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¿Quién @#*%$ es papá?

Título original: Father Figures
Origen: EE.UU.
Dirección: Lawrence Sher
Guión: Justin Malen
Intérpretes: Owen Wilson, Ed Helms, J.K. Simmons, Glenn Close, Katie Aselton, Ving Rhames, Retta, Bill Irwin, Ryan Cartwright, Harry Shearer, Katt Williams, Debra Sandlund, Robert Pralgo, Terry Bradshaw
Fotografía: John Lindley
Montaje: Dana E. Glauberman
Música: Rob Simonsen
Duración: 113 minutos
Año: 2017


3 puntos


FLOJA DE PAPELES

Por Melody San Luis

(@SanLuisMelisa)

Hay en la infancia una idea de que todo lo que nos gusta puede ser combinado y dar buenos resultados. Pero quien lo compruebe se dará cuenta que no es garantía de nada. Ya lo dijo Sabina: “pero dos no es igual que uno más uno”. Esto es lo que ocurre en ¿Quién @#*%$ es papá? Nos encontramos con la presencia de actores que han llamado la atención en reiteradas oportunidades, pero que esta vez, todos juntos, no logran brillar.

Ed Helms (¿Qué pasó ayer?) y Owen Wilson (Zoolander) son dos hermanos que van en busca de su padre, una persona que nunca conocieron. Durante el camino, se irán encontrando con diferentes personajes que formaron parte de la vida de la madre. Junto con esto, aparecerán anécdotas de la vida sexual de su progenitora, un poco incómodas para los hermanos. En estas historias se pretende una comicidad por el pudor que les genera a sus hijos conocer estas intimidades, pero el humor es bastante insípido. Asimismo, como otras tantas películas de búsqueda, en ese trayecto que comparten los hermanos fortalecen su vínculo. La introspección del viaje los hace poder hablar de sus rencores más ocultos y sus desaciertos con la familia. Esta trama no llega a ser emotiva porque la película no pretende ese enfoque y, muy por el contrario, se burla de esto.

¿Quién @#*%$ es papá? no sólo está llena de clichés, sino que además lo hace muy mal. Es probable que sea intencional, pero no se logra armar un texto nuevo en base a esto. Los diferentes remates de las escenas muestran cómo existe una conciencia de la repetición de lugares comunes. Sin embargo, no existe una fortaleza tal que permita apreciar como eje la reflexión paródica de otras películas. Simplemente se observa la autoconciencia de un guión flojo.

Todo queda en medias tintas. Las actuaciones son poco comprometidas. Los personajes están acartonados, se los ve poco motivados. Todo aquello que puede parecer un guiño, o a propósito, pierde su encanto al no ser trabajado de forma profunda. Con el personaje de Wilson hay una especie de crítica a aquellas personas que tienen una “conexión espiritual” distinta a los demás, que presumen apreciar la vida de otra manera. Literalmente le habla por teléfono el Universo personificado en una persona, quizás uno de los mejores momentos. Desde ya la vara es muy baja, con lo cual los pequeños aciertos son un gran triunfo.

Hay en el aire una especie de creencia de que los buenos actores podrán salvarla, pero no sucede. Incluso se llega al humor, en pequeñas oportunidades -de una manera intencional o no- por el exceso de desinterés. Wilson, en este sentido, ejecuta su versión de mirada mágnum, ante lo que parece una versión libre de guión.

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