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No robarás a menos que sea necesario (1977)



LOS ERRORES DEL PASADO

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Los setentas fueron los años del desencanto en Hollywood (y en el mundo en general, digamos…) y los géneros comenzaban a retorcerse, en extremo el terror que potenciaría el gore y todo tipo de subgéneros híper-violentos. Pero pensemos además en los policiales duros de entonces o en los thrillers psicológicos en los que el poder era representado con espíritu conspirativo. En el caso de la comedia, atravesaba una etapa de autoconsciencia y revelación del artificio (ya nadie quería vivir en la ficción, parece), con Mel Brooks como rey absoluto de ese estilo autorreferencial o Woody Allen como una opción más autoral. La comedia se hacía cargo del aire de su época dejando atrás su costado más ingenuo y volviéndose un poco más cínica. La reciente muerte de George Segal nos trajo entonces el recuerdo de No robarás a menos que sea necesario de Ted Kotcheff, una comedia setentera que resulta ejemplar en este sentido, con nuevos ricos cayendo en la mala y aceptando que la única salida era el delito. Como verán, la crisis del sistema no es algo nuevo.

George Segal y Jane Fonda son un matrimonio de esos que tienen su casa en los suburbios y que gozan de un gran estatus, al menos dentro de una sociedad basada en valores materiales y capacidad pecuniaria. Pero, de un día para el otro, él pierde su empleo en una empresa aeroespacial (ese rubro en los setentas atravesaba una crisis progresiva luego de lo que fue la excesiva atención que había tenido una década antes con la carrera por alunizar) y comienzan a rodar cuesta abajo en la escala social. No robarás a menos que sea necesario juega en su secuencia de créditos con las ilustraciones de un libro para niños, donde el diseño de la familia perfecta que disfruta del “sueño americano” toma un carácter satírico; mucho más cuando acto seguido esa perfección que las imágenes señalan se revela como una pesadilla por ocupar un espacio dentro de la sociedad a toda costa. La película de Kotcheff se valía tanto de una serie de payasadas a puro humor físico como de un subtexto fuertemente político en el que el sistema de valores de la clase media aspiracional norteamericana comenzaba a derrumbarse.

La fuerza de la película, aquello que la hizo tan popular como provocadora, era la idea de que esta pareja podía no solo terminar dedicándose al crimen (aunque el mismo tuviera un costado redentor o justiciero), sino además que hasta podían llegar a disfrutarlo. Segal y Fonda, un actor consagrado y una actriz que era tanto una cara bonita como una mujer con una actitud política y militante, eran las herramientas que usaba la película para traficar su discurso bajo kilos de simpatía y carisma; un poco como hacían aquellas ilustraciones con sus tonos pasteles, aunque en otro sentido. A pesar de retorcer ciertas nociones, No robarás a menos que sea necesario no podía dejar de pensar a sus personajes en la categoría de “buenos” o “malos” y en ese sentido acerca un final tranquilizante y moralizante. De todos modos las vueltas de la industria del cine revelarían una tragedia que tal vez en los setentas, con su pesimismo pero también su creencia en que las cosas se podían solucionar con cierta actitud, no vieron venir. Y como en economía los procesos suelen repetirse, en 2005 se estrenó una remake, Las locuras de Dick y Jane, con Jim Carrey y Tea Leoni, más efectiva, que ajustaba todas las piezas de la comedia, y demostraba que la sociedad suele no aprender nada de los errores del pasado.

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