Por Rodrigo Seijas
Por más que hubo elementos que hicieron avanzar la trama central de esta séptima temporada de Homeland, Rebel rebel se comporta, a lo largo de su desarrollo, como un capítulo indudablemente de transición. En realidad es más funcional para profundizar en ciertos dilemas internos y conductuales tanto de Carrie como de Saul. Y también para preparar el terreno –e incluso postergar- para conflictos que se presume serán mucho más importantes.
Lo más consistente de Rebel rebel pasó por la subtrama centrada en Saul, por más que pueda parecer un tanto forzada su entrada al gobierno como asesor de Seguridad Nacional y la liberación de los 200 integrantes de la inteligencia que estaban presos junto a él. La lectura política no deja de ser un tanto simplista pero a la vez goza de efectividad: el gobierno de Keane se ha acorralado a sí mismo a partir de la guerra que está librando con distintos sectores del periodismo y la inteligencia, y ahora debe dar un giro bastante radical a su estrategia, ya que ha quedado aislado políticamente.
Saul pasa a ser eje de la nueva estrategia y como tal, también debe afrontar sus costos, pasando a comandar la búsqueda (o más bien caza) de O´Keefe, quien, al igual que en la temporada anterior, sigue siendo un personaje un tanto repelente y que rara vez escapa a los esquematismos. De hecho, toda la estadía del periodista en la casa de una familia que ama tanto las armas como odia a Keane está marcada por cierto paternalismo en la mirada no solo de O´Keefe (que manipula a sus partidarios a su antojo), sino de la serie misma. Por eso lo mejor pasa por el aporte de Saul, quien es capaz de crear una rápida empatía con un policía local (obteniendo de paso la localización de O´Keefe) a partir de cómo se da cuenta de manera cabal de la furia que ha causado en los lugareños las acciones de las fuerzas federales. Ahí es donde la serie establece un punto de vista atractivo, indagando en las diferencias abismales de perspectivas entre personas que pertenecen a una misma nación.
Donde Rebel rebel definitivamente descarrila es en todo lo referido al devenir de Carrie: no tanto por sus eternas crisis personales y familiares, sino por sus acciones profesionales. Es difícil de justificar y entender que se ponga a buscar información sobre una mujer a la que vio en la casa de Wellington en foros de Internet públicos y que termine siendo hackeada de manera sumamente inocente (siendo generosos en el término). Más aún todo lo que viene después: la seducción al hacker por webcam (convirtiéndose en una especie de estrella porno) y el encuentro personal posterior -que finaliza a las trompadas- es pura pérdida de tiempo, minutos gastados para regodearse en los vaivenes psicológicos del personaje y sus miserias. Queda muy patente la necesidad urgente de reincorporar a Carrie al conflicto central (y, por lo tanto, cruzar su camino con el de Saul) para revigorizar la serie.
Un episodio como Rebel rebel es una clara demostración de los riesgos que afronta (y ha afrontado a lo largo de extensa trayectoria) Homeland. Estamos hablando de una serie que siempre ha transitado por desfiladeros narrativos muy finos, donde lo personal y lo político se dan la mano, pero el precipicio está ahí nomás. Por eso es indispensable un potente rigor en los planteos, para así conservar intacto el verosímil. En este capítulo, las piezas no están ajustadas como corresponde y los resultados son flojos.

