–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Debo reconocer que no soy precisamente un fan de las series españolas. No solo de los dramas como La Casa de Papel, Élite o Entrevías -todos infladao y sobrevaloradísimos-, sino también de las comedias como Machos Alfa o Animal. Pero bueno, el algoritmo de Netflix tiene a veces sus beneficios y de repente apareció en mi radar Muertos S.L., que es en realidad una producción original de la plataforma Movistar+ y que ya tiene tres temporadas encima. Para mi sorpresa, me encontré con una comedia ácida a más no poder y que desde ese tono se hace divertidísima, además de casi inagotable. Creada por Nando Abad, Araceli Álvarez de Sotomayor, Alberto Caballero, Daniel Deorador y Julián Sastre, la serie tiene como eje a la funeraria Torregrosa y arranca justo en un momento bisagra, con el sorpresivo fallecimiento del dueño. Pero la sorpresa adicional se da cuando la viuda, Nieves (Ascen López), sin haber tenido experiencia previa en el negocio, decide asumir el mando, lo que va en contra de los planes del segundo, Dámaso Carrillo (Carlos Areces). A partir de ahí, todas las internas estallan por los aires, mientras la organización se enfrenta a la posibilidad de la desaparición debido a la competencia. Si al relato le toma unos capítulos adquirir ritmo, la clave para conseguirlo radica en que no se queda con el conflicto inicial, sino que va agregando capas y subtramas, enredando cada vez más el asunto, en una apuesta al caos que sin embargo nunca de ser, paradójicamente, ordenado. Esto se da, por un lado, gracias a la profundización en los dilemas de cada uno de los integrantes, que son, en mayor o menor medida, y de diferentes formas, impresentables a más no poder. Tenemos, por caso, a Nino (Salva Reina), que es un total irresponsable y misógino, capaz de guardar los contactos de sus ex esposas como “Zorra 1” o “Zorra 2”, mientras no para de mandarse cagadas. En el otro extremo, a Manuela (Adriana Torrebejano), feminista a más no poder y al mismo tiempo con una importante dosis de inseguridades, las cuales trata de esconder como puede. O a Chemi (Diego Martín), el yerno de Nieves, que se la pasa citando a Steve Jobs y que se incorpora a la funeraria como líder de una inverosímil oficina de marketing. Pero quizás el más complejo e interesante sea Dámaso, un tipo oportunista, trepador y desleal, que se la da de líder pero solo piensa en sí mismo, que manipula permanentemente a Pablo (Roque Ruiz, quizás el único personaje relativamente noble y honesto) y que cree ser mucho más inteligente de lo que realmente es. Areces, en ese rol, está realmente estupendo y le da la humanidad justa a un personaje tan resbaladizo como patético. Por otro lado, Muertos S.L. redobla la apuesta y se convierte en una gran comedia de situaciones con los distintos casos de fallecidos que van desfilando por la funeraria o ciertas situaciones puntuales que van llegando a extremos cada vez más insólitos. El muerto con enanismo que es confundido con un niño y al que le organizan un velatorio con peluches por todos lados o la ocurrencia de Chemi de que los uniformes pasen a ser de diferentes colores para que no sea todo tan triste (la comparación con los Teletubbies es gloriosa) son apenas ejemplos de la capacidad de inventiva de la serie, que no le teme a la incorrección política en ningún momento. Es más, tira dardos por todos lados, pero no con el objetivo de posicionarse ideológica o políticamente, sino de hacer reír al espectador. Hay algo del espíritu de The office -más de la versión británica que de la norteamericana-, pero no dejamos de estar ante una serie que construye una visión propia y que tiene un conjunto de personajes que podrían ser fácilmente repudiables, pero a los que a través del humor logra convertirlos en queribles. Muertos S.L. podría durar todo lo que quiera y por eso se espera con ansiedad la cuarta entrega.
-Las tres temporadas de Muertos S.L. están disponibles en Netflix. Ya está confirmada una cuarta temporada.
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