Por Patricio Beltrami
NdR: este artículo contiene spoilers.
El asesinato de Vanessa Fisk (Ayelet Zurer) detonó la poca cordura que quedaba en los personajes de Daredevil: born again. En medio del luto, los frentes de conflictos explotan en el sexto capítulo e, incluso, se suman nuevos actores y complicaciones. Pese a la acumulación de subtramas, la progresión del episodio permite que cada arco se desarrolle con claridad y que aporte matices para un cierre violento y explosivo. Escrito por Devon Kliger y Jesse Wigutow y dirigido por Angela Barnes, Requiem inicia con la despedida de Vanessa, secuencia que avanza por los caminos del dolor, excepto por un detalle: el asesinato de su médico a manos del viudo Kingpin/Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio). Justamente, la muerte de Vanessa representa la pérdida de la única persona que podía contener la violencia del Kingpin. Errores no forzados del alcalde se suman a la decisión de sus enemigos para atacar en su momento de debilidad, como la quita del apoyo de la gobernadora McCaffrey (Lili Taylor), orquestado por Mr. Charles (Matthew Lillard). Mientras la represión de la Fuerza Antivigilantes escala en las calles, incluso sobre la población civil, la relación entre Daredevil/Matt Murdock (Charlie Cox) y Karen Page (Deborah Ann Woll) se tensa por el rescate de Bullseye/Benjamin Poindexter (Wilson Bethel). De hecho, la aparición de Daredevil en escena evita que tanto Karen (decidida a matar) como Bullseye (dispuesto a morir) cumplan sus deseos. Más allá de otro debate sobre justicia y venganza, ese disparo trunco ilustra la ruptura en el seno de la resistencia. Sin embargo, otras dos subtramas sobresalen en Requiem. Por un lado, el asalto a su casa, con su pequeña hija presente, genera el regreso de Jessica Jones (Krysten Ritter). Tras noquear a los mercenarios fuera de campo, en un ejercicio más cercano a la comedia, se reúne con Daredevil para destruir las armas ilegales que Kingpin le había robado a Mr. Charles. Lejos de la excelencia de los tiempos de Netflix, una breve secuencia de acción cumple desde la corrección para mostrar a los héroes en equipo y agregar un nuevo elemento: los poderes de Jessica están desequilibrados desde su embarazo. Mientras Buck Cashman (Arty Froushan) busca acercarse a la cada vez más inestable Heather Glenn (Margarita Levieva), le ordena a Daniel Blake (Michael Gandolfini) que le tienda una trampa a BB Urich (Genneya Walton) para confirmar si ella es la fuente de las filtraciones. Así, el pasaje en Staten Island transcurre entre la tensión de dos personas que persiguen intereses enfrentados y dos jóvenes que sienten algo más que una amistad. No es una subtrama más y no sólo sirve para que el capítulo respire, sino que ese vínculo demuestra cómo los personajes más honestos de la historia van contaminándose de la violencia, la hipocresía y la oscuridad de lo peor de esta guerra. Finalmente, lo más estimulante de Requiem ocurre en el último tercio del capítulo en dos frentes separados. Por un lado, Powell (Hamish Allan-Headley) asesina al oficial Saunders (Felix Torrez-Ponce) tras descubrir su traición y desata la represión contra los manifestantes anti Fisk que estaban incitando a la rebelión. En medio del caos, Karen queda al descubierto y termina arrestada por Powell. En tanto, Daredevil y Kingpin se encuentran en la guarida del villano. Luego de una intensa charla para acordar una paz imposible, se desata una brutal y sangrienta pelea, en este caso muy bien coreografiada. Allí, el destrozado cuadro de Vanessa y la derrota de Fisk auguran el peor escenario para el villano, aunque Daredevil deja el recinto con la seguridad de que la guerra todavía está muy lejos del final. Más allá de ciertos puntos que podrían haber sido resueltos mejor desde la puesta en escena, Requiem logra que cada acción, discurso y participación sea significativa no sólo para el mismo capítulo, sino para la profundización dramática de la serie. A falta de dos episodios para el cierre de temporada, Daredevil: born again sigue mostrando su mejor versión, ahora con un escenario inédito para héroe y villano: deberán continuar la guerra lidiando en soledad con sus propios demonios.
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