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Ojos de arena

Título original: Idem
Origen: Argentina
Dirección: Alejandra Marino
Guión: Marcela Marcolini, Alejandra Marino
Intérpretes: Paula Carruega, Ana Celentano, Joaquín Ferrucci, Victoria Carreras, Manuel Callau
Fotografía: Connie Martin
Montaje: Liliana Nadal
Música: Pablo Sala
Duración: 92 minutos
Año: 2020


3 puntos


UN THRILLER INVEROSÍMIL Y SOLEMNE

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Ojos de arena parece replicar cierta estética del cine norteamericano que logra imbricar temas trascendentes en el marco de películas de género, una superficie más fácil de asimilar por un espectador masivamente habituado a un tipo de lenguaje. Aquí tenemos a una pareja distanciada desde que el hijo de ambos fue raptado y desaparecido. Sin embargo, algunos indicios dan la pauta de que tal vez puedan estar cerca de descubrir qué pasó y dónde está el chiquito. Lo que sigue es un film que flirtea con el policial y el relato de misterio, además del thriller psicológico. Y, de fondo, intenta aportar una mirada política sobre sectores vinculados con el poder y representativos de lo más bajo.

Alejandra Marino (Hacer la vida) es una directora que construye sus historias desde una evidente buena intención: aquí el objetivo es hablar de la trata de personas y el secuestro de niños. El problema, como siempre en el cine, es la forma. Y el problema de la directora es que no logra encontrar la manera de hacer que el discurso cinematográfico se imponga. Ojos de arena está repleta de torpezas de guion, desde una situación inicial absolutamente inverosímil (la estadía de los protagonistas en la casa de una pareja a la que también le secuestraron una hija) hasta giros esotéricos que convocan a la risa involuntaria, incluyendo algunas metáforas subrayadas.

Seguramente muchos de los elementos que Marino mezcla en su película aparecen en cientos de thrillers. El problema es que no parece tener el oficio suficiente como para construir una puesta en escena que vuelva verosímil lo que ocurre en la pantalla. O que al menos acepte que el ridículo es un territorio apto para el disfrute cómplice pero nunca para la solemnidad.

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