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Marián Farías Gómez en El Palenque

VINO A OFRECER SU CORAZÓN

Por Virginia Ceratto

(Especial para @funcinemamdq)

Marián Farías Gómez, artista de linaje, nos tiene bien acostumbrados a su calidad, a su calidez, a una voz que tiene algo y mucho más atrás de lo que se escucha. Sólo lo que tiene alma tiene voz, decía Aristóteles, al fin y al cabo, precursor de lo heredado en cuanto a occidentales, y Marián tiene alma. Y Lorca rezaba: se es artista por la técnica y la gracia de Dios. Y nada de esto le falta.

En nuevos y recuperados tiempos, en buenos tiempos, esperanzados y esperanzadores, así como batalló en los peores, allá por la Dictadura Genocida y en otros, recientes, de mortadela y strass, Farías Gómez compartió el alma y la voz, como en una comunión imprescindible, necesaria, para los sedientos, todos.

Fue en El Palenque (Moreno 4083; MDP), sala que se abrió y multiplicó, merced a un público que no paraba de llegar.

Público que quedó “encantado”, en el sentido más literario del término, con la voz de Marián y del acompañamiento de Pablo Olmedo, con los generosos temas, catorce, y los bises y andimais, que ya relataré. Temas entre los que estaban, cómo no, Aleluya santiagüena, La Carbonera, La última curda, Canción de Adiós y en medio, una perla, un manjar de Hamlet Lima Quintana, el poema Transferencia con Zamba pa no morir. Porque, después de todo, “la muerte es una fan farsante”. Lo sabemos. Marián lo sabe.

Pablo Olmedo canta “una milonga de Carnota” y el público, los amigos, porque cuando está Marián todos somos amigos, estalla. Comunión.

Raúl Mercado toca, ex integrante de Los Andariegos, en su cumpleaños número 85, y que sigue sonando, una chacarera con su quena.

Hacía falta más. No, pero…

Hubo más.

Y viene Spinetta, sí, Spinetta, con su Plegaria para un niño dormido.

Un tema en quechua, Iutito, que pasó de generación en generación, de su abuela a toda la familia, una melopea que pasó por su linaje, que cantaba un indio en la finca familiar, golpeando una lata, un símbolo de lo que no hay que perder, y lo que se conserva, transmuta y recupera. Maravillas de la Historia nuestra, maravillas de su Historia.

Tema que se cantaba en la finca “El Vinalar” de los Farías Gómez. Imperdible.

Y otra joya del ¿espectáculo? No, comunión, lo he dicho. Un texto de la gran Teresa Parodi, escrito especialmente para un show que presentó con Farías Gómez: “la libertad sigue cantando victoriosa, en el íntimo umbral de mi esperanza”.

Y no podía ser de otra manera Como la cigarra. Diría, y corre por mi cuenta, después de cuatro años bajo la tierra.

Y los bises.

Uno, Yo vengo a ofrecer mi corazón. Fito por Marián.

Marián Farías Gómez siempre ofrece su corazón. En “El Palenque” lo dio a bocanadas, lo dio abierto. Lo dio. Una vez más. Como una cigarra que busca la luz, como en un grito, como en un escándalo de cielos.

Fuimos consagrados por su voz. Fuimos, en misa pagana, y con ella y su gente, sagrados. Agradecidos.

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