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FANCINEMA en la Berlinale (II): Crónica de radio pasillo (alerta de spoilers)

Por Carolina Darman

(@carodarman especial para @fancinemamdq)

berlinaleLa temperatura en la calle coquetea con el bajo cero, pero por la zona de Potsdamer Platz el caudal de peatones dificulta la circulación. Como todos los años, miles y miles de directores, actores, periodistas, productores, empresarios del cine y demás, han acudido al Festival de Cine de Berlín en una maratón de películas, reuniones y fiestas. Que levante la mano el que duerme más de cuatro horas por noche.

La presencia latina se hace sentir fuerte desde el primero momento. “Creo que estos festivales son muy importantes para cruzar las fronteras de nuestros países y compartir (nuestro cine) con el resto del mundo” dijo la directora peruana y miembro del jurado Claudia Llosa en la presentación del jurado a la prensa. Acto seguido se vio Nadie quiere la noche, de Isabel Coixet, abriendo la sección oficial. El comienzo, con una avalancha de nieve seguida de la cacería a sangre fría de un oso polar, anunció rápidamente el tono de la película. Pero si bien está plagada de planos descomunales de Groenlandia y algunas buenas actuaciones, la épica ártica basada en la historia real de Josephine Perry (que sale en busca de su marido, conocido por descubrir el Polo Norte), quedó fría como el mismísimo Polo y decepcionó por inconsistente, como dijo el Hollywood Reporter al día siguiente, que es el que tira la posta por estos pagos.

Ahora, si hubiera sido sólo la película de Croixet seguramente pasaba inadvertido, pero ¿qué está pasando con los grandes protagónicos femeninos, que abren el festival y luego caen en picada? El próximo estreno de la competencia oficial fue Queen of de Desert de Werner Herzog, con un éxito tremendo de público. Nicole Kidman protagoniza la historia de Gertrude Bell, la dame inglesa que se mandó a mudar con los beduinos y terminó ayudando a definir el mapa árabe a comienzos del siglo XX. La expectativa era grande y la caída fue aún mayor. Personalmente aplaudo los diálogos humorísticos de Herzog, difiero con el comentario radiopasillista de que Nicole Kidman hace agua en el personaje, y una vez más nos encontramos con tomas alucinantes de unos paisajes de ensueño. Pero el film no fue bien recibido, y el tono de telenovela del romance de Kidman con Franco duele hasta el último segundo.

¿Qué películas están haciendo ruido en el Festival entonces? Con el pecho inflado de orgullo  puedo decir rotundamente: las latinas. Ixcanul se lleva por ahora el premio a la más recomendada de radio pasillo. Es el primer film del guatemalteco Jayro Bustamante y el primer film guatemalteco del Berlinale. Es el drama crudo, apasionado, conmovedor y bellísimo de los indígenas en Guatemala. La mayor parte de los actores del film no son actores, pero a nadie le cabe dudas de que son fuertes candidatos al oso. Jayro Bustamante se alza dentro del Berlinale como un director inteligentísimo y humilde, con interés por el contenido político, la denuncia social y la reivindicación de las minorías de su país. Y no se queda atrás el chileno Pablo Larraín con su film El club. El jurado estalló en carcajadas más de una vez con los destellos brillantes de humor, veloces cambios de tono, y una historia bien original y bien chilena. Y en tercer lugar, también chilena, se habló muy bien de El botón de Nácar, el documental de Patricio Guzmán, que despista al empezar hablando del agua y el océano y pega un interesante giro en el medio, para terminar hablando de política chilena. El cine indígena y el latino está definitivamente moviendo el piso de Berlín.

Por su parte, dentro de la sección Panorama, la argentina Mariposa también está agotando localidades velozmente y llevándose muchos aplausos. Y el reciente estreno de Knight of Cups de el maravilloso poeta del cine Terrence Malick ha dado de qué hablar, pero todo eso queda para el próximo capítulo (junto con el tema de por qué James Franco parece estar en la mitad de las películas del festival tallado en madera).

A la noche las películas dan paso a las incontables fiestas y se hace presente la gala trashy tan típicamente berlinesa. ¿Algún chisme más para terminar? Hace dos noches, en una fiesta, cruzamos unas palabras con Darren Aronovsky, que dijo que ama Argentina. ¿Vendrá a grabar a nuestro país? Pronto más radiopasillo.

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