Título original: Twisters
Origen: EE.UU.
Dirección: Lee Isaac Chung
Guión: Mark L. Smith
Intérpretes: Daisy Edgar-Jones, Glen Powell, Anthony Ramos, Brandon Perea, Maura Tierney, Harry Hadden-Paton, Sasha Lane, Daryl McCormack, Kiernan Shipka, Nik Dodani, David Corenswet, Tunde Adebimpe, Katy O´Brian, David Born
Fotografía: Dan Mindel
Montaje: Terilyn A. Shropshire
Música: Benjamin Wallfisch
Duración: 117 minutos
Año: 2024
8 puntos
LA RECETA DE CÓMO HACER UNA BUENA REMAKE
Por Emiliano Attadia
Situaciones inciertas producto de la naturaleza fueron sobreexplotadas en el cine. Por ejemplo, con personajes de ficción como Godzilla, o su traducción japonesa Kaiju, que nacen como respuesta a un miedo social, en este caso las posibles secuelas de los bombardeos atómicos en el país asiático. Muchas veces este mal mayor encuentra su lógica en lo científico, como un incendio, una inundación o un meteorito si lo llevamos a un elemento externo a la Tierra. De hecho, en la década del ‘90 aparecieron una gran cantidad de películas ligadas a este género catástrofe, como una continuidad a ese cine de taquilla que tuvo su boom en la década anterior. Podemos incluir desde la multipremiada Titanic hasta Armageddon o Impacto profundo (para dar dos ejemplos de accidentes que nos tienen preparados el sistema solar); hasta films sobre una epidemia zombie o la invasión de entes de otros planetas. En esa gran cantidad de opciones también podemos encontrar la reciente Tornados.
Vale aclarar que no es una reboot ni una secuela, es simplemente una remake de Twister, aquella película de 1996 dirigida por Jan de Bont y protagonizada por una joven Helen Hunt, Bill Paxton y una decena de actores propios de esa década (como el fallecido Philip Seymour Hoffman). Como breve síntesis de esta, el personaje de Hunt, junto a un grupo variado en conocimiento y personalidad, tienen como objetivo “cazar tornados”, es decir estudiarlos tratando de acercarse lo máximo posible a esta columna de aire. A su vez, aparece su ex pareja y compañero, Paxton, para solicitar el divorcio ya que va a contraer nuevas nupcias. Más allá del género propio, la catástrofe, se solapa la comedia romántica. De hecho, la esencia del film se traduce en la (re) construcción de un vínculo amoroso, con la aparición de una nueva aventura que se nutre con su clara obsesión por el trabajo. En una visión actual, se notan ‘’los hilos” que sostienen los efectos especiales y es demasiado obvio hacia dónde va la película con la relación de la pareja protagonista, aunque deberíamos ponerla en contexto de la época, teniendo en cuenta que en ese momento había un auge por aquellos encuentros casuales de dos personas, besos, peleas y reconciliación (como Jerry Maguire o La boda de mi mejor amigo, por mencionar algunas películas contemporáneas).
Bajo este análisis surge la pregunta válida sobre si era necesario realizar una nueva película de esta franquicia. Sin embargo, el resultado es sumamente superior al film original, más allá de la clara la línea narrativa principal: investigar a este fenómeno meteorológico para ayudar a distintos pueblos de cercanía. Es en el cambio de esencia donde encuentra su punto de apoyo más fuerte y presente desde el primer acto: Kate Carter, el personaje interpretado por la inglesa Daisy Edgar-Jones, en uno de sus encuentros salvajes con tornados pierde a casi todo su grupo de amigos y colegas, luego de una mala planificación. Tras algunos años de este triste evento, aparece el sobreviviente Javi (Anthony Ramos) para proponer una nueva aventura y, además, superar el trauma que afecta a la protagonista. Desde acá ya podemos encontrar una primera virtud: en la película de 1996 la tragedia está en el primer acto, pero casi no incide en la historia principal, solo para generar un poco de dramatismo a algunos diálogos.
Otro punto a favor de la nueva versión es el rol que juega el interés romántico, y es cuando hace su entrada Tyler Owens (el actor todo terreno actual Glen Powell, que ya le ponen la etiqueta del nuevo Tom Cruise), en principio como un competidor de Kate y su nueva tropa al filmar para streaming los tornados, en un vínculo que se transforma con el correr de los minutos en un juego de seducción sutil. Vale remarcar la naturalidad de estas líneas narrativas: todos estos cambios de “chico malo” a “chico bueno” o desde víctima a heroína se construyen desde un proceso fluido. Tan prolijo es esto que una canción de Don Omar puede convivir con la música country. Y, además de las escenas pochocleras, el efecto en pantalla de cine que generan los tornados constituye un hermoso homenaje a un cine que ya poco existe, casi como un metadiscurso, como la excelente escena final donde la sala de proyecciones es utilizada como refugio ante la catástrofe que azota.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:


