Por Rodrigo Seijas
Dos mujeres fueron las grandes protagonistas del más reciente capítulo de Homeland, cada una tratando de resolver sus propios dramas en paralelo. En Clarity, Keane y Carrie encararon sus dilemas personales bordeando el abismo y la claridad –muy bien puesto el título al episodio- con la que miraron sus respectivos contextos fue definitiva para desenlaces indudablemente opuestos.
No deja de llamar la atención el camino de terquedad y aislamiento que va recorriendo Keane, cuya paranoia, desdén y rencor hacia todos los que la rodean la van aislando progresivamente. Su comportamiento, a la vez, puede sonar un tanto insólito visto a la distancia, pero más comprensible cuando entendemos que la posición de poder que ocupa le impide dilucidar apropiadamente todo el panorama. De ahí que quiera relanzar su presidencia pero sufra los embates de Paley (quien volvió al ataque luego de la muerte de Dante, que descalabró las pruebas sobre la conspiración rusa) y los de su propio gabinete, que ya no confía en ella. El único que parece respaldarla es su Vicepresidente pero las dudas, intrigas y malentendidos pueden más: Keane termina despidiendo a buena parte de su gabinete, y cuando no solo el Vicepresidente, sino también Wellington le piden que retroceda sobre sus pasos, Keane se niega y acelera a fondo. La Presidente parece tener la salida (o al menos un momentáneo alivio) a la vista, pero es incapaz de verla; e invoca el peligro de la conspiración rusa, aunque con sus decisiones termina siendo funcional a los objetivos de sus enemigos. Hasta hace recordar a otra Presidente de origen latinoamericano, aunque mejor no decir nombres para no herir susceptibilidades. Lo suyo es la profecía autocumplida, por más que el Vicepresidente le diga que no todo tiene que ser un nido de serpientes.
En cambio, el camino que recorrió Carrie fue bastante más virtuoso, aunque haya estado al borde del abismo en la disputa por la tenencia de Franny, especialmente cuando le da luz verde a Anson para que robe la historia médica que tiene su hermana y que prueba que la trató clandestinamente. Pero hay un momento de “claridad” en Carrie, en medio de toda la disputa judicial, que le permite avizorar que está peleando una batalla perdida, y que hasta en cierto punto no merece lo que está queriendo obtener. Tal como le dice la hermana, ella nació para otra cosa, tiene capacidades extraordinarias, pero no puede garantizarle a su hija la estabilidad requerida. La despedida de Franny es tan triste como lógica e inevitable: Carrie empieza a dejar atrás ciertos lazos afectivos a lo que nunca consolidó de la manera apropiada, porque siempre chocaron con su profesión, que es en verdad lo que define su existencia.
El nuevo reseteo a la temporada que es Clarity termina con Carrie acompañando a Saul, quien tiene una nueva misión para ella: colaborar en la operación para capturar a Simone, llevarla ante la justicia y salvar la presidencia de Keane, antes de que culmine el proceso de (auto) destrucción. Homeland cierra (al menos momentáneamente, de cara a los dos capítulos finales) la parte personal y se empieza a zambullir en lo profesional, en las intrigas políticas y de espionaje, que usualmente es donde mejor se mueve. Esperemos que sea para bien.

