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El lugar donde todo termina

poster placeTítulo original: The Place Beyond the Pines
Origen: EE.UU.
Dirección: Derek Cianfrance
Guión: Derek Cianfrance, Ben Coccio, Darius Marder
Intérpretes: Ryan Gosling, Craig Van Hook, Eva Mendes, Olga Merediz, Anthony Pizza, Mahershala Ali, John Facci, Ben Mendelsohn
Fotografía: Sean Bobbitt
Montaje: Jim Helton, Ron Patane
Música: Mike Patton
Duración: 140 minutos
Año: 2012
Compañía editora: TVE


8 puntos


La humanidad

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

place unoHace unos años Derek Cianfrance sorprendió con Blue Valentine, una de esas historias de amor ultra depresivas que tenía un notable trabajo de montaje, desgranando las etapas de la ruptura de una pareja y dejando en claro -y contradiciendo a los dramas románticos habituales- que la aspereza no quita lo romántico, todo lo contrario: lo reafirma. Aquel film tenía una gran interpretación de Ryan Gosling, actor al que vuelve con El lugar donde todo termina -editada aquí por TVE-, un drama con elementos de thriller donde vuelve a dar muestras de su perfección formal a la vez que le suma una enorme ambición para contar la vida de unos personajes a lo largo de 17 años. Ambición, hay que decirlo, que no le queda grande y lo confirma como uno de los directores actuales más interesantes del cine norteamericano.

Hay un tema recurrente en el cine de Cianfrance, y es la paternidad, pero una paternidad destrozada y a la que se intenta dar cierta integridad. Parejas que se rompen y en las que el amor quedó en el pasado, y esos hijos son el fruto algo machucado de un vínculo trunco e imposible de recuperar. En El lugar donde todo termina esto se hace más evidente, dado que son los hijos -por acción u omisión- los que terminan encadenando este osado relato en tres actos que es la película. En primera instancia tenemos a un motociclista acróbata que al enterarse que tiene un hijo decide conseguir dinero a como pueda, incluso asaltando bancos; en segunda a un policía que intenta capturarlo; y en tercera… mejor no decir y dejarse sorprender por los vericuetos de este film extenso (140 minutos), pero fluido en su transcurrir.

Cianfrance aborda aquí varios tópicos: las obligaciones sociales que implican la paternidad; la ética como valor positivo o negativo, según como se la aplique; la sangre que sólo parece heredar sangre; la corrupción como un asunto de la sociedad y no tanto de los individuos. Tal vez podríamos discutirle al film que su mirada sea masculina y los personajes femeninos apenas son decorados que aceptan, a su pesar, aquellas cosas que les van ocurriendo, pero llegado determinado momento El lugar donde todo termina fascina por la multiplicidad de subtramas e historias, y la firmeza de la mano del director para sostener la centralidad del relato, incluso en sus impecables planos secuencia o en sus intensas secuencias de acción. En su vuelta final, el film de Cianfrance no sólo tiene la osadía de negarse aquel acto que uno imagina desde el comienzo, sino que además niega una parte de la historia del cine norteamericano, ese que se vincula con la sangre y la venganza. Ese humanismo que surge del personaje y la situación menos esperada, quien le pone fin con su dignidad a la circularidad del relato, es una muestra más del particular y deleitable universo de este director habituado a romper ciertos moldes.

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