Por Rodrigo Seijas
Difícil no sentir decepción frente a estos dos capítulos de The walking dead, que son indudablemente una mejora respecto a Now y Here´s not here, pero que a pesar de algunos momentos atendibles no dejan de transmitir la sensación de que están hechos en función de un par de revelaciones muy puntuales y no mucho más.
En Always accountable podemos destacar esa secuencia de tensa espera y ocultamiento por parte de Daryl en compañía de ese trío de ex oprimidos de los Lobos, donde el trabajo con los planos permite revelar y ocultar a la vez determinadas identidades que luego seguramente serán claves. Hay asimismo una configuración de ese espacio salvaje que es el bosque que le brinda a la narración unos cuantos pasajes de notoria inestabilidad y de permanente tensión. Pero en verdad, el relato no brinda muchas novedades respecto a Daryl, excepto que ha quedado desbandado y que termina quedándose sin su arma preferida.
Aún menos novedades y cambios brinda toda la subtrama del Sargento Abraham Ford y Sasha, cada uno buscando recomponerse de acontecimientos recientes que los sacudieron por completo: él se ha quedado sin misión y ella sin su novio y su hermano. Hay muchos riesgos en la forma en que el episodio busca profundizar en el vínculo de ambos a través de la pérdida y la incertidumbre –ahí tenemos esa secuencia desequilibrada de Abraham con el zombie que porta el lanzamisiles que él necesita-, pero ese mismo riesgo lleva a algunos diálogos bizarros en el peor sentido, como ese donde Ford se le insinúa a Sasha, que queda totalmente descolocado.
Y si Always accountable no resuelve nada en particular, apenas separando a Daryl de Ford y Sasha para luego volver a juntarlos, Heads up sólo existe para revelarnos que Glenn está efectivamente vivo y en condiciones de volver a partir de su encuentro casual con Enid, a pesar de que ella no quiera ni le vea el propósito. Lo mejor pasa por ese hilo invisible trazado entre Glenn y su esposa a través de diálogos puntuales y esa secuencia con los nervios de punta donde Spencer queda colgando de una cuerda, al borde de la muerte. Esa escena es también, lamentablemente, un resumen de un problema crónico de esta primera mitad de temporada: a pesar de ciertos eventos, todos los personajes están parados en el mismo lugar que antes, con Rick y su grupo salvando las papas frente a los errores no forzados de los habitantes de Alexandria –que bordean la estupidez- y un tipo como Eugene que con sus vacilaciones y errático comportamiento por momentos se convierte en un personaje realmente irritante.
Queda sí ese momento final –muy bien filmado desde diversos ángulos, hay que decirlo- donde se termina de caer la torre de vigilancia, habilitando la entrada del inmenso enjambre de zombies que estaban aguardando del otro lado de la muralla. Es un gran momento de cierre y preanuncia un cierre de mitad de temporada que seguramente será pura tensión y acción. Aún así, la impresión final es que sólo los capítulos iniciales –First time again, JSS y Thank you– tuvieron el impacto y el propósito deseados. Lo narrativo en su conjunto tuvo pocos avances, los personajes no crecieron mucho a partir de sus conflictos y la ausencia de un antagonista bien definido se hizo sentir demasiado.

