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El maestro del dinero

money1Título original: Money Monster
Origen: EE.UU.
Dirección: Jodie Foster
Guión: Jamie Linden, Alan DiFiore, Jim Kouf
Intérpretes: George Clooney, Julia Roberts, Jack O’Connell, Caitriona Balfe, Dominic West, Giancarlo Exposito, Dennis Boutsikaris, Darri Ingolfsson, Christopher Denham, Anthony DeSando, Jennifer Dong
Fotografía: Matthew Libatique
Montaje: Matt Chesse
Música: Dominic Lewis
Duración: 98 minutos
Año: 2016


7 puntos


DISTRACCIONES DEL SISTEMA

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

money2Si bien Jodie Foster como realizadora abordó siempre temáticas recurrentes, inscriptas en géneros o subgéneros muchas veces visitados, habitualmente tuvo una mirada descentrada desde la cual aplicó un punto de vista personal. Es cierto, se trata de una filmografía tan dilatada y poco concentrada temporalmente, que cuesta encontrar en todo caso un rasgo autoral: su cine parece surgir por una necesidad del momento. Sin embargo, esta El maestro del dinero es su películas más inclasificable, no porque su estructura denuncie elementos disruptivos formalmente, sino porque es la más clásica y convencional de todas sus películas. Un thriller, con elementos satíricos, sobre los medios de comunicación, el periodismo y el sistema capitalista, que no dice nada novedoso en ninguno de sus puntos pero que ofrece el talento de una realizadora ecléctica que demuestra poseer las herramientas suficientes para contar un cuento en términos cinematográficos.

El maestro del dinero tiene todos los elementos para convertirse en un thriller sobre el capitalismo y sus víctimas, y ser visto con solemnidad y gesto de “qué mal está el mundo”. Pero, y ahí tal vez el máximo pase de magia de Foster, la película es una sátira, tiene aliento de tal y termina con cierta negrura reduciendo el conflicto al tamaño de un incidente. Que acaso el mundo sigue y nada importa demasiado: dicha insignificancia denunciada, que no es otra que nuestra propia insignificancia de habitantes del mundo, es lo más amargo que tiene para ofrecer el film protagonizado por el genial George Clooney y la desperdiciada Julia Roberts.

La sátira está implícita desde el vamos: el Lee Gates de Clooney no es más que un bufón, un periodista económico que monta un showcito en la tele y tira primicias que no son más que informaciones filtradas desde los espacios de poder, que lo usan como una marioneta para su maniobras espurias. Una de esas maniobras es la que centraliza la atención, cuando uno de los damnificados a punta de pistola toma el estudio donde se emite el programa en vivo de Gates, y le pone un chaleco con explosivos al conductor con el fin de llamar la atención y encontrar algún tipo de respuestas a su quiebra incipiente: el tipo invirtió un dinero siguiendo un consejo de Gates y perdió todo.

Los planteos de El maestro del dinero sobre los movimientos del sistema y de la pasión del periodismo moderno por montar showcitos de impacto no sólo no son novedosos, sino que además un poco obvios. Es que los aciertos de la película hay que buscarlos por fuera de sus “denuncias”: recordemos, estamos en el territorio de la sátira. Y el humor, negro, espeso, es un indudable material que opera en los climas del film. En ese sentido lo mejor  que tiene para decir Foster sobre el asunto que aborda, es que si el sistema financiero por un lado es perverso y permite cualquier tipo de maniobra espuria, por el otro se vale de una serie de ingenuos y arribistas que lo sostienen consciente o inconscientemente. Si por un lado están los que gozan de los beneficios de ser voceros de primicias y mostrarse influyentes, por el otro están los que gustan beneficiarse con las rentas que ese sistema genera.

A El maestro del dinero la podemos acusar de esquivar un poco el bulto y poner la culpa en un lugar incómodo, o al menos de repartirla sin que nadie se lo exija. Incluso, hay material como para señalar al personaje de Clooney como un tipo pasado de ingenuo, y con una culpa algo exagerada e impostada a medida que avanza la historia. La película termina siendo mucho menos corrosiva de lo que parecía que iba a ser en un comienzo y se sostiene gracias a la pericia de la realizadora para tensar las cuerdas del thriller hasta límites que habilitan la suspensión del verosímil. El mayor peligro de la película de Foster es que en su afán por mostrar de forma burlona cómo somos nada más que material de descarte, termine haciendo con sus personajes lo mismo que señala.

Aún así, hay que rendirse ante la capacidad narrativa de Foster. Su película es un mecanismo que funciona perfectamente, nos obliga siempre a mirar y, en todo caso, es como el sistema que denuncia: las fallas están escondidas, ocultas, debajo de enormes capas de buena inversión, inversión que es -en este caso- entretenimiento. ¿Foster habla de Wall Street o de Hollywood?

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