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Mar del Plata 2010: mini-críticas de FANCINEMA

Si quieren saber qué le parecieron al staff de FANCINEMA las películas del Festival de Cine, entren aquí y lean las mini-críticas. Día a día se irán subiendo más reseñas de esta 25ª edición.


Aballay, de Fernando Spiner / 6 puntos


Realmente tenía mucha expectativa sobre esta película argentina (un western con estética gauchesca, eso parecía en los trailers) y no las cubrió. Aballay es un ladrón que lidera una banda que ataca una caravana, los ocupantes son asesinados y sólo un niño escondido sobrevive. Diez años después, ese mismo niño (ahora un hombre interpretado por Nazareno Casero) llegará a un lugar llamado La Malaria (la geografía remite a algún lugar del norte o noroeste de la Argentina) para emprender su venganza contra los hombres que mataron a su padre. Hospedado en un rancho cerca de La Malaria conocerá a «Negro» (Moro Anghileri, que está muy bien en su papel de mujer de campo) de la cual se irá enamorando, pero descubrirá que otro de los integrantes de la banda es la persona con la cual esta se tendrá que casar. «El Muerto» (Claudio Rissi, lejos el mejor actor de la película y alguien que puede hacer creíble cualquier cosa) líder de la banda comandada antes por Aballay (Pablo Cedron), a quien ahora le dicen El Santo y vive ermitaño en las sierras. La película confunde porque parece que Aballay va a tener más peso como personaje pero al emprender la venganza, el personaje de Casero tendrá que enfrentarse con El Muerto (que tiene muchos más condimentos para ser el antagonista a vencer). Hay actores de renombre en papeles secundarios que le juegan en contra al director ya que su aparición llama demasiado la atención y lleva al espectador a dispersarse (Goyti haciendo de cura). Hay muchos desaprovechados (Ziembrowski, que aparece sólo al principio y en un flashback) y hay otros que están forzados (Fontova haciendo de cordobés). Aballay, en la subtrama que lo define como un personaje con aires místicos, desconecta mucho y es lo que lo acerca al universo de Favio sin llegar nunca a lograr su cometido. Ni western ni gauchesca, a seguir intentando, porque es un género que el cine argentino tendría que insertar como propio en el mercado internacional. Gabriel Piquet

Una película bastante particular desde su planteo. Es decir, es un “western locro”, como lo define la sinopsis de la grilla. Hay marcas de un film de época y alguna que otra política, pero el film se maneja con los tópicos del western y el western spaghetti, centrándose en la acción y los personajes  antes que en la construcción de un contexto (donde se adivina la sutileza que define la violencia interna de nuestro país durante el siglo XIX). Si vieron un western alguna vez, o algunos de los géneros que finalmente influenció, saben que uno de los tópicos centrales es la venganza. Y en el film de Spiner esa venganza aparece consumada en el personaje de Julián (Nazareno Casero), que ve cómo su padre es degollado por el personaje de Aballay (Pablo Cedrón) luego de un atraco a su caravana. Elipsis y vemos cómo las cosas cambiaron tras varios años, y cómo ahora nuestro protagonista está dispuesto a, por supuesto, cargarse cada uno de los asesinos de su padre. El film tiene una riqueza visual y un trabajo de sonido que hace honor al género, con espectaculares planos panorámicos que demuestran por qué un western sumergido en la historia de nuestro país no es una locura y el uso del leitmotiv como un hilo narrativo que encadena la trama (La marcha de San Lorenzo -1901- un detalle temporal que es adrede). Las actuaciones son notables, con un elenco donde desde el protagónico hasta los secundarios tienen su momento de brillo. El problema quizá se encuentre en alguna resolución anticlimática y secuencias de acción no tan fluidas, que hacen que el desenlace no sea tan enérgico y vertiginoso como se venía anunciando desde el desarrollo. En todo caso, una película entretenida que debería ser tenida en cuenta por su planteo, desde el cual se resignifica el cine gauchesco (de Nobleza Gaucha o Juan Moreira, por ejemplo) con otra perspectiva. Cristian Ariel Mangini / 7 puntos


Abel, de Diego Luna / 8 puntos


Abel sale del hospital donde hace dos años que está internado y se reencuentra con su madre y sus dos hermanos. No ha hablado y comenzamos a ver que su padre no está (no se sabe si murió o se fue). En determinado momento y por actitudes que toma (arreglar el inodoro, sacarle los auriculares a su hermana mientras se queda dormida) vemos que tomará el lugar del padre ausente, creyéndose que lo es realmente. La madre y los hermanos le seguirán el juego porque ha vuelto hablar y dejarán que los trate como si fuera el jefe de la familia. La situación ira poniéndose más tensa, su hermana Selene no lo soportará y le dirá que no es su padre sino su hermano (ahí descubriremos el primer ataque de Abel). La madre asustada subirá la apuesta y todos seguirán haciéndole creer que es el padre y marido de la casa. Con la llegada del verdadero padre de Abel (descubrimos que no estaba muerto, sino que se había ido a los Estados Unidos a trabajar antes que Abel fuera internado) comenzarán aparecer los problemas ya que Abel no lo reconoce y cree que es un primo de su madre. Sabremos de la doble vida del padre, que ha vuelto sólo para vender unas propiedades que tiene y que nunca se preocupo mucho por su familia. Esta película tiene la cualidad de mantener distancia y aunque el melodrama está a flor de piel (género en que los mejicanos se manejan muy bien) funciona con toques de humor, más allá de un tema que realmente es duro y podría rápidamente derrapar de la peor manera. Simplemente decir que la actuación de Chiristopher Ruiz-Esparza es impresionante y va a dar que hablar por mucho tiempo. Gabriel Piquet


Agua y sal, de Alejo Taube / 6 puntos


Javier tiene una vida de esas que muchos envidiarían. Casa, trabajo y amor en plenitud. Pero eso no lo es todo, dice en el comienzo del filme. Le falta un hijo que no pueden tener con su esposa. Fernando trabaja en el puerto de Mar del Plata y está saliendo con Milena, una  jovencita de 17 que está embarazada y él se embarca sin saber exactamente qué quiere hacer con semejante situación. Alejo Taube desarrolla esta historia del doble, con mucho de borgiano y cortazariano, con sutilezas y repeticiones, cambios precisos, inteligentes y sopesados y una ambigüedad que ayuda para sembrar más dudas que certezas y exige un espectador activo. Un elenco parejo y el marco marplatense (ciudad y habitantes) colaboran para cerrar una atractiva película. Javier Luzi


Arrebato, de Iván Zulueta / 9 puntos


Es una de las más inteligentes y conscientes reflexiones sobre el cine, pero no lo hace desde un lugar donde toma distancia con la historia que cuenta desde sus personajes. Al contrario, sus personajes revuelan por cada plano con la firmeza de lo cotidiano, manteniendo un tono que va del drama al más profundo thriller psicológico, logrando que imagen y tiempo se conjuguen para dar una historia de vampiros y vampirismo tan genuina y sutil como el cuento El almohadón de plumas de Horacio Quiroga. Es una reflexión sobre las obsesiones del artista, pero también sobre la pérdida del universo infantil como el disparador de una esencia creativa que no vuelve, salvo en esos momentos en los que un arrebato nos puede devolver temporalmente a aquel lugar “más allá del espejo”, por parafrasear al personaje de Pedro. Sin embargo no es sólo eso. Arrebato tiene varios niveles de lectura que se reparten entre viajes lisérgicos y una obra de terror dentro del mismo film que termina de cerrar la alegoría que resulta sin lugar a dudas autobiográfica -después de todo, tanto José como Pedro son directores de cine-. Es un film donde el montaje y el extrañamiento que provoca por momentos arroja un vértigo que la hacen una experiencia caótica y saludablemente indescifrable: lo que menos necesita un arrebato es una explicación. Aún si algunas subtramas parecen torpes en su inclusión, se trata de toda una experiencia. Además, pueden ver a una joven Cecilia Roth en un papel donde luce el talento actoral que luego terminaría por confirmarse. Cristian Ariel Mangini


Amor en tránsito, de Lucas Blanco / 7 puntos


Película que tiene como temática al amor que se desarrolló dentro del auge juvenil por irse del país a probar suerte, que ocurrió hace unos años en el país. Sin embargo, el tema del desarraigo se utiliza como excusa para hablar sobre las decisiones que deben tomar las personas para lograr la felicidad. La ópera prima de Blanco busca ser cálida, sencilla y cercana, características que alcanza pero que convierten al film en un trabajo “tibio” ya que nunca penetra profundamente en las raíces de los personajes, quedándose con lo simple y pequeño. No obstante, su cotidianeidad junto con cierta naturalidad que transmiten algunas situaciones y una lúcida fotografía, hacen que la película sea un agradable entretenimiento donde se pueden ver historias cercanas que pasaron (y pasan) en nuestro país. Brian Macchi


Ashkan, the charmed ring and other stories, de Shahram Mokri / 7 puntos


Film coral que busca narrar diferentes historias que tienen un robo como punto en común, que terminan uniéndose para darle coherencia a un relato que contiene una gran cuota de ironía y disparate. Esta ópera prima de Mokri intenta mostrar otra faceta del cine iraní, alejada de la estructura clásica del cine local pero con características que la llevan a identificarse claramente con su lugar de origen. El ritmo, la inteligencia para algunos momentos humorísticos y el buen manejo de la narración sorprenden gratamente de esta historia que logra entretener y hacer pasar un buen momento al espectador. Quizás su estilo tan semejante al de Quentin Tarantino le quita originalidad a un trabajo que busca demostrar que el cine iraní puede contar otras historias. Brian Macchi


Bedevilled, de Jang Cheol-soo / 6 puntos


Una mujer que trabaja en un banco es testigo de un asesinato y dice no haber visto como era el agresor (en realidad miente para no comprometerse), vuelve al banco y se pelea con su compañera porque aceptó dar un préstamo que ella negó. Luego de ser encerrada en el baño se escapa y delante de sus compañeros abofetea a la que cree es la persona que la encerró. Pero al darse cuenta que se equivocó, ya es tarde. La obligan a tomarse vacaciones (en realidad descubrirá más adelante que la echaron). Pasará unos días en la isla en donde de niña visitaba a sus abuelos. Su amiga de la infancia Bok-nam la recibe y la trata de la mejor manera, el resto de los habitantes no. Con el correr de los minutos vemos que en realidad Bok-nam está viviendo un infierno (su marido la golpea, su cuñado la viola, las tías y la madre de su marido la tratan como esclava y su hija pequeña es abusada por su padrastro). Bok-nam tratará por todos los medios de que su amiga que vino de vacaciones la lleve a Seúl para escaparse de la isla, pero esta es indiferente ante sus pedidos. El quiebre llegará con la muerte de su pequeña hija a manos de su padrastro. La película tarda mucho en mostrar lo que vemos venir desde el principio, la vida de Bok-nam es tan terrible que es más que obvio que estalle en algún momento y se transforme en una asesina psicópata. Todo se vuelve excesivo y el final vuelve hacerse cargado como el de I saw the devil. Gabriel Piquet


Bibliothèque pascal, de Szabolcs Hajdu / 9 puntos


Película enérgica y colorida que, al compás de la música, decide contarnos una fábula, una historia como de cuentos de hadas en la cual nada probablemente sea lo que parece ser. A la manera de La vita è bella de Benigni, Mona, la protagonista de la historia volverá más pintoresco un pasado terriblemente dramático, probablemente para poder ella misma sobrevivir a tanto sufrimiento creyendo en sus propios cuentos. Se trata de una forma muy original de abordar el drama que se vive todos los días en Europa y en todo el mundo: la prostitución y la trata de personas. La película tiene además otros méritos: por un lado el guión desopilante del también director Szabolcs Hajdu, quien parece tener una galera de la cual saca constantemente historias que se van hilando entre sí como por arte de magia; por otro lado, el trabajo de fotografía y de arte es increíble, los vestuarios y los escenarios fueron tratados cuidadosamente para hacernos creer que estamos realmente viendo una fábula gitana, cosmopolita y contemporánea.


Caño dorado, de Eduardo Pinto / 4 puntos


Julio (conocido como Panceta) trabaja en una metalúrgica, donde roba algunos caños para luego en el taller de su casa (que pertenecía a su padre) realizar armas tumberas (dos caños ensamblados, que disparan cartuchos del 12 según él mismo recomienda en una escena). Desde las primeras imágenes vemos que Julio vive en un barrio precario. Una noche en la sociedad de fomento organizan una fiesta en la que Panceta le vende armas a dos punteros de la zona. Uno de ellos el Tacon está enamorado de la misma chica, Clara una menor, con la que Panceta se va al Delta el fin de semana a pescar y ahí comenzaran los problemas. La película se maneja entre la estética del videoclip y el documental, pero al no definirse, nunca logra atrapar con su planteo (es como si se mezclara Palermo Hollywood con la excelente Vikingo de José Campusano). Los actores no profesionales o semiprofesionales no encajan en el mismo registro que los actores profesionales (Tina Serrano está desaprovechada y Lautaro Delgado tiene algunos cambios de registro de actuación que no lo favorecen), Camila Cruz es muy bonita y tiene seguramente una carrera prometedora pero no es creíble en el personaje. El mérito se lo lleva Yiyo Ortiz con su papel de Tacon (el más creíble junto a su compañero puntero). Algunos de los diálogos tampoco tienen sustento y quedan forzados (Clara y Panceta luego de tener sexo entre unos juncos del Delta charlan sobre cómo se creó el Delta para que luego Clara pregunte si trafica armas (?)). Por último las escenas en donde la música acompaña (Ardimos de Estelares, en una escena de sexo o un tema de Pity Alvarez que sobreexplica lo que se ve) incrementan la estética de videoclip que la película irradia y no le favorece. Gabriel Piquet


Chassis, de Adolfo Borinaga Alix Jr. / 5 puntos


En un blanco y negro impecable, donde se aprecia una fotografía que deja encuadres inolvidables como el último plano en el que veremos a la hija de la protagonista, Nora, y una cámara al hombro que mantiene una proximidad asfixiante con los personajes, se desarrolla una historia cuyo guión calculado nos dejará un sabor amargo. No por esa cuota de neorrealismo en esa pequeña población marginal de un estacionamiento, ni por la relación que Nora tiene con su hija, siempre sostenida con bellos planos largos o por la presencia del sexo como un elemento de opresión pero también vitalidad, sino por cómo el desenlace va a obligar a que repensemos la película en su absoluta integridad. Porque si antes perdonábamos la poca naturalidad que dispara obviedades metafóricas (como las alas de ángel) o el hecho de que se condensen elementos que van martirizando a la protagonista, entonces nada se compara con el desenlace. Hay que aclarar que es consecuente con el guión y que incluso, podemos pensar la ausencia/presencia del sexo en el encuadre como un elemento de peso narrativo para el final, pero el giro de un golpe bajo y un cambio de registro a planos cortos cada vez más implacables y desoladores no ayudan a que pensemos que todo esto es forzado. No se da con la misma naturalidad que la primera parte y el elemento de shock no fluye con la misma coherencia que en, por ejemplo, un film de Reygadas. Cristian Ariel Mangini


Cold wheater, de Aaron Katz / 7 puntos


Doug vuelve a Portland y se instala en lo de su hermana. Comenzará a trabajar en una fábrica de hielo y volverá a ver a su ex novia, quien se instala en la ciudad por un tiempo. Junto a Carlos, un amigo de la fábrica, compartirán partidas de rummy junto a su hermana y su ex. Hasta aquí una película independiente norteamericana que podría encasillarse en el drama o la comedia romántica (Carlos empieza a salir con la ex de Doug sin que a este le moleste). A partir de la desaparición de la ex de Doug, la película gira al policial o film de misterio. Es en esta parte donde radica la originalidad de la propuesta, ya que Doug (fan confeso de Sherlock Holmes) emula técnicas de su ídolo para resolver el misterio. Director a seguir, que puede lograr estos cambios de registro dentro de un mismo genero sin perder el estilo independiente. Promete. Gabriel Piquet


De caravana, de Rosendo Ruiz / 8 puntos


Una película de género, una comedia dramática que se mete con el policial negro y el romance, dando un comentario social que se plantea sin salidas fáciles y que tiene no pocos contactos con películas tan recientes como, por ejemplo, El hombre de al lado, de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Pero es más lograda en su resolución y, a pesar de ser menos prolija, tiene una jovialidad y una energía que contagia entusiasmo entre un elenco impecable que esperemos ver mucho más seguido en nuestro cine. La cuestión de fondo resalta las diferencias entre un grupo marginal y un muchacho citadino cuyos destinos se chocan para modificar visiones y prejuicios incorporados en cada uno a nivel cultural. Pero la clave está en el registro de comedia y el respeto por un trabajo visual que comprende tanto el vértigo de una escena de acción en un bar, como una salida romántica valiéndose de un encuadre donde lo más valioso es el movimiento interno. Tiene tanto corazón, y un personaje tan bien creado e interpretado como Adrián (Rodrigo Savina), que la película merece ser tenida en cuenta sin miramientos. También se puede hablar de la gran dirección de fotografía que demuestra la cinefilia de sus realizadores o la escenificación del interior como un espacio donde también ocurren algunos de los vicios del Nuevo Cine Argentino, pero esta comedia tiene una energía particular. Vayan y véanla que seguro les alegra el día. Cristian Ariel Mangini


Eastern plays, de Kamen Kalev / 6 puntos


Itso trabaja en una carpintería, tiene una novia a la que no ama y un hermano menor (Georgi). Una noche luego de una cena romántica (que termina con él borracho y su novia transformándose en su ex) interfieren en un ataque que un grupo de neonazis está llevando a cabo sobre una familia turca que está de paso por Sofia. Termina herido y descubre que su hermano forma parte del grupo. Acompaña al hospital a los turcos y comenzará a sentir atracción con Izil (la hija de los turcos con un enorme parecido a la actriz Olivia Hussey). La película tiene algunos tópicos del cine contemporáneo europeo: cámara que sigue a los personajes desde el hombro (no tan asfixiante como los Dardenne), personajes marginales (el jefe de la banda neonazi está más cerca de un cantante de reggae, que de un líder de derecha) y hasta determinado momento el film parece que va ser en estilo coral. Realmente lo que mantiene cierto interés en la película es la relación de Christo con Izil (aunque también cae en algún lugar común: los padres obligando a la chica a irse antes de Bulgaria, cuando descubren la relación que está llevando su hija). Espero que esta “promesa del Este” esté más cerca de Cronenberg en su próxima película. Gabriel Piquet

Un film irregular que no me despertó ningún tipo de interés. Tiene elementos donde aparece la denuncia de un estancamiento social del cual la principal víctima parecen ser los jóvenes, entre la delincuencia, el vandalismo, la violencia y el escapismo. El discurso es simplista (por esa victimización que aparece tipificada) y los diálogos son por momentos aún más, poniéndose en evidencia y subrayando lo obvio, como cuando escuchamos a Izil mencionar que hay algo que “está mal” pero nadie lo menciona. Por si fuera poco, luego hay uno con el psiquiatra del personaje de Itso (el fallecido Christo Christov) que continúa en la misma tendencia, a pesar de una resolución actoral muy superior en este caso. Las relaciones entre los personajes, que comienzan con una sólida representación del disgregamiento familiar, se termina diluyendo cuando nos asomamos a un abismo de estereotipos donde lo único que se puede rescatar es la relación fraternal entre Itso y Georgi (Ovanes Torosian). Sumado a esto hay que añadir una serie de secuencias resueltas de un modo bastante torpe como la que ocurre en un taxi, entre Izil e Itso, o la cena familiar donde se apela a un plano detalle del televisor para mostrarnos sin sutileza alguna lo que está viendo la madre de Itso. Definitivamente, no es recomendable dentro de esta sección. Cristian Ariel Mangini / 4 puntos


El gran Vázquez, de Oscar Aibar / 5 puntos


Esta recreación de Aibar de la vida de Manuel Vázquez Gallego, uno de los dibujantes de historietas más influyentes de España, apenas puede pasar por simpática y amable. Con un Santiago Segura firme en su personaje de chanta entrador -un poco a lo Torrente, pero sin su fascismo y sí con mucha más elegancia-, el film toma un tramo de la vida del dibujante, cuando finalmente va a prisión y tiene que lidiar con la letra chica de los contratos con la Editorial Bruguera durante el gobierno franquista. Hay recursos ya usados, como el de los personajes que toman vida (¿remember American splendor?) pero sin una funcionalidad que lo justifique. Aibar quiere contar su biopic usando el mismo humor ramplón que por momentos tenía Vázquez. Su propuesta se queda a medio camino, aunque se acepta su defensa del libertinaje como una de las formas posibles de ir contra la corriente. Mex Faliero


Ese loco, loco deseo de amar, de Pierre Etaix / 8 puntos


Con Yoyo y esta alcanza para poner a Etaix en el olimpo de los mejores comediantes de la historia. Sin llegar a la cima de aquella, tal vez un poco lastrada por cierta indefinición en su tono y por algunas situaciones que se estiran un poco, Ese loco, loco deseo de amar es una reflexión sobre el inconformismo acerca del amor. Etaix vive un matrimonio insatisfactorio mientras se siente seducido por su joven secretaria. La infidelidad, la vida en pareja, las convenciones sociales son dinamitadas por el humor de este notable comediante que logra echar mano de una impresionante galería de recursos: del gag visual, al humor de clown, al chiste verbal, al humor negro, pasando también por lo onírico en una fabulosa secuencia con camas que transitan por una autopista. Plagado de ideas visuales, el film parece no pertenecer a la realidad sino estar inserto en la mente de su protagonista. La recuperación hecha por el Festival de la obra de Etaix es una de las mejores cosas que pasaron durante estos días. Mex Faliero


Essential killing, de Jerzy Skolimwski / 8 puntos


Hay muchas capas de interpretación más allá de que se puede sintetizar como los intentos desesperados de un hombre (interpretado por Vincent Gallo) por sobrevivir. El relato comienza “in media res”, en el medio de un hecho sin contexto alguno, donde nuestro protagonista huye desesperadamente a través de un cordón montañoso de, suponemos, Afganistán, aunque no sean las precisiones geográficas algo indispensable para comprender el film. El continente, el territorio en el relato es el individuo y su entorno, cómo interactúa con ese entorno. Hay una construcción kantiana donde intuimos los elementos que se aparecen a priori, pero esta construcción no resulta completamente fluida y resulta más bien forzada para que aparezca la problemática moral que Skolimowski busca: en su huida desesperada escuchamos, antes de que nuestro protagonista mate necesariamente a un soldado norteamericano para emprender su huida, que tiene un hijo que nació recientemente; también vemos un intento desesperado que lo lleva a abalanzarse sobre una madre con su hijo y, sobre el final, vemos que el personaje femenino de Emmanuelle Seigner abre necesariamente la puerta a nuestro protagonista, tanto para acogerlo como para dejarlo ir. En estas intuiciones, uno puede adivinar la presencia de un paradigma, pero desde lo cinematográfico exclusivamente es imposible que no nos resulte forzado de alguna manera la aparición de un perro o la caída de un árbol en una poco memorable secuencia ¿Dónde gana sin lugar a dudas la película? En la construcción visual de esa supervivencia, en subjetivas frenéticas, en la actuación física y cruda de Gallo, y en planos donde la inmensidad y la vacuidad del paisaje, con ese infinito blanco, terminan redondeando la desolación que experimenta el ser humano, sea terrorista, revolucionario o político. En todo caso, un film atendible que está entre lo mejor de la competencia. Cristian Ariel Mangini


Fase 7, de Nicolás Goldbart / 7 puntos


Suele usarse en exceso el término “rara avis”, acaso por una familiaridad algo difusa con el término. Sin embargo, si uno tuviera que definir a este film nacional utilizaría -y con completa justicia- esta definición. Si bien en la superficie es una comedia negra, lo cierto es que se trata de una película de género que incluye sin tapujos elementos del cine de acción, terror y ciencia ficción con una música de sintetizadores que rinde culto al cine de género de los ochentas. Aún más extraño y, por qué no, saludable, es un elenco conformado por figuras tan disímiles como Federico Luppi, Daniel Hendler, Yayo y Jazmín Stuart, metidos en una película apocalíptica que incluye elementos como el N.W.O (New world order, quizá lo hayan escuchado en el disco Psalm 69 de Ministry) y las nuevas epidemias de enfermedades -incluso uno puede pensar en un paralelismo con la reciente paranoia por la Gripe A-, además de una crítica social que a veces resulta sutil y en otros momentos aparece con un trazo grueso demasiado evidente. A pesar que el personaje femenino está algo maltratado por un guión demasiado chato, principalmente en las interrelaciones entre personajes, hay secuencias de acción memorables y un clima opresivo que se hace extensivo a toda la película, sin perder su cuota de humor y las inocultables referencias cinéfilas. Entretenida y pochoclera sin ocultarlo, la película es más allá de sus irregularidades todo un hallazgo que esperamos que se perpetúe. Cristian Ariel Mangini


Gainsbourg (vie heroique), de Joann Sfar / 5 puntos


Los condimentos para realizar un biopic de Serge Gainsbourg estaban servidos hace años, sólo faltaba que alguien los tomara. Sfar comienza con un Lucien (posteriormente Serge) niño odiando aprender piano, viendo y seduciendo a una mujer que es modelo de cuerpo para pintores, escapando de un colegio pupilo durante la ocupación nazi. Sus años como músico de cabaret, la creación de La Javanaise, su aporte al pop junto a France Gall y sus romances tan nombrados con Brigitte Bardot y Jane Birkin (con la que se casó y tuvo dos hijos). El problema es el romanticismo con que se mira al retratado y un registro que hace ver a la película siempre igual. Faltan algunas cosas (su participación en cine no es cubierta). Solamente si se conoce algo de la música de Gainsbourg se entiende la ironía de sus letras y en algunos casos se sobreexplica lo que querían decir (cuando habla con France Gall sobre la letra de los chupetines). Mejor seguir escuchando sus canciones. Gabriel Piquet


Heureux anniversaire, de Pierre Etaix / 8 puntos


El corto demuestra la genialidad del director francés para consumar en poco tiempo una comedia donde el uso del espacio y el sonido como leitmotiv es impecable, a partir de una pequeña anécdota que muestra un infierno urbano y mecánico donde aparece una incisiva crítica social, pero también una habilidad impecable para concatenar situaciones que llevan a la genial construcción del gag. Cristian Ariel Mangini


How I ended this summer, de Aleksei Popogrebsky / 7 puntos


Pavel (Grigoriy Dobrygin) y Sergei (Sergei Puskepalis) conviven en una estación meteorológica en la zona más inhóspita de Rusia. El film se centra en el vínculo, casi enfermizo, que se da entre los dos únicos protagonistas, el cual va ganando progresivamente en violencia cuando uno de ellos le esconde información vital al otro. Los personajes ideados por Popogrebsky son uno viejo y otro joven, el primero rústico e irascible y el otro disperso e incomunicado. Contra lo que se espera, el film en vez de ganar en introspección aprovecha el exterior de esa estación meteorológica, un paisaje ártico totalmente desolador para demostrar que adentro o afuera, estos personajes se enfrentan a su más compleja soledad. Un film interesante desde lo visual y desde la puesta en escena, que no puede esconder finalmente cierta pequeñez de su argumento. Mex Faliero


Inside job, de Charles Ferguson / 6 puntos


Documental en la línea irónica y formal de Michael Moore, aunque con un trabajo investigativo más exhaustivo que se mete con un tema que resultará críptico a la mayoría de los espectadores. Quizá la mayoría estén al tanto de la quiebra de Lehman Brothers y la crisis financiera en Wall Street hacia el 2008, pero hay términos propios de la economía que, si al espectador le resultan extraños, no va a entender íntegramente el documental. Esto no quita lo evidente: un nivel de corrupción, impunidad  y negligencia que deja al descubierto la matriz de la crisis y sus efectos culturales en la sociedad norteamericana, donde las caras visibles son las del poder político pero el económico permanece en las sombras. No casualmente verán que quienes dan la cara son en su mayoría asesores o secretarios del gobierno norteamericano (a pesar de la visible molestia en la confrontación). Quizá por eso el documental no es del todo sólido. Faltan testimonios de gente como, por ejemplo, Timothy Geithner. Cristian Ariel Mangini


I saw the devil, de Kim Ji-woon / 6 puntos


El cine de Corea del Sur tiene en la venganza un leimotiv constante y ya no sabe como llevarlo al extremo o quizás a partir de este film lo haya hecho. Un asesino serial que maneja una camioneta escolar será perseguido por un agente secreto que era el novio de la primera víctima que el asesino mató en la película. Para emprender su venganza, lo encontrará y en vez de entregarlo a la policía o matarlo comenzará a seguirlo y torturarlo de a poco (le duerme y le hace tragar un rastreador), cada vez que el asesino intente volver a matar el agente se lo impedirá y el cazador será cazado. La película funciona muy bien en la primera parte, hasta la escena en la que es descubierto por el agente en el invernadero tratando de violar y matar a una de sus víctimas. Luego caerá en una subtrama con un personaje en una línea muy Hostel, que alarga el metraje injustificadamente y no aporta nada, para volver al policía y al asesino. Sobre el final la música recarga demasiado el dolor de algunos personajes (cosa habitual en el cine oriental), que en este caso no ayuda mucho. Con su anterior película The good, the bad, the weird el director también estiraba mucho la historia. Es hora de que le avisen que puede sacarle media hora a sus películas que igual van estar bien. Gabriel Piquet

En la línea de films que tienen a la venganza como eje central, un poco al estilo de Park Chan-Wook (Simpathy for Mr Vengance, Old boy) mezclado con algunos personajes como el de Takeshi Kitano en Violent cop llega I saw the devil del coreano Kim Ji Woon. La película avanza a una velocidad trepidante durante la primera mitad, en un juego de presa y cazador, con secuencias de acción impecables y climas bien logrados, pero la idea se va agotando, se torna reiterativa y el film termina siendo innecesariamente extenso. David Pafundi / 8 puntos


Ivory tower, de Adam Traynor / 8 puntos


Es una gran alegría encontrarse en la sección de comedia del Festival con una película como Ivory tower, del canadiense Adam Traynor. Al igual que la dupla Adam McKay-Will Ferrell, lo que hacen aquí es tomar un ámbito -en este caso el ajedrez- y explotarlo en todas sus posibilidades cómicas. Dos hermanos enfrentados por el ajedrez, pero también por formas de ver la vida: Hershell es casi un hippie, alguien que toma el juego de forma filosófica; mientras que Thadeus es un yuppie que vive esto como pura competencia. Y, como corolario, el segundo se está por casar con la ex novia del primero, una artista conceptual que no parece estar muy cómoda en el rol de mujer del hogar, pero es lo que ha sabido conseguir. Ivory tower cuenta todo esto con un auténtico espíritu ferrelliano -véase si no el aspecto del protagonista Chilly Gonzales-: el film usa este disparador para evadirse, volver, imaginar, satirizar, destruir todas las convenciones y, finalmente, dejar una enseñanza más o menos disparatada. Pero hay otra cosa más en esta opera primar de Traynor, y que tiene que ver con el elenco, todos pertenecientes a la movida musical canadiense. Comedia de rematrimonio, película deportiva, comedia absurda y volada, también un musical. Todo esto es la enorme Ivory tower. Mex Faliero


Kawasaki´s rose, de Jan Hrebejk / 6 puntos


Un sonidista que está en pareja con la hija del entrevistado hace un documental para la tv. La pareja del sonidista se entera que el tumor que le encontraron no es maligno y vuelve a intentar rehacer su vida con su hija y con él, quien en realidad le informa que está saliendo también con la productora del programa que están realizando sobre sus padres. La mujer decide dejarlo. El sonidista comenzará a investigar al padre de su ex ya que nunca se llevaron bien. Su padre es un psiquiatra que siempre fue considerado un disidente querido por la gente en la ocupación comunista. A partir de un archivo en el que se descubre que en realidad el psiquiatra colaboró con la policía secreta y entregó al verdadero padre de la que todos creen es la hija del psiquiatra (la madre y él le escondieron la verdad durante años) la mujer descubrirá a su verdadero padre, tendrá una posición tomada contra su madre (a quien acusa de saber cómo obligaron a exiliarse a su padre, ella y su actual pareja). La película habla sobre un tema muy interesante, el de los colaboracionistas durante el periodo comunista de la República Checa. Lo que parece ser una cosa termina siendo otra cuando se descubre cómo el psiquiatra por quedarse con el amor de una mujer de la cual estaba enamorado entregó a la pareja de esta (el escultor) y lo obligó a exiliarse en Suecia. Lo que realmente impacta es el testimonio de uno de los torturadores de la policía que cuenta cómo fueron los hechos haciendo dudar a los entrevistadores y de como la hija y la nieta del exiliado empiezan a conocer a su padre/abuelo a partir de descubrir esta historia. El personaje que empieza como una parte importante del film (el sonidista y novio de la protagonista) pierde peso mientras avanza el metraje y ese es quizás el punto débil de la película. Gabriel Piquet


La campana, de Fredy Torres / 4 puntos


Película nacional que tiene al puerto de Mar del Plata como epicentro de un drama que tiene algún atisbo fantástico que funciona como alegoría ¿Alegoría de qué?, pues, del tema de fondo. El TEMA. Ese que se termina devorando cada parte del guión y el relato. No hay un solo diálogo en la película que no responda al TEMA, ni fecha o metáfora que no caiga en el TEMA. Ni siquiera los personajes logran escapar, transformándose en figuras unidimensionales sin la más mínima profundidad a pesar de los esfuerzos actorales. Que se entienda, coincido con la visión del director, al menos por el perfil que define su película respecto del horror de la dictadura. Pero, ¿por qué el subtexto devora la trama haciéndola un mero juego para decir el mensaje?, ¿cómo se hace para sostener diálogos que suenan completamente artificiales, más allá del talento actoral del elenco?, ¿cómo se hace para que el universo interno del film fluya y nos deje descubrir qué pasa sin que cada detalle nos grite lo que ya intuimos? En esas preguntas encuentro mi principal crítica a lo que considero un relato inconsistente que redunda en momentos insostenibles y líneas imposibles, donde el elemento fantástico se ve completamente deteriorado, al igual que la alegoría, ya que su obviedad termina transformándola en un recurso retórico completamente llano. Nada recomendable, pero rescato el talento de Rocío Pavón y Juan West, por tratar desesperadamente de darle más matices a sus personajes. Cristian Ariel Mangini


La vieja de atrás, de Pablo José Meza / 5 puntos


El cruce es más que conocido: un edificio, dos vecinos, uno joven y la otra vieja. El joven tiene problemas laborales y de sociabilidad, la señora basa su alimentación en noticieros que connotan la violencia de mundo y en novelas baratas. Inevitablemente se tendrán que unir y el choque de ambos universos debería provocar un big-bang: o por el lado de la risa o por el lado del drama. Digamos que ambos géneros son convocados por Meza, pero ninguno explotado demasiado bien; se extraña mucho más la ausencia de humor contando con un notable comediante como Martín Piroyanski. Lo que salva a La vieja de atrás del naufragio definitivo es que al joven lo interpreta Piroyanski y a la señora, Adriana Aizenberg. Juntos logran que algunas escenas no demasiado felices tengan un mínimo de dignidad. No obstante, Meza juguetea continuamente con el costumbrismo y, en ocasiones, logra escaparle al cliché. Mex Faliero


Les amours imaginaires, de Xavier Dolan / 9 puntos


Nicolás es joven, bello, inteligente, encantador. Y lo sabe. Y hace uso y abuso de ello. Despliega sus encantos histeriqueando a Francis y a Marie, dos amigos inseparables que empezarán una lucha sin cuartel y sin guardar las formas, pero con ese charme de los jóvenes  superados y cools que son, por ganárselo. Pasión, amor, arrebato, obsesión en ralentis que focalizan poses, andares y vestuarios al mejor estilo Wong Kar Wai, con personajes que nos hacen recordar a los almodovarianos y un objeto de deseo que se nos presenta como un Tadzio viscontiano algo más grande y perversamente manipulador de los sentimientos de los otros. La perfecta personificación del ombligo del mundo. Xavier Dolan, en su segunda película, construye un mix de imágenes, sentimientos y música encantatoria que sólo puede provocar un placer inmenso, sabiendo siempre dónde poner la cámara, con sus encuadres estilizados, y apostar por esos toques de humor tan necesarios que ocultan lo que finalmente empieza a emerger, luego de tantas idas y vueltas: la melancolía. La burbuja pop se desinfla y el gusto amargo del desamor se instala definitivamente desnudándonos en medio de una llovizna que nos calará hasta los huesos. Como si fuera poco nos enrostra en la cara que a pesar de lo que suponemos, hay cosas que jamás podremos superar. Javier Luzi


Les barbares, de Jean-Gabriel Periot / 7 puntos


Un film que con un montaje fragmentario construido en base a documentos de sonido e imagen logra rebalsar expresivamente su connotación hacia las consecuencias de la guerra, dentro de un sin sentido constante que adquiere uniformidad en los rostros que registra como una marca indeleble del horror. Cristian Ariel Mangini


L’illusionniste, de Sylvain Chomet / 7 puntos


Este nuevo film del director de Las trillizas de Belleville tiene algo a su favor: está basado en un guión nunca filmado de Jacques Tati. Entonces, ahí surge el humor, surgen los personajes complejamente simples que tras una construcción puramente física delimitan un mundo. El mago Tatischeff se muda a Escocia, esperando que allí sí tenga el trabajo que en Francia le comienza a escasear: y ahí se muda con su conejo irascible -genial apunte que hace recordar al corto Presto, de Pixar- y a una joven tímida y callada, aunque impetuosa y activa que descentra al más envarado Tatischeff. El problema del film está en su resolución, donde el mundo de la magia queda subvertido por la más cruda realidad: la aparición del rock, de la televisión y demás cuestiones parecen destruir el universo de gente como Tatischeff, sostenido en la más pura fantasía y la credulidad de los espectadores. También parece haber una crítica en sordina a Disney con la aparición de cierto personaje masculino -ver los trazos con los que está compuesto en comparación al resto de los personajes-. Y si bien todo parece estar bastante bien en L’illusionniste, el final amargo, la pesadumbre, que niega la posibilidad de magia no le sienta a un film que encontraba sus mejores pasajes, precisamente, en la posibilidad de lo sorpresivo a partir del más prosaico acto de magia. Mex Faliero


Madman´s dictionary, de Benno Trautmann / 3 puntos


Se trata de un documental que reflexiona sobre la locura como un estado que es trasladado a la sociedad actual y las consecuencias del daño ecológico, bélico y humano como parte de ese estado general de locura, relativizando el concepto a toda la sociedad como un hecho cultural más que biológico. Muertes, mutaciones, desaparición de flora y fauna, desastres ecológicos. El film incita a la culpa más que a la reflexión, a la lectura llana en caliente a la genuina energía para buscar un cambio, a una moral de la redención antes que de la superación, concatenando todos los desastres habidos y por haber en el mundo con una búsqueda godardiana en el montaje que dista de la genialidad del humor del francés. Aquí aburre en pocos minutos porque sabemos cómo termina el ciclo que empieza en la cabeza del hombre: en el hombre. Poco interesante y menos inteligente o shockeante de lo que parece creerse, el film navega entre el pastiche político y la mediocridad cinematográfica. Evítenla a toda costa. Cristian Ariel Mangini


Machete Maidens Unleashed!, de Mark Hantley / 6 puntos


Como se sabe, es un documental del exploitation y el sexploitation en Filipinas por parte de la industria del cine norteamericano de bajo presupuesto, con la figura de Roger Corman como núcleo de todo un movimiento que lanzó las carreras de cineastas como Johnattan Deeme, Joe Dante o John Landis, entre los nombres de mayor peso. El sexo y la violencia venden, se sabe, pero hay que saber hacerlo, y entre negociaciones políticas, un público voraz y subgéneros cada vez más extraños, el film demuestra lo que se hizo durante un periodo de tiempo en Filipinas. Clase B, no necesito decirlo, con horribles monstruos que no asustan y una violencia que se alterna con el humor y el absurdo casual o causal, estos films fueron además de un negocio redondo un nido creativo donde si bien se sacaron pocas buenas películas, sí hubo espacio para que surgieran varios de los mejores directores contemporáneos. Como documental le falta un contexto más rico y una estructura mejor delimitada, principalmente se extrañan voces del lado filipino que den su punto de vista al respecto. Aún a pesar de su poco jugada puesta en escena, el film logra cautivar por el montaje de un archivo contundente y testimonios categóricos (del lado norteamericano, claro está). Cristian Ariel Mangini

Trailers que recuerdan un determinado momento histórico, los 60 y 70 (época dorada del clase B y la Z también), el documental de Mark Hartley hace lo mismo que su anterior trabajo hacía con el cine australiano de explotación, pero esta vez es el turno de Filipinas. Vemos desfilar ante cámara a directores, actores, productores, contando las más diversas historias acompañado de imágenes que al amante de los subgéneros (cárcel de mujeres, monstruos mutantes, entre otros) lo provocará a salir corriendo en busca de este material muchas veces de culto. En la forma el documental no aporta nada nuevo (entrevistas a cámara contando algo relacionado al film), lo que siempre suma es alguna anécdota que los entrevistados puedan aportar. John Landis (el realizador de An american werewolf in London, 1981) es el más crítico con respecto a sus compañeros, aclarando que no había intenciones artísticas algunas y que sólo se hacía por dinero, lo cual ya es sabido. Algo de lo más divertido es ver a Joe Dante y Allan Arkush contando anécdotas de Hollywood Boulevard (1976) que hicieron para parodiar la forma de trabajo en la compañía de Roger Corman. Se lleva una mención especial el actor Weng Weng, actor enano que como agente secreto parodiaba films de James Bond. Gabriel Piquet / 6 puntos


Malón, de Fabián Fattore / 6 puntos


Malón sigue la vida de Sosa, un hombre que trabaja en un bar, practica boxeo, toca música y canta, vive en una pensión y está interesado en una chica de una pieza vecina, sola y con una beba. Vida rutinaria si las hay. La película lo muestra y alterna algunos comentarios políticos que surgen en una mesa entre amigos en el bar. Política que comenta el peronismo y la militancia y recuerda, teorizando desde el saber popular, aquellos viejos tiempos. Minimalista, ascético, quizá con una subrayada puesta en escena que encuadra desde ventanas, puertas, marcos y a cierta distancia, el filme cruza sin explicitar relatos fundantes y míticos. La postal sobre el cuadro de Della Valle La vuelta del malón y una marcha a la que asiste el protagonista parecen unirse profundamente en una relación que cada uno de los espectadores puede interpretar libremente. O no. Javier Luzi


Mamut, de Gustave de Kervern y Benoit Delépine / 6 puntos


La dupla Kervern y Delépine retoma con su espíritu lúdico, aquí con un jubilado que tiene que recorrer varias ciudades para conseguir comprobantes de trabajo y así lograr cobrar su jubilación. Es decir, road movie a bordo de una moto y con un Depardieu gordísimo y con el pelo largo al viento. Mamut arranca muy bien, construyendo humor desde la abulia y la brutalidad de su personaje, un tosco bonachón, con gran poder de observación. Sin embargo, a medida que avanza el viaje, se pierde en el camino con una comicidad que por momentos resuena como original y por otros, como demasiado antojadiza, forzada. Tampoco ayuda cierto conflicto del personaje con el fantasma de un viejo amor. Aún así, Mamut es un producto libre, sin ataduras ni compromisos, que consigue con algunos estallidos de creatividad convocar la risa del que mira, sin saber muy bien hacia dónde va ese viaje. Mex Faliero


Más allá del mall, de Miguel Alvear / 8 puntos


El cineasta Miguel Alvear acaba de terminar su película, y luego de hacer un balance de costo-beneficio, se pregunta dónde está el cine ecuatoriano, ya que en las salas de Quito se exhibe casi en su totalidad el mainstream norteamericano. Busca a priori en el museo del cine, pero la mayor producción no está ahí. Un grupo de cineastas amateurs ecuatorianos producen con muy bajo presupuesto y no exhiben sus películas en los circuitos comerciales, las distribuyen en los puestos callejeros que venden copias piratas. Alvear recorre este circuito under con entrevistas y material de archivo de estas películas independientes y sus producciones (desde las de artes marciales clase z hasta los dramas familiares). Lo “curioso” es que de las miles de copias que salen a la venta, estos realizadores no perciben ganancia alguna (pese a que ellos mismos las ponen en circulación), son financiados por sus actores. Si bien la piratería es el sector más beneficiado, es para este grupo el único canal de distribución. El debate que plantea el film es por demás interesante, “no hay nada peor para un director que su película no sea vista”. La falta de fomento al cine nacional, y los altos costos de los tickets no sólo se circunscriben a Ecuador. David Pafundi


Megamente, de Tom McGrath / 8 puntos


Si tenemos en cuenta que durante 2010 Dreamworks ya nos trajo Cómo entrenar a tu dragón, podríamos asegurar que con Megamente se cierra tal vez el mejor año de la empresa que siempre va por detrás de Pixar. Más cercana al espíritu de la casa que aquella del dragón Chimuelo -como que McGrath ya estuvo involucrado en Madagascar-, Megamente es sí una comedia lunática, veloz, “looneytunesca”, pero además es una muy buena historia de superhéroes y villanos, y de cómo los superhéroes se hacen malos y los malos se hacen superhéroes. Y viceversa y todo enroscado, pero muy bien contado, divertido, sensible y con efectividad en cada gag, tanto visual como verbal. Y aquí, atención: evidentemente el personaje de Megamente, con voz de Will Ferrell, tiene un trabajo muy esforzado en sus líneas de diálogo. Se había anunciado versión subtitulada, pero finalmente se la proyectó doblada al castellano. El doblaje no está mal, pero uno adivina que aquellos momentos en los que el film se relaja, se distiende y se va con alguna zapada verbal de Ferrell debe estar mucho mejor en su versión original. Así y todo, Megamente es un muy buen film que no tiene nada que envidiarle, por decir algo, a Los increíbles.


Money movers, de Bruce Beresford / 7 puntos


Un cartel nos anuncia que la película está basada en hechos reales. En los títulos vemos la carga y descarga de los camiones blindados de una compañía y su trayecto habitual. Con esta introducción, Beresford nos meterá en el mundo de Darcy´s, la empresa de seguridad que provee a los vigilantes que manejan y acompañan a los camiones. Porque entre muchas tramas ahí es en donde se centra el conflicto de este western/policial. Dos hermanos, Eric y Brian (el excelente Bryan Brown), supervisor en jefe y chofer de uno de los blindados respectivamente, más el líder sindical de la empresa planean el robo a uno de sus camiones. En el medio, un mafioso que hace lo mismo (el primer robo con tres enmascarados está planeado por él) que averiguará lo que los hermanos y el síndico quieren hacer y los obligará a ser parte de su plan (antológica la escena de la tortura a Eric en la casa del mafioso). Un hombre de una compañía de seguros (que trabaja de incógnito) y un ex policía echado de las fuerzas por acusación falsa de soborno serán la parte de los buenos por decirlo de alguna manera. La película se toma la mitad de su metraje para mostrarnos con detalles todos los intereses de las partes, la corrupción de muchos personajes y la ambigüedad de otros. En la última media hora toda la tensión va en aumento hasta llegar a un final con el asalto, digno del mejor exponente de película de robo. Otra buena de la retrospectiva australiana que merece ser vista. Gabriel Piquet


Never let me go, de Mark Romanek / 8 puntos


La tercera película de Mark Romanek nos muestra el mundo ficticio basado en la novela homónima del escritor japonés Kazuo Ishiguro. Con una fotografía impecable y las excelentes actuaciones de Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley entramos en la vida de unos jóvenes pupilos de un colegio muy disciplinado, pero que en realidad son seres en creados artificialmente cuya única finalidad es donar sus órganos para los humanos. Una atmósfera inquietante pesa sobre ellos en este drama que, como el Frankestein de Mary Shelley, da una crítica a los límites de la ciencia y de la necesidad humana de escapar de la muerte. Never let me go es una reflexión sobre la existencia, sobre los vínculos afectivos y sobre lo inevitable. Julieta Paladino

El film de Romanek es una distopía cuya oscuridad no está en un gobierno opresivo, suburbios cibernéticos donde el hombre apenas existe o realidades alternativas que se van del control. Se basa en la posibilidad de que el hombre haya aceptado la posibilidad de clonar seres humanos para poder obtener sus órganos luego. En función de ello se crearon “granjas” donde un grupo de chicos crece hasta alcanzar la madurez necesaria para donar sus órganos. La cuestión bioética sobrevuela el relato, pero está enmarcada por una historia de amor sobre la aceptación del destino como algo inevitable que nuestros protagonistas deben aceptar. No hay posibilidad de subversión, o a Romanek (o, más bien, a Kazuo Ishiguro) no le interesa plantear esto en el relato, porque entendemos que esa educación que recibieron en los años de infancia les prepara para ser donantes. Hay en cierto sentido un determinismo, pero no es algo impuesto groseramente porque el contexto de la película lleva una línea dramática a la cual los personajes se amoldan perfectamente. No es que no quieran escapar a esa realidad, sino que buscan hacerlo a través de los medios que aprendieron a aceptar institucionalmente. No es La isla, de Michael Bay, aquí hay desarrollo psicológico. Por elevación la película habla de los condicionamientos sociales que recibe el individuo para acotarse a determinadas reglas, pero también de cómo nuestras vidas, nuestros plazos, nuestras etapas son una construcción psicológica antes que meramente biológica. Su frialdad y algunos diálogos pueden extenderse un poco, tornando densos algunos pasajes, pero es una película que visualmente (esas imágenes, tan bellas como fraccionadas a lo largo del film son, después de todo, el valor de la memoria, un prado, un barco encallado o una mansión) se aferra a un ritmo coherente con el drama que cuenta. Cristian Ariel Mangini / 7 puntos


No such thing, de Hal Hartley / 7 puntos


La jefa de un periódico (la siempre sólida Helen Mirren) está en busca de noticias y no importa la calidad sino la cantidad. Beatrice (nuevamente Hartley dando en la tecla del casting al convocar a Sara Polley), una joven periodista inexperta será la encargada de darle la noticia que está esperando, un monstruo que fue la causa por la cual un equipo de investigación periodística desapareció en Islandia. Beatrice pide ser enviada al lugar, ya que su prometido era el sonidista. Luego de varios infortunios (vuelos cambiados, avión que se estrella, rescate del océano, operación de espina dorsal y posterior recuperación de 6 meses) Beatrice va a una pequeña aldea, Heimsenda, en donde los lugareños la emborracharán y la dejarán como ofrenda al monstruo. Al levantarse dentro del bunker en donde vive la bestia, la reacción de Beatrice será tan natural (Sara Polley puede seducir a la más violenta de las fieras), que irá convenciendo al monstruo para que la acompañe a la ciudad. El trato es que el doctor Artaud al que irán a buscar termine un experimento que empezó con la bestia. La película tiene su mejor momento en la primera parte, con todas las acciones que debe sortear Beatrice para llegar al bunker. Luego, cae en un lugar común que recuerda a la serie de TV La bella y la bestia (la de Ron Perlman y Linda Hamilton) y vuelve a tomar interés en el final, con un plano que habla por sí solo. Gabriel Piquet


O coro, de Werner Schumann / 4 puntos


La mejor idea que tiene esta película brasileña es construir un relato coral alrededor de un grupo de integrantes de un coro sinfónico. Y, desde lo formal, no forzar el relato para que los personajes se deban cruzar sistemáticamente como pasa en este tipo de películas habitualmente (Iñarritu ¿me escuchas?). Después, todo se tiñe de una serie de viñetas poco interesantes sobre la vida desgraciada de cada uno de estos sujetos: el director del coro al que se le está por morir la madre, el cantante que abusa de mucamas y algún tóxico, y así. Nadie es feliz en este film y todo está filmado -en correspondiente blanco y negro- con una gravedad que abruma-. Sin embargo el premio a la subtrama más insoportable se lo lleva el de la señora que se siente sola, está deprimida, se masturba, busca un chongo en la calle y que hace parecer a aquellas novelas brasileñas que recreaba Alfredo Casero en Cha-cha-cha como una obra maestra. Mex Faliero


Outrage, de Takeshi Kitano / 7 puntos


Puede ser un Kitano menor, pero no deja de ser un Kitano. Y un Kitano es siempre digno de ver. En Outrage se ciñe a contar una historia de mafias que se disputan el poder y cómo se van subvirtiendo los códigos que mantienen una aparente calma. Si siempre la violencia estaba presente en las películas del japonés, es aquí donde estalla en mayor cantidad, y donde recurre a un gran formalismo para ponerla en escena. Atrás quedó la sangre seca, que aparecía tras la reflexión. Aquí la violencia es la reflexión, la que nos pone a pensar sobre el mundo que habitamos. Kitano renueva el discurso sobre cómo este mundo no está hecho para gente que sostiene otros códigos vinculados con el pasado. Otra película masculina, violenta, fuerte, de alto impacto. Que si bien representa cierto estancamiento en la carrera del director, sobre todo por ser un poco reiterativa, también es cierto que Kitano aporta ligeras modificaciones en relación a su mirada. Outrage es bastante cínica y muestra a un director totalmente desconcertado sobre el presente. Mex Faliero


Pays de cocagne, de Pierre Etaix / 6 puntos


Es un documental basado en el montaje de situaciones donde nuevamente aparece el urbanismo, pero también los contrastes de una Francia que se ilustra en casi todos sus colores. Además de derivativo e irresoluto por momentos, el material peca -o también puede ser una virtud- de caótico. Sin lugar a dudas la construcción visual del gag a través del montaje sonoro o visual demuestra la innegable habilidad del director, pero la extensión y algunas reflexiones frustrarán a quienes vengan viendo otro material de la retrospectiva. Cristian Ariel Mangini


Poetry, de Lee Chandong / 8 puntos


Este film coreano se toma sus 139 minutos para mostrar cómo su personaje principal se hace cargo de una dolorosa realidad que se va desplegando como un abanico, y se extiende como una enfermedad terminal. Mientras todo esto ocurre, la mujer toma un curso en un taller de poesía. Es a partir de este hecho que la película se relee como un drama familiar centrado en aquellos detalles que habitualmente dejamos pasar por alto. El asunto es qué hace esta mujer con esos detalles, una vez que los observa. Más allá de lo que pueda indicar su título, no es un film sobre poesía y ni siquiera se deja llevar por el formalismo extremo. Lee es un tipo sensible que deja ver bajo la superficie normalizada de su película un país en descomposición, síntoma principal esa abuela que no sabe cómo hacer lo que tiene que hacer. Mirar bien es mirar por primera vez es el leitmotiv del film, y hacia esa pérdida de la virginidad amoral es donde se dirige la película que termina siendo como un río: por extensión, por ritmo, y porque cuando la superficie muestra calma abajo todo se revuelve. Poetry es de lo mejor del Festival. Mex Faliero


Pompeya, de Tamae Garateguy / 3 puntos


Me gusta el cine argentino. A diferencia de muchos, siempre trato de verlo y ver qué se está haciendo. El problema es que no quiero herir a nadie con el comentario porque entiendo lo difícil que es realizar una película en nuestro país. Lo único que voy a decir es que así no, que los programadores pongan un poco de filtro por que esta película no es buena. Yo sé que ganaré algún enemigo con este comentario, pero esta canchereada que quiere gastar al mundo del cine de género y que realmente aburre (es difícil aburrir haciendo género policial o acción) no atrapa nunca y tampoco engancha con la trama mas ligada a la comedia, de los tres guionistas que planean la película que vamos viendo mientras ellos la idean. Siempre me gusta dar segundas oportunidades, espero que Tamae vuelva a filmar y levante con su nuevo film. Pero repito, así no. Gabriel Piquet

Tres escritores se reúnen para hacer el guión de una película de gángsters, ambientada en Pompeya. Dos de ellos quieren darle un enfoque comercial al proyecto y el otro (de perfil más “intelectual”) prefiere la tragedia griega a lo físico. El primer largo de Garateguy en solitario mantiene algunas de las posturas que manifestaba el grupo en UPA!, como por ejemplo aquello de trabajar sin un guión previo. Lo que da como resultado un conjunto de escenas de acción, unas bien logradas (otras se abusan del recurso de cámara en mano y algunos personajes quedan algo difusos en el fotograma) aunque un tanto inconexas. Los tres bandos del relato se van enfrentando para ganar territorio en la zona de Pompeya, pero no queda del todo claro, ya que la historia está fragmentada entre la ficción y el proceso creativo de los guionistas. Este último plot es el que queda más relegado de la película, y es por eso que la resolución parece traída de los pelos. David Pafundi / 5 puntos


Red Shirley, de Lou Reed / 7 puntos


Shirley nació en Polonia en 1909 y a lo largo de 28 minutos responderá las preguntas de Lou Reed, quien la filma en primer plano e intercala imágenes en blanco y negro y color. Este documental no trae nada interesante como novedad desde lo visual y se sostiene porque Shirley es un personaje muy carismático que a sus casi 100 años es todavía muy lúcida. Cuenta cómo emigró de Polonia a Canadá, su corta estadía en ese país (no le gustaba), su paso a través de la frontera en forma ilegal a EE.UU. y su vida en New York trabajando 47 años con una máquina de coser y de por qué le decían Red Shirley (Shirley la roja), según ella porque era la que se paraba y hablaba ante algún reclamo de los trabajadores de la fábrica italiana de ropa para la que trabajaba. Una frase que tira y que deja en claro su postura es “donde había un trabajador progresista empeoraban las condiciones”. También comenta que fue una de las blancas que estuvo en los derechos por la igualdad y que se emocionó cuando escuchó un concierto de Mahalia Jackson. Todavía no se puede medir la calidad como realizador de Lou Reed por este cortometraje, pero si sigue entrevistando personajes como este va por el buen camino. Gabriel Piquet


Road July, de Gaspar Gómez / 7 puntos


Santiago vende artículos de exportación y está en pareja con una chica bien. De repente se entera por una ex cuñada que la joven con la que ha salido 10 años atrás ha muerto y que tiene una hija a la que no conoce ni tiene intenciones de conocer. Le proponen llevar a la pequeña a una chacra de la abuela cerca de San Rafael y así tener la posibilidad de entablar un vínculo. Cuando se decide (primero se niega) el viaje atravesará algo más que distancias y caminos y ya nada será lo mismo. Filmada en Mendoza, esta road movie se convierte en una entrañable y emotiva película llena de pequeños detalles, silencios, guiños y secretos que no son necesarios revelar y demuestran la pericia de su director y un guión pulido. Muy buena química entre los protagonistas (Francisco Carrasco y la pequeña Federica Cafferata), a los que se agregan las consagradas Blum y Busnelli en dos papeles pequeños pero de importancia. Y un Citroen que nos llena de recuerdos. Javier Luzi


Robert Mitchum est mort, de Olivier Babinet y Fred Kihn / 6 puntos


Un productor, un actor y un músico, todos bastante particulares, por no decir entre ridículos, grotescos y patéticos. El primero quiere llevar a la cima al segundo, un tipo imposible para las cámaras que sólo puede/sabe actuar cuando hace playback con la voz de un noir hollywoodense. El tercero, sólo fuga (en baúles de autos). La propuesta de Babinet y Kihn, que venía un poco inflada por alguna parte de la crítica, quiere explotar todo momento por el lado del absurdo y lo abstracto. Sin embargo, lo humorístico se queda estancado en primera instancia por la falta de conexión hacia los personajes, segundo por lo discontinuo del asunto y tercero, porque lentamente lo convencional va normalizando lo enrevesado del comienzo. Sólo las actuaciones de Olivier Gourmet y Pablo Nicomedes, más algún apunte sobre el estado de la producción cinematográfica, logran construir algo más o menos interesante. Mex Faliero


Rubber, de Quentin Dupieux / 3 puntos


Desierto, un hombre con muchos prismáticos, un auto que se acerca y tira varias sillas puestas en un camino. Del baúl baja un policía y comienza hablar a cámara tirando un discurso de la «sin razón». Acto seguido se va y el hombre con los prismáticos los reparte a un grupo de personas que comienzan a mirar hacia algún punto mientras hacen comentarios. A partir de ahí, vemos cómo un neumático se levanta de la tierra y comienza a recorrer una ruta, matando todo lo que encuentra a su lado (desde conejos a personas) haciéndolos estallar. Las personas que vimos con los prismáticos serán espectadores de estas andanzas. Premisa que podría pasar por surrealista con toques de humor negro, que agota su chiste a los 20 minutos y vuelve este largometraje una canchereada insostenible. Si cualquier estudiante de cine filmara esto como cortometraje no le darían tanta importancia como le quieren dar a esta película. El director no se ríe con nosotros, se ríe de nosotros. Para él, un buen chiste entre amigos; para mí un chiste malo. Gabriel Piquet

La vedette freak del catálogo del festival. El film del neumático asesino con poderes telepáticos que tiene un interés romántico. Suena copado, y se banca unos primeros 40 minutos donde la idea de mantener el plano de referencia del neumático matando todo lo que se le cruza se hace gracioso, con un poco de gore y splatter para no defraudar completamente al espectador de terror. En algunos diálogos uno encuentra la gracia que sólo puede generar el absurdo. Pero… bueno, después la idea no sólo se agota, cansa y se hace previsible, sino que se regodea en lo peor que pueda connotar la movida “cool” (la estupidez autoconsciente y celebratoria, por decirlo de alguna manera). La reflexión superficial sobre el cine y ver la reencarnación de la goma en un triciclo no ayuda demasiado al film sino que raya con personajes y situaciones que parecen sacados de lo peor de las películas de los Coen. La próxima vez inténtelo con un Tupper asesino que arroja acido o una cuchara violadora serial que dispara rayos. Capaz que les sale una buena película. Cristian Ariel Mangini / 4 puntos


Scott Pilgrim vs. The World, de Edgar Wright / 9 puntos


¡Wowwwwww! Cómo resumir Scott Pilgrim vs. The World en apenas unas líneas. Imposible. Son tantas las capas referencia, los distintos niveles de lenguaje visual y oral sobre los que trabaja Wright, que el film se merece no una crítica sino un ensayo. Ya saben, adaptación de una historieta de culto, con el adolescente del momento Michael Cera en el rol de Scott Pilgrim, quien tiene que pelear contra los siete ex de una chica que le gusta mucho. Vale la pena verla en el marco del Festival no sólo porque es una maravilla, sino porque además no tendrá estreno comercial en el país: en los EE.UU. le fue muy mal y eso tiró para atrás sus posibilidades de estreno en otro país. Una pena y otra demostración de que el público se equivoca: Scott Pilgrim vs. The World es sumamente creativa, divertida, original, es una bola de estímulos que nunca agota porque los diálogos se mantienen allá arriba y las actuaciones entienden el juego. Elevación ya mismo al lugar de genio para Edgar Wright, quien luego de Muertos de risa, Hot fuzz y esta se va acercando a la perfección absoluta. Scott Pilgrim… no huele a espíritu adolescente, huele a sudor de pendejo encendido. Fabulosa. Mex Faliero

Sonará comercial, “mainstream”, “cool”, tendrá mucho “Hype”, pero no pierdan el foco: es una comedia romántica donde sobra talento y ritmo, y merece ser vista ahora o en cualquier otro momento del año. La película, basada en el cómic Scott Pilgrim es una gran película absolutamente contemporánea. Rescata la inmediatez y se transforma en un relato genuinamente actual donde hay declaraciones de amor porque es una enorme comedia romántica, pero no sólo eso: Scott Pilgrim es una declaración de amor a los videojuegos y a la nueva cultura de Internet, incorporando su lenguaje en lugar de singularizándolo o reflexionando sobre el mismo. Desde lo formal mantiene un vértigo visual que recuerda al hipertexto, al anime, a las sitcom y al cómic con una superficialidad y una naturalidad que hace que esta sea una película generacional imprescindible. Además, el ritmo rockero que habla de la escena independiente de la música norteamericana mantiene una banda sonora impecable, y el ritmo “up-tempo” que sostiene la película entre gags visuales y diálogos es frenético y caótico. Pero saludablemente caótico. Por si fuera poco, también es una película sobre asumir los miedos y el pasado para poder mirar el futuro, diciéndolo de una manera ejemplar, sutil, natural. Cristian Ariel Mangini / 9 puntos


Secuestrados, de Miguel Angel Vivas / 6 puntos


Una familia en plena mudanza (recién se están acomodando en su nueva casa). En plano secuencia se nos muestra a los tres integrantes de la familia y cómo estarán distribuidos los ambientes. Esa misma noche veremos cómo tres hombres con pasamontañas irrumpen en la casa y los mantienen de rehenes. A partir de seguir trabajando con el mismo recurso (los planos secuencia), presenciamos los diferentes seguimientos de los secuestradores y sus víctimas. La película tiene varios momentos de antología por los climas de tensión que logra (la escena en la que madre e hija se encierran en un cuarto y tratan de escapar es una de ellas). Sin embargo cuando el in crescendo de la violencia sube es donde no logra atrapar (la hija mata a uno de los secuestradores copiando una escena de Irreversible de Gaspar Noe) y pierde esa sensación que había construido antes sin ser tan violenta. Gabriel Piquet


Silent souls, de Alexei Fedorchenko / 6 puntos


Una película que predispone desde su sinopsis a que vayamos con un almohadón bajo el brazo. Está bien, eso suena un poco rudo, pero frases como “reflexiones de la vida” suelen ser sinónimos de un cine aburrido. Desconfíen de un film que tenga esa frasecita en la sinopsis. Un film potente en su concepción de la imagen, aún si por momentos ésta resulta una búsqueda visual televisiva más que cinematográfica. Se sostiene como la documentación de un ritual que se incorpora a una historia pequeña, casi anecdótica, que permite que nos acerquemos tanto a la muerte como a la vida desde una perspectiva que nos resultará exótica en un comienzo, pero que gradualmente desarrollará un enfoque dramático donde aparecen la muerte y el sexo, uniendo a dos personajes en una búsqueda por recuperar algo que se sabe inevitablemente perdido. Por momentos intensa y por otros un cliché, la película tiene un cierre cuestionable pero que fluye con mas naturalidad que, por ejemplo, Chassis, en parte porque el desarrollo de los personajes tiene en sus acciones, flashbacks y contexto una construcción sólida que se sostiene hasta el final. Cristian Ariel Mangini


Somewhere, en algún lugar del corazón, de Sofía Coppola / 7 puntos


La última película de Sofía Coppola es un ejercicio irregular, donde la herramienta que mejor la define es el uso de los tiempos psicológicos con los que se sucede la trama. El Jhonny Marco de un más que aceptable Stephen Dorff vive entre la fama, mujeres, drogas y alcohol, en un mundo que funciona por inercia. A saber: en la película se presenta como algo inevitable donde se concatena una cosa con la otra debido a que se trata de un actor famoso que debe aceptar una forma de vida. Lo del “deber” parte más del punto de vista de la directora y cierta indulgencia autobiográfica que se traslada al personaje de Elle Fanning, Cleo Marco. Es allí donde reside el corazón del film. La joven actriz sostiene con naturalidad los planos más largos, donde se aprecian los momentos en que padre e hija se encuentran a pesar de estar en mundos completamente apartados y aquí está la clave de la película: se nos presenta al mundo de Jhonny como un mundo vertiginoso y superficial hasta que su relación con Cleo le permite observar a su alrededor lo que está sucediendo, lejos de la fama que lo rodea y apreciando actos más cotidianos. Sí, suena a cliché, pero no está mal contado y cuenta con grandes actuaciones, a pesar de que se puede cuestionar la falta de profundidad con la que se describe un entorno que parece más una alegoría que una realidad. Cristian Ariel Mangini

La vida de Johnny Marco se nos presenta con largos planos fijos de sus vueltas en auto de carrera, con la interminable coreografía erótica de las mellizas rubias que siguen sus rutinas a pesar del sueño de su cliente. Esta fría monotonía de relaciones superfluas, sexo con desconocidas y fiestas insomnes se verá interrumpida por el primer diálogo del film, con la aparición de la hija del protagonista. A partir de este momento, irá creciendo paulatinamente la velocidad de la acción, los planos serán cada vez más abiertos y, al mismo tiempo, se irá afianzando el vínculo paterno. Somewhere se muestra desde un primer momento totalmente distinta a las anteriores películas de Sofia Coppola, en esta oportunidad decidió ubicarse en otro lugar, usar un lenguaje despojado de la riqueza visual a la cual nos tenía acostumbrados y contarnos fragmentos de una historia simple y claramente autobiográfica. Julieta Paladino / 7 puntos


Spark of being, de Bill Morrison / 8 puntos


Película que podría etiquetarse como experimental y esto trae algunos problemas para el público del Festival de Mar del Plata (la mitad de la sala se levantó antes del final), lo que es comprensible porque no es del circuito comercial. Aclarado esto sólo decir que si te sumergís en la experiencia que te proponen Bill Morrison y Dave Douglas y su banda Keystone, realmente es más que interesante. Película que utiliza la técnica de foundfootage (retazos de películas viejas o fragmentos encontrados de algún film perdido) y arma un colage de imágenes basándose libremente en el Frankenstein de Mary Shelley, utilizando títulos para separar los segmentos/temas. Es en The doctor creation donde la banda de Dave Douglas logra un sonido tan cercano al caos y Bill Morrison nos muestra unas imágenes de película que parece rayada luego de ver unos científicos activando máquinas y unos rayos que parecen terminar transformándose en dibujos, que la película alcanza un punto alto. Gabriel Piquet


Symbol, de Hitoshi Matsumoto / 6 puntos


Dos historias avanzan en paralelo, la primera es la de un luchador de lucha libre y su familia que viaja a través del desierto para disputar un importante título. En la segunda vemos a un hombre en pijamas atrapado en una enorme habitación blanca, que para salir deberá accionar distintas palancas (que no son más que penes de ángeles pequeños) que irán revelando distintos objetos para ayudarlo a encontrar la salida. Una mezcla de videogame de aventura (esos en los que el personaje debe sortear una serie de intrincados puzzles para pasar al nivel siguiente), con similitudes estéticas a la nave de Hitchhiker’s guide to the galaxy (aquellas puertas suspirantes y el botón de improbabilidad). Los primeros intentos de escape del protagonista resultan inútiles y algo reiterativos, ya que él es (por meras cuestiones de guión) extremadamente estúpido, aunque no por esto Symbol tenga sus buenos picos de comedia. Una bizarra alegoría a la creación y evolución de la vida con un destacado trabajo de arte y fotografía. David Pafundi


The cars that ate Paris, de Peter Weir / 7 puntos


La película empieza como una publicidad con una pareja perfecta que viaja por la ruta y mientras beben gaseosa y fuman (todo esto con lujo de detalle en las marcas), tiene un accidente. Acto seguido un auto que lleva una casa rodante se desvía por un camino alternativo a la ciudad de París en una zona rural autraliana (acá no hay desierto), son encandilados por unas luces y desbarrancan. Ya en la ciudad de Paris sabremos que hubo un sobreviviente, Arthur, que su hermano que manejaba murió. La gente del pueblo lo cuida y el alcalde de la ciudad lo tiene como parte de su familia. Arthur arrastra un trauma del pasado que no le permite manejar, quiere irse de Paris pero no puede ya que la ciudad está sitiada por un grupo de bandoleros (palabra que utilizo porque remite al western). Sabremos que los accidentes son provocados y que la gente del pueblo desmantela y quema luego los autos, que en el hospital hacen experimentos con los sobrevivientes de los accidentes a los que llaman vegetales y que uno de los pocos que ingresa a la ciudad y sale es el pastor de la iglesia. La opera prima de Weir muestra algunos elementos de su posterior cine (la artificialidad de una comunidad perfecta, la misma que en The Truman show convive con Jim Carrey) y también con películas de la época (puede compartir con Wake in fright esa prepotencia de los lugareños para que los personajes se queden y que ellos confunden con hospitalidad). Otra película con la que se la puede comparar en eso de comunidad cerrada que guarda un secreto es The wicker man de Robin Hardy. Película que puede sentir algo el paso del tiempo pero que vale. Gabriel Piquet


The fourth portrait, Mong-Hong Chung / 6 puntos


La disfuncionalidad y los problemas sociales basados en la inmigración y los matrimonios arreglados son el núcleo de este relato que tiene a un niño en el centro de la problemática. Esa es la temática central de la película dirigida por Mong-Hong Chung, que define su punto de vista pero que encuentra en su construcción del melodrama algunas irregularidades que terminan vulnerando la trama. El escenario es Taiwán y nuestro protagonista está sujeto a una condición social que no eligió pero que debido a la muerte de su padre se ve obligado a asumir, en un hogar dominado por un violento padrastro que oculta un secreto del cual Xiang parece intuir algo. La película fluye con una expresiva fotografía que le da mayor claustrofobia al hogar, en contraste con los líricos planos generales que describen el paisaje de la aldea, a menudo rompiendo el punto de vista que se perfilaba. Esto es lo que termina degradando al guión: el paso de un testigo a un narrador omnisciente que permita poner en evidencia el mensaje, rompiendo la coherencia y exaltando la parte más amarillenta del drama. Un ejemplo es que veremos el trabajo de una noche a través del personaje de la madre de Xiang o veremos la marca de un crimen como una marca retórica de algo que ya se intuye. Aún así, la película se sostiene en elogiables actuaciones y alguna búsqueda visual que demuestra cierta solvencia que nunca se termina de traducir en el relato por personajes sin peso y los mencionados baches. Cristian Ariel Mangini


The hunter, de Rafi Pitts / 7 puntos


Se trata de una película donde la progresión y el trabajo de tiempos conforman un relato que en su potencia visual encuentra su principal virtud. No es que estemos ante un guión desordenado o personajes inverosímiles, pero seguramente quienes esperaban en el desenlace un mayor desarrollo psicológico antes que temático encontrarán un tanto frustrante el plano final (que no revelaré). La cuestión del ritmo de la película es uno de los grandes méritos: la tranquilidad de la vida doméstica, el reposo de los primeros 40 minutos, se ve conmovido en nuestro protagonista por la muerte de su esposa y su hija en un “hecho confuso”, empujando la película hacia el vértigo de un film de acción que es solamente una espiral descendiente para Alí. Hay persecuciones impecables que, introducidas en un frondoso y laberíntico paisaje de bosques, hacen de la imagen un espacio metafórico donde aparecen las contradicciones entre perseguido y perseguidores, victima y victimarios, en una Irán impactado por las sangrientas protestas tras las elecciones del 2009. Cristian Ariel Mangini

En los últimos años todo lo que llegó de Irán era un cine más intimista y parte de la crítica se subió al boom de fines de los 90. Después, como todo boom, aburrió (seguramente pase lo mismo con Rumania y ahora con México). Esta película comparte algo de aquel cine iraní, pero se podría encasillar en el policial. Los tiempos que se toma para contar la historia de un hombre que trabaja como guardia nocturno en una fábrica y de día está con su mujer e hija (sabemos que estuvo en la cárcel y que por sus antecedentes no le permiten trabajar de cualquier cosa). Un día de vuelta del trabajo, su mujer y su hija no están en su casa, preocupado empieza a buscarlas, descubrirá que fueron asesinadas en un enfrentamiento entre policías y rebeldes. Deprimido, sale a disparar desde la base de una torre eléctrica a un auto de policía que pasa por una autopista, matando a los dos ocupantes. Huirá y será perseguido por la policía (muy interesante la persecución en una ruta sinuosa cubierta de niebla), su auto vuelca y se escapa al bosque. Aquí comienza otra parte de la película y es la relación que entabla con los dos policías que lo atrapan y llevan por el bosque para entregarlo. La actuación del propio Pitts sostiene el film. Su parquedad ayuda a que el personaje parezca realmente un hombre deprimido que ya no tiene incentivos. Gabriel Piquet / 6 puntos


The legend of Beaver Dam, de Jerome Sable / 7 puntos


Un trabajo que retoma toda la tradición de los slashers ochentosos (con Viernes 13 como referencia fundamental) jugando con la construcción del héroe y el asesino de turno. En el medio el director juega con registros como el humor negro y el musical (¡a lo High School Musical!) para enmarcar un final que revela la auténtica naturaleza del protagonista y el tópico central del subgénero, remitiéndose a la infancia. Cristian Ariel Mangini


The rock`n’roll dreams of Duncan Christopher, de Justin Monroe / 6 puntos


Una comedia que podría enrolarse en eso que se denomina NCA (nueva comedia americana). “Música y magia” son las palabras que le repite su padre (una estrella de rock que tuvo su éxito en los 70) a un joven Duncan Christopher. Su padre se suicidará en 1989. Luego de 20 años, el joven Duncan Christopher intentará reanimar la llama del rockstar que cree tener. Su primo Charles lo acompañará a la gran ciudad y comenzarán a competir en el circuito más importante de música karaoke (todo esto ambientado en la ciudad de Tulsa). El film tiene buenas intenciones pero llega tarde en muchos casos con algunos de sus gags, inclusive algunos también para la propia inventiva argentina (un viejo rockero que canta Rompiendo las reglas, un chiste visto en algunas cosas de Todo por $2; y a Christopher Duncan cantando Broken wing, que se parece a un chiste de Todos contra Juan). Lo que hace que la película pueda mantenerse son algunas de las subtramas (como la relación que quiere volver a reestablecer Duncan con su hermana o su primo Charles y su tío Virg intentando usar energías alternativas). Mérito valioso para los programadores es seguir intentando traer comedia a un Festival en el que se le es esquivo el género. Gabriel Piquet


Tiny furniture, de Lena Dunham / 7 puntos


¡Otra vez el cine norteamericano independiente mira por arriba a la familia de clase media intelectual neoyorquina!, dirá usted. Puede ser. Algo de eso hay en Tiny furniture, pero con la enorme diferencia de que la directora Lena Dunham es la protagonista, Laurie Simmons es la madre en la ficción y en la vida real, y Grace Dunham también tiene la dualidad de ser hermana en la ficción y en la realidad. Entonces, todo esto complota para que la mirada de la directora/protagonista sea sí despiadada y burlona, pero también cariñosa y comprensiva. Divertida, con diálogos chispeantes, a veces se le escapan a Dunham algunos excesos en las referencias que toma (la cita a Woody Allen es demasiado explícita), pero eso lo podemos adjudicar a que tiene 24 años y son cosas que se pueden limar con el tiempo. No obstante, destaca la inteligencia y sobriedad con la que retrata los días de Aura, la joven que no sabe para dónde ir mientras lidia con su pasado, su amiga, su madre, su hermana, sus intereses sentimentales. Al final, no es otra mirada por arriba, sino una de costado, de par, de confidente, de amiga. Mex Faliero


Todos vós sodes capitáns, de Oliver Laxe / 5 puntos


La opera prima de Oliver Laxe tiene varias líneas que no se terminan de redondear dejando un caos que, lejos de proponer una nueva lectura sobre lo que se está registrando (ya que es un film que juega con la metareferencia y la autorreferencia) termina diluyéndose en cuestionables tiempos muertos y diálogos que no logran dar la línea que pretende tener el relato ¿Cuál es la línea en cuestión? Pues, además de las referencias cinéfilas, existe la búsqueda de denunciar los lugares comunes en que se cae a la hora de registrar una experiencia antropológica como la que se da entre un director de cine y los chicos de un instituto para chicos marginales en Tánger. Hay entonces un registro del registro que construye una ficción y aquí es donde todo derrapa. El punto de giro (el reemplazo de Oliver por otro colega) que define el desenlace, da lugar a una serie de situaciones que se extienden y se estiran sin aportar alguna cuestión narrativa. Las intenciones son nobles y el final, donde se ve lo que registraron los chicos, recupera la premisa por la que parece haber sido concebido el film, pero en el medio hay un guión casi inexistente que se alarga con observaciones previsibles y planos que parecen funcionar como relleno. Sin lugar a dudas, un trabajo de búsqueda interesante por momentos, pero que se queda a medio camino y, gran problema, aburre. Cristian Ariel Mangini


Tomorrow will be better, de Dorota Kedzierzawska / 9 puntos


Basada en la verdadera historia de tres niños de la calle que hace 5 ó 6 años escaparon de Rumania hacia Polonia, anduvieron por bosques sin nada que comer y hasta llegaron a atravesar la frontera sin ser vistos por la policía. Esta historia llegó a las radios de Polonia que hicieron una suerte de encuesta para conocer la opinión de la gente con respecto a si los niños debían quedarse o no en el país con asilo político. Los resultados fueron muy divididos, la mitad de la gente quería que se fueran y la otra mitad quería que se quedaran. Al oír estas noticias, Dorota Kedzierzawska (directora y guionista del film) quedó muy impactada al comprobar que sus compatriotas eran tan poco sensibles y decidió escribir el guión de esta película. El resultado es excelente: la historia fue narrada con una fotografía impecable (mérito de su director de fotografía Arthur Reinhart) y, a través del punto de vista de sus protagonistas, llegamos a darnos una idea, según palabras de Dorota de “sus ilusiones, no sólo del sufrimiento, sino de la fuerza de estos niños que no podían hacer nada y al mismo tiempo podían tanto”. Una de las cosas más sorprendente del film es seguramente la actuación de los tres pequeños que, al igual que los personajes a los que encarnan, son niños huérfanos sin ninguna experiencia actoral previa, dos de ellos provienen de Ucrania y el más grande es de un campo de refugiados chechenios. Es una película que, con pocos recursos muy bien utilizados, no deja de mostrarnos la inocencia y la esperanza que, a pesar de la dura realidad del este de Europa, persiste aún en algunos. Julieta Paladino


Tournée, de Mathieu Amalric / 8 puntos


No vi las anteriores películas de Amalric, pero sin dudas que Tournée -su cuarto film- es una excelente forma de comenzar a apreciar su filmografía. El actor y director francés interpreta aquí a un productor de la televisión gala que, en la mala, conduce un grupo de mujeres norteamericanas voluptuosas, en un show de desnudistas que está de gira por varias ciudades costeras francesas. Lo que importa aquí es lo fundamental del cine: el personaje y el contexto. Amalric teje a su productor de un poco de patetismo, otro poco de indulgencia y un cacho así de grande de ternura. Tournée no es otra cosa que el intento de un tipo en desgracia por recuperar el territorio como laburante, como padre, como hombre. Y el film cruza todo esto con humor, con algo de dramatismo, con absurdo, con desborde, con imaginación. Luego uno se entera que este cabaret del New Burlesque existe en la realidad, que aquellas secuencias teatrales tienen un sesgo documental y que, además, se permite encontrar la felicidad y lo maravilloso en este ámbito. Y ahí Tournée se hace más grande todavía. Más grande, inclusive, que la increíble Miranda Colclasure. Mex Faliero

No es una road movie ni una comedia negra, ni documental, tampoco sólo ficción. Un poco de todo esto y bastante más es la película francesa de la Seccion Panorama. Un grupo de señoras, señoritas -y algún hombre- viajan desde Estados Unidos de gira hacia Francia con su show New Burlesque. El productor del show -el mismo director Amalric- busca regresar a su país por la puerta grande, reivindicar su mala fama y conquistar la noche francesa, además de resolver conflictos de una historia familiar oculta. Shows nocturnos, sexo, disputas de ego y personalidades de lo más diversas componen esta recomendable película, donde ficción y realidad se entrecruzan en las casi dos horas de duración. El buen manejo de la cámara, nunca encima, tampoco alejada, pone al espectador dentro de la historia de las desnudistas, bailarinas y cantantes del New Burlesque. El erotismo queda de lado y prevalece el show nocturno, artístico y sensual, pero alejado del Moulin Rouge al que algún desprevenido puede referenciar con el film de Amalric. Juan Manuel Quintanilla / 8 puntos


Tuesday, after Christmas, de Radu Munteanu / 7 puntos


Con un guión quirúrgico trabajado desde lo dramático, esta película que narra el trayecto de una infidelidad logra cargar con cada secuencia y cada silencio una serie de interrogantes que interpelan al espectador, sin caer en una resolución facilista desde la moral. El desarrollo sostenido por paneos y planos largos confía y sostiene en sus actores el peso del ritmo de la película, más allá de un uso de las elipsis que resulta algo tosco, sobre todo si tenemos en cuenta que el film intenta ser lo más natural y cercano posible. No hablamos sólo de encuadres, los diálogos y los silencios trabajan tiempos donde asoma un realismo implacable que en el desarrollo psicológico de los personajes se aleja de la formula hollywoodense (sin criticar esta visión) y opta por otro tipo de registro donde su proximidad con Cristi (Dragos Bucur), el infiel en cuestión, levanta preguntas necesariamente al espectador. En el medio surgen cuestiones como el ocultamiento del mundo adulto a los niños, que se trasluce en esa secuencia final, donde la complicidad entre la disuelta ex pareja para ocultar que no es Papá Noel quien trae los regalos, remarca otra cosa que aceptamos con sutileza e inteligencia por parte de Munteanu. Hay que decir también que a veces resulta algo densa y no todas las secuencias complementan con su duración a la intención dramática que se le pretende dar. Un ejemplo sería la secuencia en el consultorio odontológico, a diferencia de aquella donde Cristi comunica y admite (se admite) que le fue infiel a su pareja.  Profundo e intenso, el film también pertenece a esa raza de películas que se catalogan como “lentas”, por lo tanto, poco pacientes, abstenerse. Cristian Ariel Mangini


Ultimo grito, de Iván Zulueta / 7 puntos


Empieza la película y descubro que es un programa de TV, espero lo peor. Pero no, ahí es cuando recuerdo al leer los créditos que el que dirigía esto era el gran Iván Zulueta (la persona que ideó y filmó una película de ruptura  en el cine español como Arrebato, merece el mayor de los respetos de todo el resto de nosotros, humildes mortales). Programa anárquico que envidiaría gran parte de la TV actual, segmentos en los que se habla sobre el cómic, mientras una mujer entrevista en la calle a gente de diferentes edades preguntándole si les gustan las historietas. Gags realizados como pequeños cortometrajes que emulan películas (el del cine de gángsters, con el autoestopista asaltando al conductor del vehiculo que lo lleva es muy divertido) o películas románticas. Dibujos que se van formando en la pantalla mientras se escucha Something de los Beatles, especial sobre el arte pop en donde vemos a los cartelistas de películas (carteles que se hacían para las marquesinas de los antiguos cines). Zulueta ejerció esta profesión en la década del 80, abocado a los afiches de films de Borau y Almodóvar entre otros. Homenaje a The mothers of inventions (la banda de Frank Zappa), el increíble cortometraje La cerilla huerfanita contra Papá Noel (en donde una vendedora de fósforos intenta sacarle fama en la Navidad a Papá Noel). Un especial sobre el surf en la costa española con música de los Beach Boys. Todo esto en programas que durarían 30 ó 40 minutos aproximadamente. Uno sale de la sala y tiene ganas de ver TV. Se engancha a ver un programa cualquiera y la realidad lo devuelve a la tierra. Luego hace lo más saludable, apaga el aparato y vuelve a las salas de cine. Gabriel Piquet


Un, dos, tres, al escondite inglés, de Iván Zulueta / 7 puntos


Esta película de Zulueta está influenciada por Help (Richard Lester) en la estructura de intercalar gags con las bandas que tocan, pero después es más osada en algunos planteos. Unos jóvenes que tienen una disquería deciden boicotear un concurso organizado por Mundo Canal (muy parecido a Eurovision), un evento en el que se elegirá una canción que representara al país. Las bandas beat del momento irán siendo eliminadas del concurso de las formas mas absurdas y divertidas, envenenados, volados con una granada, con globos venenosos. Es así que Los Iberos, Ismael, Los Buenos, Los Mitos, Los Beta (por nombrar algunos) irán mostrando sus canciones en hermosos clips totalmente pop, en los que se verán todo tipo de recursos técnicos para dar creatividad visual al tema que está sonando (antológica la escena en la que los integrantes de una banda en las calles del centro de Madrid utilizan unos anteojos que al mirar desde su perspectiva logran un efecto calidoscópico). Película para recomendar y para que gran parte de las bandas de música de la actualidad saquen ideas para sus videoclips. Gabriel Piquet


Wake in fright, de Ted Kotcheff / 8 puntos


El maestro rural John Grant sale de Tiboonda (dos construcciones en medio del desierto australiano, la escuela y lo que sería un bar) para tomarse una vacaciones (volver a Sidney en donde está su novia). Antes de llegar a destino pasa la noche en Bundayabba, un lugar en el que la hospitalidad parece que se maneja a base de prepotencia (cada vez que le invitan una cerveza no puede negarse y es incitado a beber fondo blanco para no ser tratado como una persona descortés). Conoce el juego más popular de la ciudad (sobre una madera se arrojan dos monedas y la gente apuesta a cara o seca). Luego de apostar y perder todo su sueldo en el juego comenzará un raid de varios días que se transformará en meses sin poder salir del lugar. En la película hay calor, los personajes transpiran, la cerveza es como el agua para los lugareños, las mujeres son objetos y hasta ignoradas (en la mayoría de las escenas son sólo hombres) y el personaje de Gary Bond pasa de ser ese maestro con ideales que quiere volver a Inglaterra a convertirse en un hombre de neandertal (la escena en que salen a cazar canguros lo deja demostrado). Excelente film que in crescendo nos va mostrando la transformación de un hombre gracias al entorno en el que habita llevándolo al extremo. Gabriel Piquet


Winter vacation, de Li Hongqi / 6 puntos


Se trata de un invierno crudo, donde aparece el espíritu de un grupo de jóvenes durante sus vacaciones, a un día de comenzar las clases. La película es el fragmento coral de una población que dialoga con un grupo de adolescentes sumergidos en la abulia y la desesperanza. Allí, en esa población marginal, se ve de alguna manera un fresco de sus posibles futuros, con un pesimismo que cobra especial significado hacia el final, cuando un docente “erróneo” menciona la frustración de ver cómo las vidas de sus alumnos (y la propia) está estancada en la más absoluta desesperanza. La secuencia es ejemplar, intensa; lástima que un tramo largo de la película volverá sobre la premisa varias veces obligándonos a repensar el entusiasmo que nos había despertado. Planos innecesariamente largos, silencios artificiosos y un aburrimiento gradual por estos momentos donde la cámara se queda fija en la nada, son contrastados con una saludable comedia involuntaria y diálogos donde lo dicho (tan salvaje como lo que le apunta el profesor a sus alumnos) excede de manera adrede cualquier tipo de pudor, como si lo dicho suplantara, precisamente, a todo lo “no dicho”, “lo cotidiano”, de los actos de los personajes. Por decirlo de un modo más llano: puede que no veamos un diálogo sobre el clima o los estudios, pero veremos que un abuelo le dice a su nieto que lo deje en paz porque “está conmovido” mientras mira la televisión. En esta sorpresiva inversión es que la película cobra un nuevo significado, a pesar de sus interminables (e imperdonables) tiempos muertos. Cristian Ariel Mangini


White white world, de Oleg Novkovic / 5 puntos


Definitivamente esta es junto a Chassis la película más floja de la competencia internacional. Más allá de algunas curiosas secuencias musicales o alguna resolución dramática en un diálogo donde se mantiene una tensión constante, este film está lleno de baches que llevan a una comedia involuntaria. Hay un porque para esto. El film pretende ser el fresco social de un pueblo, pero se queda en personajes por los cuales es prácticamente imposible sentir empatía y luego suma una tragedia tras otra de tal forma que creeríamos que Edipo era un tipo con suerte. King (Uliks Fehmiu) no sólo es un personaje desagradable sino que, además, sobre el desenlace sufre “una serie de eventos desafortunados” que pretenden que sintamos algo por el personaje. Imposible. En el medio el guión apela a la incomunicación entre los personajes para dar lugar a que se disparen hechos cada vez más extraños a la trama, rompiendo todo verosímil. La cuestión es que empieza como ese retrato social que se pretende, con algunos momentos musicales jugados, y termina como un incoherente delirio trágico. Otro detalle es que hay momentos que están mal resueltos desde el aspecto técnico: el uso del zoom es desprolijo, la cámara en mano resulta inestable y algunos cortes en el montaje resultan toscos. Zafan la cuestión la música regional y las secuencias musicales a pesar de lo disruptivas que puedan resultar algunas, además de las actuaciones de Jasna Djuricic y Hana Selimovic, que hacen lo que pueden por darle matices a auténticas caricaturas. Termina con un plano que pretende rescatar el contexto social del pozo, pero el pozo ya es demasiado profundo para ese entonces y el film se hace demasiado largo para lo que en definitiva cuenta. Una rareza que se ve mejor fragmentada. Cristian Ariel Mangini


Yo maté a mi madre, de Xavier Dolan / 9 puntos


Fresca, dinámica y totalmente única. Yo maté a mi madre habla de algo tan cotidiano y complejo como la relación madre-hijo,  pero lo hace desde otro lugar y con un lenguaje muy contemporáneo y mediatizado: con una elección musical excelente que va desde la música clásica a la electrónica, insertando por momentos instantáneas digitales que funcionan como separadores, o videos caseros del protagonista que son una suerte de diario intimo de la era de la comunicación. Con dos películas en su haber, otra en camino y solamente 21 años, Xavier Dolan (protagonista, director, guionista y productor de esta película) es probablemente una de las promesas más interesantes del cine canadiense contemporáneo. Julieta Paladino


Yoyo, de Pierre Etaix / 9 puntos


Algunas películas llevan el rótulo de obra maestra y el tiempo no les juega a favor; este no es el caso. En 1925 vemos en un inmenso palacio a un millonario (interpretado por Etaix) que trata de ser divertido y atendido por un séquito de servidumbre, músicos y bailarinas sin lograr que este no se aburra y deje de pensar en un amor que se fue. Un circo que pasa por el palacio será contratado para que el millonario salga de su tedio/rutina, y para su alegría descubrirá que su amor es parte del staff y además conocerá a su hijo Yoyo. Luego de que una voz en off nos cuenta sobre el crack del 29, vemos que Yoyo y sus padres deben dejar el palacio y seguir con el circo itinerante. Mientras Yoyo crece hasta ser adulto, vemos pasar importantes hitos de la historia (Segunda Guerra Mundial, invención de la TV). Etaix fue asistente de otro grande como Tati (y se nota en la puesta en escena de algunos gags), pero además trabaja algunos chistes con el sonoro, manteniendo su espíritu del cine mudo (en la oficina con el vendedor de gags, mientras lo llaman por teléfono y entra en la secuencia un guionista y un hombre con una maqueta circo que se transforma en estacionamiento). Realmente es grato saber que todavía se pueden descubrir películas como esta. Gabriel Piquet

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