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¿Quién dice que es fácil?

Vasos comunicantes

Por Cristian A. Mangini

El problema de esta comedia romántica de Juan Taratuto, quien ya había incursionado en el género con “No sos vos, soy yo”, es la previsibilidad. Si no resultara de esta manera quizá podrían salvarse las falencias del guión –que terminan afectando inevitablemente la trama- , la sobreactuación por momentos para exaltar algunos gags y la escasa originalidad que polariza a los dos personajes centrales en todos los aspectos posibles.

“¿Quién dice que es fácil?” consiste en los desencuentros entre Aldo, interpretado por Diego Peretti, y Andrea, interpretada por Carolina Pelleritti, por una serie de prejuicios que arrastran por el universo al que cada uno pertenece y fue criado que les impide consumar una relación. A este problema que tienen que enfrentar como pareja un conservador de “las buenas costumbres” y una liberal del siglo XXI se suma otro más que es el eje que define la película: Andrea esta embarazada y no sabe ni le interesa saber quien es el padre. Ante este panorama se desarrollan una serie de situaciones en el entorno privado de cada uno que da lugar a una transformación interna y externa en los dos personajes centrales.

Esta es la cuestión que atraviesa la película, y Aldo y Andrea son presentados desde el comienzo en todos sus aspectos. Por un lado el rigor y la rigidez del personaje de Peretti se manifiestan en su contundente, pero por momentos sobreactuada, performance. Un aspecto positivo de este personaje es como se representa el mundo que lo rodea, no solo a través de sus amigos sino también a través de la escenografía. El PH donde vive es mostrado a través de planos conjuntos que evidencian el abandono con los espacios vacíos o el aspecto de caducidad que le dan las luces amarillentas de la casa. La cámara fija muestra adecuadamente la cotidianeidad rutinaria de Aldo y su padre, interpretado por un gran Andrés Pazos, quien vive en un negocio repleto de cacharros. En la tensión y los diálogos entre estos dos actores se encuentran algunos de los momentos más logrados de la película a nivel actoral. Por otra parte, el personaje de Andrea resulta más verosímil pero se encuentra menos desarrollado: si bien el escenario de su apartamento muestra algunas facetas de su personalidad, es solo a través de las líneas de dialogo que accedemos a conocerla en los aspectos que pretende el director. El trabajo actoral de Pelleritti es adecuado y logra movilizar momentos de gran dramatismo cuando se enfrenta a los momentos críticos de su relación amorosa.

Lo más flojo son, sin lugar a dudas, los diálogos: algunos resultan visiblemente forzados para avanzar en la trama, otros para generar un gag que en general resulta fallido y otros resultan absurdos, afectando el verosímil de la película. Paradójicamente, los momentos donde mejor se expresa lo que constituye a una comedia romántica son en aquellos diálogos que pueden ser más serios o en las situaciones cotidianas que se tornan absurdas gracias al choque en la relación entre los protagonistas.

Por demás, el sonido es uno de los aspectos más cuidados del film, sin resultar efectista funciona con la precisión del reloj exaltando los momentos grotescos o románticos. Si bien no se trata de una banda sonora demasiado original, por lo general son armonías sencillas efectivas para exaltar las situaciones. Un apartado especial merecen algunas secuencias en las cuales la música funciona como leitmotiv, guiando los momentos como si se tratara de fragmentos de una película muda: un ejemplo es el primer encuentro de Peretti con su escribano, interpretado por el Les Luthier Daniel Rabinovich.

Más allá de lo expuesto, no deja de ser una comedia romántica entretenida que se torna algo larga, con varios guiños a las producciones norteamericanas de los 90, y que se sale del eje habitual sobre el cual se posiciona en general el cine argentino, dando lugar a un director que se focaliza en realizar el género con eficacia, pero sin llegar a sorprender o proponer una salida interesante, a pesar de lograr el cometido de entretener y dejar la habitual “moraleja” que este tipo de películas dejan.

5 puntos

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