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Para qué Volver al futuro

Por David Pafundi y Mex Faliero

Como ya todos saben se reestrenó en la Argentina Volver al futuro, al igual que en todo el mundo, en copia remasterizada digitalmente por el 25º aniversario de la película de Robert Zemeckis. Y la historia para concretar tal suceso se ha hecho vox populi: las distribuidoras locales no quisieron arriesgarse a traerla, el director de www.cinesargentinos.com compró los derechos de distribución (tras previa movida vía Facebook para medir la respuesta del público) y la noticia hizo eco en todos los medios, ubicando a “Sir Chandler” como un héroe popular para el público cinéfilo. Sin embargo, este episodio nos brinda la posibilidad de ponernos a pensar en otros temas como la política de estrenos semanales o la edición en dvd en la Argentina, que atraviesa una de sus etapas más críticas que se recuerden.

Evidentemente Sir Chandler es la inversa a John McLane, ha estado en el momento y el lugar correctos: su vínculo con las cadenas de cine y distribuidoras facilitó la adquisición de la copia digital de Volver al Futuro, lo que no desmerece la actitud y voluntad de querer reestrenarla en la Argentina en contra de los pronósticos negativos de las distribuidoras, que no la veían viable económicamente: en este momento está cerca de los 37 mil espectadores (y sigue en aumento), y lo que iba a ser por una semana se ha prolongado al menos por siete días más.

Aquí hagamos un parate: hay que reconocer como innegable el placer de poder verla remasterizada en la pantalla grande a sala llena. Volver al futuro, para quienes no la vimos nunca en un cine, cobra en este marco, con el rito de la multitud, una nueva dimensión. Los chistes se celebran como la primera vez, los giros y giros de la trama también, incluso el suspenso por si aquel rayo impacta finalmente en el Delorean se mantiene intacto. Pero era algo que ya sabíamos de antemano: Volver al futuro es una de esas raras películas que siguen y siguen funcionando, y que siempre nos detenemos a ver si es que la están dando en la televisión.

Con Volver al futuro, Zemeckis y Bob Gale crearon un artefacto irrompible que habla del tiempo a la vez que crea la fórmula mágica para mantenerse en el tiempo: y esto es así porque yendo de aquí para allá, el film parece interpretar cabalmente el espíritu de cada momento. Ahora que estamos un poco más grandes, tal vez podamos ver por arriba del cuento perfecto que es y nos asombremos con todo el subtexto político que había ahí. Con este film, Zemeckis ya había ofrecido de antemano su melancólica y desencantada mirada a la cultura norteamericana, mucho antes que en Forrest Gump. Volver al futuro habla de los 50’s y de los 80’s, y teoriza sobre cómo aquella sociedad será en el futuro, que es el que vivimos hoy. Por eso, tal vez, haya sido la película más perdurable del imaginario cinéfilo de los ochentas, porque tiene la capacidad de troquelarse y rearmarse de acuerdo al punto de vista de cada quien en el momento que sea. En todo caso, es una ofrenda al arte de la curiosidad humana, que no es otra cosa que el empirismo científico. Por más alocada que suene el Doc Brown, es ese ansia por trascender un momento el que catapulta a Volver al futuro al infinito y más allá.

Por eso su reestreno ha sido mucho más importante que lo que parecía en un momento. Sirvió no sólo como punto de encuentro generacional, sino que además vino a demostrar que un éxito de taquilla puede ser también un instrumento inteligente y no sólo una bobería. Porque, seamos honestos, el triunfo de la teoría de Volver al futuro no es tanto presagiar que los coches volarán o que la gente se vestirá de forma estrafalaria, sino que, como diría el Doc Brown en 1955 ante una cámara de video, los políticos tendrán que ser actores (por los ochentas, Ronald Reagan) para salir bien en cámara. La imagen, esa era la verdad, la construcción de mitos a partir de un concepto visual. Eso empezaba a ser el cine en los ochentas, tal vez la última década en la que el cine miraba el pasado sin morderse la cola y sólo como generador de combustible hacia el futuro. La tecnología, su uso en exceso, vino más temprano que tarde a romper la magia, a decirnos que todo era posible y que la imagen era mucho menos que un mito, es algo que produce un tipo cualquiera sentado en un escritorio frente a una computadora. Que el reestreno de Volver al futuro no haya sido en 3D es también parte de la confianza hacia esta película maravillosa, y una declaración de principios absoluta.

Pero hablábamos del reestreno, su costado más político, y hay algo allí que nos hace ruido. Por ejemplo Chandler, el director de Cines Argentinos mencionó más de una vez las “presiones” que ejerció Buena Vista para evitar su reestreno (como la copia es digital deberían privarse de funciones de Enredados o Narnia) pero jamás dio un nombre, incluso al principio ni se atrevió a mencionar a Buena Vista como la causa de los obstáculos. Esto llama la atención siendo que el sitio hoy por hoy ocupa un lugar bastante importante como para andar agachando la cabeza. Porque si “hay que tomar el fusil” como bien dijo, que se señale a los responsables. En esta “cruzada”, los complejos multipantalla resultaron ser los benefactores del proyecto, haciendo “lo imposible” por agregar Volver al futuro en horarios poco habituales.

En esta nota de Pagina 12, Chandler dijo que lo que él quiere es seguir acercando a la gente a los cines, que el mercado del dvd no funcionó porque “las editoras de dvd se hipotecaron el futuro porque no supieron encontrarle una vuelta, ofrecer algo distinto. El precio de los discos es ridículo, y deberían traer muchos más extras”. Totalmente de acuerdo con este aspecto, los videoclubes se fueron fundiendo porque no podían amortizar los costos excesivos de las videoeditoras (cada copia original superaba los $100), mientras que Blockbuster compraba sus copias a precios irrisorios y cobraba alquileres altísimos. Aunque el mundo de los negocios encuentra algunas amargas revanchas: ellos tampoco se salvaron.

Más abajo en la nota le preguntan a Chandler si alguna vez utilizó Internet para ver cine, a lo que responde como buen samaritano: “yo nunca bajé una película de Internet”. Claro, este “Sir” además de haber sido invitado en varias oportunidades a ver funciones privadas en el exterior trabaja, o al menos trabajó, para los complejos cinematográficos. Estando en ese lugar, quién va a querer bajarse una película de Internet.

Haciendo memoria, en una nota anterior, Chandler denunciaba a dos negocios en Mar del Plata que vendían copias piratas con total impunidad y perjudicaban a las salas de cine. Lo que nunca se plantea Chandler es qué hacen los cines por acercar a la gente. Por no mencionar el precio de las entradas, podría decirse que los cines se esmeran con creces en expulsar al cinéfilo promedio. Veamos: en Mar del Plata, donde hay un monopolio atendido por Cinemacenter -sí, un monopolio- ninguna de las salas del Paseo tiene un sonido decente y ver una película en foco es un milagro; las butacas de la sala 2 del Ambassador están en pésimas condiciones y lo que es peor, hechas para hobbits; las otras dos salas del Ambassador (3 y 4) están tan bien comunicadas entre sí que puede escucharse el sonido de la sala contigua sin problemas. Por su parte el Cinema es la única sala en condiciones óptimas en las que puede verse una película en 35 milímetros, si uno no quiere pagar el 3D.

A nivel global, tampoco es agradable si hay cuatro empleados en una sala para vender golosinas y ninguno para ubicar a la gente en las butacas; si hay una tendencia cada vez más marcada por hacer doblaje de todo lo que se estrena (hasta los terribles títulos que les ponen a las películas, pero esa es una estupidez que lleva décadas); y la única forma de ver en idioma original algunas películas es con el curro del 3D y en función trasnoche. Si las distribuidoras traen lo que se les antoja y postergan estrenos mandándolos directo a dvd (las mejores comedias del 2010 no se estrenaron en cines, léase Scott Piligrim vs the world, Get him to the greek, Dinner for schmucks, Cyrus, The other guys) la oferta de cine se reduce muchísimo y uno es “invitado” a caer en las redes de la ilegalidad: sí, suena exagerado, pero es la palabra que uno debe usar. Hoy vemos en los cines las películas que nos dejan ver, no las que queremos ver.

La pregunta que todos nos hacemos es, ahora, con la caída en picada de cientos de videoclubs ¿cómo se puede acceder a estos films? Si además se edita cada vez menos en la Argentina, con algunas ediciones (originales) que ni siquiera tienen menú. Como verán, el acertado -y queremos remarcar lo de “acertado”- reestreno de Volver al futuro, con sus mártires posmodernos que apuestan a negocios que carecen de riesgo -porque Volver al futuro en enero, a la 01, no es un mal plan para el turista o para el que está de vacaciones, convengamos- nos disparó hacia otros lugares menos felices que las travesías de Marty McFly y el Doc Brown. Será de pesimistas, tal vez. Pero igual, que alguien tome los recaudos necesarios porque al lugar al que vamos, inestable y poco amable de la escasez de cine, sí que precisaremos carreteras para que nos guíen.

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