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Frecuencia mortal 3

joyride posterTítulo original: Joy Ride 3
Origen: EE.UU.
Dirección: Declan O’Brien
Guión: basado en los personajes creados por Clay Tarver y J.J. Abrams, y escrito por Declan O’Brien
Intérpretes: Ken Kirzinger, Jesse Hutch, Ben Hollingsworth, Gianpaolo Venuta, Jake Manley, Kirsten Prout, Leela Savasta, Sara Mitich, J. Adam Brown, James Durham, Dean Armstrong
Fotografía: Michael Marshall
Montaje: Michael Trent
Música: Claude Foisy
Duración: 96 minutos
Año: 2014
Compañía editora:


3 puntos


El juego del miedo en la carretera

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

joyride unoLa primera entrega de Frecuencia mortal data de 2001 y hay que reconocer que su relato, centrado en dos hermanos y la novia de uno de ellos que le hacían una broma de mal gusto a un camionero que resultaba ser un maligno psicópata dispuesto a perseguirlos hasta liquidarlos -dentro de todo- funcionaba. En parte, gracias a un guión escrito por Clay Tarver y un tal J.J. Abrams que explotaba primariamente el fuera de campo, configurando un villano que crecía en su capacidad de aterrorizar a partir de ser casi invisible, y una dirección a cargo de John Dahl que entendía estos elementos previamente planteados y los llevaba a la puesta en escena con bastante efectividad.

El final de ese film daba para continuar con una franquicia a partir de las andanzas de ese villano llamado Rusty Nail, con secuelas lanzadas directo al mercado hogareño: es así que ahora llegamos a Frecuencia mortal 3, que repite el modelo de la original, sólo que esta vez el asesino se las agarra con un grupete de jóvenes corredores que van rumbo a la Road Rally 1000 y justo se les ocurre faltarle el respeto en la ruta. Entonces, claro está, todo se convierte en una especie de juego de gato y ratón, sólo que pronto queda muy claro que el guionista y director Declan O´Brien (quien venía de hacer tres secuelas de Camino hacia el terror) no entendió la primera parte, o que no le importa, porque jamás busca crear algún tipo de clima de suspenso o de atmósfera de inquietud. No, O´Brien proviene de la escuela de El juego del miedo y Hostel, es decir, de ese terror que no es terror, porque su interés primario es el desfile de torturas y matanzas que ponen a prueba la capacidad estomacal del espectador.

De ahí que buena parte del metraje de Frecuencia mortal 3 sea una constante apelación al derramamiento de sangre y tripas sin mucho sentido y justificación, sólo por mero exhibicionismo. En el medio, O´Brien exhibe una indudable torpeza para filmar a Rusty Nail, primero amagando con dejarlo en off, para luego mostrarlo casi por completo, quitándole toda capacidad de generar inquietud y reduciéndolo con el correr de los minutos a la condición de psicópata superficial y poco creíble. Y si el villano, que a priori era el principal foco de atención, carece de carisma, más aún los jóvenes destinados a ser víctimas: al principio amagan con ser simpáticos, a partir de algunos chistes relativamente logrados, pero luego van hundiéndose en la superficialidad más extrema, llegando a quedar como totales imbéciles.

Hay un par de persecuciones medianamente interesantes en Frecuencia mortal 3, pero son apenas momentos donde el film insinúa crecer, aunque todo queda en la nada, en una acumulación de escenas sanguinarias, donde lo que menos hay es respeto por lo que se cuenta y por el espectador. El resultado final es aterrador… por lo malo.

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