Título original: Ídem // Origen: EE.UU. // Dirección: Craig Gillespie // Guión: Ana Nogueira // Intérpretes: Milly Alcock, Eve Ridley, Matthias Schoenaerts, Jason Momoa, David Corenswet, David Krumholtz, Emily Beecham, Imogen Turner, Diarmaid Murtagh // Fotografía: Rob Hardy // Montaje: Fred Raskin, Tatiana S. Riegel // Música: Tony Doogan // Duración: 107 minutos // Año: 2026
5 puntos
ECLIPSE TOTAL DEL AUTOR
Por Patricio Beltrami
Segundo largometraje del nuevo Universo DC, Supergirl pretende ser una aventura espacial con superhéroes pero termina cediendo ante el drama introspectivo. Esta apuesta no tendría nada de malo si no fuera por los problemas de guion y puesta en escena que posee la película a lo largo de toda su extensión. Ni siquiera alcanza la solidez y la frescura que aporta su protagonista para evitar que la experiencia resulte bastante fallida. A pesar de los intentos por emular al Superman de James Gunn, el trabajo del director Craig Gillespie y de la guionista Ana Nogueira en términos de acción, emotividad y comedia luce discreto e impersonal.
Sumida en la depresión y aquejada por una crisis existencial, Supergirl Kara Zor-El (Milly Alcock) viaja por el universo en compañía de Krypto con la excusa de celebrar su vigésimo tercer cumpleaños. Sin embargo, su derrotero de parrandas y resacas se interrumpe de manera fortuita cuando se cruza con Ruthye (Eve Ridley), una adolescente huérfana que busca venganza contra el asesino de su familia: Krem (Matthias Schoenaerts). A pesar de su resistencia inicial, Kara se involucra en la caza del villano cuando Krypto queda al borde de la muerte por envenenamiento. En una carrera contrarreloj, ambas atraviesan el cosmos para cazar a Krem y obtener el antídoto.
Particularmente, el azar representa un elemento indispensable para la construcción de la historia, ya que lo accidental, lo inesperado, incluso lo incoherente y lo insólito, contribuyen a que el relato avance. En ese sentido, las necesidades del guion fuerzan algunos pasajes de la película, como la manera en la que Kara se involucra en la cruzada de Ruthye o la presencia de Lobo (Jason Momoa) en el tercer acto. Asimismo, se prescinde de la posibilidad de explotar el relato como una carrera contra el tiempo para salvar a Krypto, quizás el personajes más querible del nuevo Universo DC. Este conflicto sólo aparece en función del desarrollo dramático de la protagonista en lugar de configurar un aspecto central para darle movimiento y vigor a la historia. En el medio, una subtrama vinculada a la trata de personas irrumpe sin demasiado sentido para complejizar al relato de manera innecesaria.
En términos de puesta en escena, el largometraje muestra algunas de sus peores caras. Varias de las secuencias de combate, sobre todo en el primer arco de la película, lucen tan oscuras que no se alcanza a comprender qué sucede en escena. Asimismo, Gillespie narra algunas secuencias de pelea desde el punto de vista de los testigos (o del espectador), una apuesta totalmente fallida que desaprovecha la posibilidad de trabajar los poderes de la protagonista desde la brutalidad y lo lúdico. De hecho, tampoco se encuentra la forma de que los combates que Kara comparte con Lobo fluyan desde la acción y la comedia a partir del montaje y el juego de cámaras. Si bien ciertos pasajes de acción están logrados (el asalto a un colectivo espacial o la batalla final, donde se peca con excesos de slow motion), Supergirl decepciona cuando se explora el costado súper de la historia.
A pesar de estas dificultades, Alcock compone con solidez una superheroína extremadamente humana, alternando la frescura de su juventud con las dosis de cinismo y melancolía producto de su trágica vida. Justamente, los flashbacks sobre su niñez durante el lento apocalipsis de Krypton son estupendos narrativamente, así como las interacciones con su primo Kal-El / Clark Kent / Superman (David Corenswet). Sin embargo, la película mayormente transcurre en una medianía alarmante en términos narrativos, sobre todo en comparación a las dos primeras experiencias en acción real del Universo DC: Superman y la segunda temporada de Peacemaker. Afortunadamente, está lejos de ser una apuesta pretenciosa, pero tampoco posee la ligereza necesaria para fluir desde lo lúdico. A causa de la mala praxis de sus autores, Supergirl falla con aventura espacial y como relato introspectivo.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

