–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
ATENCIÓN: SPOILERS
Escrito por Taylor Sheridan y dirigido por D.J. Caruso, Murder Hornets fue un episodio que continuó explorando causas y consecuencias en Lioness, aunque esta vez dejando de lado bastante los discursos analíticos sobre el universo que rodea a los protagonistas. Sí hubo un diálogo relativamente solemne entre Joe (Zoe Saldaña) y su marido Neal (Dave Annable), que muchas veces funciona como un observador exterior y que le manifiesta sus miedos no solo sobre la seguridad de ella y la familia, sino con cómo ha evolucionado el panorama global, donde empieza a prevalecer cada vez más la violencia. La respuesta de Joe es lapidaria: desde hace miles de años se acumulan los asesinatos que sacuden los estamentos, porque el mundo siempre ha sido inseguro. El desarrollo del episodio ratificó esta perspectiva, nuevamente con una alternancia temporal donde el presente de Joe secuestrada por los rusos contó con una cantidad de tiempo equivalente a los acontecimientos ocurridos seis meses atrás. En la actualidad, un nuevo operativo para localizarla fracasa por apenas unos minutos y un avión se la lleva hacia un lugar incierto, aunque indudablemente el destino final es Rusia. Las especulaciones sobre lo que podría pasar con ella y para qué la quieren los rusos son inquietantes: desde sacarle toda la información sobre sus misiones en Medio Oriente, que podrían afectar los lazos con múltiples aliados, hasta una potencial entrega en bandeja a Irán y/o sus proxis para que hagan un espectáculo de su captura y ejecución. Eso explica el accionar de Kyle (Thad Luchinbill), quien no duda en ejecutar a un agente ruso, a pesar de que tiene inmunidad diplomática, lo cual genera reacciones no precisamente buenas por parte del equipo de Joe. También que Byron (Michael Kelly) converse con Edwin Mullins (Morgan Freeman) sobre la gravedad de todo el asunto y que este decida que ya no le queda otro remedio que comunicarle la situación al Presidente. En el pasado, vemos una tensa reunión entre Byron, Kaitlyn (Nicole Kidman) y Petrov (Lev Gorn), el embajador ruso, que versa sobre el intento de asesinato de Joe, Ucrania y algo que quieren los rusos. Es un juego de mascaradas apenas cordial, donde todos hablan sin hablar, o solo insinuando, haciéndose los distraídos y tirándose indirectas, que como bien dice Kaitlyn, hace recordar un poco a los thrillers políticos y de espionaje de la Guerra Fría. Si ese pasaje destila cierto humor negro, la comicidad es más decidida en la escena donde Joe y su equipo se preparan para un operativo encubierto, con las apariencias y vestuarios convertidos en excusas para bromas propias de niños grandes. Luego todo se pone más serio con la seducción que emprenden Josephina (Genesis Rodriguez) y Cruz (Laysla De Oliveira) de un potencial activo en un boliche, con el resto observando atenta y discretamente. Pero la cuestión se pone mucho más dramática en la última escena, nuevamente en el presente, en la que Kaitlyn, tras cinco días en las que Joe está desaparecida, decide visitar a Neal para comunicarle que se abrieron tres posibles escenarios. En el primero, a Joe la rescatan rápido y vuelve a casa rápido; en el segundo se entablan negociaciones que pueden durar meses; y en el tercero ella no vuelve. La practicidad con la que habla Kaitlyn es devastadora tanto para Neal como para el espectador, configurando un cierre desolador. Murder Hornets profundizó el tono pesimista de esta tercera temporada de Lioness, con la incertidumbre como factor dominante.
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