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“Nos atrae todo el componente humano que rodea al fútbol”

Por Daniel Cholakian

(@d_cholakian)

Hipolito y Cholo 02En el corto De cómo Hipólito Vázquez encontró magia donde no buscaba, un buscador de talentos viaja por todo el país buscando un nuevo crack de fútbol, especialmente a uno que -le aseguraron- hace magia con la pelota. Este es el punto de inicio del trabajo dirigido por Matías Rubio que integra el film colectivo Historias breves 8, estrenado recientemente. En diálogo con FANCINEMA el director habla de su relación con el fútbol y del vínculo de este deporte con el cine nacional, además de la satisfacción de haber integrado la selección de este semillero de realizadores argentinos.

-¿De dónde nació la historia que origina tu corto?
Surge allá por el año 2008, viendo una entrevista a un director técnico que contaba anécdotas sobre viajes que había realizado buscando jugadores, y todas las situaciones particulares-bizarras que le iban sucediendo a lo largo del país en cada caso. Me pareció algo divertido y a partir de ahí empecé a delinear un poco la historia. El primer guion se terminó en 2009 y ganó el concurso en 2010.

-El futbol aparece en varios cortos en los últimos años. Lo llevo en la sangre, Lila y ahora en el tuyo. Repasando la historia del fútbol en el cine comercial, parece que como tema funciona mejor en los cortos que en los largos. ¿Te atrajo la historia por el anecdotario o también porque te interesaba meterte con el mundo del fútbol? ¿Creés que la relación que entre cine y fútbol podría ser más intensa?
Había visto Lo llevo en la sangre de HB4 y a Lila lo vi hace poco, tenemos amigos en común con Sebastián Dietsch, el director. De hecho compartimos al mismo músico para ambos cortos. Soy fana del fútbol, me gusta mucho y tengo un par de historias más también al respecto, pero siempre tiene que haber algo que me atraiga a nivel dramático, a nivel conflicto que escape a lo meramente futbolístico. En este caso particular, me interesó la figura del «descubridor de talentos» como aventurero, buscando diamantes en bruto, tesoros perdidos por los lugares más recónditos. Una especie de Indiana Jones del fútbol. El personaje de Hipólito es un soñador, un poco un Don Quijote peleando contra los molinos de viento. Hay allí algo que creo nos pasa a todos un poco. Es esa lucha interna entre su vocación, su espíritu romántico amateur y los rumbos (no siempre muy felices) que lo lleva a recorrer el mercado profesional. En Hollywood está bastante explotado el género deportivo. Ellos lo llevan para el lado del fútbol americano, beisbol o básquet por cuestiones culturales, pero si te fijás siempre están centrados en el juego en sí. La relación de los jugadores entre sí, con el entrenador, la superación a lo largo de un campeonato, mucha imagen de partido, etcétera. No creo que ese género pegue por nuestra idiosincrasia. Estaríamos todo el tiempo criticando a los actores que hacen de jugadores, “es un patadura ese ¡che!”, por ejemplo. Creo que nosotros encontramos mucho más atractivo todo el componente humano que rodea al fútbol. Nuestro folklore, las rivalidades, la forma en que lo vivimos, todo ese universo nos resulta bastante más interesante. El camino de San Diego de Sorín, los cuentos de Fontanarrosa (en la TV pública), los dos cortos que vos mencionás, incluso el mío buscan las historias más por fuera de la cancha que por dentro.

Hipolito y Cholo 01-Mirando el trailer se me ocurre que estilísticamente cruzás algo de realismo mágico con cierta iconografía que en el presente refiere a Kusturica. La magia, los tesoros perdidos, los sueños atrapados en lugares insospechados, tienen que ver de cierto modo con estas vertientes estilísticas. ¿Cuál es el tipo de registro que vos buscaste para tu corto?
Bueno, no quiero adelantar mucho de la trama, pero sí te puedo decir que intentamos mantener un registro realista del verosímil hasta determinado punto donde en la historia se introduce la magia y se apodera del corto. Ahí sí hay referencias al cine de Kusturica, un mínimo y humilde homenaje a Fellini. En la estética intentamos reforzar esta idea de viaje desde la comodidad de lo conocido y realista, a un mundo desconocido, muy especial y bastante mágico.

-¿Cómo conformaste el equipo de trabajo? ¿Con compañeros de estudio o encontraste a algunos de ellos fuera de tu ámbito de formación?
El equipo se conformó principalmente con conocidos. Nicolás Pittaluga, el DF, es amigo y fue compañero de la facu, igual que Lucila Riggio, la productora ejecutiva, y Matías Dinardo en la asistencia de dirección y casting. Mariano y Mauro Verdi para el sonido, amigos de hacer varios laburos juntos, y el músico Alejandro Méndez Sierra, un compañero del secundario que ya hizo la música para varios cortos (El camino de la luz de Eric Dawidson y la mencionada Lila de Seba Dietsch). El director de arte fue Maximiliano Aduki, el único con quien no tenía vínculo previo. Había visto su laburo y por medio de conocidos en común nos pusimos en contacto. El acercó a Manola Aramburu para el vestuario y al resto del equipo de arte. Todos tuvieron un gran y arduo trabajo. Estoy muy agradecido de trabajar con ellos.

-¿Cómo llegaste al cine, a la vocación de convertirte en realizador?
No crecí en un ambiente muy cinéfilo, y fui descubriendo el cine más de grande. Tuve la suerte de tener un par de amigos muy amantes del cine en el secundario, y me fui prendiendo cada vez más en el tema. Empecé a ver cada vez más películas, descubrí el cine de Coppolla, Scorsese, el primer Spielberg, Hitchcock, Orson Wells, entre otros. Empecé a escribir cortos y también largos, todo antes de terminar el colegio, pero siempre como hobby. Un día uno de estos amigos del colegio, me dijo: «che, vos salís de acá y vas directo a la escuela de cine, ¿no?». La verdad que nunca lo había pensado, pero a partir de ese momento se volvió casi una obsesión y ni bien terminé el secundario me anoté en Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Después recapitulando, me fui dando cuenta que siempre me gustó mucho contar historias, desde muy chico hacía «películas» con algunos de mis juguetes, e intentábamos junto a mis hermanos, algunos cortitos stop motion con plastilina y una cámara vhs. Supongo entonces, que la vocación siempre estuvo ahí, latente y por suerte llegué a descubrirla a tiempo.

-¿Qué significa para vos dirigir uno de los cortos que integran una nueva edición de Historias breves?
Dirigir un corto de Historias breves es genial por muchas razones. Es una vidriera importante, porque la peli tiene una historia y un prestigio por detrás. Es una oportunidad única de realizar un corto en condiciones profesionales. En mi caso particular fue un orgullo y un gran aprendizaje trabajar con actores con mucha trayectoria detrás, y por sobre todas las cosas, una gran, gran experiencia humana y profesional. Algo que te ayuda mucho a crecer como realizador, y espero sea el paso previo a filmar un largo.

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