–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
ATENCIÓN: SPOILERS
Si el arranque de la tercera temporada de Lioness había sido a pura acción, este segundo episodio construyó otro tipo de tensión, más enfocada en los diálogos entre distintos personajes. No sorrow like the survivor, otra vez con dirección de Michael Friedman y guión de Taylor Sheridan, profundizó la alternancia entre dos líneas temporales: una centrada en el secuestro de Joe (Zoe Saldaña), otra seis meses antes. El primer tramo del capítulo nos muestra a Joe precisamente cautiva e indefensa, en una secuencia donde la desnudan buscando el chip que tiene escondido en su cuerpo para que la localicen, que es entre incómoda y angustiante, incluso violenta en cómo muestra con detalle casi clínico el cuerpo de la protagonista expuesto a una situación que roza la violación. Luego viene un allanamiento fallido por parte del equipo de Joe, que llega demasiado tarde para ubicarla, lo que abre la puerta para el flashback seis meses atrás, a los momentos inmediatamente posteriores al tiroteo donde Joe mató a hombres que intentaron entrar en su casa. Hay, es cierto, un gran pasaje donde parte de la unidad de Joe consigue ubicar a los vigías que vigilaban su casa, con un trabajo muy certero del espacio, las sombras y los movimientos profesionales. Pero la mayoría de la narración se concentra en diversos intercambios que funcionan como un retrato de las implicancias personales, laborales y geopolíticas de lo acontecido. Lo que va saliendo a la luz es que los rusos estuvieron involucrados, tercerizando el accionar en agentes bielorrusos, aunque sin saber realmente que Joe había participado de la captura de Yurimov. Las especulaciones sobre si el Yurimov capturado es realmente Yurimov son inquietantes -además del rol que ha jugado la agente ucraniana que dio su ubicación, que más vale que empiece a dar explicaciones, porque ya no la está pasando bien-, pero más aún la noción de que hay un pacto implícito entre agencias, que implica no llevar las contiendas al hogar del enemigo, que parece haberse roto. Por eso el cruce más relevante del capítulo es posiblemente el que mantiene Byron (Michael Kelly) con el cuerpo diplomático ruso, que es más bien un intercambio de insultos y chicanas que queda cerca de las piñas. Además de una declaración de principios por parte de Byron, un “me jodiste, ahora te voy a joder a vos y a la enésima potencia”. Y hablando de principios, las conversaciones que Kaitlyn con Joe, retándola y a la vez conteniéndola, es también un indicador de cómo cada una concibe el vínculo entre ambas y la profesión que desempeñan. Todos en Lioness, indudablemente, tienen que poner lo laboral por encima de lo personal y/o afectivo -la escena de sexo interrumpida entre Cruz (Laysla De Oliveira) y Josephina (Genesis Rodriguez) es toda una muestra de ello-, y a cada rato lo recuerdan o se lo recuerdan. Quizás por eso la agitadísima noche que tuvo Joe termina en un abrazo con su esposo (Dave Annable) donde solo puede atinarle a pedirle disculpas repetidamente: ya hace rato todo el entorno es hostil para la pareja y sus hijas. Sin embargo, pobre Joe, lo más duro seguramente está por venir.
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