Título original: Apex // Origen: Canadá / Australia / EE.UU. / Islandia // Dirección: Baltasar Kormákur // Guión: Jeremy Robbins // Intérpretes: Charlize Theron, Taron Egerton, Eric Bana, Matt Whelan, Bessie Holland, Aaron Pedersen, Duncan Fellows, Willow Seager, Zac Garred, Caitlin Stasey // Fotografía: Lawrence Sher // Edición: Sigurður Eyþórsson // Música: Högni Egilsson // Duración: 95 minutos // Año: 2026 // Plataforma: Netflix
6 puntos
EL RITUAL DE LA SUPERVIVENCIA
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El cine de supervivencia puede ser muy rendidor, pero suele necesitar -como muchas historias, convengamos- que el espectador pueda empatizar con los avatares de los protagonistas. Por otro lado, el subgénero de asesinos seriales siempre requiere de un villano atractivo, incluso por más que esté fuera de campo durante la mayor parte del relato. Ápex, nueva producción de Netflix, procura unir ambas vertientes, aunque solo de a ratos consigue cumplir con los requerimientos mencionados previamente. Sin embargo, la salva el carisma de su dúo protagónico y una puesta en escena hábil para sacarle partido a las herramientas técnicas.
El film de Baltasar Kormákur -a esta altura, luego de Everest, A la deriva y Bestia, un experto en el cine de supervivencia- arranca con una tragedia: la de Sasha (Charlize Theron), una alpinista que pierde a su pareja en Noruega en una de esas decisiones de vida o muerte que dejan traumas para siempre. En pleno luto y buscando soledad, se va hasta un parque nacional en Australia, donde se topa con un lugareño llamado Ben (Taron Egerton), que al principio solo parece un poco raro, pero que rápidamente se revela como un psicópata. Es así como ella termina convirtiéndose en la próxima presa en una especie de ritual de cacería enfermizo, con lo que deberá emprender una huida a través de bosques, ríos y montañas, en un duelo de voluntades y capacidad física cada vez más extremo.
El guión de Ápex, escrito por Jeremy Robbins, es de esos que no tiene una gran sutileza y que cuando intenta incorporar matices no lo hace de forma muy lograda. Ahí tenemos el drama de la protagonista, atravesada por la pérdida (y luego la mala suerte), al que le cuesta salir de los lugares comunes. Algo parecido sucede con ese villano obsesionado con los rituales de cacería y canibalismo que durante varios tramos roza lo caricaturesco. Pero Theron y Egerton, cada uno desde el lugar que les toca, entienden cómo interpretarlos y sacarles agua a las piedras: la primera apelando a una expresividad limitada, dejando que el rostro exprese su amargura innata; el segundo en plan totalmente desatado y hasta encontrándole el lado divertido a lo siniestro y horroroso. Ambos apoyándose en la fisicidad para darles credibilidad a todo lo que vemos que hacen, logrando que la brutalidad que sus cuerpos sufren sea palpable para el espectador.
A lo anterior se suma Kormákur, al que hay que reconocerle que sabe filmar bien los espacios naturales y los cuerpos, a los que pone en una especie de danza macabra marcada por la brutalidad y el movimiento. En Ápex el paisaje puede pasar de ser abismal a opresivo en cuestión de segundos, mientras que la cámara es capaz de generarnos vértigo o ahogo en partes iguales. Asimismo, cuando la violencia irrumpe -sea a través del territorio o por la acción de los dos sujetos en disputa-, lo hace de forma seca e impactante, al borde del regodeo, pero aún así concreta y directa. Y un punto a favor es que, por más que caiga en algunos subrayados sobre el final en relación con la posibilidad de conseguir redención y justicia, no apela a bajadas de línea forzadas en relación con los choques de género. Solo vemos a una mujer en una situación límite, luchando por sobrevivir y recurriendo a todas sus habilidades para lograrlo. Con eso basta y sobra.
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