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Amarillo

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Muy Buena


EN LAS ENTRAÑAS DEL PODER

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

Primera obra escrita por el dramaturgo argentino Carlos Somigliana, en 1959, Amarillo utilizaba el escenario de la Roma antigua y un texto indudablemente ligada a la dinámica shakespereana, para crear un relato que funcionaba como una metáfora de las pujas por (y desde) el poder en la Argentina y otras partes del mundo, en un momento de profunda inestabilidad sociopolítica. Sin embargo, esa alegoría, a pesar de haber transcurrido más de medio siglo de su presentación, continúa teniendo vigencia.

La persistencia de esa actualidad se puede apreciar casi desde el comienzo de la adaptación a cargo de Facundo Ramírez, quien establece desde la puesta en forma un escenario de tipo circular, pequeño pero con vías de entrada y salida, y escaleras que establecen desniveles. Esas configuraciones espaciales establecen un adentro y un afuera en permanente conflicto; mientras las escaleras explican las relaciones antagónicas y de reciprocidad negativa entre las clases y estamentos sociales; y delinean un marco casi asfixiante para la historia de Cayo Graco, un joven patricio que decide honrar la memoria de su hermano asesinado, revitalizando sus planteos ideológicos y presentándose como candidato a tribuno. Su triunfo –y las reformas que vendrán con él- será un punto a favor de los sectores más despojados y marginados, pero también el inicio de una progresiva confrontación con la nobleza romana, en un proceso que irá escalando hasta un desenlace obviamente trágico.

Como toda tragedia, Amarillo ya insinúa en su arranque ese final donde el individuo que se enfrenta a los poderes establecidos termina cayendo casi irremediablemente. Y aprovecha esa certeza de lo trágico como destino señalado para profundizar su reflexión sobre la política como un terreno donde prevalecen la traición y el hambre de poder al nivel más básico y horroroso. El pesimismo que atraviesa al texto se justifica en las acciones y reacciones que despliega, en cómo hasta los gestos más nobles o deseos más lógicos –obtener el favor del pueblo, por ejemplo- pueden ser justificaciones para las decisiones más ladinas.

Aún en los momentos en que se permite introducir una ácida sátira sobre los intereses, miserias y egoísmos de los poderosos, mostrando que funcionan como meros escudos de sus miedos y debilidades, Amarillo no cae en un pesimismo facilista o un cinismo vacuo. Lo que sí se permite es exhibir las contradicciones y dilemas internos de los protagonistas –condicionados permanentemente por imaginarios, tradiciones y convicciones-, siempre de la mano de un ritmo endiablado y un dinamismo sin pausa, hilvanando un relato en el que, tras las disputas dialécticas y las intrigas políticas, las luchas finales son desde el cuerpo y por la mera supervivencia. En el cierre, lo único que quedará es la corporeidad, la carne de cañón, los despojos que dejan las tragedias, con la más extrema violencia como símbolo y marca estructural.


Autoría: Carlos Somigliana Adaptación: Facundo Ramírez Actúan: Patricia Becker, Gustavo Chantada, Manuel Fernández Otacehe, Pablo Finamore, Matías Garnica, Luciano Linardi, Mario Mahler, Mario Petrosini, Facundo Ramírez, Manuel Martínez Sobrado, Luciana Ulrich, Manuel Vignau Vestuario y escenografía: Pía Drugueri Iluminación: Roberto Traferri Maquillaje: Dora Angélica Roldan Realización de escenografía: Diego Antonietta Realización de vestuario: Estudio Cabuli Suarez, Pía Drugueri Fotografía: Fernando Lendoiro Diseño gráfico: Fernando Lendoiro Asistencia de dirección: Manuel Fernández Otacehe, Jazmín Ríos Producción ejecutiva: Rosalía Celentano Producción: Manuel Fernández Otacehe, Facundo Ramírez Dirección: Facundo Ramírez Sala: CELCIT (Moreno 431, CABA) – Domingos a las 16:00. Hasta el 13 de agosto.

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