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Spooks: the greater good

spook1Título original: Idem
Origen: Inglaterra
Dirección: Bharat Nalluri
Guión: Jonathan Brackley, Sam Vincent, basados en la serie creada por David Wolstencroft
Intérpretes: Michael Wildman, Tuppence Middleton, Geoffrey Streatfeild, Peter Firth, Elliot Levey, Matthew Walker, Elyes Gabel, David Harewood, Jennifer Ehle, Tim McInnerny, Ronan Summers, Kit Harington
Fotografía: Hubert Taczanowski
Montaje: Jamie Pearson
Música: Dominic Lewis
Duración: 104 minutos
Año: 2015


7 puntos


Jon Snow meets Homeland meets MI-5

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

spook2Aparentemente, la razón principal por la cual Kit Harington aceptó el protagónico de Spooks: the greater good -que lamentablemente pasó desapercibida durante su estreno en el 2015, año plagado de films de espionaje- fue que deseaba no quedar siempre asociado con films o series de época. Eso no deja de ser lógico, aunque no deja de llamar la atención que el papel que le toca guarda unas cuantas similitudes con el de Jon Snow que interpretó -¿o interpreta?- en la serie Game of thrones. En cierta forma, esto corrobora eso que se dice que los actores, a pesar de los mayores o menores cambios, siempre repiten los mismos roles a lo largo de sus carreras.

Esta película, basada en la serie británica Spooks -emitida entre el 2002 y el 2011 y que sigue las misiones del MI-5 (el servicio de inteligencia doméstica del Reino Unido)- arranca con lo que parece una operación de rutina para trasladar a un peligroso terrorista en custodia, pero que falla totalmente, con lo que el prisionero escapa y de repente la seguridad del territorio británico se ve seriamente comprometida. Al mismo tiempo, el jefe del MI-5, Harry Pearce (Peter Firth), quien cayó en desgracia tras el fallido operativo, desaparece misteriosamente y sin motivos claros, con lo que se sospecha de su lealtad. Es por eso que se convoca a un ex discípulo de Pearce, Will Holloway (Harington), para rastrearlo.

Lo cierto es que el Holloway que encarna Harington debe afrontar desafíos similares a los de Snow: él también es un outsider luego de haber quedado fuera del servicio; casi todos en el MI-5 desconfían de él; la figura de su padre -quien también fue agente de Inteligencia- ha condicionado su vida en todos los aspectos posibles; y a lo largo del relato irá viendo cómo en verdad es un peón en los juegos de poder de sus superiores, especialmente de Pearce, quien lo manipulará constantemente. Al igual que Snow, Holloway recibirá golpes físicos y psicológicos por todos lados, porque de fondo Spooks: the greater good es una historia de crecimiento y aprendizaje, donde Holloway deberá hacer lo posible para imponerse y lidiar con circunstancias donde se hará en extremo difícil distinguir las líneas entre el bien y el mal.

Aunque Spooks: the greater good no alcance grandes alturas cinematográficas en cuanto a la puesta en escena y no sea muy original en su narración, hay que reconocerle al director Bharat Nalluri -quien ya había trabajado en la serie original- que tiene aprendidas unas cuantas reglas y conceptos sobre cómo generar tensión, especialmente en lo referido a cómo ir construyéndola a partir de personajes diseñados con pericia en unos pocos trazos. Eso se nota especialmente con Pearce, personaje que ya aparecía en la serie y que acá demuestra ser fascinante por su concepción de los límites para la tarea que desempeña: para el tipo no hay límites específicos, siempre la línea se puede correr un poco más y no le importa cargarse a toda la institución que lo cobijó en pos de concretar su misión. Allí es donde el film conecta con otra serie como Homeland, donde las divisiones entre el bien y el mal se diluyen, y siempre está presente ese interrogante sobre por qué los protagonistas hacen lo que hacen.

Lo que termina demostrando Spooks: the greater good -otra vez enlazándose con Homeland– es que a los servicios de inteligencia los componen personas que son prácticamente adictas a esos juegos de máscaras y apariencias que escapan al conocimiento de la gente común pero que aún así las afectan. Holloway, Pearce y todos sus colegas del MI-5 son lo que son porque no les queda otra, porque no podrían ser de otra forma o desempeñarse en otro campo. El universo que nos muestra el film es, por eso, tan increíble como verosímil.

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