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¿Sabes quién viene a cenar? (1967)



CORRECCIONES DEL PASADO

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

La muerte de Sidney Poitier, por lo que representó el actor para el cine de Hollywood, parece haberse dado en un momento simbólicamente perfecto. Más allá de la edad de Poitier, que hacía más o menos lógico su deceso (no me malinterpreten, es así), lo cierto es que como representante de la corrección política del Hollywood más clásico se va en un momento donde la corrección política ha tomado el control de la principal industria del cine, releyendo el pasado con un gran sentido de culpa. Podríamos decir, por tanto, que Poitier se fue respirando tranquilo y con la casa en orden. El Hollywood de hoy reproduce de forma sistemática ese tipo de películas que hicieron popular al actor, películas que tenían otros planes por encima del cinematográfico. Poitier como símbolo de la raza negra perseguida y relegada, en la vida real y en la vida que el cine construía. Es curiosa la figura de Poitier, que ha gozado históricamente de un respeto algo exagerado, si pensamos que tres de sus películas más celebradas, si no las únicas tres películas de su filmografía que se citan reiteradamente, son de 1967: Al calor de la noche, Al maestro con cariño y ¿Sabes quién viene a cenar? Un año irrepetible para Poitier (y casi para cualquier intérprete en la historia del cine), amparado en el éxito de tres películas icónicas y cuya figura tomó cierta relevancia a partir de lo que sucedía afuera de la pantalla, la lucha por los derechos civiles de los negros.

Es verdad que la presencia de Poitier permitió que por primera vez un negro fuera protagonista de películas que estaban destinadas exclusivamente a los blancos, incluso que podía ser un héroe romántico, algo negado a los de su raza. Lo malo, en todo caso (y disculpen la antipatía), es que eso no dice nada de las películas. Que ahora, y a la distancia, podemos analizar sin la urgencia del momento. ¿Sabes quién viene a cenar?, de Stanley Kramer, tiene todos los elementos de la comedia clásica norteamericana, que en los 60’s comenzaba a transitar una búsqueda de otros registros y estéticas. Pero las presencias de Spencer Tracy (en el que sería su trabajo póstumo, murió a las pocas semanas de terminar el rodaje) y Katharine Hepburn eran una forma de reaseguro, de dos intérpretes que habían brillado en aquella escuela de cine cómico y que aquí, adultos, se volvían las voces dispuestas a aceptar el cambio, que era de tono (la comedia volviéndose dramática y sentenciosa) y social (con la centralidad de una figura negra como la de Sidney Poitier). Ese diálogo parece darse internamente en la película mientras se hablan de otras cosas, como por ejemplo el romance indebido entre el doctor negro John Prentice y de la joven blanca Joey Drayton, que es el centro del relato y el dilema principal de la película.

Indudablemente ¿Sabes quién viene a cenar? muestra el oficio de un director que tenía la sabiduría de los grandes artesanos del Hollywood clásico y de un elenco sumamente sólido, probado en el género y con la integridad suficiente como para hacer carne los discursos anti-racistas que poblaban sus diálogos sin que los subrayados se hicieran tan notables. El constante tironeo entre la comedia y la necesidad de ponerse serios queda escenificado en una secuencia en la que el matrimonio de Hepburn y Tracy sale de la casa para tomar helado: hay todo un pase de comedia fantásticamente manejado por Tracy, que vuelve loca a una camarera respecto de un sabor de helado que le gusta. Y cuando la escena, que parece salida de otra película, nos da un respiro cómico muy necesario, todo se remata con un accidente automovilístico involuntario, que tiene como víctima a un conducto negro. El apunte racial, nuevamente en primer plano.

Obviamente que ¿Sabes quién viene a cenar? fue celebrada en su momento como una película necesaria y se ganó dos Oscar (de hecho estuvo nominada como mejor film y perdió con Al calor de la noche, la otra con Poitier), por lo que si creían que la corrección política de la Academia era algo muy Siglo XXI, están equivocados. Lo que sí es interesante de ver siempre es cómo la corrección política es algo que se va moldeando con el tiempo. Por conveniencia del guion, el John Prentice de Poitier es construido como un personaje inmaculado, sin fisuras, un negro que hay que rescatar no tanto por negro sino por ilustrado, con una mirada que es lo suficientemente elitista como para ser apedreada en alguna revisión del presente. Claro que ese elitismo era más propio de la familia Drayton que de la película (Kramer era consciente del personaje que construían), con lo que el falso progresismo de los personajes de Tracy y Hepburn parece darse la mano con el de Sandra Bullock en Un sueño posible. Si ¿Sabes quién viene a cenar? es representante de una forma de corrección del pasado, hay elementos que la relacionan con las formas que este tipo de películas logran imponerse en el presente. Después de todo, la idea del negro ilustrado que merecía ser salvado estaba presente en la mucho más repudiable 12 años de esclavitud.


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