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Los cortos y el mar

Por Cristian Ariel Mangini

Con motivo de la realización de MDQset tuve la oportunidad de asistir a un acontecimiento netamente marplatense, con una seguidilla de cortos que muestran expresiones que ponen a nuestra ciudad como escenario desde distintas perspectivas locales. Irónicamente, parece haber cierta obsesión con el mar que es patente en realizadores que provienen de otros destinos, planteándonos la lícita pregunta de ¿Es Mar del Plata una ciudad más allá del mar y la playa?, ¿puede salirse de esa locación para describirse la ciudad? Si bien no creo que deba darse la espalda a una locación tan privilegiada, también es cierto que su utilización y su funcionalidad dentro del encuadre y el guión agotan, con el mar como elemento contemplativo y reflexivo pero desde el más absoluto cliché. Este agotamiento de la imagen que se vio en varios de los cortos participantes (no todos) denota una carencia a la hora de retratar nuestra ciudad, pero no por lo que muestra sino como lo muestra.El mar es una imagen retórica y simbólicamente muy fuerte que debe ser dosificada ya que, de lo contrario, suele devorarse a las figuras del plano afectando a trama y personajes según como se ubique la cámara. Pero con “mostrar la ciudad” no me refiero a “che, váyanse a 180 y Pirán o a Polonia y Juan B. Justo para mostrar la ciudad profunda” (aunque sería interesante), a solo pocos metros es llamativo que no se hayan mostrado barrios de la Perla, Constitución o incluso el Centro. Sin embargo, este tono contemplativo del mar es consecuencia de otro problema: la elección del tema y el género.

Por lo general se trata de dramas intimistas que intentan abarcar varias temáticas al mismo tiempo, tornándose derivativos y buscando, precisamente la contemplación, como elemento que denote la evolución del personaje o alguna cuestión simbólica relacionada consciente o inconscientemente con la “inmensidad” o “el porvenir” a través del mar. Pero el hecho de que la historia cierre de esta manera deja varios cabos sueltos, apelando a la poesía sin que haya una construcción dramática que nos lleve a ese punto. El problema central de este tono dramático desde el guión es que el mar aparece singularizado, y no como un elemento cotidiano que fluye junto a los personajes, como precisamente podría exaltar un corto local en contraposición a un trabajo fílmico desde otro lugar ¿Por qué no un policial negro con el mar como elemento complementario?, ¿Por qué no plantear una comedia aprovechando al puerto como locación? Esta llamativa falta de apuesta al género y las irregularidades de los guiones es uno de los rasgos que más se repiten, con puntos de giros arbitrarios, diálogos inverosímiles y puntos de vista imposibles. A esto hay que sumar los errores técnicos, algunos sutiles (como puede ser el sonido o la dirección de fotografía en algunos) o groseros (como el montaje o errores de continuidad), y otros que se presentan de manera alarmante y son disruptivos en la narración visual.

Pero dentro del acontecimiento no deja de ser loable ver que haya una producción local y que hay un espacio para proyectarla, además del MARFICI y las funciones que se hacen ocasionalmente en espacios como el Teatro Colón o el Auditórium, entre otros. Lo negativo es que hubo problemas de difusión y que el público no acompaño demasiado la propuesta, casi se podrían contar 200 personas entre los dos días, cuestión que no deja de ser entendible si se tiene en cuenta de que se trata de la primera edición y que nuestra ciudad no es precisamente un espacio con una dinámica cultural demasiado fluida (a pesar de lo que diga el infame corto del EMTUR, un ejemplo de cómo cumplir la tarea de manipular visualmente), con poco espacio para el recambio más allá de lo “consagrado”.

Entre lo que vi no quiero dejar de destacar el clima y el trabajo narrativo de Testigo (Javier Gogna)  –el trabajo que me pareció más redondo- ,un corto donde se conjugan traumas infantiles con el horror, desde el espacio claustrofóbico de una escuela; algunos climas de Inside (Emanuelle Vignolo) o La llorona (Pablo Jacobo); secuencias de acción que no pasan desapercibidas en Thanatos (Gonzalo Piñero); cierta espontaneidad actoral de Ella y él (Mariano Oliveros) además de cierta apuesta a la comedía con Cocina para microondas (Rodolfo Moro); el trabajo de montaje o iluminación en Vació de lleno (Demián Basualdo) y la narración dramática con interesantes giros de Pasado no pisado (Ignacio Ramundo). Me queda como una incógnita el film (¿comedia, drama, testimonio?) La casa de verano (Carlos Morbelli), trabajo con el que me he divertido mucho pero, honestamente, no sé si eso fue buscado o involuntario. Quizá el realizador pueda aclararlo. Y, obviamente, me quedo con la posibilidad de que el año que viene se haga nuevamente y haya mayor acompañamiento y difusión local de MDQset.

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