Pacifiction uno piensa inmediatamente en una versión “Serra” del clásico Apocalypse Now de Francis Ford Coppola, retorciéndose en un final tan amargo como previsible mientras acompañamos el confuso relato detectivesco de nuestro protagonista. El embajador interpretado por Benoit Magimel ve cómo la tranquilidad de su isla (un territorio que gobierna en la Polinesia Francesa) es conmovido por una serie de acontecimientos: rumores de nuevos ensayos nucleares en la región, militares que son vistos con desconfianza por los locales, la aparición de un embajador portugués que perdió su documentación y, entre todo este embrollo, la necesidad de mantener un equilibrio político con Francia. La originalidad de Serra es innegable pero, como suele suceder, le sobran minutos a los casi 165 minutos del film, adornados entre imágenes paradisiacas que se tornan siniestras cuando nos acercamos al desenlace. Cristian Ariel Mangini


Pinocho de Guillermo del Toro / 9 puntos


Lo de Del Toro es pura maldad: Si la reciente versión de Robert Zemeckis era intrascendente, a la sombra de esta re-imaginación propuesta por el mexicano se empalidece hasta volverse mínima. De entrada la técnica del stop-motion nos envuelve en un mundo que suena tanto a cuento de hadas como a pesadilla, una tragedia puesta en contexto en la Italia fascista de Mussolini. Un padre que pierde a su hijo luego de que una Iglesia fuera bombardeada por error: Los símbolos religiosos están presentes por todos lados, empezando por un Pinocho que se siente reflejado en otra figura de madera a la que los demás, sin embargo, veneran: Jesús. El asunto de la ilustración está presente, el de educarse para ser mejor persona contra la seducción de la fama fatua, pero al director le interesa más otra cosa: Pensar a Pinocho como un personaje que busca la libertad, tomar decisiones por su cuenta, aún a costa de equivocarse. Que en todo caso esta Pinocho es un drama sobre cómo enfrentarse a los totalitarismos y al adoctrinamiento. Puede que en el camino pierda sentido el personaje de Pepe Grillo y se construya un Pinocho demasiado autoconsciente, pero gana por la fuerza de sus ideas, que son tanto visuales como argumentativas. Y tanto el prólogo como el epílogo tienen una fuera expresiva y emocional que derrumba. Tal vez de forma impensada, Del Toro encuentra el material ideal para moldearlo con sus obsesiones y logra su mejor película a la fecha. Mex Faliero


Project wolf hunting de Kim Hong-Sun / 8 puntos


El cine coreano es experto en producir cócteles de emociones y géneros en un mismo producto y de ello se trata este thriller con acción, y por qué no ciencia ficción, que son de esas películas que cuando menos se pueda saber de su trama es más gratificante su sorpresa. Y no es para menos que su director sea el responsable de la versión asiática de La casa de papel y haya recibido elogios y premiaciones correspondientes en Sitges. Todo se debe a lo salvaje, explícito y sanguinario que forma parte esta entretenida obra llena de adrenalina. Y ya la premisa de un carguero con una docena de los reclusos más peligrosos del país y la zona hace que se despliegue la alarma constante. Dos médicos, una horda de policías “entrenados” junto a militares navales y su personal correspondiente, harán que semejante barco llegue de Manila a Busan ¿de la forma más armoniosa posible? Ni qué hablar si también empezamos a ver que algo oculto comienza a cocinarse para postre de la rivalidad entre polis y chorros. Hong-Sun logra homenajear de alguna forma a Carpenter y llevar a un máximo mainstream la corriente del nuevo cine coreano que enloquece hace dos décadas a Occidente, ávidos de violencia, acción pero con argumento rico en lo narrativo (algo que adolece en estos lares). Con punto negativo diremos que el film tiene tal vez una resolución que no logra mantener el incandescente ritmo logrado, para empezar a desinflarse en busca de tibios recursos de flashback y atropelladas bajas innecesarias. ¡Pero quién te quita lo bailado! Rosana López


Réduit, de Leon Schwitter // 6 puntos


En este film suizo, un niño y su padre pasan unos días en una cabaña en la montaña. El comienzo es casi observacional, siguiendo ese vínculo de forma lúdica con las actividades propias de la vida salvaje. De repente, algo rompe esa lógica: el chico sale con su celular y el padre se violenta, le pide que vuelva y lo golpea. Ahí Réduit ingresa en otro territorio, el de la paternidad con rasgos patológicos, brutales: el hombre siente curiosidad por “el nuevo novio” de mamá, el pibe quiere volver a la civilización pero el padre se lo impide. Mientras el relato avanza con estos únicos dos personajes, Schwitter construye un afuera con personajes en off que tienen su peso (¿qué pasa con la madre?) y un misterio en torno a cierto cataclismo climático que acecha a la humanidad. Claro, en determinado momento Réduit se acerca peligrosamente a lo anecdótico y la película comienza a sentirse estirada; como si no supiera cómo llegar a los 90 minutos. De ese círculo vicioso en el que ingresa, la salva el juego inconsciente que nos propone el director: ¿cuáles son las expectativas que tenemos con lo que estamos viendo y qué pasa al final? No vamos a revelarlo aquí, pero la película traiciona satisfactoriamente nuestras suposiciones y culmina como una mirada melancólica a cierta infancia solitaria y extraviada. La crónica de un niño solo, para quedar a tono con el aire del festival. Mex Faliero


Salamone, Pampa de Heinz Emigholz / 6 puntos


Monumentales y desafiantes permanecen las colosales edificaciones funcionales, aun a más de 80 años, de la época dorada del arquitecto italiano nacionalizado argentino, Salamone. Huella de un ingeniero académico que supo combinar las corrientes futuristas y art decó propias de mediados del 30’ en más de 60 edificios públicos. Entre los que se cuentan municipalidades, iglesias con inscripciones al estilo publicista-anunciativo y cruces a escala brutal, cementerios con arcángeles cubistas o cristos crucificados que pueden verse a kilómetros de la ciudad, y en las zonas rurales sus correspondientes mataderos con un arte bauhausista. Arrojados como regalos para 25 pueblos del interior de Buenos Aires que prometían ser localidades avanzadas en el desarrollo cosmopolita y, hoy en día, tan distantes de la realidad propuesta. Emigholz ofrece este documental de carácter observacional, pasivo y poético donde somos testigos ópticos de los estragos del paso del tiempo sobre la obra salamónica. Ya sea con una ocupación imponente de naturaleza o rivalizando con otros edificios de corte clásico, así como sus descuidos y recuperaciones. Sin embargo, la impronta de ese sello característico en esas formas rectangulares, redondas, triangulares y planas que identifica a kilómetros una explosión visual única y vigente tan vanguardistas en estos tiempos. Tenemos como resultado un collage de planos fijos, de sonido ambiente, de imponente profundidad de campo y sin testimonio hablante que nos demuestra lo singular de Emigholz, diferente con otras investigaciones visuales sobre la vida del arquitecto de carácter puramente informativo. Rosana López


Saudade fez morada aqui dentro de Haroldo Borges / 7 puntos


La primera y la última secuencia de esta película es la misma. Ambas están teñidas por el juego y la alegría de dos hermanos, sin embargo, el arco que va de una a otra es determinante. Bruno tiene quince años y varios sueños por cumplir, pero recibe un diagnóstico tremendo: se va a quedar ciego. Semejante noticia lógicamente impacta y desarma su idea de vida. El principal acierto del director es desactivar la bomba de una usual tentación, caer en los lugares sórdidos y profundos del malestar contemporáneo, y despertar en todo caso una fuerza comunitaria sin manual de autoayuda. En efecto, una vez que pasan los primeros embates de la tormenta, familia, amigas, docentes, serán los satélites para que Bruno se adecue a una nueva experiencia. Plantear esta cuestión de la ceguera en un país como Brasil podría dar lugar las interpretaciones excesivas, sin embargo, el clima de la película se refugia más en la calidez de sus habitantes y en la postulación de una utopía donde la fraternidad esté por encima de todo. Posiblemente, este sea su gesto político y rupturista entre tanta calamidad, la invitación a confiar y a creer nuevamente en la humanidad mientras tantos la llevan al plano de lo bestial. Cámara en mano, luz natural y un registro que por momentos observa desde una impronta documental son algunos de los procedimientos que acompañan un desarrollo fluido y un ritmo sostenido sin crispaciones innecesarias. Y aquí viene el segundo acierto: se respira algo genuino. La vida de parte del noreste de Brasil, más allá de una trama pautada, asoma con naturalidad y libertad en pantalla. Por una vez, las costuras no se advierten, y una historia, a pesar del drama, discurre como una canción. Guillermo Colantonio


So much tenderness de Lina Rodriguez / 5 puntos


Una mujer colombiana huye de su país, luego de que su marido es asesinado, y recala en Canadá, a donde ingresa escondida en el baúl de un auto. Al poco tiempo llega su hija y juntas intentan reconstruir su vida tras la tragedia. La película de Rodriguez cuenta la historia valiéndose de grandes elipsis y tiempos muertos, como si la cotidianeidad de estas mujeres nunca fuera un espacio de incomodidad al que no pertenecen: las idas y vueltas con la lengua, un poco en inglés y otro tanto en castellano, es un ejemplo de esa incertidumbre. Otra incertidumbre tiene que ver con la muerte del padre y con la aparición de alguien que posiblemente tuvo que ver con el crimen. En esos pasajes el film borde el thriller, pero está bien claro que a Rodriguez no le importa eso. O si le importa, lo hace desde un costado sociológico y nunca genérico. Lo que no está claro es qué es lo que le importa a la directora, en una película que se va volviendo derivativa, llena de elementos que podrían no estar, como toda la subtrama de la hija, que solo parece jutificarse en una discusión hacia el final.  So much tenderness es un ejercicio de estilo que sirve para mostrar la capacidad para el encuadre de la directora, pero no mucho más que eso. Mex Faliero


Something in the dirt de Justin Benson y Aaron Moorhead / 6 puntos


En una primera aproximación, podríamos pensar en la película como en una comedia indie con elementos de ciencia ficción. Levi y John (interpretados por los directores) son dos vecinos en un condominio de Los Angeles que, tras una serie de fenómenos paranormales en el departamento de uno, deciden realizar un documental registrando estos eventos. La película presenta estas jornadas de filmación en forma de flashbacks, intercalados con relatos a cámara donde distintos personajes nos dejan en claro que las cosas no salieron del todo bien. El gran acierto, sin duda, está dado por el olfato de los directores para detectar el entramado absurdo en el que se sustentan muchas teorías de conspiración, y que aparece respaldado formalmente por un retrato suburbano y crudo de la ciudad, lejos de cualquier brillo. Las teorías de Levi y John van escalando al mismo tiempo que la propia narrativa parece dispersarse, incluso detenerse, con momentos en los que asistimos a largas conversaciones que se hunden en la reflexión y que, en ocasiones, tienen una salida humorística. Esa propuesta, aunque atractiva en principio, pasada la mitad comienza a darse vuelta, y es fácil caer en el hastío de lo que no parece tener rumbo. El final, aunque anunciado, vuelve a poner las cosas interesantes, y abre el interrogante sobre qué es lo que acabamos de ver. Una sensación de extrañeza que se corre de la comedia, pero que no deja de ser estimulante. Marcos Ojea


Sobre las nubes de María Aparicio / 7 puntos


Cuatro personajes que viven en el centro de Córdoba Capital y nunca se cruzan entre sí le servirán a la directora para que narre situaciones de sus vidas en la ciudad. La película habla sobre el trabajo, los que lo tienen y los que no. Habla del paso del tiempo, no solo del que trascurre en la película, sino cómo lo están viendo los jóvenes y cómo lo ven los adultos. El afrontar su cotidianeidad, cada uno con sus dificultades. El trabajo de la realizadora es muy sutil, en algunos casos va repitiendo rutinas, como el personaje de Ramiro y su actividad como cocinero de un bar, su vuelta a casa todos los días por la misma calle y una relación que comienza a entablar con un kiosquero. Si bien la película es dramática, sobrevuela el humor en varios pasajes, siendo la historia de Ramiro y la de la mujer que es instrumentista en un quirófano y comienza un taller de teatro para adultos (interpretada por la gran Eva Bianco), las que generan los momentos más divertidos. Hay un personaje de una joven barrendera/música que aparece y desaparece, que en algunos momentos interactúa con los otros personajes, no es un nexo entre las historias, pero su presencia siempre genera momentos interesantes. La escena en que dialoga con el padre de la niña que lleva un globo en la parada de colectivo, tiene una primera parte divertida, luego termina siendo un momento más amargo sobre cómo distintas generaciones enfrentan el desempleo. Una película coral que funciona porque no solo los cuatro personajes principales son atractivos, cada uno de ellos se mueve en sus micro universos se crean a su vez personajes secundarios interesantes, como el vendedor ambulante, las empleadas de la librería o los otros trabajadores del bar. Gabriel Piquet


Sublime de Mariano Biasin / 6 puntos


La película de Biasin es una rareza dentro del cine argentino: Es un relato de adolescentes, pero que no son los adolescentes estetizados, impostados y tristes del Nuevo Cine Argentino. Y no es una rareza solo por eso, sino porque el tipo de película adolescente que es, es algo de lo que carece la cinematografía nacional: Una película para los jóvenes que entiende a sus personajes y no los utiliza como excusa para un plan superior o una apuesta formal. Acá hay cuatro amigos con códigos, tienen una banda de rock y están preparándose para tocar en el cumpleaños de uno de ellos, evento que piensan como el gran lanzamiento del grupo. Se hacen jodas, se acompañan, pero también viven algunas decisiones de los otros como traiciones. Adolescencia. Y el conflicto principal precisamente tiene que ver con la gran tragedia de esa instancia de la vida: el amor y sus complicaciones, porque uno de los pibes está enamorado secretamente de otro, que para colmo de males es su mejor amigo. Biasin cuenta una historia de amor homosexual en la que queda de lado el dilema de la aceptación (ningún personaje reacciona negativamente a la revelación del protagonista) para tirarse de cabeza al romance y al rechazo como límite. El director construye un universo creíble, de personajes que vuelven real esa amistad que viven, pero también de extremo rigor a la hora de mostrarlos tocando y componiendo canciones. Lástima que hacia el final, en un gran problema que sufren muchas películas de esta edición del Festival, hace una de más como para reforzar una idea que ya había quedado bien delineada. Puede ser algo mínimo, pero en verdad revela un poco cómo a veces las ideas en el cine del presente están por encima de la narración. Mex Faliero


Tales of the purple house, de Abbas Fahdel / 9 puntos


En principio, algo distingue a esta película de otras actuales. Se trata de un ensayo poético donde la pandemia no es una excusa para la victimización emocional, al contrario, un motor expresivo para acrecentar el compromiso político de Fahdel y su sensibilidad estética. Todo esto, logrado gracias a su implacable poder de observación y a la presencia de Nour Ballouk, quien no solo pinta imágenes sino versos. Tales of the purple house está estructurada en tres partes, una división que parece remitir a uno de los niveles discursivos posibles, aquel que conduce al orden mítico, porque antes que los humanos, antes que las guerras y toda la injusticia, hay un mundo, una tierra hermosa y allí está voz de Ballouk para referirnos el principio de los tiempos con un plano maravilloso. Por ende, la naturaleza será una de las protagonistas, amparada en una mirada que no deja de declarar su amor a una tierra castigada por conflictos bélicos y bombardeos constantes. Frente a las inevitables imágenes televisivas que delinean otro nivel enunciativo para marcar los tonos de la realidad política, están las otras, producto de una lente que crea poesía, que transforma cada rincón de ese pequeño refugio en un universo agigantado en la pantalla. Solo una atención dedicada como la de Fahdel puede articular escenas del estilo y dar cuenta de la modestia de quien entiende que nada somos sin los animales ni la tierra que habitamos. Por ello, sus gatos (ya consagrados al altar de la comedia) arman una historia aparte con sus caricias, sus juegos disputándose alguna laucha, las plantas, los insectos, todo aquello que se integra a la vida cotidiana en una paz que se ve constantemente amenazada. El tiempo cosmológico no es igual al tiempo de las urgencias políticas. Pero Fahdel y Ballouk no se recluyen para ignorar lo que ocurre en el Líbano, y más específicamente en Beirut. Allí también se inserta el discurso comprometido, allí surgen los actos de resistencia, la participación en marchas y los relatos del dolor, de familias disgregadas por la circunstancia que les toca vivir. Por supuesto, a todo esto, encima, se le suma la pandemia. La ética del documentalista es completa: se vive para crear, pero jamás para dar la espalda a la realidad. Guillermo Colantonio


Tenéis que venir a verla, de Jonás Trueba / 6 puntos


Antes que un argumento, parece ser una necesidad: elaborar una instantánea de dos parejas jóvenes que se reencuentran en tiempos inmediatos a la pandemia. Apenas dos bloques temporales y espaciales le alcanzan a Trueba para armar un recorrido a base de diálogos, pero fundamentalmente de silencios. La dimensión de lo no dicho genera una especie de malestar y de melancolía que las mismas imágenes se encargan de transmitir. En este sentido se trata de la representación de un estado de ánimo, de la voluntad por apresar lapsos de vida con cierto aire a lo que hizo en su momento Eric Rohmer con algunos de sus cuentos morales y proverbios. Entre Madrid y el campo, la misma cotidianeidad asoma como un cúmulo de dramas y de sutilezas que encuentran en el medio alguna escena antológica, como aquella en la que los cuatro personajes caminan por una naturaleza abierta e indescifrable, momento de luminosidad pero de tristeza al mismo tiempo. No hay nada que explicar, solo dejarse llevar por este ejercicio que, alejado de sólidas convenciones narrativas, combina razones de intelecto con otras más profundas, las del corazón y sus incertidumbres. La pequeñez y la modestia son sus motores. Guillermo Colantonio


Tengo sueños eléctricos de Valentina Maurel / 7 puntos


Eva es una adolescente que vive con su madre y hermana. El padre es violento y las mujeres de la familia han optado por no convivir con él. Esta joven con las hormonas encendidas se acercará a su padre porque le da más libertades que su madre. El padre es un adulto irresponsable, que vive en la casa de un amigo con el que Eva tendrá su debut sexual. La película es jugada, ya que muestra a una adolescente desafiante que se involucra en un mundo de adultos que no saben a dónde van sus vidas. Todos los temas que podrían ser tratados con moralidad, tienen una libertad increíble. La escena en que la joven tiene sexo, es natural, no hay romanticismo, es una situación incómoda, que va relajándose hasta que la protagonista acepta y trata de pasar el momento lo mejor que puede sin generarse muchas expectativas. Ella bebe, fuma y los adultos que están en su entorno no le ponen frenos. La dejan ser y es ella quien se va dando cuenta qué es lo que quiere. Hay momentos que parece más adulta que los demás personajes. La violencia está presente en varios momentos. El padre, que es un ser algo oscuro pero a su vez ejerce una fascinación en su hija, genera una ambigüedad que la directora maneja de manera magistral en una escena donde ambos se pelean. Gabriel Piquet


There there de Andrew Bujalski / 7 puntos


En el marco de una Competencia Internacional que parece tener un patrón estético algo repetitivo, claramente sobresale alguien como Bujalski, quien en ese contexto de relatos mínimos y narrados con un exceso de displicencia, sabe cómo sacarle brillo a diálogos sobre la nada. No hay particular brillo narrativo en There, there (aunque habrá quien quiera filosofar sobre el uso del plano y contraplano y la duración del tiempo de cada escena), que se exhibe como un exponente más del mumblecore, ese subgénero tan querido como odiado, y que puede llevar a la irritación. La película está integrada por una serie de charlas, y unidas exclusivamente por la repetición de algunos personajes de diálogo en diálogo: así, la mujer que conversa en el arranque con su amante, luego protagonizará la siguiente charla con una amiga. Y así. Lo que surge en cada intervención son disquisiciones sobre el amor, el sexo, el profesionalismo, la muerte, el deseo, la manera de manejar los vínculos sociales. Si la película funciona, es porque Bujalski tiene una mano extraordinaria para los diálogos, llenos de ocurrencias muy divertidas, que tienen la habilidad para entrar y salir de diversos temas y llevarnos de las narices. Claro, tiene un elenco con intérpretes como Jason Schwartzman, Lili Taylor, Molly Gordon o Lennie James, que encajan perfectamente en el diseño que el director pretende. Más allá de algunos momentos de espesura, lo que sobresale en There There es la placidez y la amabilidad, que son fundamentales para que podamos meternos en este universo extraño y lleno de gente con dilemas existenciales. Nos deja convertir en moscas y husmear en momentos de intimidad. Mex Faliero


Tinnitus de Gregorio Graziosi / 6 puntos


Una nadadora de salto sincronizado sufrirá un ataque de tinnitus en pleno salto y perderá la oportunidad de ganar en los Juegos Olímpicos. Luego de este hecho, se retira de la actividad y trabaja en un acuario como sirena. Su pareja es un doctor que la está tratando para controlar los zumbidos que le produce el tinnitus, la medicará, ella dejará de tomar las pastillas y volverá a tener síntomas que la afectarán psicológicamente. Querrá volver a su actividad para lograr ir a los Juegos Olímpicos y tendrá que enfrentarse a los celos de su compañera, quien cree que nunca estuvo enferma sino que se está volviendo loca. La película abarca el tema deportivo, los saltos de nado sincronizado, el tema médico, los cambios físicos que la protagonista irá teniendo, la vinculación con el Japón, la colectividad en Brasil y su interés de viajar al país para competir. Hay un personaje que parece el famoso tercero en discordia, la suplente en los saltos sincronizados, que no queda claro si es creado por su imaginación o si existe realmente. Es como el personaje de Teorema de Pasolini, llega para meter cizaña o interactuar sexualmente con los otros personajes y generar conflicto. La película abarca mucho temas y se termina dispersando, muchas veces amaga con estallar, pero se contiene. Sobresalen la fotografía y el trabajo del director de sonido. Gabriel Piquet


Tres hermanos, de Francisco J. Paparella // 4 puntos


Tres hermanos: uno adicto a la cocaína; otro que se anoticia sobre un tumor en un testículo; y el más chico, que practica artes marciales y tiene una violencia contenida que descomprime escuchando metal criollo a los cabezazos. Los tres se encuentran en el sur, en el aserradero familiar, en lo que es también una suerte de duelo por el reciente fallecimiento del padre. La película de Paparella atraviesa los tópicos habituales de mucho cine reciente, que pone a la masculinidad en una zona gris, cuando no decididamente oscura y cruel. Pero el problema de la película no es tanto su muestrario de miserias y tragedias personales (de entrada nomás se mata cruelmente un chancho; la representación del sexo es de displacer absoluto; se nos deja en primer plano un testículo amputado), ni siquiera la elección de su tono, sino la incapacidad para encontrar algo por fuera de esa exhibición gratuita. No hay luz, todo es lúgubre, como si la psiquis de los personajes se impusiera a todo, devorándolo para escupirlo con bronca en la cara del espectador. Claro que Paparella tiene control de lo cinematográfico: algunos planos en el bosque son de una belleza que construye sentido a través de la naturaleza, la última escena es tal vez la demostración más precisa del sentido del relato, con un grito que se ahoga en la impotencia. Y al menos tiene la inteligencia como para resolver los conflictos por fuera de la violencia física que intuíamos entre tanto hombre con cuchillo en mano. De todos modos la insistencia en lo terrible, la caída de clichés y lugares comunes que se anticipan por lo esquemático de los personajes, y cierta comodidad en la sordidez estilizada tan propia de los festivales, convierten a Tres hermanos en un relato mucho más previsible de lo que supone de sí mismo. Mex Faliero


Un año, una noche de Isaki Lacuesta / 7 puntos


Adaptación cinematográfica del libro Paz, amor y Death metal, de Ramón González, superviviente del atentado terrorista en la sala de conciertos Bataclán de París. La primera apuesta de Lacuesta es prescindir del valor testimonial de la fuente literaria y articular la historia de la pareja protagónica de modo fragmentario, montaje que le inyecta a los hechos un halo de ambigüedad enriquecedor sobre lo que vemos y cómo lo vemos. No se trata de una película que manifieste grandes pretensiones por comprender qué es el terrorismo ni por la victimización, sí sobre las secuelas que deja y cómo sobrellevarlas. Los planos cerrados, los primeros planos, permiten contagiar cierta fisicidad que involucra indefectiblemente, sobre todo en los mejores momentos de intensidad emocional, donde un ruido, una sensación o una discusión remiten a la fatídica noche. Ramón y Céline (interpretados magistralmente por Nahuel Pérez Biscayart y Noémie Merlant) lidian con su convivencia, ahora potenciada negativamente por el hecho en cuestión, que asoma por flashes, pero que nunca es representado desde el morbo. En todo caso, hay señales que sugieren más que el efectismo típico en estas historias. La primera imagen cuando ellos regresan a su departamento con unos impermeables amarillos en medio de sirenas es desgarradora. Lejos del oportunismo y el golpe bajo, y pese a una duración excesiva, se trata de una película potente, hecha con oficio. Guillermo Colantonio


Un beau matin de Mia Hansen Love / 6 puntos


Mia Hansen Love demuestra con Un beau matin ser una voz que domina el drama intimista y que pone siempre en vidriera a personajes sólidos, contradictorios, queribles; en particular los femeninos. Si a esto sumamos una interpretación notable de Léa Seydoux como Sandra, una joven madre viuda que intenta reconstruir su vida junto a su hija (también destacable lo de Camille Leban Martins), mientras sufre al ver el deterioro en la salud de su padre por el Sindrome de Benson, tenemos una propuesta interesante. Uno inmediatamente puede pensar que el film puede caer en el melodrama más rancio y golpes bajos, pero es en los pequeños momentos de humor, romance y erotismo que Love se distancia de estos prejuicios para ofrecer un relato más complejo y, por qué no, esperanzador. Formalmente con un clasicismo a rajatabla que hace de los planos largos una herramienta que pone los momentos más dramáticos sobre la mesa, el film sin embargo cuenta con algunas elipsis que rompen el convencionalismo de la narración, aunque hacia el desenlace descuiden el tono adulto del romance. Cristian Ariel Mangini


Un millón de zombies: La historia de Plaga Zombie de Nicanor Loreti y Camilo de Cabo / 7 puntos


El documental no es solo un recuento de relatos que los involucrados cuentan a cámara, es la historia de un grupo de amigos. Un grupo de amigos que a comienzos de los 90 se puso a realizar cortometrajes que fueron el germen de lo que sería, sin que ellos lo supieran, su opera prima, Plaga Zombie, y uno de los pilares fundamentales del cine fantástico argentino. Ese grupo estaba integrado por Pablo Pares, Hernán Sáez, Berta Muñiz, Paulo Soria y Walter Cornás. Luego de un éxito pequeño con la venta y distribución de esa película, comenzaron a realizar la segunda parte de lo que sería la trilogía. Como todo grupo de amigos que se conocen desde la adolescencia (en algunos casos de la infancia), comenzaron las primeras peleas internas, que fueron creciendo a medida que los jóvenes se profesionalizaban. Esto lleva a una escena crucial del documental cuando hablan de su experiencia en una terapia de grupo de la cual muchos de ellos no volvieron a ver de la misma forma al otro. La popularidad de algunos más que otros (Berta Muñiz trabajando en MTV), el ganar dinero con su productora Farsa haciendo videoclips, tema que volvió a generar rispideces por cómo repartían el dinero. Terminaron con la productora luego de realizar Plaga Zombie: Zona Mutante: Revolución Tóxica en 2011. Hay algo interesante que dicen todos los entrevistados, que antes que nada eran un grupo de amigos que filmaba, que decidieron terminar con su productora para poder seguir siendo amigos. Las imágenes de archivo de sus primeros cortometrajes, cuando aparecen en el programa Fórum de Luis Moreno Ocampo, todos los backstage, son grandes momentos. Aunque uno se quede con la imagen triste de que lo cantado en el musical de la tercera parte (“la fuerza de la amistad el planeta salvará”) dejó de tener el mismo valor para alguno de ellos. Gabriel Piquet.


Vera de Tizza Covi y Rainer Frimmel / 8 puntos


La protagonista de la nueva película de Covi y Frimmel es la hija de Giuliano Gemma, emblemático actor de tantos spaghetti westerns, una mujer que en Italia es una celebridad a la manera de la que muchas personas llegan hoy a la popularidad: el consumo irónico. Con un rostro afectado por los excesos de las cirugías estéticas, Vera es alguien que flota en un mundo de superficialidad, haciendo de hija de en múltiples eventos sociales. Los directores toman a ese personaje como centro de su relato, depuran lo real y aplican los elementos indispensables para el funcionamiento de esta suerte de docu-ficción: un accidente de tránsito protagonizado por el chofer de la protagonista, la relaciona emocionalmente con una familia de clase trabajadora. Lo que hacen Covi y Frimmel es muy valiente, en vez de tomar a este personaje para la burla, viajan al centro de su psicología y extraen una tesis: Vera es alguien que carece de maldad, casi como una niña congelada en un tiempo del que no pudo salir. Esa ingenuidad es la que determina sus decisiones, la que la hace mover de forma inconsciente en un mundo regido por normas especulativas. Eso, también, sirve para justificar algunos giros un poco miserables de la trama, en la senda de cierta actualidad del cine europeo que se ha vuelto bastante misántropo. Pero Vera, el personaje, sigue adelante viviendo su cuento de hadas, y el reverso de eso es lo que Covi y Frimmel muestran con su ojo bellamente verista. Mex Faliero


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