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La balada de Buster Scruggs

Título original: The Ballad of Buster Scruggs
Origen: EE.UU.
Dirección: Ethan Coen, Joel Coen
Guión: Ethan Coen, Joel Coen; dos segmentos están basados en textos de Jack London y Stewart Edward White
Intérpretes: Tim Blake Nelson, James Franco, Stephen Root, Liam Neeson, Harry Melling, Tom Waits, Bill Heck, Zoe Kazan, Grainger Hines, Jonjo O’Neill, Brendan Gleeson, Saul Rubinek, Tyne Daly, Chelcie Ross
Fotografía: Bruno Delbonnel
Montaje: Ethan Coen, Joel Coen
Música: Carter Burwell
Duración: 133 minutos
Año: 2018


9 puntos


RELATOS DEL SALVAJE OESTE

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Los hermanos Coen, que han transitado el policial negro, la comedia, la sátira, el musical y múltiples superficies genéricas a lo largo de su cine, han encontrado en el western una patria donde parecen disfrutar a lo largo y a lo ancho de la pantalla, si juzgamos lo hecho con la brillante Temple de acero y esta, La balada de Buster Scruggs. Y en la libertad que parece ofrecer Netflix, además, han hallado un lugar para expandir sus posibilidades expresivas sin mayores complejos, si es que en algún momento los tuvieron: podemos cuestionar muchas cosas de su cine, pero nunca que no han hecho lo que se les ha ocurrido en estas tres décadas. Antología de historias ambientadas en el lejano oeste, La balada de Buster Scruggs es un disfrute absoluto desde lo visual y una película que sintetiza el cine de los Coen en múltiples direcciones porque también los acerca a lugares infrecuentes.

La antología abre con el corto que le da nombre, The ballad of Buster Scruggs, seguramente el más coeneano junto a Near algodones. Allí Tim Blake Nelson interpreta al vaquero cantarín del título, alguien bastante creído de sus propias dotes como pistolero que transita por el lejano oeste zigzagueándole a la muerte entre balas y canciones. Decimos que es el más coeneano, porque es donde ingresa más claramente esa pluma canchera aunque aquí adosada a un humor típicamente cartoonesco, incluyendo una nube de polvo que remite a Bugs Bunny o algún personaje lunático de la Warner. Una historia que se imbrica además con el musical, para entregar un festival del artificio con cielos imposibles y giros que abrazan un absurdo existencialista. En cuanto a Near algodones, James Franco interpreta a un asaltante de bancos que termina enfrentándose a un destino tan circular como perverso. Es una historia de desquiciado humor negro que revela en su último plano la verdad: la búsqueda de la belleza es huidiza en un mundo regido por lo salvaje.

Los siguiente dos segmentos ocupan un espacio de oscuridad donde la avaricia se pone en primer plano, y donde se explicita ese componente pleno del western: la condición humana y su pequeñez ante la inmensidad de los paisajes. En Meal ticket, Liam Neeson conduce uno de esos circos ambulantes, aunque aquí el único protagonista es un hombre sin brazos ni piernas. Apenas un torso que recita textos clásicos y relatos bíblicos con magnífica expresividad. Pero estamos ante un terreno oscuro, denso, que se resuelve con una elipsis maravillosa que nos evita el horror gráfico (tal vez debería aprenderlo el Cuarón de Roma) y nos entrega plenamente al dolor en un par de planos notables que connotan el vacío existencial. De la oscuridad y las noches nevadas de Meal ticket pasamos a luminosidad de All gold canyon, que tiene a Tom Waits como un buscador de oro. El relato es básicamente él, el paisaje y su obsesión por encontrar las pepitas más grandes. Claro, hay traiciones inesperadas. Pero lo que destaca es el prólogo y el epílogo, con la naturaleza como protagonista desplazado ante la presencia aberrante del humano. En ambos cortos es notable cómo los Coen, experimentados en el arte de la palabra, trabajan los silencios y las miradas, como así también el abordaje de paisajes que difieren en su postal.

The gal who got rattled es el penúltimo relato y es una pena que La balada de Buster Scruggs no termine ahí, porque el siguiente, The mortal remains, no está a la altura. Para sintetizar este corto en el que cinco personajes comparten un viaje en diligencia, digamos que hace recordar tanto a -precisamente- La diligencia de John Ford, por la reunión de personajes disímiles en un espacio reducido y en movimiento, pero también al arranque interminable de Los 8 más odiados, con una serie de diálogos entre ingeniosos y tediosos. Es verdad que de alguna manera cierra el concepto de la película, pero hace recordar a lo peor del cine de los Coen con su cháchara cool y su tendencia a la metáfora subrayada. Por eso rompamos la lógica de esta crítica y cerremos con The gal who got rattled, una historia de amor entre personajes solitarios que parecen encontrar su destino en un marco donde las taras sociales y la tragedia acechan en fuera de campo. Hay un perro molesto, hay hombres hoscos que se expresan con miradas y una cámara que abarca el paisaje con la grandilocuencia necesaria. Relato de amor clásico del lejano oeste, es también una historia infrecuente en la filmografía de los Coen, dueños de un cinismo excesivo que aquí brilla por su ausencia: lo que sobresale es la humanidad de los personajes y su lógica inclaudicable, y la forma reposada en la que se cuenta el cuento. Y, claro, ese último plano maravilloso, en el que dos hombres van a encontrarse sin que uno sepa que el otro lleva una noticia devastadora.

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