Por Matías Mangini y Cristian Ariel Mangini
Hay juegos que aún a más de treinta años de su creación continúan dando que hablar y el legendario Pac-Man es uno de ellos. En un principio quiso realizarse como un juego sin final. Los creadores en Namco subestimaron a los jugadores y erróneamente asumieron que el incremento de la dificultad del juego era suficiente para evitar que cualquiera pudiera jugar indefinidamente. Pero unos cuantos años después de su lanzamiento, los jugadores adquirieron la suficiente habilidad como para encontrarse con la frustración de que todos los niveles encima del 21 eran idénticos. El formato fue rápidamente recreado y se planteó un nuevo reto para aquellos que podían superar el nivel 20.
Al principio los puntajes más altos llegaron al millón y la mayoría de los jugadores supusieron que el juego había sido rediseñado para seguir avanzando de niveles por siempre. Sin embargo, los mejores fueron capaces de completar 255 niveles consecutivos (juntando más de tres millones de puntos y tras varias horas de juego) y descubrieron una sorpresa esperándolos en el nivel 256 que nadie conocía, ni siquiera los creadores de Namco. El nivel 256 mostraba la mitad izquierda del laberinto correctamente, pero la derecha era un desastre desordenado de letras, números y símbolos. En la parte izquierda de la pantalla podías jugar normalmente, pero el lado derecho era otra cosa. A pesar de ello tanto los fantasmas como Pac-Man podían andar a través del lado derecho pero los muros originales del laberinto no funcionaban como debían. En vez de eso, nuestro protagonista debía guiarse a través de una confusa serie de áreas abiertas, túneles, caminos interceptados e invisibles para el jugador, mientras intentaba esquivar a los cuatro fantasmas que a esa altura se encuentran en su estado más veloz.
¿Qué es lo que hace que este nivel partido aparezca? Básicamente lo que sucedía es que cuando se alcanzaba el nivel 256, el contador interno de niveles se incrementaba a 255 (el contador arranca en cero, no uno). El problema es que el programa no podía cargar el 255 ya que era el número más grande que podía guardar en la capacidad de un byte. Por otro lado, sucedía que normalmente no se muestran más de siete frutas al mismo tiempo en la pantalla, pero cuando el contador interno del nivel (guardado en un solo byte) llega a 255 el programa causa que erróneamente este valor se transforme en cero antes de que dibuje la próxima fruta. El error causará que el programa intente dibujar 256 frutas arruinando todo el costado derecho de la pantalla, dando lugar al icónico glitch.
Esta pantalla es imposible de pasar a pesar de todo lo que se ha escuchado, ya que son necesarios 244 puntos para que el nivel esté completado y solo hay 123. Existe una particularidad, los 9 puntos que están escondidos en el lado derecho de la pantalla reaparecen cada vez que se pierde una vida así que en el mejor de los casos, habiendo llegado con cinco vidas, alcanzaremos comer un máximo de 168 puntos.
Esto no impidió que los mitos crecieran y en diciembre de 1982, un chico de ocho años llamado Jeffrey R. Yee, recibió una carta del entonces presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan en la cual lo felicitaba por haber conseguido el récord mundial de 6.131.940 puntos, una puntuación que solo se puede conseguir si el jugador pasa por el célebre y defectuoso nivel 256. Billy Mitchell, quien hasta el momento era la persona que por primera vez en la historia había realizado una partida perfecta, entendiéndose como tal una partida en que el jugador debe completar los 255 niveles con la puntuación máxima sin ser capturado ni una sola vez y alcanzando un total de 3.333.360 puntos, no se quedó de brazos cruzados y ofreció una suma de 100.000 dólares al que pudiera demostrar que se puede completar el nivel de la pantalla partida antes del 1 de enero del 2000. Sin embargo, nadie pudo lograrlo.
Sin lugar a dudas es sumamente frustrante para los fanáticos, aunque se trata de un final que engrandece de misticismo la ya gran historia de Pac-Man.
