–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
ATENCIÓN: SPOILERS
Si uno quiere mostrarle a alguien cómo se debe arrancar la temporada de una serie, acá tiene un modelo posible a seguir: The spider and the fly, la vuelta de Lioness, escrito por Taylor Sheridan y dirigido por Michael Friedman, ya antes de la secuencia de títulos le pega un mazazo al espectador y al mismo tiempo plantea un nudo conflictivo que seguramente nos lleve por buena parte (o toda) su tercera temporada. Si la primera secuencia, que nos muestra a Joe (Zoe Saldaña) entrenándose mientras se escuchan en off diferentes noticias que hablan de un mundo en permanente conflicto, nos anticipan que el asunto no va a estar tranquilo, lo que vemos después es una escena familiar relajada y sin conflictividad. Pero todo eso es anulado inmediatamente con un choque brutal, pautado previamente con los gritos de Joe, quien alerta a Kaitlyn (Nicole Kidman), con quien estaba teniendo una comunicación telefónica, de que está por ser secuestrada. Lo que vemos a continuación es un flashback en el que se retrocede seis meses, con Joe encontrándose en secreto, en el campus de la Universidad de Georgetown, con una misteriosa mujer que tiene información más que útil: la ubicación de Aleksi Yurimov, la mano derecha de Putin. Otra elipsis y ya vemos a Joe y su unidad en territorio ucraniano, que es algo totalmente distinto a lo que están acostumbrados: como bien dice la protagonista en la escena previa, su tablero de juego suele ser Medio Oriente. La puesta en escena de Friedman, en buena medida ayudada por el guión de Sheridan, enseguida consigue ponernos en clima, construyendo un paisaje ominoso, pautado por los drones, siempre amenazantes volando por todos lados, y rostros en las trincheras que nos recuerdan a la Primera Guerra Mundial. Como bien dice Kyle (Thad Luckinbill) en un momento, en esa guerra conviven las bayonetas con dispositivos que parecen salidos de Star Wars. El objetivo es, obviamente, el tal Yurimov, pero la discusión que se da en el bunker no es tanto de táctica y estrategia como de egos, porque la unidad Delta encargada del operativo -y liderada por Cody, nuevamente interpretado por Sheridan, muy cómodo en el rol de un profesional carente de sentimientos- no quiere saber nada con que participe la gente de Joe. Solo la admiten a ella, porque se requiere a una agente de la CIA capaz de reconocer el blanco, y a Cruz (Laysla De Oliveira), porque han trabajado con ella, para que le cuide las espaldas a su jefa. Lo que viene después es un operativo feroz, con perros y todo, ejecutado con extrema precisión, pero donde también entra en juego lo actitudinal y pequeñas disputas de poder: Joe enojándose con Cody porque no la deja quedar al frente en un tiroteo; su gente puteándose con colegas porque quieren saber lo que pasa en tiempo real; uno de los Delta, Grady (Ian Bohen, colaborador habitual de Sheridan) sacado porque le mataron uno de sus perros. La captura de Yurimov (a quien no le ahorran una bella golpiza) es una secuencia larga y tensa, narrada con paciencia y sabiduría, además de con un despliegue de producción digno de una película de alto presupuesto. Pero la vuelta de Joe a su hogar no es pacífica: apenas arriba, alguien toca la puerta y se anuncian un par de hombres que afirman ser agentes estatales, pero que claramente no lo son. El tiroteo es breve, seco, otro mazazo. No porque Joe termine herida, ya que consigue abatir a los dos asesinos encubiertos, sino por el lugar donde ocurre: en la entrada de su casa, a metros de su familia. Lo último que vemos es a Joe mirándose con su esposo, que no puede creer que tiene dos cadáveres en su jardín. The spider and the fly fue un capítulo con una estructura simple, pero extraordinariamente efectiva, llevada adelante a puro profesionalismo y que desde el vamos nos promete que esta temporada de Lioness va a ser muy distinta a las anteriores.
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