–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
ATENCIÓN: SPOILERS
Si el capítulo previo de Lioness estuvo casi enteramente situado en el pasado, esta vez estuvo dominado por el presente. Sugar Land, escrito por Taylor Sheridan y dirigido por D.J. Caruso, es cierto, le dedicó su primer tercio a ese pasado donde la operación diseñada por la CIA para exponer activos enemigos funciona tan bien que hasta se pasa un poco de rosca. El arranque es con una conversación brutal que Mullins (Morgan Freeman), Byron (Michael Kelly), Kaitlyn (Nicole Kidman) y Joe (Zoe Saldaña) sostienen con un senador, al que le dejan en claro que saben sobre sus conexiones con poderes extranjeros que lo estuvieron financiando. El “la cagaste” que le tira por la cara Joe al congresista marca la pauta de lo que es un linchamiento discursivo, en el que se le ofrecen dos alternativas: renunciar rápido y dejar que se acabe su carrera política por completo; o que su vida y la de su familia se convierta en un infierno legal, económico y mediático. Joe le sugiere una tercera suicidarse, y es la que el tipo elige, chocando su auto contra un camión a toda velocidad, en uno de esos momentos brutales que Sheridan y sus colaboradores suelen manejar muy bien. Hay tiempo para otra reunión de altos funcionarios donde Kyle (Thad Luckinbill) se va, como casi siempre, de boca, y le terminan asignando la ingrata tarea de localizar a Oleksandra (Elizaveta Neretin), que ha pasado a ser testigo protegida por el FBI. Ese es el puente que el episodio utiliza para retornar al presente, en el que ya van seis días del secuestro de Joe y Kyle encuentra por fin a Oleksandra, quien vive la típica existencia de un individuo de los suburbios. Ambos tienen una conversación bastante reveladora, en la que surge la hipótesis de que detrás del rapto de Joe no están los rusos -Putin no está en condiciones de bancarse un enfrentamiento directo con los estadounidenses-, sino los iraníes, cuya agenda es de mucho más corto plazo y que manejan el dinero suficiente para contratar a un grupo de mercenarios bielorrusos. Es por eso que el resto de Sugar Land se concentra en la búsqueda que emprende el equipo de Joe por un área cercana a Houston, en la que se supone que los secuestradores están moviéndose de una casa segura a otra antes de emprender el vuelo definitivo hacia Medio Oriente. Quizás la mejor secuencia sea una de cierta quietud antes de adentrarse en la misión: la preparación del operativo en pleno vuelo y en la que todos deciden empatillarse para soportar lo que viene, que van a ser jornadas agitadas y de indispensable concentración. Otra que está muy bien es la del tiroteo en el aeropuerto, donde Kyle y dos compañeros consiguen obstruirle la salida que tenían pensada a los secuestradores. Sin embargo, la búsqueda específica de Joe -a pesar de las plegarias de Cruz (Laysla De Oliveira)-, por una de esas decisiones que están al filo de la navaja, termina resultando fallida, al menos por ahora. Y eso deriva en una de las escenas finales, donde la vemos a Joe (que pasó a jugar un rol casi secundario en un capítulo más focalizado en otros personajes) prisionera de los bielorrusos, quienes ya quieren salirse de todo el asunto, y enfrentándose al verdadero encargado de su captura: un sujeto de aspecto temible llamado Babat, con quien tiene un intercambio que es un pequeño duelo de voluntades. Uno donde Joe, casi inevitablemente, sale perdiendo y con un dedo menos. Lo último que vemos en Sugar Land es a Joe siendo trasladada nuevamente y podemos presuponer que los dos últimos episodios de esta temporada de Lioness van a ser una carrera contra el tiempo.
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