Título original: Idem
Origen: Argentina
Dirección: Lucas Gallo
Guión: Lucas Gallo, Guido Segal
Producción ejecutiva: Diego Barrero, Aurelio Tomás
Fotografía: Lucas Gallo
Montaje: Lucas Gallo, Javier Falchi
Música: Manuel de Olazo
Duración: 92 minutos
Año: 2019
6 puntos
PANTALLAS EN GUERRA
Por Cristian Ariel Mangini
A comienzos de la década del ‘80 la televisión color era el medio masivo por excelencia. Este preámbulo un tanto obvio, no tan lejano en el tiempo, da un marco necesario a 1982, ópera prima de Lucas Gallo. El año es una clara referencia a la Guerra de Malvinas, el conflicto bélico que supuso una dura derrota y desgasto a la sangrienta dictadura cívico militar que gobernó entre 1976 y 1983. El planteo del film es una representación del aparato mediático de la época, pero también nos deja en el proceso una serie de preguntas sobre nuestra identidad: ¿es el grado de triunfalismo, chauvinismo, racismo y misoginia parte del contexto fascista de la dictadura o está anclado a nuestro ADN como argentinos? Que las nuevas generaciones se enfrenten a este archivo puede proponer una respuesta.
Gallo se focaliza en el registro televisivo montando cronológicamente por el enorme aparato de propaganda que supusieron el noticiero 60 minutos y el especial Las 24 horas de las Malvinas (además de algunas publicidades oficiales), mostrando la uniformidad discursiva y la manipulación informativa en torno al conflicto. Por esta razón, más allá de algunos casos aislados, hay dos figuras sobre las cuales recae el peso del documental: el primero es el histriónico José Gómez Fuentes y la segunda es Pinky. Sabemos por investigaciones, libros que fueron hitos del periodismo y artículos, muchas de las sentencias desafortunadas que marcaron este periodo mediático, siendo “vamos ganando” quizá la más icónica. Pero es distinto cuando visualizamos por montaje esta selección que superpone sus rostros y le da al documental una peligrosa superficialidad cercana al zapping.
Precisamente por esta cuestión, y a pesar de que el documental se acota a fragmentos televisivos expuestos de forma fidedigna, sería engañoso plantear que no existe una intervención o construcción de un relato porque se carezca de voz en off o separadores que condicionen la lectura. Inevitablemente nos volcaremos al tono patriotero de los canticos, el himno de Susana Rinaldi, el llanto de algunas de las figuras que colaboraron en Las 24 horas de las Malvinas o las delirantes teorías de Fuentes que indicarían la posibilidad de una victoria en la contienda bélica o algunas de las infames publicidades fascistas. Este magnetismo es cuestionable porque conlleva una lectura superficial, más allá de la fidelidad y valor de las imágenes. Es imprescindible un marco.
Por eso podemos decir que se trata de un valioso trabajo de archivo, pero su especificidad acota los límites del documental, en particular cuando se conoce el enorme aparato propagandístico de la dictadura.

