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El cazador

poster cazadorTítulo original: The Hunter
Origen: Australia
Dirección: Daniel Nettheim
Guión: Alice Addison, Wain Fimeri, basados en la novela de Julia Leigh
Intérpretes: Willem Dafoe, Frances O’Connor, Sam Neill, Morgana Davies, Finn Woodlock, Jacek Koman, Callan Mulvey, John Brumpton, Dan Wyllie, Sullivan Stapleton
Fotografía: Robert Humphreys
Montaje: Roland Gallois
Dirección de arte: Amanda Sallybanks
Música: Andrew Lancaster, Michael Lira, Matteo Zingales
Duración: 102 minutos
Año: 2011
Compañía editoria: TVE


6 puntos


El último Tigre de Tasmania frente a la humanidad

Por Nicolás Garcette

(@fancinemamdq)

cazador uno(Atención: se revelan detalles de la trama)

Martin (Willem Dafoe) es un cazador de animales. Una empresa de biotecnología militar lo manda a Australia para recuperar muestras del ADN de un Tigre de Tasmania, el último de su especie, por oscuros motivos (a primera vista se diría que para utilizar sus genes con fines militares), con la exigencia de no dejar ningún rastro del animal atrás. Bajo la falsa identidad de profesor universitario, se aloja en la casa de Lucy (Frances O’Connor), cuyo marido ha desaparecido en el bosque.

La descripción de la relación de Martin con los otros personajes, sean Lucy y sus hijos o los trabajadores de la industria de la madera y los ambientalistas que los enfrentan, carece de la originalidad suficiente para ser realmente interesante (salvo algunas escenas con los hijos, con mención especial para la actuación de Morgana Davies, estupenda joven actriz ya vista en El árbol, de Julie Bertucelli).

Mucho más apasionantes son las escenas en el bosque de Tasmania donde se desarrolla la caza del animal hasta el encuentro final. Algunos planos fijos sobre un Dafoe hundido en el bosque casi transmiten la misma plenitud que las imágenes del mejor Terrence Malick (La delgada línea roja, Días de gloria o Badlands) o de Jerzy Skolimowski (Essential killing). Son sólo algunos los planos que logran generar esta sensación, quizás porque falta la pantalla grande para disfrutar totalmente de estas imágenes, pero posiblemente también porque no se da el tiempo que algunos planos necesitarían para captar y dar a conocer todas estas sensaciones que la naturaleza y la presencia imaginaria o no del tigre podrían despertar (por ejemplo, en el plano en el cual el cazador y el tigre se miran).

Al final, tal como la película lo plantea, el protagonista tiene que elegir entre el animal o el hombre, con el argumento medio falaz que si él no extermina al animal, la empresa que lo manda lo matará a él u a otro cazador que mandaría después, en el caso que este también se rechace a cometer el acto definitivo, repitiendo la historia de manera indefinida hasta que alguien lo haga. En este aspecto reside la principal falla de El cazador: elige salvar a la humanidad sin entender que ésta no se puede salvar de esta forma, dejando morir a este animal, último representante de su especie, y no solamente porque este exterminio sería una carga terrible para el cazador en particular y la humanidad en general. De hecho, no habría que elegir, la humanidad debería coexistir con este animal, porque respetarlo fortalece el respeto de los seres humanos hacia ellos mismos. En este sentido, reforzar los derechos de los animales permitiría robustecer indirectamente los derechos humanos y decidir evitar el exterminio de las especies animales iría mucho más allá de las únicas especies animales…

Hay que decir que el tigre de Tasmania que aparece hacia el final es virtual y, a pesar de eso, la carga emocional que desata el tiro del cazador es inmensa, tanto para él como para el espectador. En 1936, el último tigre de Tasmania conocido murió. Es el que aparece en las imágenes en blanco y negro reproducidas en la película. En 1982, fue considerado como extinto por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. En 2013, la Convención sobre el Comercio Internacional de las Especies Amenazadas confirmó la sentencia y lo retiró de su lista, que comporta más de 600 animales para proteger del comercio internacional.

En 2008, investigadores de universidades australianas y americanas afirmaron haber implantado en un ratón el gen de un tigre de Tasmania, dejando así entrever la posibilidad de un retorno a la vida de especies extinguidas. ¿Será el de exterminar especies para tener un control absoluto sobre sus genes y comercializar su regeneración después (regeneración que a su vez permite a posteriori suavizar el horror absoluto que implica exterminar una especie) un futuro gran negocio?

Parecería que una vez más la realidad supera a la ficción.

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