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MAR DEL PLATA 2015 – Scarvaci y Gachassin: “la realidad, desde el momento en que uno pone la cámara, ya se modifica”

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

cuerposLos cuerpos dóciles es un film que sigue a un particular abogado penal en ese laberinto que es el sistema judicial argentino, evidenciando las arbitrariedades de sus construcciones y cómo muchas veces lo humano parece puesto a un lado, castigando primariamente a los más pobres e indefensos. Luego de la primera proyección en el marco de la Competencia Argentina, los directores del documental, Matías Scarvaci y Diego Gachassin, conversaron con FANCINEMA. Durante la entrevista se explayaron sobre las implicancias del título de la película, la forma en que se hizo foco sobre el personaje central, las confluencias de lenguajes en la narración y las expectativas de cara a la participación en el Festival, entre otros tópicos.

-¿Por qué el título Los cuerpos dóciles?
Los que hicieron la gráfica nos lo quisieron cambiar. Hace referencia a un capítulo de Vigilar y castigar, de Michel Foucault. La película en un punto está hablando de los cuerpos de esos chicos que defiende Alfredo, de los cuerpos marginales del sistema, expuestos a estar del otro lado. Foucault lo que dice en ese capítulo es que lugares como la prisión, la escuela y la fábrica dosifican los cuerpos, les dan forma, los constituyen en cuerpos formales para el funcionamiento social. Nosotros tomamos ese sentido para aplicarlo a estos cuerpos, mostrando cómo la prisión o el sistema judicial operan sobre la marginalidad, de una manera muchas veces arbitraria. En la película procuramos mostrar las diferentes puntas, no de ponernos en el lugar de la arbitrariedad del sistema judicial, porque el delito muchas veces ya está cometido. Ahí hay un problema y la película trata de mostrarlo, no emite una opinión vinculada a cómo resolverlo.

-¿Cómo es que llegaron al personaje y qué rasgos suyos procuraron destacar a la hora de seguirlo con su cámara?
Matías también era abogado y Alfredo era compañero suyo de la época de la Facultad. A la vez, nos volvimos a cruzar porque él es músico y tenemos amigos en común, por lo que nos cruzamos tanto en el ámbito académico como artístico. La película también habla un poco de eso, de cómo Alfredo tiene diferentes facetas: es abogado pero también músico, y es un personaje que no representa el status quo, el estereotipo o imaginario del abogado penalista. Es un bicho raro dentro de la profesión. Esas particularidades de Alfredo nos permiten revelar de manera más humana el mundo penal, humanizar lo penal, porque está oculto pero nosotros como sociedad aceptamos y naturalizamos que haya gente encerrada, y de la peor manera, sufriendo vejaciones y violaciones a sus derechos humanos. Ahora termina la película y nosotros iremos a tomar un café como si nada, porque naturalizamos toda esta situación. En un punto, el film busca hacer estallar esa dicotomía.

-Por momentos es difícil distinguir entre realidad y ficción dentro de la película, y a la vez se ve al lenguaje del sistema judicial en pugna con otros lenguajes. ¿Cómo se trabajó eso desde la puesta en escena?
Nosotros, sobre todo desde la edición, forzamos mucho para que la película tuviera un marco dramático. Al principio nos planteamos seguir varios casos, hicimos un desarrollo de guión como para poder obtener financiamiento, pero ese guión luego lo destruimos y seguimos filmando más intuitivamente. Los guiones de observación giran alrededor de situaciones que uno imagina pero después lo que se filma es real. Aún cuando haya determinadas escenas -como la que Alfredo juega con sus hijos al GTA- que de alguna manera se construyeron, no dejan de pertenecer a momentos o circunstancias que él tiene en su vida cotidiana. Luego es cierto que a la hora del montaje fuimos creando un marco dramático, una narración, porque si seguíamos sólo la rutina de Alfredo corríamos el riesgo de que el film fuera un embole. Ahí es donde surge la pugna del lenguaje real, de la vida, con el lenguaje cinematográfico y con el punto de vista que nosotros imprimimos como directores. Muchas veces -y esto es una opinión personal- se potencia el impacto de lo que queremos contar si no le somos fieles a la “realidad” y sí le somos fieles al lenguaje cinematográfico, a un lenguaje poético. Alfredo, como personaje, tiene mucho de eso, es alguien que desarrolla un lenguaje poético incluso desde lo soez y vulgar. Al mismo tiempo, es un personaje que va tomando cancha, va tomando recursos y mecanismos para potenciar lo dramático. El nos daba lo mejor cada vez que lo filmábamos, y eso se daba por la intervención del dispositivo cinematográfico. La realidad, desde el momento en que uno pone la cámara, ya se modifica. Nosotros no mostramos la “realidad”, sino lo que nos dieron Alfredo y la gente que estaba ahí al momento de filmar. Es cierto también que fuimos variando los puntos de vista, las posiciones de la cámara, para poder trasladar luego eso al montaje. Del mismo modo, nos pone contentos la pregunta, porque deja en claro que se nota la manipulación y la elección de lenguajes.

-Ahora, en esa elección de lenguajes, se va notando cómo la película se va delineando como una especie de tragedia. ¿De alguna manera, la historia que cuentan funciona como símbolo de muchas tragedias que se dan en los sistemas penales y judiciales?
Seguimos el caso y no sabíamos cómo iba a salir, podrían haber sido declarados inocentes, pero lo cierto es que la gente pobre, en estos casos, suele terminar presa. Nos interesaba por eso seguir estos casos, no el de Axel, por ejemplo. Pero igual la película tiene mucho humor, y fue interesante hurgar durante el montaje en los momentos donde surge una multiplicidad de sentidos, para que el film no quede condenado a expresar un sentido unívoco. Así se puede expresar mejor lo humano y lo arbitrario del sistema de encarcelamiento. No fue fácil, porque al ser un documental, las herramientas en cierto punto están muy limitadas. Igual el personaje nos dio mucho, porque Alfredo es así, tiene humor, tiene cambios de ritmo, parece que habla en serio y luego resulta que es en broma, y eso es algo normal en él, y aparece en muchos momentos de la película. Más allá de que lo buscamos, él es así.

-¿Cuáles son las expectativas de cara a la participación en la Competencia Argentina y la presentación frente al público?
Tenemos todas las expectativas y ninguna a la vez. Ya con poder ver la película por primera vez en pantalla grande, con público, que la reciban como se la recibió, ya nos pone súper felices. Ya estar acá significa un reconocimiento, significa que alguien vio en el film lo que nosotros intentamos que se vea. Estamos compitiendo de igual a igual frente a películas que son de ficción, que tienen otros recursos, más presupuesto, y eso es buenísimo. Más importante aún es que la película discute políticamente de manera profunda, y nosotros necesitamos que llegue a la mayor cantidad de gente posible.

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