Por Rodrigo Seijas
La séptima temporada de Homeland sigue divagando y se muestra hasta estancada desde la puesta en escena. La continuidad con la sexta temporada ha llevado a que la nueva entrega no termine de arrancar y por eso Standoff es un episodio mediocre, con progresiones mínimas en las dos tramas centrales.
Toda la línea narrativa correspondiente a Carrie arranca como una especie de episodio medio pelo de ER Emergencias, con el personaje tomando consciencia de que está sufriendo una recaída en su bipolaridad, producto de que su organismo está rechazando su medicación habitual. Esa recaída lleva a una especie de reversión de lo que fue la primera temporada, con Carrie lidiando con su creciente paranoia, delirios de grandeza y repercusiones familiares, porque al fin y al cabo no puede apartarse de sus obsesiones laborales, que la llevan a colaborar con el Agente Allen en el seguimiento de una amante de Wellington que podría tener un rol en la muerte del General McClendon. Lo que sigue es previsible y repetido: Carrie termina siendo detenida por la policía y solo de milagro (o más bien, por la intervención de Allen) se salva de que sus datos ingresen al sistema, lo que hubiera complicado al extremo sus chances de conservar la custodia de su hija.
Por el lado de Saul, su encuentro/negociación con O´Keefe tiene un inicio interesante, a partir de cómo se disponen las perspectivas enfrentadas y las tensiones que surgen alrededor, alimentadas por las actitudes tanto del FBI como del grupo radicalizado que alberga al periodista. Sin embargo, las idas y vueltas de Saul con la Presidente y O´Keefe (que amaga con entregarse pacíficamente pero luego elige redoblar la apuesta, buscando deliberadamente un enfrentamiento) llevan finalmente a secuencias difíciles de sostener, como esa huída de la colaboradora de O´Keefe para alertar al FBI sobre la llegada de refuerzos para los extremistas. La necesidad de establecer paralelismos con el recordado evento de Waco –donde una secta religiosa se enfrentó a tiros con fuerzas federales en 1993- no solo luce demasiado explícita, sino también forzada. Lo mismo se puede decir sobre la lectura política de un país partido al medio por las divisiones.
Standoff es un capítulo del cual se puede sacar poco jugo y que ni siquiera es de transición, porque lo que se percibe es que la serie no está encontrando su rumbo. De hecho, este arranque de la séptima entrega de Homeland comienza a parecerse peligrosamente a la primera parte de la tercera temporada: el mismo tono errático, la misma indecisión para llevar adelante las historias, los mismos problemas para unir las distintas subtramas. La esperanza es que haya un pronto reacomodamiento.

