Por Mex Faliero
Producida por los hijos de Roberto Gómez Bolaños y basada en las propias memorias del creador de El Chavo del 8, Chespirito: sin querer queriendo es una miniserie que sirvió para comprobar algunas cosas. Primero, que el Chavo y los demás personas gozan de gran vigencia en la memoria colectiva de los latinoamericanos, tanto es así que Netflix aprovechó el refilón y ya promete que subirá varias temporadas del programa de humor. Segundo, que cuando se quiere homenajear un producto como El Chavo del 8 (y pasaba con aquella vieja película sobre Charles Chaplin con Robert Downey Jr.) es difícil tener el timing preciso para replicar el talento. Y tercero, y fundamental, que las biografías son un subgénero difícil si no se encuentra ese elemento que sintetice al personaje en cuestión. Y esta miniserie de ocho episodios, dirigida por Rodrigo Santos, Julián de Tavira y David Ruiz, no encuentra nunca el tono, aunque sí la motivación: los pases de factura de los propios hijos de Gómez Bolaños tanto a Florinda Meza (segunda esposa del humorista y Doña Florinda en la ficción) como a Carlos Villagrán (Quico en la ficción), pero especialmente a la faceta familiar de su padre, del que no niegan el talento pero sí su capacidad para interesarse en sus hijos y su primera esposa. Chespirito: sin querer queriendo se vale de un segmento en la historia del programa televisivo mexicano, desde sus orígenes hasta el rodaje de unos célebres episodios en Acapulco que marcarían el final de su era más gloriosa, si bien tuvo posteriormente algo más de una década de continuidad. Hay en un comienzo una abundancia en un recurso muy de las biografías actuales, eso de saltar de tiempo en tiempo, del pasado al presente, sin nunca terminar de construir una narrativa, y que resulta un poco molesto. Pero a mitad de temporada, la historia se asienta sobre un presente del relato y allí encuentra su mejor forma, aunque no pueda escaparse jamás de un aire de culebrón en el que seguimos a un hombre (Gómez Bolaños) dirimiéndose entre su familia y el amor por su compañera de reparto. El final de la historia ya lo conocemos, por lo que Chespirito: sin querer queriendo se preocupa mucho más en apuntalar el morbo del espectador que en celebrar el talento de un gran artista, conocidos los varios entretelones que existieron en aquel elenco, y que llegan hasta nuestros días con los ya pocos que quedan vivos. Sólo en ocasiones la miniserie logra superar cierta medianía, especialmente cuando se da cuenta que el artista que tiene para homenajear es bastante importante como para minimizarlo a un problema de infidelidad. Pero quiénes somos nosotros para exigirle a sus hijos que ofrezcan otra mirada sobre su padre, más que la que evidentemente tenían atragantada durante varias décadas y que esta miniserie apenas aceptable y bien producida se encarga de ventilar a los cuatro vientos como un programa de chimentos.
NdR: Los ocho episodios de Chespirito: sin querer queriendo se encuentran disponibles en la plataforma HBO Max.
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