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Los bañeros más locos del mundo

poster bañerosTítulo original: Idem
Origen: Argentina
Dirección: Carlos Galettini
Guión: Salvador Valverde Carlos
Intérpretes: Emilio Disi, Alberto Fernández de Rosa, Gino Renni, Berugo Carámbula, Horacio Ranieri, Adrián Martel, Nora Cullen, Mónica Gonzaga
Montaje: Serafín Molina
Música: Raúl Parentella
Duración: 82 minutos
Año: 1987


3 puntos


La reina de los exhortos

Por Juan Francisco Gacitua

(@Jotafrisco)

bañeros unoEs difícil de concebir, pero en la nebulosa de títulos poco inspirados, sexismo y franquicias interminables de la comedia argentina durante el destape existieron matices. Cuando Emilio Disi destaca el trabajo de guión y el humor afinado de Los bañeros más locos del mundo, terminar viendo semejante exhibición de culos -con los gritos a las “lechonas” como confirmación de su mirada sobre la mujer- enmarcada en un guión que subestima la capacidad de comprensión del espectador parece, valga la redundancia, un mal chiste. Y sin embargo, para aquella época la saga de Brigada explosiva y su franquicia costera fueron una relativa bocanada de aire fresco: Alberto Olmedo y Jorge Porcel ya habían protagonizado más de veinte películas juntos, y un año antes se estrenaba una comedia considerada entre lo mejor de Hugo Sofovich, que transcurría en un hotel alojamiento y de cara a un congreso de sexología titulado P.E.N.E.S. Frente a este panorama, una serie de películas con un perfil claramente familiar, insultos censurados por los mismos personajes y gags escritos en sesiones de un mes de duración podía considerarse como algo parecido a una renovación.

En su primera camada, las sagas de Brigada y Bañeros produjeron un total de seis películas en tres años (en ese lapso Disi también tendría tiempo para protagonizar Las locuras del extraterrestre y Los extermineitors). Tal ritmo de producción respondía en parte a los bajos costos de cada entrega, pero el público realmente aportaba su presencia: la película que hoy nos ocupa convocó a 732.866 espectadores durante su primer estreno. Por qué toda esa gente sació su hambre cinéfila con estas películas durante esos años es una cuestión tentadora pero tramposa: está el recién mentado retorno a una comedia con un poco más de clase que su corriente predecesora, pero también nos estaríamos metiendo a analizar el gusto y los instintos de los espectadores, con quienes nunca falta algún banana que se encolumne, usándolos de argumento a favor de la película y acusando a las voces disonantes de caer en el esnobismo. El público simplemente no dejó de consumir esta nueva/vieja comedia, y la industria emprendió procesos bastante perversos de momificación de sus fórmulas, tendiendo a reemplazar la producción por la mera repetición de películas, los domingos a la tarde por Canal 13, o las eternas vueltas de Poné a Francella, Casados con hijos o No toca botón. Un capocómico, una mujer ingenua y una alusión a nuestras raíces europeas alcanzan para entretenernos a largo plazo. Este último aspecto se profundizó desde el neo-sainete de Esperando la carroza, y tardaría muy poco en desviarse a la nostalgia, desde Made in Argentina a las reflexiones hispano-argentinas de Aristarain, reflotadas con fuerza por la crisis de 2001 y sus exilios inducidos.

Justamente Aristarain usó en 1979 a su Playa del amor como excusa para mofarse de las producciones de calidad televisiva, forzando números musicales irónicos y romances veraniegos convencionales. Con el diario de hoy, parece un guiño cínico hacia el futuro ver la mediocre historia de amor entre el Facha Martel y Mónica Gonzaga en Los bañeros, con el agregado de que Gonzaga haya actuado en ambas. El resto es conocido: los estereotipos, los planos publicitarios y las vueltas de argumento tiradas de los pelos al servicio de gags poco efectivos no sorprenden por su impunidad en su época de origen, sino por cómo la industria los supo mantener hasta hoy. Dicho esto, hay que admitir que Brigada Z tenía un funcionamiento bastante aceitado, a la altura de esta película, cada una con su personalidad y gracias particulares bien desarrolladas. Los personajes, construidos como antihéroes, provocaban una empatía que no necesitaba del constante quiebre de la cuarta pared (expresado en el clásico saludo de la brigada a cámara, y la soporífera complicidad de ojear culos con nosotros) para afianzarse. Pena que, teniendo al líder caradura y al renegado de acento italiano, nadie se hubiera avivado de hacer que Carámbula cantara y De Rosa saliera con solos de arpa de la nada.

Los culos, como Mar del Plata y el resto de las imágenes, están en widescreen y muy bien restaurados, con el tratamiento que merecen mejores y más virtuosas películas argentinas. Gotika, la empresa que se encargó de esta restauración, denunció las copias de toda la saga de Bañeros subidas a YouTube, y aparentemente para febrero la exhibición en cines daría paso a la venta del DVD, mientras en junio se estrena Bañeros 4. Hasta Distribution Company retiró de varias de sus salas La vida de Adêle, en la que dos culos mucho más hermosos son sometidos a 13 minutos de chanchadas entre chicas, en beneficio del reestreno de estos culos ochentosos, colgando de las bikinis horrendas de la época. Es que en su momento el público quería algo más que culos de las comedias que consumía, a la industria le pareció bien y en 28 años la cosa no cambió demasiado.

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