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Bo Burnham: Inside

Título original: Idem
Origen: EE.UU.
Dirección: Bo Burnham
Guión: Bo Burnham
Intérpretes: Bo Burnham
Fotografía: Bo Burnham
Montaje: Bo Burnham
Música: Bo Burnham
Duración: 87 minutos
Año: 2021
Plataforma: Netflix


9 puntos


UN ARTISTA ENCERRADO, CANTANDO Y MONOLOGANDO VÍA STREAMING

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Un artista encerrado en una habitación, cantando y monologando vía streaming. Esto ya se vio. Pero un artista encerrado en una habitación, cantando y monologando vía streaming sobre lo que significa ser un artista encerrado en una habitación, cantando y monologando vía streaming tal vez sea algo nuevo. Tal vez ese arco, de pasar de hacer a pensar en lo que se está haciendo y por qué, es un proceso que se habilitó gracias a la pandemia y la cuarentena (el tiempo libre nos llevó a eso) y al flujo enorme de producción vía streaming que encontró un límite agotador en la interacción entre espectadores y artistas. Precisamente sobre esos límites ubica su perspicaz punto de vista el humorista y cantautor Bo Burnham, quien inteligentemente usa el encierro de la pandemia como terreno para lo que le interesa, una lectura cáustica y satírica del lenguaje de este tiempo de redes sociales y exceso de vida virtual. Porque, digamos, si fuera un unipersonal sobre la pandemia y la cuarentena tendría una fecha de vencimiento inmediata; sin embargo, el unipersonal de comedia Bo Burnham: inside avanza como radiografía de una época, desarticula discursos y los vuelve a armar con las mismas herramientas que pone en discusión, en uno de los productos más sorprendentes surgidos en lo que va del año.

Bo Burnham: inside es un especial de comedia lanzado por Netflix en el que el protagonista se dispone a reflexionar no solo sobre qué pasó con nosotros cuando tuvimos que encerrarnos durante un largo tiempo, sino cuáles son los procesos discursivos de las herramientas que utilizamos para entretenernos durante esos días (que, claro, no fueron otras que las que ya usábamos de antemano, pero explotadas a la enésima potencia). Lo que hizo la cuarentena, piensa el comediante, fue sobreexponernos y saturarnos con los estímulos de las redes sociales y las plataformas de streaming hasta alcanzar un límite: la cuarentena fue, por lo tanto, la conclusión perfecta de un momento del mundo y de la sociedad. ¿Qué pasará luego? No sabemos. ¿Cuáles son las chanches de seguir haciendo humor sobre esto luego de lo que hizo Burnham? Tampoco lo sabemos.

Burnham comprueba su tesis con miles de estímulos, juega con la narración y con la forma, planifica una desprolijidad controlada, que es no otra cosa que la apelación a un aspecto documental que no lo es tanto: ese sincericidio que el protagonista simula ante los ojos del espectador va tomando la forma de los lenguajes y los discursos de las redes sociales, desde el narcisismo de Instagram hasta la sobreabundancia de opiniones en Facebook y en Twitter (en serio ¿no pueden callarse la boca de una puta vez y dejar de opinar de todo?), sin dejar de burlarse de la corrección política de los artistas progresistas y directamente de la culpa: porque ¿es posible hacer humor en un momento así? El especial es un encadenado más o menos coherente de canciones y sketches llenos de observaciones graciosísimas, en un nivel tan alto que invoca a la carcajada constante. Las canciones, en una variedad de registros que va de lo electrónico a la balada, son perfectas.

Casi no hay pregunta en serio que Bo Burnham se haga en este especial que no termine siendo derribada en su solemnidad, como por ejemplo ese pequeño monólogo sobre el suicidio donde termina aceptando que lo malo del suicidio es que es permanente. Canciones como la del calcetín marxista o la de la mujer blanca de Instagram, sketches como el que registra su reacción al estilo YouTube, muestran a un artista con un maravilloso sentido de la observación, que tiene la capacidad de hacer con eso la mejor comedia posible porque en el fondo nunca desprecia su objeto de burla. Lo mejor de Bo Burnham: Inside es que mientras es crítico con las herramientas comunicativas de una generación, termina demostrando -a través de lo empírico- que el problema no son las herramientas si no los contenidos, su uso. En eso, el comediante se aleja de la mirada conservadora que desconfía de la tecnología y, por el contrario, la abraza y la reconoce como un territorio que estimula su costado más creativo.

Puede que hacia el final Bo Burnham: Inside se vuelva demasiado trágico, en una serie de giros existencialistas que lo acercan a las formas pretenciosas de un Charlie Kaufman y edificando un final excesivamente anticlimático: la crisis del artista entregado al público, sometido a una circularidad que nunca lo alejará del encierro en que se encuentra, como un hámster en su rueda. Pero también es cierto que a esa altura Burnham nos atrapó en sus redes y en el juego de capas de su propuesta, y por lo tanto no sabemos qué es cierto y qué no; qué se toma en serio y qué no. Tal vez lo grave de esta gravedad es que resulta un tanto innecesaria y algo contradictoria con el discurso que el autor venía desarrollando hasta ese momento. Pero es apenas una mancha en un paisaje glorioso de comedia con actitud política; tal vez el contenido más estimulante que se haya visto en mucho tiempo. Si la pandemia llegó para que esto fuera posible, está totalmente justificada.

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