Título original: Turbulence // Origen: EE.UU. – Inglaterra // Dirección: Claudio Fäh // Guión: Andy Mayson // Intérpretes: Hera Hilmar, Jeremy Irvine, Kelsey Grammer, Olga Kurylenko, Peter Gantzler, Arianna Calgaro, Alessandro De Cominato, Trish Williams // Fotografía: Jaime Reynoso // Montaje: Tamsin Jeffrey // Música: Marcus Trumpp // Duración: 91 minutos // Año: 2025 //
5 puntos
CINE DE PREMISA QUE SE PISA LA COLA
Por Mex Faliero
El cine de premisa parece tener dos caminos posibles: o es una maravilla repleta de ingenio (recordemos, siempre es mejor la inteligencia que el ingenio, pero a veces sirve para distraerse) o es un desastre de proporciones donde lo forzado se hace tan evidente que no puede escapar del tedio. Turbulencia: pánico en el aire es un ejemplo de lo segundo, un film que nace de una premisa antojadiza, que avanza en base a decisiones poco felices de sus personajes y que si se sostiene es un poco por esa pasión casi deportiva que demuestran su director, Claudio Fäh, y su guionista, Andy Mayson, por saltar cada escollo y estirar lo inverosímil cada vez que está a punto de agotarse.
¿Cuál es la premisa aquí? Una pareja en crisis tras la pérdida de un embarazo decide realizar una suerte de Luna de Miel tardía que incluye un viaje en globo por bellos paisajes europeos (bellos en los papeles, porque lo que se observa son unas imágenes digitales bastante feas y borrosas que hacen ver a los personajes como si estuvieran sobre un fondo de pantalla de Windows). Pero hay un prólogo, con datos que sientan algunas pistas sobre lo que seguirá: lo vemos al protagonista (un Jeremy Irvine lejos de la épica spilberguiana de Caballo de guerra) haciendo recortes en la empresa que dirige, donde no todos se toman sus decisiones de la mejor manera, y lo vemos en plan seductor, dialogando con una mujer que se cruza en el lobby de un hotel. Después sí el viaje en globo, después sí lo que el subtítulo promete: “Pánico en el aire”. Entonces la premisa, la pareja, el conductor del globo (un Kelsey Grammer desperdiciado) y una mujer, que no es otra que aquella del lobby (Olga Kurylenko en plan villanesco) y que medio inexplicablemente se cuela en el viaje. Entonces la película nos aprisiona a esos cuatro personajes en una supuesta tensión resumida a cuatro personajes, la cesta del globo aerostático y el peligro a cientos de metros de altura.
El de Turbulencia: pánico en el aire no es un experimento que se haya inaugurado acá o por estos tiempos discretos del cine. Este tipo de desafíos narrativos seducían hasta a un Alfred Hitchcock, pero como siempre la diferencia está en las formas y la habilidad para narrar, pero especialmente en la construcción de los personajes y la inspección de sus psicologías, todos elementos que a don Alfredo le sobraban. Está claro que Fäh no es el británico, pero tiene bastante experiencia para contar esto sin que se caiga en picada, de la misma manera que los protagonistas sostienen ese globo en el aire. Hay algún momento a puro vértigo que funciona, hay algún pasaje medio gore que resulta divertido y de profundizarse podría haber llevado Turbulencia hacia el lado de la diversión alocada. Ahora bien, el inconveniente mayor está en los personajes, o fundamentalmente en el personaje de Irvine que va modificando su psicología con relación a las necesidades del guion y de su objetivo final, que es el de cierta revalidación y venganza femenina. Así, la película termina completando un camino que muchas películas completan por estos tiempos, sin el mayor cuidado de ensamblar sus piezas con algo de coherencia. Un discreto entretenimiento que a pesar de esta ambientado a cientos de metros de altura, precisamente le falta vuelo.
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