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Los Rolling Stones en Argentina: segunda mirada


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Una noche con los Stones en La Plata

Por Federico Bruno // fotos:Télam

(@_federicobruno)

El empleado de la cancha de fútbol nunca vendió tantas gaseosas, es probable que desconozca quién es John Pascher o el nombre de los Rolling Stones y qué instrumento toca cada uno, pero está vendiendo bien y eso le basta. Una consumición a cambio del uso del baño. En 20 minutos agotó la mitad de una de las heladeras. Está seguro que de todos los recitales que vio desde su mostrador, frente al acceso al Estadio Ciudad de La Plata, es el de mayor efervescencia y convocatoria. A una cuadra los más pacientes esperan en la larguísima cola del único baño -unisex- de una estación de servicio. La icónica lengua que inventó Pascher se replica en todas las direcciones: está en las pieles, gorras y hasta en las clásicas camperas de jean rollingas (no abrieron las puertas y la sensación térmica ronda los 35º).

Dicen que después de asistir a un recital de los Rolling Stones tu vida cambia para siempre. Los fanáticos lucen remeras de giras pasadas, presumen anécdotas y hasta cuentan a desconocidos cómo piensan recorrer Latinoamérica en las distintas paradas de esta gira bautizada como Olé Tour 2016. Los que no son fanáticos es muy probable que después de esta noche lo sean. En la primera requisa incautan bebidas y comida, a las biromes se las juzga como objetos de riesgo pero las terminan dejando pasar. Periodistas, curiosos y fundamentalistas durante el show anotan las canciones que tocan y los cambios que sufren. El enemigo se adivina fácil: los smartphones; mucha selfie y videos inexplicables complican la visión, hasta algunos filman con dos teléfonos en simultáneo.

En los ingresos la cosa se pone turbia a la tarde, una centena quiere ingresar sin entradas y rompen un alambrado. La policía empieza a dispersarlos y no duda en tirar balas de goma y pegar algunos palazos. El saldo de la jornada será 148 detenidos, aunque la mayoría acusados por ejercer la venta ambulante y trapitos. Gran parte de los heridos hacía la fila correctamente y tenía su entrada en la mano. Algunos a pasos del estadio cuando el clima se normaliza recuerdan las postales tristes de la última visita Stone que terminó con camiones hidrantes por Avenida del Libertador.

Tal como estaba previsto, puntualidad inglesa, a las 18:00 se sube al escenario La Beriso para telonear la cuarta visita de sus majestades satánicas. Se despachan con nueve temas en 40 minutos celebrados por parte del público platense y berisero que los hizo sentir locales, dispersos hubo algunos silbidos y pulgares para abajo. A las 19:30, es el turno de Ciro que ya había tocado en la previa del Bigger band Tour con Los Piojos y ahora le toca el turno con Los Persas, arrancaron con Antes y después y Banda de garage antes de darle paso a Ruleta, clásico piojoso que levantó los primeros polvos en el estadio ya casi colmado. La arenga crecía exponencialmente hasta que tocó el turno de Canción de cuna que bajó de un hondazo los ánimos de la mayoría. Tan solo, El farolito, Caminando, Astros, Zapatos de gamuza azul (versión de Moris) y Como Alí terminaron de calentar el escenario y las plateas que no dudaron en pararse ante el corte difusión de Tercer arco y la canción emblema de los púgiles.

Hubo otro invitado no previsto para la organización, al menos una hora antes que La Beriso, la lluvia que misteriosamente (o satánicamente) duró hasta minutos antes que Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts salgan a reencontrarse con el público que los esperó diez años. Durante la tormenta los asistentes de la banda inglesa sacaban el agua del escenario e intentaban preservar los instrumentos, mientras los truenos también se encargaban de musicalizar la ceremonia y la gente los festejaba. Parecía Woodstock 69.

A las 21:00, se apagaron todas las luces del escenario menos las pantallas que comenzaron a mostrar un video con lugares emblemáticos de Argentina y cuando Keith Richards hizo sonar los primeros acordes de Start me up el estadio se vino abajo. Fuegos artificiales escudaron a los Rolling en su entrada triunfal, donde confirmaron en cuestión de segundos ese romance inexplicable que comenzó en el año 95, en su primera visita. La pasarela -ya seca- fue pisada por primera vez por el saltarín Mick Jagger que recorrió menos de la mitad durante la canción y no dudó en sacarse rápido un saco verde brilloso, abrumado por el calor que transmitía esa multitud: en el campo la masa se movía de manera encadenada y el combustible era la lluvia y la transpiración.

Engancharon It´s only rock and roll, sin saludos de por medio, y pasaron dos de las cosas más esperadas durante el decenio de ausencia stone: Jagger desfiló toda la pasarela y bailó cerca de Richards. Que estén dos tipos así de juntos, con tantas diferencias en sus espaldas ya justificaba el precio de la entrada. La dupla compositiva más grande después de Lennon – McCartney es, hoy en día, una incógnita en cuanto a su afinidad. Sin ir más lejos, hubo que recurrir a tres hoteles para alojar a los cuatro integrantes de la banda oriunda de Manchester y no creemos que haya sido por falta de habitaciones. Junto a los bises del himno rocanrolero llegó el tiempo para el reconocimiento geográfico, con un español aceptable, el líder de la banda saludó primero a Buenos Aires para luego aclarar: “es la primera vez que tocamos en La Plata, tardamos tanto en llegar que pensé que estábamos en Montevideo”. Y no hubo una persona de las 55.000 que no se riera.

La elegida para sellar el tridente inicial fue Tumbling dice, del disco Exile on main street (1972), fue el primer clímax de la noche donde Jagger demostró que su amplitud vocal no perdió vigencia, la gente la festejó muchísimo y los que hacían pogo pudieron descansar un poco. Out of control dio paso a la segunda línea de músicos que también forman parte de la banda, sin el bajo, el saxo y los coros esta canción no sería nada. Luego llegó el turno de “la elegida del público”, Street fighting man se sobrepuso por sobre Let it bleed, Live with me y Doom & Gloom en una votación que nadie entendió cómo se definiría, pero con cualquiera hubiésemos quedado contentos.

rolling2Terminó el primer lustro del cancionero stone y las pantallas dejaron de mostrar a los músicos y al público. Quedaron por un segundo en negro. Se volvieron a prender y apareció Angelina Jolie rapada en uno de los videos más icónicos de la banda, había llegado el turno de Anybody seen my baby, mojón histórico de fines de los noventa con la salida de Bridges to Babylon. El quiebre en el sonido stone pasó de los ambientes lúgubres a los luminosos y nostálgicos de Wild horses, algunas chicas sobre los hombros de sus novios lloraban y arengaban con las manos. Otros miraban al cielo, anhelando a un ser querido o pidiendo que llueva porque el calor era más denso que nunca.

La seguidilla de Paint it black y Honky tonk woman fueron bienvenidas con versiones más largas de las que conocimos originalmente; Jagger, Richards y Wood jugaron con el público que no hacía más que aumentar el nivel de euforia. Charlie Watts siempre sobrio. En Sudamérica debe ser el único lugar del mundo donde se corean los riff de guitarra. En los bises de la novena canción Mick Jagger presentó a su banda, fue de menor a mayor (él no se presentó ni fue presentado) y terminó con el pirata del caribe, Keef arrebató a los Stones por dos canciones y se arrodilló -literal- ante el reconocimiento después de tocar Can´t be seen with you y Happy. Entre todos los cambios de vestuario el más comentado fue la remera que usó Richards con su propio rostro que en cualquier otra persona hubiese sido señalado como un acto de arrogancia atroz pero en este caso no sólo es perdonado si no que engrandeció más a quien ya es un personaje de la cultura pop más que un afamado guitarrista.

Con Jagger de vuelta en el escenario y con armónica en mano empezó el blues que compusieron inspirados en el famoso caso del estrangulador de Boston, Midnight rambler demuestra que cualquiera podría ser contratado por cualquier otra banda y ser el mejor. Acá las dos guitarras y la batería conjugan la ambición del amateurismo y la profesionalidad de tipos que tocan juntos desde hace más de 50 años. Están afiladísimos, no armaron esta gira estando “de vuelta” ni para hacerse ricos (además ya lo son).

Antes de Miss you agradecieron por el nuevo recibimiento. “Esta es el decimotercer show que hacemos en Argentina, gracias”, dijo Jagger con Stratocaster cruzada y empezó con los primeros acordes de la balada desgarradora. Con palmas, gritos y bailes -no faltó la famosa gallinita- la gente le hizo saber a los Rolling Stones que también los habían extrañado. En el 95 y 98 los shows fueron 5 y en el 2006 sólo 2, todos en el Monumental. El solo de bajo se sostenía en clave funk y parecía no terminar nunca. El final ya acechaba y se empezaba a sentir entre los susurros.

Uno de los dolores de cabeza para la banda en esta gira fue la baja de Lisa Fischer -comprometida con su carrera solista no pudo coincidir-, pero no tardaron en buscar un reemplazo. Sasha Allen llegó con difíciles tareas: ser la corista de los Stones e interpretar a dueto con Mick Jagger al borde de la pasarela Gimme shelter. En Chile fue la prueba de fuego y aquí le tocó volver a cantar de lo más ensayado previo al Olé Tour. El resultado: increíble. Brown sugar y Sympathy for the devil hicieron caer en la cuenta a algunos distraídos de los recursos visuales cuando entre el fervor por los clásicos aparecían determinadas animaciones o cuando Mick Jagger apareció con un tapado de plumas rojo personificando al mismísimo diablo y el juego con las pantallas hizo que la representación sea más fiel. Jumpin Jack flash fue el encargado de cerrar el recital, la última visita había sido el tema inicial, y posteriormente los músicos saludaron al público. Había más.

Las luces y el humo coparon el escenario que antes había sido ocupado por los Rolling Stones, de pronto unas sombras se divisaron al costado del escenario. La gente los contaba, eran más. El grupo coral empezó a cantar el estribillo de You can’t always get what you want y las siluetas de los músicos empezaron a volver lentamente a sus lugares. Jagger quizás pensó en su novia recientemente fallecida, Charly Watts, en su cáncer de garganta; Keith Richards en que contó demasiado en su biografía; y Ron Wood en cómo hubiese sido su vida si se dedicaba a la pintura. O quizás no, no pensaron en nada. Lo cierto es que el canto a la esperanza se convirtió en una versión bolichera y dejó todo listo para la estocada final.

(I can´t get no) satisfaction fue la frutilla del postre. Una de las canciones más famosas del mundo, día tras día miles de aficionados prueban suerte con la guitarra con esto que están interpretando ahora sus creadores. Tienen la edad de nuestros abuelos pero la vitalidad de unos pibes; ellos saltan, corren, se ríen. Viven para esto. Los que no saltan en las plateas o el campo están perplejos, no saben cómo contarles eso que están viendo a sus amigos. Vieron miles de videos pero esto es la vida real, intentan filmarlos pero no se dan cuenta que miles quieren filmarlos, se chocan, se insultan, se lo pierden. El pobre y el rico bailan con la misma melodía, todos son felices. Ahora queda esperar la próxima fecha -se presentaron anoche y regresan el sábado- en el mismo lugar. Después siguen por Latinoamérica y para nosotros esperar que sigan de gira, que vuelvan cuando quieran, cuando puedan. Desearles longevidad y buena suerte. Volvieron los Stones, vieja. No se los pierdan.

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