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En las rocas

Título original: On the rocks
Origen: EE.UU.
Dirección: Sofia Coppola
Guión: Sofia Coppola
Intérpretes: Bill Murray, Rashida Jones, Marlon Wayans, Jenny Slate, Barbara Bain, Natia Dune, Jessica Henwick, Nadia Dajani, Sophia Zalipsky, Melania Zalipsky, Victoria Zalipsky, Evangeline Young
Fotografía: Philippe Le Sourd
Montaje: Sarah Flack
Música: Phoenix
Duración: 96 minutos
Año: 2020


7 puntos


VOLVER Y RENOVARSE

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Todo en la nueva película de Sofia Coppola es un juego de a dos. Dos son los personajes, padre e hija (Bill Murray y Rashida Jones), que recorren la noche neoyorquina en plan de investigar al marido de ella (Marlon Wayans) y descubrir una posible infidelidad. Dos, una pareja en crisis, que es el centro del conflicto en un relato que inspecciona tanto las relaciones paterno-filiales como las relaciones matrimoniales, dueto de duetos. Y vuelve lo bifronte, en el aire de comedia dramática clásica que edifica la estructura del guion de Coppola mientras la directora ensaya un acercamiento absolutamente contemporáneo a esos asuntos. En la disputa que tienen esa hija y ese padre, Laura y Felix, hay un pensamiento misógino que es constantemente inspeccionado por una mirada femenina que pone en crisis. El milagro de la película de Sofia Coppola es que, aún con algunas fallas y sin salirse del todo de la burbuja que son la mayoría de sus películas, logró aquí un film despojado y ligero, amable, con cariño por sus personajes y con una autenticidad que se aleja de viejas posturas y poses postmodernas. En las rocas es en todo caso una burbuja, pero habitable y en la que uno se quiere quedar un rato.

Laura es una escritora que no escribe, agobiada por una vida familiar que le exige todo el tiempo disponible para el cuidado de niños y el mantenimiento del hogar, mientras su marido trabaja a toda hora en un emprendimiento relacionado con tecnología y se muestra bastante ausente. De pronto ella entra en crisis interna y comienzan las dudas sobre una posible infidelidad de su esposo, lo que la lleva a contárselo a su padre y a verse envuelta en una aventura promovida por este. Si bien en su anterior película Coppola demostraba querer generar un cambio en su algo estancada carrera, es aquí en su séptima obra donde opera una maniobra interesante: descubre que no necesitaba correrse tanto de sus universos como ofrecer una perspectiva diferente, tal vez más madura. En las rocas transita esos mundos intelectuales de escritores y vendedores de arte (de hecho el mal está representado en el universo laboral, más práctico, de su esposo), habita hermosos departamentos neoyorquinos y recorre restaurantes y bares salidos de un capítulo de Mad Men. La ciudad se ve hermosa y luce como un personaje más (hay una indisimulable aire woodyallenesco dando vueltas), un envoltorio más que sutil para la aventura detectivesca de la insegura Laura y el donjuanesco Felix, o Rashida Jones y Bill Murray brillando por lo alto. El aportando su mejor cara de póker a los comentarios más machistas posibles, ella arrojando un campeonato de miradas incrédulas a cada acción de su padre queriendo demostrar conocimiento en el universo femenino. Es precisamente en esa relación, en la química entre ambos intérpretes, donde En las rocas crece, donde el estilizado trabajo de Coppola encuentra el componente humano que precisa para no sentirse tan mecánico. Hay en la sutileza de los diálogos y las interpretaciones una sabiduría para puntualizar dónde están los problemas de la pobre Laura, que claramente precisa cerrar algunos asuntos del pasado para poder afrontar el presente.

Como decíamos al comienzo, En las rocas es un constante juego de opuestos, de duetos en espejo. Y en ese reflejo, la película pierde porque a veces los contrapesos se notan un poco desbalanceados. El más claro se da en el vínculo de Laura y Dean, que no alcanza ni de milagro la profundidad del de Laura y Felix. Hay algo que no está del todo bien construido, que vuelve el final un poco forzado o antojadizo, y que hace que la película se resienta un poco, sin entrar en algunas elucubraciones sobre el peligroso simbolismo que esconde un reloj. Pero ahí donde todo parece perderse, reaparecen Laura y Felix, esos paseos, esas charlas, esas comidas a medias, y esa relación tallada en el tiempo y la cercanía y en la posibilidad de decirse las cosas más terribles del mundo sabiendo que siempre hay un regreso y un cariño; eso que ofrece la familia de origen y que promete la familia en construcción. Un aprendizaje el de Laura que tal vez sea el mismo de Sofia Coppola, descubriendo aquí una forma de reencontrarse con sus temas y obsesiones sin mayores disputas personales.

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