–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
ATENCIÓN: SPOILERS
Joe y su equipo salieron de cacería en este capítulo de Lioness y los resultados fueron auspiciosos, aunque la oscuridad permanece. The Idiot Army, escrito por Taylor Sheridan y dirigido por Robert McLachlan, fue puro flashback y apenas la secuencia final nos mostró a Joe secuestrada, siendo bajada de un avión, dándose cuenta de que el aeropuerto en el que acaban de aterrizar tiene la bandera de Texas, justo antes de que la metan en un vehículo con destino incierto. Antes vimos a Two Cups (James Jordan) disfrutando de su labor, permitiendo que lo seduzca una stripper que trabaja para unos rusos que intentan extorsionarlo pensando que es un ejecutivo con una familia y contactos. Pobres rusos: pronto ellos quedan en la peor de las posiciones y cuando la chica clama que tiene derechos, ahí hace acto de presencia Kaitlyn (Nicole Kidman) para dejarle en claro que ya no. Los norteamericanos están pagándole con la misma moneda a sus enemigos y por eso otro activo es seducido por Josephina (Genesis Rodriguez) y Cruz (Laysla De Oliveira), para así caer en manos de Joe. Si bien el tipo confiesa que las personas a quienes les pasa información son sus dueños, Joe lo corrige: ahora ella y la CIA son sus nuevos dueños. Ese operativo conducirá a una nueva vigilancia y captura, esta vez de un joven que en realidad tiene conexiones con China, que también la pasa muy mal frente a Kaitlyn y Joe, y que enseguida señala a la persona que está por encima de él, que resulta ser un respetable profesor universitario. Mientras tanto, uno de los rusos la pasa aún peor frente a Kyle (Thad Luckinbill), quien se regodea pintándole el panorama que le espera en Guantánamo si no brinda información consistente. Lo cierto es que este trabajo de inteligencia rinde sus frutos y, a pesar de las discusiones sobre jurisdicciones, que incluyen varias chicanas entre la directora del FBI (Jessalyn Gilsig) y Byron (Michael Kelly), el Secretario Mullins (Morgan Freeman) decide hacerle caso a la sugerencia de Joe. Es decir, extorsionar al largo listado de estadounidenses (entre los que hay periodistas y políticos) que funcionan como agentes extranjeros, para así de esta forma utilizarlos a su favor. Esa decisión se complementa con una secuencia en un aula universitaria en la que Joe y los suyos abordan al profesor en cuestión, y en la que ella manifiesta su desprecio por el tipo, que no es mínimamente coherente con su ideología: “si por lo menos donara su sueldo al Partido Comunista, lo respetaría un poco”, afirma con tanto convencimiento como sarcasmo. Todo este accionar deriva en un diálogo que Joe tiene con su marido Neal (Dave Annable), en la que se despliega la tesis del “ejército de idiotas útiles”, esa gente que se la pasa criticando el modo de vida occidental y haciéndole el juego a los rusos, chinos, iraníes y otros enemigos de Estados Unidos, al mismo tiempo que ni piensan en resignar las comodidades del “American way of life”. Indudablemente, Sheridan ahí está hablando de buena parte de la progresía estadounidense y no lo hace con mucha sutileza. Pero nunca Sheridan fue particularmente sutil ni tampoco lo ha sido Lioness, y ese es parte del encanto de la serie y su creador. The Idiot Army fue un episodio desparejo y quizás demasiado hablado, pero aún así muy disfrutable.
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