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Pantalla Pinamar 2014: las crónicas fantasma (VI)

Por Daniel Cholakian

(@d_cholakian)

talpadre talhijoEl viernes ha sido un día de padres e hijos. Y no porque las salas se hayan colmado de señores con sus retoños, sino porque las películas casualmente vistas por este cronista, de orígenes, tramas y registros absolutamente diferentes, coincidían en relatar historias de padre jóvenes y sus hijos pequeños.

Pero volvamos un poco atrás y recordemos la interesante presentación de la película Boca de pozo, de Simón Franco. Según el realizador, mientras llevaba adelante la producción y el rodaje de Tiempos menos modernos, viajó mucho a Comodoro Rivadavia y fue en esos retornos a sus pagos que se entusiasmó con la idea de contar la problemática de los personajes que trabajan allí. No de cualquier petrolero, sino específicamente quienes viven y trabajan en la boca de pozo. Si bien la película tenía ciertos toques de comedia, al estilo del anterior film, la participación en el guión de Salvador Roselli le dio a la historia un cariz más dramático y de ese modo pasaron de  una tragicomedia a un drama.

Pablo Cedrón, que ha realizado un trabajo de una introspección y un compromiso físico muy interesante en la película, explicó que si bien vivió y trabajó muchos años en la Patagonia (en aserraderos, como guía en parques nacionales, sembrando truchas, como cazador), la realidad de la torre perforadora le resultó extraña. Para su trabajo actoral tuvo mucha importancia la atracción que producen esas máquinas enormes, pero lo diferente es que estar allí requiere ser muy metódico respecto de la seguridad y por lo tanto se cumplen protocolos estrictos, se circula por cada espacio según normas precisas y cada pauta y protocolo lo fue llevando por un sendero de la seguridad y el acostumbramiento que fue también creando al personaje.

Consultado por la importancia del problema social que relata a través de la pequeña historia personal, Franco explicó con claridad que el mismo se vincula con el trabajo de los petroleros en general. Los trabajadores en boca de pozo son obreros manuales que están doce horas por día sacando caños en el medio de la nada. Son de los peores pagos en el gremio, pero aún así ganan cifras muy altas. En Comodoro, mientras un boca de pozo gana alrededor de $ 30.000, un docente gana $ 6.000. Cuando un trabajador se convierte en “petrolero”, inmediatamente las grandes cadenas de electrónica y electrodomésticos le dan la tarjeta dorada, porque la angustia del hombre que está solo y embrutecido y gana una cantidad muy importante de dinero se traduce en un consumo desmedido. Contó el realizador que mientras investigaba el tema conoció el caso de un hombre que cambió seis veces el teléfono celular en el mismo fin de semana. La prostitución (y la consecuente trata de personas), el narcotráfico y el alcoholismo son terribles problemas en la zona, que suelen ser acallados y que no son conocidos a nivel nacional. La película, considera Franco, es un humilde intento de lograr que la situación se conozca en todo el país.

Las historias de padres e hijos se presentaron como dijimos, en la Pantalla de Pinamar.

La suiza Los sonidos de la noche es un irregular thriller en clave de comedia. Una pareja joven con un bebé de nueve meses no puede ya con el llanto constante de su hijo. No ven televisión, no hacen el amor, no duermen casi nunca. Están desesperados. Su hijo se duerme en el auto, cuando viajan a alta velocidad. Así, en medio de la noche salen con su auto a una autopista para que el niño duerma. Se detienen en una estación de servicio y una pareja que había robado una moto, deja la misma y por distracción del padre, les roba el auto. Así ellos robarán otro que es robado y el ladrón de este último los perseguirá con la moto. Allí, de una interesante comedia sobre los padres primerizos, el amor, el matrimonio y los reproches, se convierte en una pobre comedia de enredos con apenas algunos momentos bien resueltos, en especial la relación de la pareja ladrona del principio que de rockers parecen convertirse en padres responsables de la criatura robada. Aún cuando tiene ideas interesantes, la relación especular entre la pareja casada formal y responsable y la pareja aventurera y despreocupada es una de ellas, la película no sostiene cierta acidez en los diálogos y un manierismo formal que construye en el muy buen inicio de la misma.

Sin dudas, una de las películas más esperada de la muestra -y seguramente del año para gran parte de la crítica- es De tal padre, tal hijo, de Hirokazu Kore-eda. La película habla del dilema de la identidad de la persona en tanto hijo, pero lo cuenta desde la perspectiva del padre. ¿Cuánto importa la identidad biológica en relación con la identidad del niño? Si bien la historia se cuenta desde años inmemoriales, Kore-eda realiza una operación muy interesante al poner un punto de vista dominante que es el de un padre exigente y autosuficiente, que proyecta sobre su hijo todas sus exigencias y a los seis se entera que ese hijo no es su hijo biológico. Ya no se trata de pensar el problema de ese hombre en tanto si, sino en tanto cuánto constituye a su hijo lo biológico y cuánto el hogar en relación a sus deseos, a sus talentos y a su personalidad. La frustración de ese padre racional, frío, distante y exigente que no tiene en su hijo el máximo exponente del esfuerzo y el empeño, entra en crisis al saber que ese hijo no es el propio, pero que el otro, educado en un ámbito completamente distinto, tampoco parece ser capaz de adaptarse a sus deseos. “Ahora todo cobra sentido” dice este padre al enterarse de la realidad de los vínculos biológicos. Esa frase es, sin dudas, el nodo central de la película.

Kore-eda realiza un film notable, con giros permanentes, finales aparentes y una emoción muy controlada. Impone al espectador dudas constantemente y no realiza juicios sobre los personajes y si bien es algo despiadado con ese padre durante toda la película, fiel a su propia cinematografía, busca caminos hacia una posible redención final. Clásica, sólida, bella e inteligente, De tal padre, tal hijo seguramente satisfará las expectativas que se han puesto sobre ella.

Queda apenas un día de cine, una crónica, una ceremonia de clausura. Allá vamos.

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