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Remo, entrenado para matar (1985)



WILLIAMS, REMO WILLIAMS

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Para los que nos iniciamos en esto de mirar películas allá por los 80’s y 90’s, sin dudas que la figura de Fred Ward nos lleva a la tercera parte de La pistola desnuda y a Rocoo Dillon, aquel villano que el teniente Frank Drebin conocía al infiltrarse en la prisión y que tenía una madre temible (muchos otros pensarán seguramente en Temblores). Claro que es un recuerdo poco académico (oh, sepan disculpar, ahora voy a darme latigazos en el confesionario del Cinéfilo Elevado) para un actor que para entonces ya había trabajado bajo las órdenes de Don Siegel, Philip Kaufman, Alan Rudolph o Robert Altman. Pero creo que no deja de ser un recuerdo más que válido para un actor que supo pasarse el prestigio por las partes pudendas y que hizo básicamente lo que le divertía. Eso lo dejó bien en claro un comunicado publicado por su representante para comunicar la muerte del intérprete: “Lo excepcional de Fred Ward es que nunca se sabía dónde iba a aparecer, así de imprevisibles eran sus elecciones profesionales”.

Entre otros trabajos alejados de las luces del cine, Ward sirvió tres años en la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la década de 1960 y luego trabajó como leñador en Alaska, además de dedicarse al boxeo, actividad en la que sufrió la rotura de su nariz, lo que le terminó dando ese rasgo tan característico de su rostro, una cara con apariencia de roble, lejos de su ductilidad como actor con espíritu reptil. Porque Ward no solo seguía un camino imprevisible en su carrera, sino además que elegía personajes con características dimensionales y poco confiables; esa estirpe de actor de los que hoy quedan pocos. Tal vez esa selección ecléctica es lo que le impidió convertirse en una estrella, sobre todo cuando algún proyecto con potencial terminó naufragando en el ostracismo. Seguramente eso podemos decir de Remo, entrenado para matar, una comedia de acción que tenía todo para ser un éxito y que le daba el ansiado protagónico, pero que terminó siendo un fracaso comercial.

Remo es Remo Williams, el protagonista de las exitosas novelas de Warren Murphy y Richard Ben Sapir. Un agente de policía sin familia y sin vínculos sentimentales que es cooptado -tramposamente digamos (como que le arman una emboscada, lo tiran al río y lo hacen pasar por muerto)- por una agencia secreta que investiga un caso de corrupción militar. A partir de ahí, Remo será entrenado en las artes marciales y en el combate cuerpo a cuerpo para convertirse en una suerte de arma en sí mismo, un tipo que sin revólver o cuchillo puede sacarse de encima a una banda de malvados. Si bien la película parece ser otro de esos tanques de acción unipersonales en la senda de los films que por entonces hacían Stallone o Schwarzenegger, o con un aire conspiranoico a lo Escape de Nueva York y mucha de esa estética callejera sucia del cine policial de entonces, lo cierto es que estamos ante una comedia de acción desmelenada, dueña de un humor zumbón y de secuencias de acción que buscan rizar el rizo a cada instante, con una inolvidable escena en la Estatua de la Libertad no apta para gente con vértigo.

En verdad si tenemos que encontrar un modelo sobre el que Remo, entrenado para matar se para, lo tenemos que buscar en las películas de James Bond. Las intenciones están claras en la presencia de un director como Guy Hamilton (Dedos de oro, Vivir y dejar morir, Los diamantes son eternos, El hombre del revólver de oro) y de un guionista como Christopher Wood (Moonraker, La espía que me amó), pero también en guiños tan divertidos como el de Fleming, el personaje que interpreta Kate Mulgrew, o el del villano con un diamante en el diente que terminará siendo muy útil para Remo. En ese contexto, Fred Ward brilla en la acción (haciéndose cargo de las escenas de riesgo) y en la comedia, tanto en el humor físico cercano al dibujo animado como en el vínculo que construye con Chiun, un improbable maestro coreano de las artes marciales interpretado por Joel Grey, personaje que hoy sería imposible y no solo porque no está interpretado por un coreano. En eso, representa cabalmente el espíritu irresponsable tan propio del cine de los 80’s. En el original la película se titulaba Remo Williams: The adventure begins, con la esperanza de construir una marca en el cine. Y más allá de un telefilm posterior, finalmente esa aventura prometida quedó trunca. Más o menos como la carrera estelar de Ward, que a partir de allí comenzó a transitar personajes de reparto, muchos de ellos sumamente recordables.


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