–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Aunque quedó muy claro que el final de Yellowstone no fue el pensado originalmente -se dice que el plan original incluía por lo menos un par de temporadas más-, ese cierre forzado no dejó de ser una oportunidad que Taylor Sheridan viene aprovechando todo lo que puede: no solo porque le permitió concentrarse en otras creaciones, sino también porque aparecieron otras producciones que le permitieron expandirse a ese mundo. A diferencia de Marshals, que se siente más como un spinoff que apela a otro formato y apunta a un público distinto, Rancho Dutton es más una continuación, en la que cambia el escenario y el paisaje, pero no tanto los códigos y conflictos esenciales que atraviesan los personajes. Es decir, todo vuelve a girar alrededor de los dueños y trabajadores rurales, además de la lucha por la posesión de la tierra. El relato pone como protagonistas a Beth Dutton y su marido Rip Wheeler (Kelly Reilly y Cole Hauser, ambos excelentes en roles que conocen hace años), que han fundado un hogar propio luego de haber vendido Yellowstone, pero a los que ya en el primer episodio vemos perder todo en un incendio devastador. Ese suceso los obliga a mudarse de Montana a Rio Paloma, en Texas, donde establecen el Rancho Dutton, intentando encontrar algo de paz y tranquilidad, no solo para ellos, sino también para su hijo adoptivo Carter (Finn Little). Sin embargo, la paz probará ser nuevamente un bien escaso para ellos, porque tendrán serán vecinos del Rancho 10 Petal, comandado con mano de hierro por Beulah Jackson (perfecta Annette Bening), una matriarca que busca sostener un legado de casi dos siglos mientras lidia con un hijo biológico descarriado (Jai Courtney), un hijo adoptivo (Juan Pablo Raba) cuyo mayor mérito es la obediencia y una nieta (Natalie Alyn Lind) problemática. Pronto los caminos de ambos ranchos se cruzarán, para bien y para mal, especialmente porque Beulah es como un espejo experimentado y desgastado de Beth, además de una versión femenina del John Dutton que tan bien supo encarnar Kevin Costner. A la ecuación se sumará Everett, un veterinario de esos que vio todas y un poco más, que porta arrugas y cicatrices con más resignación que orgullo, y al que Ed Harris interpreta con su sabiduría habitual. A partir de ahí, una sumatoria de intrigas familiares, afectivas, laborales y de negocios, en las que las líneas que separan lo legal de lo ilegal se irán borrando progresivamente. En cierta forma, esta primera temporada (ya está confirmada una segunda) de Rancho Dutton replica las fortalezas y debilidades de la que fue en su momento la primera entrega de Yellowstone: una gran habilidad para retratar discursos, lenguajes y códigos de vida, con el western como principal anclaje genérico, pero más dificultad para delinear el conflicto principal y desde ahí impulsar la narración. Por eso los primeros episodios son más que interesantes, pero a mitad de temporada la serie ingresa en una laguna donde no termina de avanzar, con algunas subtramas derivativas y algo antojadizas, hasta que los acontecimientos se precipitan en los últimos dos capítulos. Especialmente en el último, que es donde ingresa un jefe narco (Raoul Max Trujillo), cuyo pasado está conectado con el de Beulah y que se consolida rápidamente como el verdadero antagonista para Beth y Rip. Todo esto explica también la salida del creador y showrunner Chad Feehan, que será reemplazado para la segunda temporada por Benjamin Cavell. Rancho Dutton tiene mucho potencial, aunque lo que se vio hasta ahora haya sido un largo prólogo antes que otra cosa.
-La primera temporada de Rancho Dutton está disponible en Paramount+.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

