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MARFICI 2010: Día final

Cerrar estas jornadas siempre tiene algo de melancólico, en parte porque uno está haciendo lo que le gusta, en parte porque se torna algo exhaustivo donde se pierde la dimensión del tiempo y, finalmente, porque convive con colegas con los cuales se puede debatir abiertamente sobre cine que es, al fin y al cabo, el quid de la cuestión. Pero además es porque se ve la posibilidad de alcanzar a un público más amplio, de conversar directamente con quienes abandonan la sala y porque se puede observar la impresión directa de lo que el espectador quizá no está acostumbrado a ver (gritos, enojos, aplausos o un “devuélvanme la plata”, cosas así).  Un festival, cualquiera este sea, siempre va a ser un motivo de cierta felicidad aislada en un montón de días, donde el agotamiento no deja de tener también su cuota positiva ya que, después de todo, uno se cansa haciendo lo que le gusta.  Como se imaginarán, este es el día de las conclusiones.

Pero antes hubo algunas películas y cortos de las que hay que hablar. Si bien no se vio el bloque completo, se pudieron apreciar algunos cortos de la selección del Molise Cinema en el MARFICI. En conjunto, lo que se vio tiene algunas cuestiones irregulares, pero hay algunos films bastante logrados. Arafat and I tiene un timing de comedia norteamericano con los diálogos, filmado en un expresivo blanco y negro que denota cierta decadencia del protagonista y un ritmo que, si bien por momentos parece estancado, en otros adquiere dinamismo gracias al trabajo actoral de los tres protagonistas (Mahdi Fleifel, Ximena García Vera y Zein Ja´far). Con una extensión justa y una estructura cíclica, se trata de una pequeña anécdota explotada con un acido tono de comedia. Luego, y aquí comienza la pendiente de depresión del programa, se proyecta Steel homes, un corto documental sobre gente que guarda sus pertenencias, aquellas que tienen un valor emotivo incalculable, en celdas de metal en un archivo. La cámara busca oscuros corredores con líneas de fuga claustrofóbicas que, junto a la uniformidad de chapa y metal que se repite en cada una de las celdas con cosas guardadas, sumadas a la voz en off de los protagonistas que van a ese archivo, generan un clima depresivo que reflexiona sobre la memoria y el valor de seguir adelante o quedar encadenado a un pasado que ya no volverá, pero del cual quedan los objetos, como expresaría Jorge Luis Borges en su poema “Las cosas”. Luego estuvo Macchie di sole, de Stella di toco, una especie de film sobre el crecimiento y la maduración en el medio de unas apacibles vacaciones. Filmada con un trabajo de guión impecable en la disposición de planos y la fluidez de la narración, lo que pierde en la originalidad del tema lo gana en el profesionalismo en las actuaciones y un acertado final donde el fuera de cuadro habla de aquella brecha que separa dos edades y dos formas de ver completamente distintas. El despertar sexual, las frustraciones adultas y las presiones individuales aparecen con un final algo ambiguo y pretencioso (el mar…), pero el trabajo sobre el climax es particularmente notable, especialmente gracias al trabajo de la joven Michela Chiarello.

Filastrocca all´Albicoca es un corto animado, con un tono de cuento infantil en sus imágenes y una pureza demasiado remarcada que aparece como una idealización de la infancia. Por supuesto, cuando se enteren de la raíz de toda esa cuestión, que aparece en una placa final, quedaran en silencio porque es en verdad un emotivo recordatorio de la tragedia ocurrida en el colegio San Giuliano di Puglia. En el 2002 ocurrió un terremoto de 5,4 grados medidos en la magnitud de momento, en el que murieron 27 niños y un maestro en aquel colegio de Molise. Si bien estéticamente aparezca un tanto limitado, la honestidad de la intención la hace exceder el mero análisis cinematográfico. Finalmente estuvo Girl and robot, un corto de animación digital simpático, prolijo, pero que carece de originalidad a pesar de su emotivo final y la atenta construcción de la chica protagonista a través de sus expresiones.

Luego estuvo la gala de clausura en el medio del frenesí de gente desplazándose para ingresar a la sala Melany, en un acto corto y afortunadamente, conciso.  Tras una apertura con Sebastián Echarry del Dúo La Trova, se dijeron algunas palabras por parte de José Luis Jacobo que confirman que los números del MARFICI fueron un éxito con “más de 12.000 espectadores en 5 salas”, además de confirmar que Alejandro Ferrari (talentoso director, productor y guionista uruguayo, que además tiene muy buena onda) se va a incorporar al equipo de organización con la finalidad de incorporar un perfil más latinoamericano en algunas secciones. Por otro lado aseguró que la séptima edición del MARFICI se va a realizar del 7 al 14 de mayo del 2011, entre aplausos que (nuevamente) se tornaron redundantes. A continuación vino la premiación, algo excesiva en sus distinciones, particularmente en el caso de la de cortometrajes. El premio del SICA para la formación profesional se lo llevó Raúl Vidal por Yo sé que me escuchas. En el caso de los cortos fueron, en total, siete (¡!) distinciones, divididas en tres categorías. En categoría experimental hubo una mención para Del amor, de Goyo Anchou; en animación para Un Arma peligrosa, de Mariana Rosa, Elena Wenger y Paola Murias y Copia A, de Gervasio Rodríguez Traverso y Pablo Díaz y, finalmente, en categoría ficción las menciones fueron para Un pasaje de vuelta, de Roberto Lizardo; Traumatic 73, de Lucas Nieto Mogollón y La loca Matilde, de Alberto Romero. El primer premio fue para Atlantis I, de Verónica Paz. En el caso de la competencia internacional de documentales se distinguieron a 1428, de Du Haibin; El ambulante, de Lucas Marcheggiano, Adriana Yurcovich y Eduardo de la Serna y a Petition, de Zhao Liang. El primer premio fue para Criada, de Matías Herrera Córdoba.

Pero más allá de la enumeración periodística, voy a referirme principalmente a la competencia internacional de documentales, ya que en el caso de la de cortometrajes solo vi Un arma peligrosa y, como puse hace unos días, me parece un trabajo notable. Pero en la competencia internacional de documentales, si bien las decisiones no me parecen por entero desacertadas, hubiera deseado que también se distinguiera un cine que escapara a premisas formales tan tradicionales. Goodbye, how are you?, All restrictions end o Historia de un día (con todo lo fallida que pueda ser) adquirían un tono estético que, si bien ninguna es vanguardia, procuran experimentar con estructuras formales en función de un tema que saben narrar con integridad, a menudo haciendo tambalear la propia estructura del film. Este tipo de riesgo merece ser distinguido, de la misma manera que el enorme riesgo de Liang a la hora de registrar Petition, film que se me ocurre demasiado televisivo a pesar de lo valioso de su denuncia. Con todo, se que Shelly Silver, Mike Dibb y el periodista Juan Aguzzi pertenecen a un jurado prestigioso por el cual tengo bastante respeto y con el cual, como dije, no estoy del todo en desacuerdo (y si no me creen, pueden chequear mis reseñas de las películas distinguidas).

Luego hubo una película de clausura, que en este caso fue Laya Project, de Harold Monfils. Como la apertura, se trato de una película de la sección centrada en el cine y la música (Esculpiendo milagros), pero no con resultados tan redondos. La intención es unir a través de la música el sonido de las regiones afectadas por el tsunami del 2004 en el océano índico, con un despliegue de imágenes que describen de manera hipnótica la cultura de esa zona. La presencia del agua como elemento estático pero, al mismo tiempo, siempre amenazante, son el eje de imágenes con un trabajo notable para ser un encuadre fotográfico. El problema que se me ocurre es que el uso de las imágenes se torna en una explotación de determinados aspectos exóticos y que, por otro lado, esto se torna redundante con el transcurso del film. Desde lo musical podría ser el folklore de las zonas que retrata si no fuera por el colchón ambiental que, obviamente, la acerca más a los trabajos de Peter Gabriel o Brian Eno que a la música vernácula que pretende retratar. Si bien tiene interpretaciones logradas y un excelente sonido, me parece contradictorio en el marco del documental, acercándose más a un material para exportar antes que a un sonido genuino. Sumado al hecho de que Somalia y Malasia brillan por su ausencia, creo que se trata de un trabajo irregular, lleno de cliches y, obviamente, contradictorio.

No podría cerrar un texto de un festival sin hacer un balance de películas, o una suerte de Top 5 para mancharme yo un poco y quien quiera me critique. Aquí va, sin distinguir ni secciones ni extensión.

1428, de Du Haibin

Goodbye, how are you?, de Boris Mitic

Macchie di sole, de Stella di toco

Criada, de Matías Herrera Córdoba

Masacre esta noche, de Adrián García Bogliano y Ramiro García Bogliano

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