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El cuerpo de Ofelia

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Excelente


EL PODER DEL CUERPO AUSENTE

Por Mariana Jaqueline Ramirez

(@funcinemamdq)

Bancos de madera esperando ser ocupados, un ataúd cubierto con una manta de seda roja rodeada de flores y una gran corona. Junto a esos objetos están en acción dos músicos, Damián Ferraro y Emiliano Salvatore, quienes ejecutan una melodía que es constante en toda la obra. En el ambiente deambula un misterio que involucra a una familiar que esconde tintes siniestros y oscuros pero con recursos humorísticos y paródicos que alivian la tensión de la escena. Todo esto se entrelaza en un encuentro teatral peculiar que roza nuestra actualidad inmediata. Así son los primeros minutos de El cuerpo de Ofelia.

Esta obra de teatro es dirigida por Bernardo Cappa (actor, director y autor de múltiples obras), quien comparte la autoría del texto junto a Pedro Sedlinsky. Ellos adaptan una historia conocida por todos, uno de los clásicos indiscutibles de William Shakespeare, Hamlet (1601). Pero también la mezclan con otras historias, dando como resultado una ficción que, teniendo en cuenta parte del vestuario, podríamos ubicarla temporalmente entre 1930/40. El espacio no remite a un lugar específico: puede ser algún barrio porteño, o quizás sea el mismo Andamio ´90; apenas sabemos concretamente que el espacio es ambientado como una morgue donde solo se puede salir con un relato que justifique la salida.

Como es evidente, este texto dramático está lleno de intertextualidad, algo que ya está señalado en el programa de mano: corte en Hamlet, el mito, Alejandra Boero, Alicia (entra al espejo), Andamio ’90 como espacio emblemático, el mito y la realidad chocando constantemente. Esto es una recurrencia en las producciones contemporáneas, ya que reina la combinación de elementos.

La acción inicia con Claudio, tío y padre casi en simultáneo de Hamlet (el famoso príncipe de Dinamarca). Lucha sutilmente con varios personajes para ocultar los hechos que han acontecido, disfruta sus logros y pareciera justificarlos diciendo “no se puede hacer más lento”. Este personaje (a quien Jorge Prado encarna con mucha soltura) entra a escena como un pseudo-narrador que interpela directamente a algunos espectadores, generando incertidumbre para luego integrarse en la ficción.

El conflicto principal ronda sobre un cuerpo que fue retirado de la morgue sin autorización. En el transcurrir de la obra se plantea la duda de si el cuerpo que yace en el ataúd es realmente de Ofelia o de Polonio (su padre). Alrededor de estos cuerpos ausentes aparecen numerosos personajes que reclaman por develar la verdad de los hechos sucedidos. Allí se destacan Laertes (hijo y hermano) y junto a él tres personajes que saltan de la realidad, hecho que queda remarcado desde el vestuario: el espíritu de Ofelia; su amiga Esmeralda, que sabe cómo fueron sus últimos minutos de vida de la difunta pero sólo termina generando dudas; y una médica forense que reclama el cuerpo faltante en la morgue judicial.

Con el correr de la obra, el espectador conocerá los pormenores de la vida de Ofelia. Algunos datos parecerán más eficaces que otros. En el medio de la disputa por el cuerpo que yace en el ataúd, se cruza la manipulación de los cuerpos, el poder político, la muchedumbre que reclama el esclarecimiento del hecho, entre otras cuestiones. En torno a eso flota una sensación de actualidad hasta que se llega al momento clave de la obra, que es la aparición reiterada del espíritu de Ofelia, quien retorna para saldar cuentas y esclarecer su trágico final. Pese a los esfuerzos de algunos personajes por ocultar lo sucedido, ella logra salvar su honra y morir en paz.

Por parte de la escenografía, no pueden dejar de mencionarse las amplias posibilidades que brinda el espacio de Andamio ´90, aprovechadas aquí para romper con las convenciones del teatro tradicional. El director trabaja la obra en tres planos: el primero se ubica en la parte baja del escenario; el segundo es el escenario contextualizado por un gran telón donde van a surgir las escenas más relacionadas con Hamlet (texto dramático); y, por último, surge un nivel superior donde estamos más en contacto con expresiones artísticas vinculadas al teatro postdramático, en donde la teatralidad y la performance están en conexión. Estos tres planos dan un panorama de los diferentes tipos de teatros que podemos encontrar en la cartelera porteña pero condensada en una sola obra. El hecho de utilizar diferentes fuentes le permite a la obra jugar con este triple espacio escénico, destacando un arriba y un abajo con múltiples entradas y salidas de los actores. A su vez, esto deja al descubierto la preparación del espectáculo, en el que los actores tienen un rol fundamental: no solo deben seguir con sus respectivos personajes sino que auspician de guías para los espectadores en estos espacios simultáneos. Son ellos los que nos darán referencia cuando estamos dentro de Hamlet (texto dramático), la reversión de los autores, e incluso nuestra realidad política y social más cruda.

Pero, ¿por qué ir a ver este espectáculo teatral? Porque esta obra se vincula con nuestra actualidad inmediata, adaptando situaciones conocidas por todos, acercándonos desde los recursos teatrales a nuestra propia realidad.

Este clásico shakesperiano es una buena opción para traerlo renovado desde la lectura de los autores, con el director desde la puesta en escena logrando interpelar al espectador para que también forme parte de la acción. La puesta contiene múltiples metáforas para que se piense la realidad, produciendo una crítica reflexiva sobre la ausencia de cuerpos, el poder y la propia obra del autor inglés como emblema de la política moderna. La pieza expone tanta información que termina dejando una clara incertidumbre sobre los hechos acontecidos en nuestro país, que retornan -tristemente- al pasado.


Elenco: Antonella Besson, Gastón Courtade, Pablo Chao, Brend Chi, Natacha Delgado, Diego Gens, Anibal Gulluni, Maia Lancioni, Germán Parmetler, Jorge Prado, Micaela Racciatti Música original: Damián Ferraro, Emiliano Salvatore Dirección de arte e iluminación: Héctor Calmet Realización de escenografía: Fernando Díaz Operador de luces: Germán Giacalone Vestuario: Pía Drugueri Diseño gráfico y fotografía: Fernando Lendoiro Vídeo: Ramiro Antico Producción ejecutiva: Rosalía Celentano Asistente de dirección: Verónica Dubiau Prensa: Ricardo Tamburrano Autores: Bernardo Cappa, Pedro Sedlinsky Dirección: Bernardo Cappa Colaboración en la dirección: Pedro Sedlinsky Sala: Andamio ´90 (Paraná 660, CABA) – Viernes a las 22:30 y sábados a las 20:00.

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