Título original: Heads of State // Origen: EE.UU. // Dirección: Ilya Naishuller // Guión: Josh Appelbaum, André Nemec, Harrison Query // Intérpretes: Idris Elba, John Cena, Priyanka Chopra Jonas, Paddy Considine, Carla Gugino, Stephen Root, Jack Quaid, Sarah Niles, Richard Coyle, Alexander Kuznetsov, Katrina Durden, Wade Briggs, Clare Foster // Fotografía: Ben Davis // Edición: Tom Harrison-Read // Música: Steven Price // Duración: 116 minutos // Año: 2025 // Plataforma: Prime Video
7 puntos
VOLAR UN POCO
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El mismo día que se estrenó en Netflix La vieja guardia 2, una secuela aburrida y culposa, se lanzó en Prime Video Jefes de Estado, una película que no inventa nada ni pretende hacerlo, pero que hace lo suyo con honestidad, dedicación y, principalmente, sin culpa alguna. Uno de esos exponentes del cine de acción que últimamente no abundan, que es autoconsciente y bastante canchero sin por eso ser pedante, y que trata de encontrar la mayor cantidad de momentos de diversión posibles. Y que en gran parte de su metraje logra su objetivo.
El film de Ilya Naishuller (que venía de hacer la divertida Nadie), por más que dé un par de vueltas previas, trabaja a partir de una idea bastante simple: el Presidente de los Estados Unidos (John Cena) y el Primer Ministro del Reino Unido (Idris Elba) son atacados cuando están en pleno vuelo en el avión presidencial, se salvan por milagro y quedan en el medio de la nada, obligados a trabajar juntos para sobrevivir. Pero claro, como los dos son muy distintos entre sí -el primero es una estrella de Hollywood metido de sopetón en la política y que es querido solo en base a su carisma, el segundo un laburante de la política, que fue escalando hasta llegar al cargo y que atraviesa un momento de impopularidad- y se detestan mutuamente, esa convivencia será de mínima problemática. En el medio de ese recorrido, contarán solo con la ayuda de un puñado de aliados -en particular, una agente del MI6 interpretada por Priyanka Chopra Jonas- y serán perseguidos por una multitud de asesinos que trabajan para un tipo más malo que la peste y dispuesto a vengarse por un viejo asunto (Paddy Considine), mientras se dispara una cuenta regresiva a partir de un conflicto interno en la OTAN.
Cuando la pensamos mínimamente a Jefes de Estado, nos damos cuenta que es una típica buddy-movie, un relato sobre una pareja despareja que debe aprender a convivir entre sí y hallar coincidencias mientras esquivan las balas, al estilo Arma mortal. Hay también un poco de Duro de matar, otro poco de Avión presidencial y otros films donde intentan matar al Presidente o algún otro funcionario de alto rango, y siguen las firmas. Nada nuevo, pero Naishuller es consciente de todo esto y, apoyándose en el guión de Josh Appelbaum, André Nemec y Harrison Query, se la pasa tirando guiños que nos dejan en claro que lo que cuenta ya se contó antes, pero que, si nos dejamos llevar por el disparate, igual nos podemos divertir. En base a eso, la película va tomando ritmo y avanzando cada vez más rápido, con una inventiva constante -que incluye un par de secuencias donde se cuentan cosas que sucedieron antes mediante un montaje frenético- y apostando por escenas de acción donde el movimiento permanente, además del juego con los cuerpos, marcan el tono de lo que estamos viendo. Ese tono es de pura diversión, porque todos los involucrados -incluidos los protagonistas, que están perfectos cada uno en lo suyo- tienen claro que lo que están haciendo es una comedia de acción y que la meta es divertirse junto con los espectadores.
En su tramo final, Jefes de Estado tiene un momento seudo demócrata y anti-Trump donde pareciera querer decirnos que hay que dejar de lado el aislacionismo y colaborar entre todos, pero por suerte todo eso es interrumpido por otra secuencia donde todo vuela por los aires de forma creativa. Ahí, de paso, mediante un bello gesto, se deja explícito que cualquiera, hasta los más serios y estructurados, pueden disfrutar de la espectacularidad cuando está enmarcada dentro de una narración con personajes con los que podemos empatizar. Por algo la canción Volare, en la versión de Gypsy Kings, se convierte en un leitmotiv: a veces hay que dejar volar la imaginación, no ser tan solemnes y disfrutar sin culpa. Esa lección, a diferencia de las dos entregas de La vieja guardia, Jefes de Estado la tiene muy clara.
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