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Apuntes sobre el proyecto de Ley para la Producción Nacional Audiovisual (primera parte)

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Recientemente, el Espacio Audiovisual Nacional, conformado por asociaciones como DAC – Directores Argentinos Cinematográficos, APIMA – Asociación de Productores Independientes de Medios Audiovisuales, PCI – Proyecto Cine Independiente y ARGENTORES – Sociedad General de Autores de la Argentina, presentó un anteproyecto para una nueva Ley para la Producción Nacional Audiovisual. Desde aquí, nos proponemos ir haciendo una lectura crítica de ese proyecto, que requerirá de varias entregas. En esta primera parte, no nos concentraremos en el texto de la ley, sino en los fundamentos, que pueden verse acá. Para comenzar, el diagnóstico que se hace sobre el cambio de paradigma es innegable y lo cierto es que la ley de Cine de 1994 no contempló (o no pudo anticipar) los nuevos formatos y metodologías que fueron surgiendo durante los casi treinta últimos años. Sin embargo, el planteo de un concepto unificador como el de “producción audiovisual” es un arma de doble filo. Por un lado, permite incorporar distintas formas, herramientas, dispositivos y disciplinas. Por otro, borra las diferencias entre ellos, y lo cierto es que no es lo mismo el cine que la televisión, la producción para streaming que la destinada al cable o la televisión abierta. Cada formato requiere un tratamiento particular y se corre el riesgo de que se aborde todo de la misma forma. Asimismo, no parece imprescindible crear un organismo nuevo para que se cumplan con cuestiones elementales como las cuotas de pantalla -que requieren más bien de un control y aplicación más ágiles y consistentes- o la igualdad de género -que en sí mismo no mejora nada si no va acompañado de un abordaje integral, complejo y verdaderamente heterogéneo-. Además, es cuando menos discutible lo afirmado respecto a los “grupos hegemónicos”, las “prácticas monopólicas” y los “abusos de posición dominante”, no tanto porque no existan -suelen darse, a partir del poder que van adquiriendo ciertos medios-, sino porque son lugares comunes y un tanto facilistas. Es decir, ponen la culpa en un lugar distante y cómodo, lo cual evita la autocrítica sobre la falta de competitividad del contenido que se produce, tema que el sector audiovisual argentino evita constantemente. Finalmente, la fundamentación incurre en una posible contradicción bastante relevante: si por un lado critica -y con bastante razón- la estructura rígida, burocrática e ineficaz del INCAA, por otro lado, sostiene que el nuevo organismo, a ser denominado INAA debe armarse sobre los cimientos del actual Instituto, “ya que posee la experiencia y el personal idóneo para el correcto control de las nuevas disposiciones”. La verdad que no queda claro por qué se afirma que el INCAA cuenta con experiencia y personal idóneo para reconfigurarse en una nueva estructura, cuando al mismo tiempo se dice que es rígido, burocrático e ineficaz, además de aseverar que tiene una perspectiva “analógica”. Quizás eso tenga que ver con la necesidad de señalar las fallas de las autoridades políticas de turno y no tanto las del personal permanente, aunque en el medio se pasa por alto que, en una estructura vertical como la del INCAA, los comportamientos se reproducen de arriba hacia abajo. De ahí que luzca difícil poder reconfigurar su estructura de toma de decisiones para que haya mayor horizontalidad y pluralidad, tal como parecen insinuar los fundamentos, que presentan algunas propuestas interesantes. Por ejemplo, dejar de estimular solo la producción, para centrarse en toda la cadena del proyecto; descentralizar algunas funciones del INCAA; e introducir la planificación como una herramienta central. Aún así, inquieta que solo se plantee la necesidad de configurar planes anuales y no otros con plazos más largos y ambiciosos, más allá de un “mañana” que suena difuso. Lo mismo se puede decir sobre la ausencia de la palabra “público” o sus sinónimos. Es importante no olvidarse que cualquier producción audiovisual se termina de hacer cuando llega a los espectadores y eso debería estar incorporado en las fundamentaciones y el texto de la nueva ley.

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