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MAR DEL PLATA 2015: cinco sobre el treinta

Como es habitual, el staff de Fancinema ofrece una mirada particular e individual sobre ese encuentro gigante que es el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Este año, cinco redactores resaltan lo que más los marcó de la 30ª edición: aparecen temas comunes como las falencias organizativas y la ausencia de grillas, y puntos de vista individuales vinculados con la falta de público, las comedias nacionales, lo marplatense, la ecología o Aldrey Iglesias. Los dejamos con el popurrí de opiniones.


Pasaron las grillas

Por Gabriel Piquet

(@fancinemamdq)

grillasEste festival fue algo particular. Como muchas de las cosas que dependen del Estado, el efecto elecciones no le fue ajeno. No se sabe qué cosas van a seguir, no se sabe cuáles serán las propuestas de los que vendrán. Esto no es de ahora, lo fue así desde que cambió por primera vez la fuerza que gobernó a fines de los 90. Lo lamentable es que nunca se consolida una propuesta que esté por fuera de la ideología política, para darle una continuidad a lo que se hizo. Hablo de 1996, cuando volvió el festival hasta hoy, no sólo de esta última etapa, ya que cada época tuvo algo para rescatar; cosas que podrían haberse continuado, logrando un encuentro con características más hegemónicas. Este año hubo un dato singular: por más que las cifras después quieran desmentirlo, no hubo tanto público como años anteriores. Puede ser que la gente esté en otra cosa, por todo el clima electoral, pero creo que ayudó mucho el no tener grillas de programación disponibles los primeros días. Mi teoría se sostiene en que el publico de Mar del Plata es gente mayor, que no es el que se toma su tiempo para leer desde la computadora o el celular una programación online, y al no tener impresas las reseñas, sin saber lo que iba a ver (el riesgo no es un fuerte del público en esta ciudad), no concurrieron a las salas como en otras ocasiones. No estuve viendo la Competencia Oficial, pero por comentarios de los colegas, no fue muy buena o nada sorprendió demasiado, salvo la ganadora. Para mí siempre el asunto está en las secciones paralelas, lo más destacado del festival y este año volvió a ocurrir. Las retrospectivas y restauraciones fueron lo más interesante. Con respecto a los compañeros de staff, podría homenajear a los Les Luthiers y decir “qué podemos agregar…”, y seguir estirando este texto. Pero ya está todo publicado y pueden leerlos en las mini-críticas o en estas conclusiones.


Agujas en pajares

Por Matías Gelpi

(@matiasjgelpi)

gorevisionSe ha hablado mucho acerca de lo bien programado que estuvo el #30MDQFEST, una opinión hipocritica o cuanto menos falaz, porque es imposible desde lo individual abarcar un universo de 400 películas. Además todos sabemos que las películas son un milagro y las buenas son más bien escasas, así que cuanto mucho uno puede concluir, a partir del escaso porcentaje de películas que alcanzó a ver, un promedio o una aproximación. Si hablamos de milagros y conclusiones no puedo dejar de señalar que lo más destacable que encontré en el #30MDQFEST son dos comedias argentinas cuyo tema principal es el cine, lo que es algo así como encontrar a Maradona sobrio en un monasterio. Por un lado El sistema de Gorevision, el documental de Valentín Javier Diment que registra los particulares mecanismos de la productora de películas ultragore y clase Z que dirige Germán Magariños y compañía. Es imposible no reír y sentirse cómplice de ese grupo de desquiciados. Y el otro caso es el de UPA 2: el regreso de Tamae Garateguy, Santiago Giralt, Camila Toker, que engrosa el universo de la primera parte, lo deforma y termina estallando en una oleada de mezquindades que duplica la gracia de su predecesora. También podemos sacar un promedio de lo vergonzoso que siempre tiene que ver con la organización. Hablarán de la escasez de grillas pero peor fue la desastrosa previsión en el estreno de Kryptonita de Nicanor Loreti, por ejemplo. Sin embargo lo peor está por venir, si es que finalmente gana Macri, porque las películas del #31MDQFEST se proyectarán desde la última cueva del infierno.


Los estragos del año presidencial y el Festival

Por Rosana López

(@rousisattack)

mdpY se nos fue no más la tetragésima edición del Festival Internacional de Cine, un número importante que sin embargo no supo ser reivindicado en promoción para Mar del Plata. Tanta austeridad en marketing tal vez sea por culpa de un año electoral que nos tiene en jaque y que tristemente parece involucrarse con la cultura. Austeridad que al menos no se vio reflejada en el contenido con más de 400 títulos por la apertura de más salas lo que benefició el abanico de propuestas fílmicas. Aunque triste fue por cierto la inexistencia de la sección BSO o musical para los melómanos o aquellos que buscan films con biografías en torno al mundo melódico o que tenga por escenario contextos musicales que han marcado la Historia. Está de más reconocer la informalidad de los primeros días en cuanto a organización de la que padecen los voluntarios, y son sólo la cara visible y si lo sufren ellos también los periodistas. También fue triste la escasez de grillas de programación, sólo unos pocos ventajosos pudieron obtener una versión mini libro como para suplir la necesidad de la típica revistita que el populacho requería. Sin dudas un evento atípico en espacio y forma su traslado a los primeros días de noviembre se hizo sentir con un público más ajustado que el de otros años, aunque los medios definieron destacado récord con respecto a otras ediciones. Pero lo bueno, a pesar de todo, es que el Festival clase A sigue apostando por calidad y por la ciudad y que, poco a poco, hace intervenir en pequeños espacios al semillero de directores marplatenses ya sea en exponer un avance de un film o una conferencia chiquita pero importante. Esperamos una nueva edición con ansiedad y también con esa sorpresa atípica que nos deparará nuevo gobierno “con o sin proyecto”, y que nunca dejen de haber Festival Internacional de Cine.


Cine y ecología

Por Brian Macchi

(@macchibrian)

hija lagunaDurante este 30º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata tuve la oportunidad de observar dos films que abordan la temática medioambiental, mixturando el cine y la ecología, dos asuntos que tanto gustan a quien escribe. Primero estuve en la proyección de La tierra roja de Diego Martínez Vignatti, en la cual se aborda el tema de los agrotóxicos mediante una ficción que tranquilamente podría ser un hecho real. Después, el documental Hija de la laguna de Ernesto Cabellos Damián, donde se exhibe la lucha de los aborígenes en Perú contra las mineras que quieren tomar sus tierras y, principalmente, contaminar sus aguas. La oportunidad de ver ambos films en continuado, me permitió advertir en forma clara las coincidencias entre las dos historias, a pesar de ser lugares muy distintos donde se desarrollan y la diferencia existente entre las producciones. Estos largometrajes concuerdan en exhibir cómo el propio pueblo nativo es quien decide luchar en contra de quienes contaminan. El cambio de visión sobre lo que se está haciendo proviene desde las propias raíces de la comunidad y nunca de algún organismo que controle dicha circunstancia. De una autoridad competente que vigile que los trabajos u obras se realicen en forma correcta. Sin embargo, el Poder pareciera siempre defender a quienes intoxican, otra de las coincidencias que muestran ambos films. En las dos películas, el gobierno y la policía se encuentran del lado de las empresas, que sólo les interesa su negocio y sus ganancias. La coincidencia en la base de estas narraciones, lleva a analizar a que esto es un modus operandi que se repite en todos los lugares donde se busca generar conciencia ambiental. Para finalizar, resulta positivo que dentro de un festival internacional se exhiban estas problemáticas y que sirva para que a través del cine, de la exposición y difusión comience a cambiar la visión sobre el medio ambiente.


Festival Aldrey

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

festEsta última edición del Festival de Mar del Plata correspondiente al período kirchnerista (lo que venga, para bien o para mal, será sciolista o macrista) terminó caracterizándose por la frialdad. Raro, teniendo en cuenta que no sólo era el último festival bajo una administración que siempre se ha caracterizado por querer hacerse notar, sino también porque encima era un año redondo, el 30º, y se podían esperar muchos fuegos artificiales. Pero no, probablemente el balotaje terminó afectando directa o indirectamente el desarrollo, y lo que tuvimos fue un festival previsible en su programación -igual eso ya viene pasando hace un rato largo-, con algunos descubrimientos aislados y obviamente bienvenidos -que uno de esos meteoritos haya sido la ganadora del Astor de Oro en la Competencia Internacional es una excelente noticia-, con una apuesta a lo seguro que en determinados casos le terminó jugando en contra -como en la selección de la Competencia Latinoamericana de Cortos- y con los problemas logísticos y organizativos ya usuales, que a lo sumo varían de forma mínima. Viendo determinados sucesos -la escasez de grillas para el público en general, los problemas de ingresos en funciones de prensa como la de Kryptonita, las proyecciones que casi siempre comenzaron atrasadas, las dificultades con los subtitulados, los permanentes cambios en los equipos (y protocolos) que manejaron las comunicaciones de prensa-, da la impresión de que el Festival es manejado por gente a la que le encanta complicarse la vida. También, que esa misma gente practica la genuflexión por partida doble: por un lado, para con los periodistas/turistas porteños, que encima demuestran que todo lo dan por sentado y les importa más bien poco; y por el otro, con el empresario Florencio Aldrey Iglesias, que no sólo le pone su nombre al nuevo shopping de la ciudad, sino que también se porta como si fuera el dueño del festival, condicionando la realización del evento a su antojo. Y bueno, quizás lo sea, ya que pone salas, hoteles y todos los funcionarios públicos -incluidos el intendente saliente Gustavo Pulti y el gobernador saliente Daniel Scioli- le dicen que sí. Mejor cambiemos el nombre del festival y le ponemos Aldrey.

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